LOGINTodos los ojos estaban en los esposos Carrington mientras saludaban y sonreían a los invitados. Alexa fingió besarle la mejilla a Henry mientras le susurraba al oído:
—Si no quitas tu asquerosa mano de mi trasero, te la voy a cortar y haré un guisado con ella que tú mismo te comerás.
—¡Oh! Mi linda esposa sabe cocinar —se burló Henry, apretando el trasero de Alexa con una sonrisa juguetona.
—Pedazo de idiota... —Las palabras de Alexa se ahogaron en su boca cuando Henry la besó en los labios para callarla.
—Propongo que nos acomodemos en nuestros respectivos lugares. Me encantaría hacer un brindis en honor a la mujer más hermosa sobre la faz de la tierra, con quien tuve la suerte de casarme hoy —propuso Henry.
Alexa no tuvo más remedio que sonreír ante la propuesta de su "amado esposo". Los invitados se acomodaron y se realizó el brindis. A la hora de servir la comida, Henry tomó a Alexa y la hizo sentar en su regazo, alimentándola de su propio plato. Todos los miraban con admiración, aparentemente creyendo en la historia.
Mientras Alexa tomaba cada bocado, renegaba en su mente, “Maldito infeliz, Carrington, me las pagarás muy caro”. Bajo la mesa, enterraba sus uñas en el muslo de Henry, pero él solo sonreía, disfrutando con malicia. Henry estaba encantado de molestar a Alexa, sabiendo que este año le serviría de muchas maneras, disfrutando a sus expensas en todos los sentidos.
Algunos dueños de otras empresas se acercaron para felicitarlos de corazón, mientras que otros lo hicieron por curiosidad acerca de la nueva configuración de la compañía tras la fusión. Henry tenía una respuesta para todos. Alexa se sorprendió; el castaño era realmente perspicaz. La respuesta que más le llamó la atención fue:
—Es el día de mi boda; no quiero hablar de negocios, solo disfrutar con mi esposa —dijo Henry, despidiéndose cordialmente mientras tomaba la cintura de Alexa para iniciar su primer baile.
—Eres muy inteligente para ser tú —dijo Alexa mientras se movían al ritmo de la música.
—Y tú bailas muy bien para ser tú —respondió Henry con una sonrisa burlona.
—¡Oye, estudié danzas contemporáneas y soy profesora de baile en Londres! —Alexa hizo un puchero indignada, sin llamar mucho la atención, ya que todos los ojos estaban puestos en ellos.
—Yo me encargaré de gestionar todo tu dinero, ya que estudié administración y finanzas —anunció Henry, ganándose un aplauso general de los presentes.
Carrington rió y le dio un beso cariñoso a Alexa. La recepción continuó con una lluvia de fotos, regalos y buenos deseos para la nueva pareja. A medida que la noche avanzaba y los invitados comenzaban a irse, un grupo de chicas se quedó murmurando. Alexa estaba acostumbrada a eso; las chicas siempre hablaban de ella por ser más bella y talentosa que muchas. Sin embargo, algo en la conversación captó su atención.
—Lily comentó que este matrimonio no durará mucho, porque Henry tiene una debilidad por ella que lo hará caer —dijo Marcia en tono conspirador.
—Bueno, yo... los veo muy enamorados. Henry hasta le dio de comer en la boca a Alexa, están muy acaramelados —susurró Rose.
—¿Enamorados? No lo creo. Siempre se han odiado; para mí, hay algo raro —murmuró Lisa.
—Te equivocas, Lisa —dijo Alexa, interrumpiendo—. No era mi intención escuchar, pero al oír mi nombre no pude evitarlo. Primero, no hay nada raro aquí; Henry y yo nos amamos y decidimos casarnos. Segundo, díganle a Lily que deje de perder el tiempo. Ella no tiene ninguna oportunidad; Henry solo tiene una debilidad, y esa soy yo. Y si se atreve a meterse en nuestro matrimonio, tendrá que enfrentarse a mí.
Habló con tal firmeza que incluso ella misma se convenció de sus palabras.
“Soy buena actuando” pensó Alexa, satisfecha.
—Mi esposa tiene razón; a la única que deseo a mi lado es a ella —dijo Henry, apareciendo detrás de las chicas, que se quedaron pálidas y sorprendidas como si hubieran visto un fantasma.
Alexa sonrió complacida y, en esta ocasión, fue ella quien besó a Henry. Aprovechando la distracción, Marcia, Rose y Lisa se escabulleron rápidamente, tropezando en su apresurada huida.
—Te ves adorable cuando te pones celosa —susurró Henry al terminar el beso.
—No estoy celosa, idiota —dijo Alexa, dándole un codazo en el estómago de forma disimulada—. Solo estoy marcando mi territorio.
Henry sonrió, aún sintiendo el golpe. Miró el contoneo de Alexa y murmuró entre dientes:
—Maldita enana y su cuerpo perfecto.
Sí, claro, Alexa no estaba celosa; solo marcaba su territorio, que era algo muy diferente, ¿verdad?
Vivir bajo el mismo techo con el idiota de Henry Carrington y fingir ser una pareja recién casada y enormemente feliz iba a ser peor que estar en el mismísimo infierno. Su falso matrimonio sería más creíble si se hubieran ido de luna de miel, pero eso sería incómodo, un gasto extra y una completa pérdida de tiempo. Henry necesitaba enfocarse en los proyectos para mejorar la estabilidad económica de la nueva empresa resultante de la fusión de las compañías Kingsley y Carrington.
Así que se encontraron frente a la casa que sería "su nidito de amor" durante todo el año de matrimonio.
—Recuerdas esta casa, ¿verdad? La compraron mis padres cuando se casaron, pero cuando me mudé a Inglaterra, se mudaron porque era demasiado grande solo para ellos dos. La remodelaron desde entonces; es perfecta para nosotros —dijo Henry.
—Es más grande y bonita de lo que recordaba —respondió Alexa, cruzando los brazos.
—Bien, entra, o ¿quieres que te cargue en brazos? —se burló Henry.
—Sí, por favor. Esa es la costumbre; si fueras un buen esposo, lo harías. Pero como no lo eres... —respondió Alexa con tono desafiante. Era solo un juego para molestar a Henry, pero él se lo tomó muy en serio. Sin previo aviso, cargó a Alexa sobre su hombro como si fuera un saco de papas y abrió la puerta con dificultad.
Ahogando un sollozo con una de sus manos, trató de tranquilizarse. Tal vez las hormonas del embarazo la tenían más sensible. Había tenido que poner todas las fotos de su matrimonio boca abajo, porque cada vez que las veía se ponía a llorar y le daban esas malditas ganas de correr y buscar a Henry para abrazarlo y decirle que lo perdonaba. Sentía decepción, amor, odio hacia el castaño, pero también ilusión por estar embarazada. Tantos sentimientos encontrados que pensaba que su cuerpo no resistiría tanto sufrimiento.—Alexa, niña, ya sal, me tienes desesperada. ¿Cuál fue el resultado? —Nadia estaba fuera del baño, esperando a que su mejor amiga saliera.La pelirosa estaba muy preocupada por Alexa. Ella no quería comer y cada vez que probaba bocado las náuseas le ganaban y terminaba devolviéndolo todo en el escusado. Cuando Nadia se enteró de la infidelidad de Henry, en serio quería arrancarle la cabeza y cortarle las pelotas con un cuchillo de sierra, pero ayer que tuvo que ir a la emp
—¿Es ella, verdad? Ya que la conoces hace tanto… ¿es ella la “niña bonita” con la que siempre hablas? —preguntó Alexa, tratando de que su voz no sonara tan rota como su corazón.—Sí… pero déjame hablar, amor…—¡No me llames amor! —gritó Alexa, rompiéndose finalmente en llanto—. ¡No vuelvas a llamarme amor jamás en tu vida! ¡Te odio, maldito infeliz!Con manos temblorosas, Alexa se llevó las manos al cuello, arrancándose el collar que Henry le había dado como símbolo de su “amor” y lo tiró a sus pies con desprecio.—Quiero que desaparezcas de mi vida ahora mismo. Y si crees que te voy a dejar esta casa para que metas a tu querido “niña bonita”, estás muy equivocado. Tus maletas están en el jardín, así que ¡lárgate!Henry cayó de rodillas, con lágrimas corriendo por sus mejillas. Tomó el collar en sus manos, como si al sujetarlo estuviera tratando de aferrarse al amor que Alexa le estaba quitando.—Alexa, por favor, escúchame. Es una historia complicada… Cuando lo conocí…—¡Que te calle
Alexa dejó las fotos regadas en el suelo y corrió a las escaleras para encerrarse en su habitación. No tenía que ser adivina para saber quién había enviado las fotos; conocía perfectamente esa letra.Entre los espasmos que estremecían su cuerpo, Alexa se dejó caer en la cama, aún sin poderlo creer. Dolía tanto… Henry era un maldito bastardo infeliz. Las lágrimas no dejaban de fluir, empapando la almohada mientras sentía su corazón romperse en pedazos. ¿Por qué? ¿Por qué hacerle esto? Enamorarla, hacerla sentir especial, solo para terminar engañándola, igual que Jack.Las respuestas parecían obvias: Henry Carrington había sido su enemigo durante 19 años. Tal vez solo la había utilizado para vengarse por todos los desplantes que Alexa le había hecho en el pasado, y ella, como una tonta, había caído en la trampa.Ahora tenía el corazón destrozado y, para empeorar las cosas, existía la posibilidad de llevar un hijo de ese bastardo en su vientre.En ese momento, Alexa se sentía menos que n
Alexa se quedó mirando la puerta por donde salió su esposo. Escuchó el motor del auto rugir y alejarse. Henry tenía mucha prisa. Con un puchero en sus labios, subió a su habitación. Era la primera vez que tendría que usar sus juguetes sexuales sin la compañía de Henry.Otra vez, Alexa estaba preparando el desayuno para ella sola. Con un suspiro, empezó a cortar el jamón para hacerlo con huevos revueltos. Cuando terminó de batir los huevos y los puso en el sartén, el olor del jamón friéndose invadió sus fosas nasales, causándole unas horribles náuseas. Apagó la estufa y corrió al baño a vomitar. Ya llevaba más de una semana con esos malestares estomacales; todo le causaba náuseas, incluso el olor de su preciada carne. Además, tenía un atraso, según sus cuentas.Debía ir al médico pronto para salir de dudas. Claro que Henry no se había dado cuenta de ninguno de sus síntomas; llevaba una semana sin compartir las comidas con Alexa, y en las noches llegaba muy agotado y se dormía. Siete dí
—Deja de manosearme—dijo Lexy con puchero.—Todo esto es mío—canturreó Henry con una sonrisa, besando el puchero de su enana y dándole un apretón a uno de sus glúteos—. Estaba pensando en quedarme en casa hoy, solo tengo que terminar algunos documentos y enviárselos a Víctor al correo.—¡Me encanta la idea!—respondió Lexy, saliendo de los brazos del castaño para levantarse. Cuando se puso de pie, su mundo dio vueltas y estuvo a punto de caerse, pero Henry fue más rápido y la sostuvo de la cintura.—¿Estás bien, Lexy?—preguntó preocupado, sentándose en la cama con ella en su regazo.—Sí, estoy bien, solo me levanté demasiado rápido—respondió, recuperándose del mareo.—Bueno, en ese caso, quédate un rato más en la cama. Yo me voy a duchar para hacer los documentos y así pasamos el resto del día juntos—declaró el castaño. Dejó a Lexy en la cama y, después de robarle un par de besos, entró a la ducha.Lexy se quedó en la cama como una niña buena, jugando con la cadenita que colgaba en su
Alexa asintió con la cabeza, como una niña buena, y abrió aún más sus piernas, ofreciéndose en cuerpo y alma al hombre que amaba. Henry recorrió su cuerpo con besos hasta llegar de nuevo a sus labios, y mientras la besaba, comenzó a penetrarla.Los primeros gemidos fueron ahogados por sus besos, pero pronto resultó incontrolable. Henry, siendo un hombre tan experimentado, encontró con sus primeras embestidas el punto perfecto de Alexa: su delicioso punto G.—¡Aaah, Hen, sí, así... ahí! —gemía ella sin pudor, observando el rostro de Henry, lleno de placer mientras la embestía.—¿Ahí, bebé? ¿Te gusta?—¡Diablos, sí... más duro, Henry!Embestida tras embestida, ambos cuerpos sudorosos disfrutaban del máximo placer. Siempre habían sido compatibles en la cama, pero ahora que se amaban, todo era mejor. Henry sostuvo a Alexa por las caderas mientras la embestía con fuerza.—Hen... sí, ahhh... así, más rápido... más —rogaba sin pudor la rubia.—¡Diablos, Alexa! Eres tan preciosa, eres mía, be







