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Capítulo 2

Auteur: Shelley
Cuando volví a abrir los ojos, todo era de un blanco cegador.

El abuelo de Alexander, Edmund, estaba sentado en mi habitación del hospital. Cuando vio que despertaba, un destello de ternura cruzó sus ojos.

—Wren, querida… estos últimos tres años, has sufrido más de lo que cualquiera debería. Alexander no te merece.

—He preparado una nueva identidad para ti —agregó—. Hay un vuelo en siete días. Considéralo… un regalo de despedida de la familia Sterling, por todo lo que has hecho.

El corazón me dolía, y todos esos recuerdos enterrados regresaron de golpe.

Un matrimonio arreglado entre familias ricas; la historia más vieja del mundo. Pero yo siempre me consideré afortunada, porque creía que éramos la excepción.

Había estado con Alexander durante siete años. Durante siete años, me había querido y protegido con todo lo que tenía.

Creí que nosotros lo lograríamos.

Hasta que, hace tres años, uno de los enemigos de Alexander me secuestró para vengarse de él.

Fui torturada durante tres días y tres noches. Los videos de lo que me hicieron se volvieron virales en internet.

Para cuando él me encontró, apenas era reconocible como humana.

Entró solo, y casi muere al salvarme, desplomándose por la exposición a gas tóxico.

Durante meses después, apenas dormí. Entraba y salía de cirugías yo misma, pero seguía donando mi propia sangre para mantenerlo a él con vida.

Por algún milagro, logró sobrevivir.

Pero cuando corrí al hospital a verlo, lo encontré sosteniendo la mano de Dahlia, mirándola con una calidez que creí reservada para mí.

Cuando me escuchó llegar y se giró, no había nada en sus ojos salvo fría indiferencia.

Los médicos dijeron que la combinación de estrés postraumático y una sobredosis de medicación psiquiátrica había alterado su memoria. Había olvidado el horror de aquellos eventos… y junto con ello, todos sus recuerdos de mí habían sido reemplazados por Dahlia.

Años de amor, borrados en un instante.

Me aferré obstinadamente a su lado, soportando su crueldad, sobreviviendo con los restos desvanecidos de lo que alguna vez tuvimos.

Hasta hoy, cuando por fin recobré la cordura.

El hombre que una vez me había atesorado como si fuera lo más preciado del mundo ya no existía.

***

Después de que Edmund se fue, cerré los ojos, agotada. Pero un segundo después, la puerta se abrió de golpe.

Alexander irrumpió, con el rostro ensombrecido por la furia. La rabia en sus ojos era suficiente para devorarme por completo.

Antes de que pudiera decir una palabra, me agarró del brazo y me arrastró de la cama hasta el suelo.

La fuerza fue tan brutal que escuché algo crujir dentro de mi cuerpo.

—¿Le pusiste las manos encima a Dahlia? ¿A su hijo no nacido? ¿Tú, una cazafortunas que se abrió paso en esta familia con engaños?

Dahlia entró detrás de él, llorando como si se le estuviera rompiendo el corazón:

—De verdad me siento tan mal por ti… por no poder vivir esa experiencia. Pero ¿por qué intentarías quitármela a mí?

—¿De qué estás hablando? No sé qué—

Antes de que pudiera terminar, Alexander me interrumpió con una risa fría y amarga.

—Qué patética. ¿De verdad creíste que no me atrevería a tocarte? Que tus padres estén muertos no te convierte en una víctima. Después de lo que hiciste, deben estarse revolcando en sus tumbas.

Y ahora estaba echándome en cara a mis padres.

Mi madre y mi padre habían muerto corriendo al hospital para pagar el tratamiento de Alexander. Un camión de carga chocó de frente contra su coche. Ni siquiera quedó lo suficiente de ellos para reconstruirlos.

El agarre de Alexander se apretó, y las palabras que salían de su boca se volvieron más crueles.

—Te aferraste al apellido Sterling, y te aferrarás a él hasta que alguien te arranque, ¿no? Vuelve a intentar algo así y te destruiré.

En mi parte inferior, las suturas recientes de mi cirugía se abrían una a una bajo sus manos. Pero el dolor en mi cuerpo no era ni una fracción de lo que desgarraba mi corazón.

Quería defenderme, pero ¿qué había que decir? ¿De qué serviría?

Todos estos años, él nunca me había creído ni una sola vez. Siempre tomaba la palabra de Dahlia.

Una vez, le presenté pruebas justo frente a él. Pero apenas les echó un vistazo.

—Estoy ocupado. No me hagas perder mi tiempo con esta basura —dijo.

Ahora lo miré, y lo único que sentí fue un cansancio que me calaba hasta los huesos:

—Alexander… después de todo este tiempo, ¿sigues sin creerme? ¿Ni una sola vez?

Algo en la falta de vida de mi expresión hizo que Alexander dudara. Un destello de inquietud cruzó por él antes de que pudiera detenerlo.

Dahlia intervino al instante:

—Está bien. Tal vez todo sea solo un malentendido…

Al verla llorar de forma tan hermosa, Alexander reprimió aquella extraña sensación.

—Deja de poner excusas. El día en que ocurrió, la única persona que Dahlia vio fuiste tú. Nadie más tuvo la oportunidad de hacerle daño.

Esa última chispa frágil de esperanza se extinguió.

Sonreí con amargura para mis adentros.

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