—Ama, no lo mire.Me mordisqueó suavemente la oreja, distrayéndome. Intenté apartarlo, pero sin mucha fuerza.—Ya basta, Iván. Regresa al cuarto.—Ni hablar.Frente a Diego, empezó a abrir lentamente el paquete que el botones acababa de entregar.—Tengo que revisar que la mercancía esté en buen estado.Cuando Diego reconoció el empaque, se puso más pálido que un fantasma. Me di la vuelta para entrar a la habitación, pero al segundo siguiente sentí un tirón doloroso en la muñeca. Me giré y vi que Diego me sujetaba del brazo con fuerza, mientras clavaba la mirada, lleno de odio y desesperación, en la caja de preservativos.Iván, que ya no aguantaba más, soltó una maldición por lo bajo. Sin pensarlo dos veces, le soltó un puñetazo que impactó de lleno en la cara a Diego.Solté un grito de sorpresa, pero no hice nada para detenerlo. En este mundo, bien se sabe que algunos íncubos callejeros, consumidos por el hambre, intentan seducir a las dueñas de otros.Normalmente lo hacen a escondi
Read more