Share

Capítulo 4

Author: Lilith Vane
¿Venta de segunda mano?

Pensé en la actitud de mártir de Diego, en cómo se mantenía "fiel y casto" cada vez que yo intentaba acercarme, y me dio risa. Era una ironía deliciosa.

Si no terminaba en manos de Raina, lo más probable era que coleccionara una montaña de quejas de sus futuras dueñas. Sería un producto defectuoso que nadie podría reparar jamás.

A la mañana siguiente, salí de mi habitación bostezando y me topé de frente con Diego.

Llevaba ropa deportiva, como si acabara de regresar de hacer ejercicio.

La voz de Raina, empalagosa como siempre, no tardó en aparecer.

—Ay, Diego, tienes un físico increíble y eres tan disciplinado... Si yo tuviera el dinero, te juro que me compraría un íncubo exactamente igual a ti.

Sus palabras sonaron extrañas. Eran una provocación descarada, un coqueteo directo frente a mis narices.

Diego me lanzó una mirada rápida, analizando mis gestos con cautela. Al ver que yo no reaccionaba y que me daba exactamente lo mismo, relajó la expresión y le dedicó a Raina una sonrisa sutil.

Al ver aquel intercambio, no pude evitar poner los ojos en blanco. Par de cínicos, dándose amorcito justo frente a mí.

Pero bueno, Diego ya era mercancía devuelta. Lo que hiciera ya no tenía nada que ver conmigo.

Raina no tenía ni un centavo a su nombre.

Mi padre había puesto todas las acciones de la empresa a mi nombre. Ella y su madre simplemente vivían de mi caridad, dándose una vida de lujos pero sin capital propio.

Sus mesadas no le alcanzaban ni de chiste para mandar a hacer un íncubo personalizado, y los modelos baratos que hay en el mercado eran demasiado mediocres para sus gustos.

Esa noche, antes de que mi padre abriera la boca, decidí por mi cuenta dormir en una habitación separada de Diego.

Al ver que le daba la espalda sin decir nada, Diego se quedó de piedra por un segundo. Sus dedos apretaron el pomo de la puerta con fuerza.

Seguramente esperaba que todo fuera como antes: que él pusiera resistencia, que yo insistiera para entrar a su cuarto, que él dijera que se sentía mal y que yo, resignada, terminara abrazándolo para dormir juntos sin tocarlo.

Pero al ver la puerta de mi habitación cerrarse, el mundo se le vino abajo.

Mientras yo estaba adentro concentrada leyendo el manual que me envió el asesor —esta vez estaba decidida a criar bien a mi próximo ejemplar—, alguien llamó a la puerta.

Pensé que era mi padre trayéndome un vaso de leche, así que fui a abrir sin dejar de deslizar la pantalla de mi iPad.

Para mi sorpresa, era Diego. Al principio se veía impaciente por lo mucho que tardé en abrir, pero al ver el contenido de mi pantalla, su expresión cambió por completo.

—Todo eso es pura teoría —dijo con suficiencia—. Si tienes alguna duda, ¿no me tienes a mí aquí en carne y hueso?

Me quedé helada. Levanté la vista del iPad y lo miré fijamente. Tardé unos segundos en procesar lo que estaba pasando: el tipo se había armado una película entera en la cabeza.

Me dio una risa burlona. Mi padre tenía razón: lo había malcriado demasiado.

¿De verdad se creía que yo estaba estudiando de noche solo para darle el gusto y ganarme su cariño?

Pero no me molesté en desmentirlo. Al final del día, ¿qué caso tenía discutir con algo que iba a devolver mañana?

—¿Qué quieres? —pregunté apoyada en el marco de la puerta, con total indiferencia.

Diego se quedó mudo. No se esperaba para nada esa frialdad.

Ni él mismo sabía bien a qué había venido. Solo sabía que al acostarse en su cama, el vacío en su cuerpo se volvía insoportable. Al recordar mi indiferencia al irme, terminó llamando a mi puerta por puro impulso.

Al ver que se quedaba ahí parado como un tonto, se me acabó la paciencia.

—¿Se te ofrece algo? Ya es medianoche.

—Estaba pensando que... —Su voz sonó ronca, seca. No dejaba de mirarme los labios—. Quizás podríamos intentar algo. Tal vez esta noche sí deje que me toques...

Abrí los ojos de par en par, indignada. Él me miraba con una sonrisita de satisfacción, como si me estuviera haciendo el favor más grande del mundo.

Por poco solté una carcajada de puro coraje
Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • Mi íncubo desobediente   Capítulo 11

    Parecía que Diego finalmente había perdido el juicio. Se quedó ahí cabizbajo, balbuceando cosas sin sentido:—Si me devuelves, estoy acabado... No volveré a ver a Fiona... Nunca más...Sentí un escalofrío de pura repulsión. Si no quería que lo devolvieran, ese era su problema, ¿qué tenía que ver conmigo? ¿Y eso de que "no volvería a verme"? Definitivamente, ese par estaba para el psiquiátrico. No quería tener nada más que ver con ellos.Sin embargo, cuando Raina se aferró a que lo iba a devolver, Diego le encontró el punto débil y empezó a chantajearla. A ella no le quedó de otra más que doblar las manos y dejar que se quedara, al menos por ahora.Raina dejó de aparecer por la casa, pero Diego se instaló en la mansión. Se pasaba los días buscando la forma de acercarse a mí, pero Iván no se le despegaba ni un segundo.Mi nuevo íncubo es sumamente territorial y posesivo. Con él cerca, Diego ni siquiera se atrevía a dar un paso en mi dirección.Al ver la figura de Diego, que ya estaba e

  • Mi íncubo desobediente   Capítulo 10

    —Te juro que esta vez no voy a ponerme con caprichos —dijo Diego, lanzándole una mirada cargada de humillación a Iván—. Incluso... acepto que te sirvamos los dos al mismo tiempo.A Iván se le encendieron las alarmas de inmediato y frunció el ceño, pero no dijo nada para llevarme la contraria.Al final del día, él es un íncubo. Por más que le hierva la sangre de celos, no tiene derecho a negarse. La última palabra siempre es mía.Me acaricié la barbilla mientras lo recorría con la mirada. Diego me veía con una esperanza patética, jurando que yo estaba considerando su oferta. No tenía idea de que solo estaba midiendo mis palabras para darle el golpe de gracia.—¿De verdad crees que soy una recolectora de basura? —solté con una risa seca—. ¿Quién te crees que eres para irte y volver cuando te dé la gana?Hice una mueca de asco y continué:—Si de verdad quisiera "experimentar" con varios a la vez, ¿no crees que preferiría comprarme un par de íncubos nuevos y puros que solo tengan ojos par

  • Mi íncubo desobediente   Capítulo 9

    —Ama, no lo mire.Me mordisqueó suavemente la oreja, distrayéndome. Intenté apartarlo, pero sin mucha fuerza.—Ya basta, Iván. Regresa al cuarto.—Ni hablar.Frente a Diego, empezó a abrir lentamente el paquete que el botones acababa de entregar.—Tengo que revisar que la mercancía esté en buen estado.Cuando Diego reconoció el empaque, se puso más pálido que un fantasma. Me di la vuelta para entrar a la habitación, pero al segundo siguiente sentí un tirón doloroso en la muñeca. Me giré y vi que Diego me sujetaba del brazo con fuerza, mientras clavaba la mirada, lleno de odio y desesperación, en la caja de preservativos.Iván, que ya no aguantaba más, soltó una maldición por lo bajo. Sin pensarlo dos veces, le soltó un puñetazo que impactó de lleno en la cara a Diego.Solté un grito de sorpresa, pero no hice nada para detenerlo. En este mundo, bien se sabe que algunos íncubos callejeros, consumidos por el hambre, intentan seducir a las dueñas de otros.Normalmente lo hacen a escondi

  • Mi íncubo desobediente   Capítulo 8

    —Si me hubiera tocado una ama así, mejor me pego un tiro —soltó Iván con malicia, alzando la voz para que Diego lo escuchara—. Definitivamente, no hay nadie como mi ama.Le di un empujoncito juguetón. No me sorprendía para nada el cambio de Raina.Siempre supe que su papel de mosquita muerta era puro teatro. Frente a mi padre fingía ser una blanca palomita, igualita a su madre, pero ahora que él no estaba cerca, lo más normal era que se le cayera la máscara.Iván siguió picándole la cresta a Diego:—¿Qué esperas para ir tras ella? Ten cuidado, no vaya a ser que tu dueña ya no te quiera.Poco después, alguien llamó a la puerta de la habitación. Iván estaba en la ducha y, al escuchar el sonido del agua, fruncí el ceño. No tenía la menor intención de abrir. ¿Quién más podría ser a estas horas? Pero el golpeteo era insistente, no paraba.—Ama, creo que son los preservativos que pedí, ¿podría recibirlos por mí? —gritó Iván desde el baño.Puse los ojos en blanco, pero me levanté a abrir. 

  • Mi íncubo desobediente   Capítulo 7

    Al verlo así, soltando amenazas con ese aire de protector, no pude evitar soltar una risita bajo las sábanas. Iván colgó la llamada y se acercó a mí haciendo un puchero, buscando mimos.—A esos íncubos defectuosos deberían borrarlos del mapa —se quejó—. Ya no tienen ningún vínculo, ¿por qué dejas que te siga llamando ama?—¡Oye, no me eches la culpa a mí! —me defendí, riendo—. Él es el que insiste, yo ni le contesto.No soportaba la idea de seguir en la misma casa que Raina, así que decidí llevarme a mi nuevo íncubo de viaje para disfrutar a solas. Lo que no me esperaba era que esa mujer fuera como un chicle pegado al zapato. Estaba decidida a hacerme la vida imposible.Cuando vi a Raina y a Diego en el aeropuerto, se me cayó la cara de la pura rabia. Raina se me adelantó y me tomó del brazo, tan confianzuda como siempre.—Ay, hermanita, papá dijo que, ya que las dos íbamos a salir de viaje, mejor nos fuéramos juntas para cuidarnos la una a la otra.Me solté de su agarre de un tirón

  • Mi íncubo desobediente   Capítulo 6

    Esa última frase fue el tiro de gracia. Me quedé mirándolo, impresionada.No me esperaba que ese chico tan dulce tuviera la lengua tan afilada. Definitivamente, me estaba dando una impresión muy distinta a la del principio, y me encantaba mucho.La cara de Diego se deslavó por completo, perdiendo el poco color que le quedaba, pero a Raina le brillaron los ojos en cuanto escuchó aquello. Sacó su celular a toda prisa y buscó la tienda en línea.—¡Ay! —exclamó con un chillido de alegría—. ¡No puede ser!Me miró con una sonrisa triunfal mientras me mostraba la pantalla.—Te conseguí por menos de una décima parte de lo que costaste originalmente. Te gané en la subasta de liquidación, Diego. Ahora eres mi íncubo.Hablaba con esa sonrisita de quien siente que se ganó la lotería por pura suerte.Diego la miró a ella y luego me miró a mí, totalmente en shock. Parecía no poder procesar que lo hubieran reemplazado de una forma tan abrupta.—Ama... —alcanzó a balbucear.Yo sabía perfectamente que

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status