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Capítulo 2

Author: Zafira
Permanecí inmóvil en el suelo.

Temblando de rabia, mi madre se acercó y me pisó con fuerza la muñeca.

—Briana, finges estar muerta delante de todos solo para avergonzarme. ¿Te sientes muy orgullosa de ti misma?

»¿Crees que por ser mi hija mereces un trato especial?

»¡El mayor error de mi vida fue insistir en darte a luz!

Varias personas a nuestro alrededor soltaron exclamaciones de sorpresa.

Sharon se cubrió la boca, pero fue incapaz de ocultar el regocijo que brilló en sus ojos.

Sentí una dolorosa opresión en el pecho, como si alguien me estuviera retorciendo el corazón con ambas manos.

Mamá se había sometido a tres tratamientos de fertilización in vitro antes de lograr concebirme. Yo sabía cuánto había sufrido para traerme al mundo.

Luego nací prematura y desarrollé anemia crónica.

Para cuidarme, aprendió técnicas de masajes y cocina nutritiva. Llenó cuaderno tras cuaderno con apuntes escritos a mano. Cada vez que me enfermaba, pasaba la noche en vela, consumida por la preocupación.

Sin embargo, todo cambió cuando entré a la universidad.

Ella era la directora del departamento de esta universidad.

El primer día del semestre, me sentó frente a ella y me dijo que, dentro de la universidad, debíamos evitar cualquier favoritismo y mantener una imparcialidad absoluta.

Para evitar sospechas, le entregó a la estudiante que había quedado en segundo lugar la beca nacional que yo había ganado.

—Eres mi hija —me dijo con calma—. Si recibes esta beca, la gente dirá que abusé de mi cargo. Tienes que entenderlo.

Por esto, también le cedió mi lugar en una competencia a una estudiante de bajos recursos, aunque yo lo había conseguido por mérito propio.

—Briana, no me culpes —me dijo—. Hay demasiadas personas pendientes de todo lo que hago por ocupar este puesto.

Una y otra vez, decidí comprenderla y me tragué las injusticias.

Pero esta vez, solo para evitar sospechas, me obligó a mí, una persona con anemia severa, a participar en la jornada de donación de sangre.

—Precisamente porque eres mi hija, debes dar el ejemplo. Todos los demás están donando. Si tú te niegas, ¿qué pensarán de mí?

Y ahora decía que se arrepentía de haberme dado la vida.

Flotando en el aire, contemplé mi cuerpo tendido en el suelo.

Tenía los brazos cubiertos de marcas de agujas y moretones violáceos.

Yo no estaba fingiendo estar muerta.

Realmente lo estaba.

Sharon se acercó con la bolsa de sangre y fingió intentar incorporarme un par de veces.

—Briana, por favor, levántate. Solo faltan doscientos mililitros por extraer.

En lugar de levantarme, dio un traspié hacia atrás y cayó al suelo de forma aparatosa.

La bolsa de sangre escapó de su mano y salió disparada al piso, salpicando sangre de color rojo oscuro por todas partes.

Mi cuerpo, que apenas había logrado levantar a medias, volvió a desplomarse pesadamente sobre el charco de sangre.

Mi camisa blanca quedó empapada al instante, haciéndome parecer aún más un cadáver.

Sharon se mordió el labio y, de pronto, los ojos se le llenar de lágrimas.

—Briana, ¿por qué tienes que hacerle las cosas difíciles a una simple enfermera como yo? Solo intentaba ayudarte a levantarte. ¿Por qué tuviste que empujarme? Ahora mira lo que pasó. Toda la sangre que acabábamos de recolectar se desperdició. La señora Cole estaba tan preocupada por ti, ¿y así se lo agradeces?

Sollozó con los hombros temblorosos, como si acabara de sufrir una de las peores injusticias.

—No tienes idea de cuánto te envidio por tener una madre tan maravillosa. Tenemos casi la misma edad, pero tú disfrutas de la vida universitaria, mientras yo me dejo la piel trabajando como enfermera solo para que tú me maltrates.

De pie junto a ellas, solo podía pensar en lo absurdo de aquella escena.

¿Cómo podía una persona muerta haberla empujado?

Sin embargo, mamá le creyó.

Se acercó, rodeó a Sharon con un brazo y le dio unas palmaditas en la espalda para consolarla.

—No llores. Mientras yo esté aquí, no permitiré que vuelva a maltratarte.

Me quedé paralizada.

Miré a mi madre sin expresión alguna.

Entonces ella dirigió una mirada de profundo desprecio hacia mi cuerpo tendido en el suelo.

—Ya que insiste en fingir estar muerta para evitar donar sangre, no volveré a encubrirla. La sangre que se derramó puede extraerse otra vez. Vuelvan a introducirle la aguja y continúen. Veamos cuánto tiempo es capaz de sostener esta farsa.

Los estudiantes que esperaban en la fila comenzaron a criticarme de inmediato.

—Así que de verdad estaba fingiendo. La señora Cole suele ser muy amable, y hasta ella terminó enfadándose.

—Solo está haciendo un berrinche porque su madre es la directora y cree que merece un trato especial. Menos mal que la señora Cole no la consiente.

—En serio, solo se trata de donar sangre. ¿De verdad tenía que fingir su muerte? Hay tantas personas esperando detrás de ella. Qué pérdida de tiempo.

En ese momento, el decano llegó el autobús de donación tras enterarse del alboroto.

En cuanto vio mi cuerpo tendido entre la sangre, su expresión cambió por completo.

—Señora Cole, ¿qué le ocurrió a esta estudiante? ¿Deberíamos llamar a una ambulancia?

Mamá suspiró con aparente calma antes de responder.

—Señor, ella es mi hija. Está fingiendo estar muerta para evitar donar sangre. La sangre del suelo se derramó porque lanzó deliberadamente la bolsa durante un berrinche. No hace falta preocuparse por ella. Cuanto más malcriada e irracional se comporte, más tendré que corregir su mal carácter.
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