LOGINCuando Valeria recibió el informe no pudo creerlo. Naomi era joven. Y, aunque había trabajado con ella por años, casi no sabía nada de su vida. Lo único que sabía era que vivía con su hermana menor, a quien Valeria intentó contactar en varias ocasiones sin éxito… hasta dos días después. La llamada finalmente fue contestada. ―Hola… ―fue lo único que logró decir Valeria. ―Diga ―respondió al otro lado la voz cansada de una mujer joven. ― ¿Es usted Greta Vargas Ríos? ―Sí, soy yo. ―Tengo que darle una noticia, pero antes quiero saber dónde se encuentra y con quién está. ―Estoy sola, en mi casa. ―Muy bien. Permítame presentarme. Soy Valeria Villarreal, la jefa de su hermana Naomi. ― ¿En qué puedo ayudarla? ¿Ella no fue a trabajar? Valeria tragó saliva. ―Yo… lamento informarle que su hermana ha fallecido. ― ¿Qué? ―Su hermana está muerta. Greta dejó caer el celular al suelo, conmocionada por la noticia. Aún no podía creer lo que acababa de escuchar: su hermana estaba muerta. D
El tiempo pasó volando. El señor Villareal y el señor Moncada estaban ahora retirados, y eran sus hijas quienes se hacían cargo del despacho. Por eso, Naomi trabajaba cada vez más directamente con ellas. Camila seguía siendo igual de molesta y despectiva que siempre; nada de eso sorprendía ya a Naomi. A pesar de los años que llevaban en el mismo lugar, Valeria continuaba sin ser capaz de hablar con Naomi más allá de lo estrictamente profesional. Naomi nunca decía más de lo necesario, y cada intento de Valeria por acercarse terminaba estrellándose contra la misma muralla de amabilidad distante. Las veces en que Valeria se ofreció a llevarla a casa, Naomi solo aceptó una. Después de eso, siempre encontraba alguna excusa para negarse, hasta que Valeria dejó de insistir. Camila, en cuanto supo que Valeria le había dado un aventón a Naomi, la llamó a su oficina al día siguiente. Con su tono más frío, le dejó claro que tenía prohibido acercarse a Valeria fuera del trabajo. Si lo hacía —d
Días después, en el despacho contable, presentaron a dos mujeres jóvenes, casi de la misma edad de Naomi. Eran hijas de los dueños del despacho y habían llegado para empezar a involucrarse en el negocio que algún día les tocaría dirigir. Nadie en la oficina las había visto antes, pero ese día aparecieron para dar de qué hablar.Como era de esperarse, el señor Villarreal presentó a Naomi como la mejor y más confiable auxiliar contable, por lo que quedó a disposición de ambas. Naomi se sintió un poco cohibida: aquellas mujeres eran diametralmente distintas a ella. Aunque una parecía más sencilla, la otra apenas le extendió la mano.—Ella es mi hija Valeria —la presentó el señor Villarreal. Naomi estrechó su mano—. Y ella es Camila Moncada.—Un gusto conocerlas —dijo Naomi.—Igualmente —respondió Valeria, mientras Camila solo inclinó la cabeza con un gesto breve después de estrecharle la mano.Camila se dio cuenta de la forma en que los ojos de Valeria observaron a la asistente auxiliar,
Cuando Greta despertó y salió de la habitación para desayunar, se encontró apenada con su hermana y con un fuerte dolor de cabeza. Naomi, como siempre, ya estaba lista para ir a trabajar —aunque faltara más de una hora para entrar—, con el desayuno listo y servido.Greta se quedó de pie junto a la mesa, mirando al suelo, avergonzada.—Come o se te va a hacer tarde —dijo Naomi, con un tono seco, muy distinto al tono cariñoso que siempre usaba con ella desde que se habían quedado solas.—Lo siento —murmuró Greta.—Me la paso todos los días trabajando para darte lo mejor, pero parece que no te importa nada de lo que hago —respondió Naomi, con enojo. Esta vez fue Greta quien sintió los ojos llenarse de lágrimas—. Si me enojo es porque me preocupo por ti. Aún eres menor de edad, ¿sabes lo que podría pasar si se dan cuenta de que estás bebiendo cerveza y no estás en casa porque yo no te pongo atención? ¿Tienes idea del problema en el que me podrías meter? ¿En el que podríamos acabar las dos
Al final del día, Naomi estaba agotada mentalmente por la cantidad de información nueva que había recibido, pero satisfecha por haber superado la primera prueba. Cuando llegó a casa, no tenía ánimos de mucho. Se acercó a Greta, le dio un beso en la frente y se dejó caer a su lado en el sofá sin decir palabra. Greta la miró y comentó: ―No pareces muy animada con tu primer día de trabajo. ―Bueno, fue agotador mentalmente, con tantas cosas que memorizar ―dijo Naomi mientras se frotaba las sienes y se quitaba los zapatos de tacón bajo que había comprado para el trabajo―. Me están matando los pies. ― ¿Qué esperabas? Estabas acostumbrada a usar tenis todo el día. ―Lo sé, pero ahora no puedo llevarlos diario. Este trabajo es distinto. ―Que sí lo sé, si hasta te compraste ropa nueva ―dijo Greta, mirando la nueva indumentaria: pantalón de vestir negro de corte recto y blusa blanca. ―No podía ir con lo que tenía. ―Hasta pareces otra ―comentó Greta, acostumbrada a verla siempre con mezcl
Pasó un día. Pasaron dos. Y casi al final de la tarde del tercer día, recibió una llamada en su celular. ― ¿Diga? ―respondió Naomi al ver que era un número desconocido. ―Hablo del despacho contable ―dijo una voz masculina. ―Dígame, ¿en qué puedo ayudarle? ―Después de revisar su perfil y tener una conversación interna, hemos decidido que usted es la persona que buscamos. Le ofrecemos el puesto de auxiliar administrativa. ¿Puede empezar el lunes de la próxima semana? Naomi no podía creer lo que escuchaba. Estaba feliz, muy feliz. Sentía que, después de tantos años, al fin tenía una satisfacción para sí misma. ―Claro, por supuesto que sí ―respondió conteniendo la emoción. ―Entonces, por favor revise en un momento su correo electrónico. Le enviaremos su contrato: allí podrá ver su sueldo, prestaciones y la fecha exacta en la que debe presentarse a trabajar. ―Muchísimas gracias ―dijo Naomi. No pudo evitar dar algunos saltitos de alegría. Moría por ver a su hermana para contarle







