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last update Fecha de publicación: 2026-08-02 07:21:29

Pero cuando los labios de Henry finalmente se encontraron con los de Alexa, algo inesperado ocurrió. No fue como lo había anticipado. Las náuseas no llegaron, el asco que había visualizado en su mente no apareció. En cambio, una chispa se encendió en su interior. Al principio, fue solo una sorpresa, una pequeña alarma que hizo que se tensara por un segundo. Pero cuando la sensación de su boca en la de ella no fue repulsiva, sino cálida, suave, algo en Alexa se desconcertó.

Sin pensarlo, su cuerpo reaccionó. A medida que Henry aprovechaba la oportunidad para rodear su cintura con sus brazos, el contacto de sus manos contra su espalda, la cercanía de su cuerpo, le hicieron perder momentáneamente el control. Su mente estaba en guerra con lo que estaba sucediendo, pero sus labios, guiados por una especie de magnetismo que no podía explicar, se entregaron al beso. Con un movimiento lento, Henry acarició los labios de Alexa con la punta de su lengua, delineando suavemente su boca, como si conociera perfectamente cada rincón de su piel.

Alexa se sintió hechizada, casi hipnotizada por el beso. El maldito de Carrington, ese que siempre había sido su peor pesadilla, resultaba ser un gran besador. Era como si todo lo que había temido, todo lo que había rechazado durante años, estuviera evaporándose en el aire. Por un momento, olvidó dónde estaba, quién la observaba. Olvidó que había más de 300 invitados, que toda la ceremonia estaba siendo grabada, que su vida estaba siendo juzgada por las miradas curiosas y las sonrisas condescendientes.

Abrió la boca para recibirlo, entregándose a uno de esos besos robados, de los que no se dan a la luz del día, y mucho menos ante tantos ojos expectantes. La sensación de Henry explorando su boca la hacía sentirse perdida, como si estuviera navegando en aguas desconocidas. No era el odio, no era la furia, era algo más profundo, algo que ni siquiera ella entendía.

Cuando finalmente rompieron el beso, Alexa estaba atónita, su mente aún intentando procesar lo que acababa de suceder. Henry, por su parte, la miraba con una sonrisa en sus labios, casi como si la hubiese desarmado de alguna manera. Había algo en su mirada, una satisfacción palpable, como si él también estuviera sorprendido por lo que acababa de pasar. Pero ninguno de los dos se atrevió a decir una palabra.

El silencio entre ellos fue interrumpido por el aplauso de los invitados, y aunque se trataba de un gesto social, ninguno de los dos pudo evitar sentirse marcados por el momento. En ese instante, algo había cambiado en el aire, algo que ni Alexa ni Henry podían comprender por completo, pero que sin duda marcaría el comienzo de una nueva etapa en sus vidas.

La batalla entre ellos, que había comenzado años atrás, ya no parecía ser tan sencilla como antes. Y el beso, que había sido una formalidad obligada, había abierto la puerta a algo mucho más complicado.

El bullicio en el salón se volvió abrumador cuando los murmullos, aplausos y silbidos de los invitados se hicieron notar. Alexa intentó retirarse con brusquedad, pero Henry la sostuvo con firmeza, abrazándola.

—Recuerda que debemos mantener las apariencias y hacer que los invitados traguen esta farsa —le susurró Henry al oído.

Alexa suspiró con resignación. Sabía que el bastardo tenía razón. Debía tragarse su repulsión hacia Henry y mantener una actitud de esposa abnegada. Como miembros de la alta sociedad Estadunidense, el matrimonio sería portada en los periódicos al día siguiente. Sus familias eran la envidia de todos, y cualquier error podría desencadenar un escándalo que arruinaría sus reputaciones. Además, con las compañías en una situación financiera delicada, la competencia podría aprovechar para atacarlas. Era crucial hacer creer al mundo que la unión de las familias Carrington y Kingsley era por amor y no por una crisis financiera.

—Eres un estúpido, y pagarás por esto —murmuró Alexa, apartando su rostro del cuello de Henry y esbozando una sonrisa falsa.

—Como si no hubieras disfrutado el beso —respondió Henry con una sonrisa arrogante.

Alexa sintió cómo la rabia le hervía en la sangre, pero antes de que pudiera responder con una grosería, los invitados comenzaron a acercarse para felicitarlos por su boda. Aunque corría el rumor de que el matrimonio apresurado era para ocultar un embarazo, muchos simplemente pensaban que era natural que dos familias amigas desde hace años finalmente se unieran. Sin embargo, algunos eran más perspicaces y sospechaban que las compañías Carrington y Kingsley no estaban tan bien como pretendían. La boda apresurada parecía ser una maniobra para salvar las apariencias.

Henry Carrington se movía con confianza por el gran salón, recibiendo felicitaciones y admiración. Alexa era considerada una belleza impresionante, y muchos envidiaban a Henry por su matrimonio con ella.

—Si supieran que esto es una completa farsa —pensó Henry mientras observaba a su esposa siendo rodeada por las "viperinas" de la alta sociedad, que solo buscaban un chisme. Alexa mostraba una sonrisa radiante y presumía su anillo de bodas, una joya de la familia Carrington, hecha de oro puro e incrustada con diamantes genuinos. Era una pieza heredada de su tatarabuela y le quedaba como anillo al dedo.

—¡Henry, qué sorpresa verte casado con Kingsley! —exclamó Linzy White, una antigua compañera de secundaria, arqueando una ceja. —Siempre se odiaron, ¿no?

—Ya sabes cómo va eso del odio y el amor, Linzy —respondió Henry con una sonrisa amplia.

—Pero ustedes son tan diferentes.

—Las diferencias fortalecen a la pareja. Los opuestos se atraen. No siempre las personas que tienen todo en común funcionan. Tú y yo no funcionamos, a pesar de tener mucho en común, pero Nadia y yo sí, somos como el agua y el aceite —dijo Víctor con una sonrisa encantadora y hoyuelos mientras se acercaba y hacía que Linzy se sonrojara un poco.

—¡Víctor, viejo amigo! —Henry abrazó a Víctor, dándole unas palmadas en la espalda.

—Así que el soltero más codiciado finalmente se ha casado y ha dejado de ser un casanova —bromeó Víctor, correspondiendo al abrazo con calidez. Habían sido amigos cercanos durante toda su vida.

—Víctor, no deberías decir eso, estamos en la boda de Henry —murmuró Linzy en tono bajo.

—Él sabe que lo que digo es verdad —replicó Víctor con una sonrisa.

—¿Y tú, cómo has estado, Linzy?

—Bien, pero podrías evitar mencionar que lo nuestro no funcionó. Me alegra saber que tú y Nadia están bien, pero no es necesario recordármelo —respondió Linzy , visiblemente incómoda.

Henry notó la expresión de arrepentimiento en el rostro de Víctor. Aunque Víctor había superado la ruptura rápidamente, parecía que Linzy todavía lo llevaba mal. Henry decidió intervenir.

—¿Alguien sabe dónde está Diana?

—Henry, ya estás casado; deja de mirar a tu ex —le dijo Linzy White, dándole un golpecito en el hombro.

—Totalmente de acuerdo, Linzy . Henry, te conviene apreciar a Alexa, es una joya —añadió Nadia, uniéndose al grupo con una sonrisa protectora.

—Modo protector activado, mamá Nadia —se rió Henry, bromeando sobre la actitud sobreprotectora de Nadia. Aunque disfrutaba burlándose de ella, en el fondo valoraba mucho a Nadia, aunque nunca se lo diría.

—No te lo digo solo por eso, Carrington. Lo digo porque, mientras estás aquí, hay otros invitados coqueteando con tu esposa —Nadia arqueó una ceja y Henry notó con desagrado cómo Aron estaba coqueteando con Alexa en el día de su boda.

—Maldito descarado, te voy a matar —pensó Henry, con los puños apretados. No podía armar un escándalo, pero no iba a permitir que nadie se metiera con su esposa. Se dirigió rápidamente hacia donde estaba Alexa, decidido a mostrarle a Aron quién mandaba.

—Cariño, te estaba buscando —dijo Henry, rodeando la cintura de Alexa de forma posesiva.

—Igualmente, querido. ¿Dónde te habías metido? —respondió Alexa con una sonrisa, dándole un golpecito en el hombro a Henry con más fuerza de la necesaria. En realidad, quería desquitarse con él por haberla dejado sola con el coqueto de Aron.

—Estaba recibiendo felicitaciones de los invitados. Oh, hola, Aron —fingió sorpresa Henry al notar la presencia de Aron—. Aún no he recibido tus felicitaciones.

—Felicitaciones, Carrington. Te sacaste la lotería con Alexa. Inglaterra le ha sentado muy bien. No quiero ser indiscreto, pero estás hermosa, Alexa —murmuró Aron con malicia, sus ojos recorriendo a Alexa con descaro.

“Maldito, te destruiría en este momento” pensó Henry, furioso. “Y, ¿crees que no lo sé, Aron? Por eso me casé con ella; la quiero solo para mí. Y si nos disculpas, tenemos invitados más importantes a los que atender”

Henry levantó el mentón con firmeza y lanzó a Aron una mirada de superioridad que hizo que el pelinegro se sintiera como si fuera dos pulgadas más bajo. Alexa le dio la espalda a Aron, y Henry, con su mano traviesa, empezó a bajar hasta el trasero de su esposa.

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Último capítulo

  • Mi insoportable esposo   Fin

    —Te amo, Alexa Carrington—susurró Henry contra los labios de su esposa mientras la abrazaba por la cintura.—Te amo más, Henry —respondió Alexa, con los ojos cerrados y una preciosa sonrisa en los labios.Sus amigos se acercaron a felicitarlos, llenándolos de buenos deseos para su matrimonio. Todos estaban encantados con la ceremonia y el esplendor del gran salón, decorado justo como Alexa siempre había soñado.Durante la recepción, Henry tomó a Alexa en brazos y la sentó en sus piernas, alimentándola en la boca tal como lo había hecho en su primera boda. Solo que esta vez, Alexa estaba más que encantada de disfrutar ese gesto en público, frente a todos los invitados.—Te ves preciosa, mi princesa —susurró Henry al oído de Alexa.Alexa se sonrojó, aunque sonrió tímidamente.—Tú también estás igual de guapo, Hen.Henry le dedicó una mirada traviesa antes de acercarse más a ella.—Solo espero que llegue rápido la noche para admirar el precioso trasero que tienes bajo ese vestido —dijo m

  • Mi insoportable esposo   74

    —¡Oh, Alexa, cariño, estás preciosa! —exclamó la señora Carrington al entrar, llevando en brazos al pequeño Liam.—Gracias, suegra —respondió Alexa, sonrojada, estirando los brazos para cargar a su hijo de un añito. Liam se veía adorable con su pequeño trajecito. Él y su abuelo serían los encargados de llevar los anillos, ya que el bebé apenas empezaba a dar sus primeros pasos. Su abuelo lo llevaría en brazos durante la ceremonia.—La carroza te espera, cariño —anunció la señora Carrington, tomando al bebé nuevamente.Clara le entregó a Alexa un ramo de rosas blancas y acarició su mejilla con ternura.—Que sigas siendo feliz, hija. Que tu matrimonio prospere y...—¡Ya, Clara! Es hora —interrumpió Nadia con una sonrisa, abrazando a la madre de Alexa, que seguía llorando.Alexa no pudo evitar sonreír; su madre era la reina del drama.La ceremonia comenzó con la entrada de la gran corte: las damas de honor y los padrinos. Después, llegó el turno del pequeño Liam y su abuelo, quienes llev

  • Mi insoportable esposo   73

    Alexa se apartó del beso un momento y se sentó encima de Henry. Sus dedos fueron a la camisa de él y la desabotonó por completo mientras se mordía el labio inferior. Henry también se sentó, terminando de deshacerse de su camisa, y sacó el suéter de Alexa con mucha facilidad.Ambos, sentados, se volvieron a fundir en un lujurioso beso. Sus pechos se rozaban mientras sus manos trabajaban con urgencia en deshacerse de la ropa, el sonido de las cremalleras abriéndose aportaba un matiz morboso a ese mágico momento, haciéndolos arder de deseo. Los pantalones terminaron en algún lugar de la arena mientras sus cuerpos desnudos se brindaban calor mutuo.Henry cambió de posición, quedando encima de Alexa. Sus labios trazaron toda la clavícula de ella con besos húmedos y deliciosos, haciendo que la piel de Alexa se erizara.—Mmmng... —jadeó Alexa cuando los labios de Henry atraparon uno de sus pezones. «Diablos, esto era lo que más amaba». Henry tenía una evidente debilidad por esa parte de su c

  • Mi insoportable esposo   72

    Alexa y Henry caminaban por la playa, tomados de las manos en silencio, disfrutando del sonido de las olas y la brisa fresca que acariciaba sus rostros y les desordenaba el cabello. Era algo irreal estar en ese punto, haberse odiado durante años y ahora ser esposos, tener un precioso hijo y amarse tanto. Dios, el destino les había dado una segunda oportunidad para estar juntos, y eso era fantástico e increíblemente maravilloso. Ambos no podían estar más agradecidos con la vida por ello.Henry besó la mano de Alexa con ternura.—Me encantan tus pequeñas manitos.Alexa hizo un puchero.—Siempre usas diminutivos conmigo; tienes manos enormes y dedos largos.—Los diminutivos te quedan, Lexy; eres bajita, tienes preciosas manitos de bebé. Y creo que realmente te encanta todo lo que puedo hacer con mis enormes manos y mis dedos largos —Henry habló de forma pícara.Alexa golpeó el hombro de Henry, muy sonrojada.—¿Podremos tener algún día una conversación sin que tú uses el doble sentido?—E

  • Mi insoportable esposo   71

    ¿Debería seguir intentando separarlos? ¿Qué conseguiría con ello? ¿Acaso valdría la pena interponerse en el camino de dos personas que se han amado desde siempre? , su mente le respondió. Definitivamente quería dañarlos, pero ya no valía la pena perder el tiempo.Ese día, de hecho, se encontraba en el mismo lugar que ellos porque había viajado a los Ángeles por un negocio y le hablaron sobre el nuevo parque natural. Ni siquiera estaba enterado de que los terrenos le pertenecían a los Carrington hasta que se encontró allí, y solo asistió por mera curiosidad; bueno, curiosidad y porque quería ver a Suzy, una chica con la que había hablado en un bar local y le dijo que ella trabajaba en el parque natural.Era raro de su parte interesarse en una chica común; su mirada siempre estuvo sobre las hermosas ejecutivas y modelos.Era mejor que no lo miraran. Así que se levantó, se limpió el trasero y desordenó su negro cabello. En ese momento recordó que se había quitado el gorro.—¡Yeontan! —

  • Mi insoportable esposo   70

    —Alexa es hermosa desde siempre y ahora es mía, así que, aunque hayas ayudado a traer a mi hijo al mundo, espero no tener que verte jamás —contestó Henry.Alexa se quedó paralizada; Henry se había puesto rojo de ira cuando el doctor dijo que había tenido sentimientos por ella.—Lo siento, será mejor que me vaya —dijo Ernesto, y sin ni siquiera despedirse, siguió su camino.Henry también estaba enojado. Miró a Alexa a los ojos antes de hablar:—Eres mía —dijo antes de irse también.Alexa lo miró alejarse con una tonta sonrisa en el rostro. Henry parecía un gran conejo adorable cuando se ponía celoso. Se fue a sentar para terminar de alimentar al bebé y después lo dejó en los brazos de Nadia, quien aseguraba que tenía que practicar cuidando a Liam para estar lista cuando su bebé naciera.Alexa se acercó a Henry, que estaba de espaldas mirando los árboles.—¿Sigues enojado? —preguntó abrazándolo por la espalda.—No estoy enojado.—Estas celoso tonto, yo lo sé —dijo Alexa con una risita.

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