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Capítulo 51

Author: Edgar Romero
last update publish date: 2026-03-10 17:45:45

Daysi me exigió que Vincent firmase el contrato de matrimonio. -Eres bien tonta, Jacky, ese hombre busca tu fortuna, vivir a costillas de tu fama, sabe que contigo será por siempre famoso-, estaba ella desilusionada conmigo, incluso me dijo que yo la había defraudada. -Pensé que después de tantas cosas que has pasado en la vida, serías más responsable en tus actos, pero veo que me equivoqué, sigues siendo la misma jovencita ingenua de siempre, Jacky-, me dijo desilusionada.

Vincent firmó e
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  • Mis diez maridos   Capítulo 191

    EPÍLOGO -¿Te volverás a casar?-, me preguntó Brenda esa tarde mientras tomábamos lonche en mi club de playa, viendo las olas estrellarse en la playa, haciendo mucho estruendo. Ella hizo tostadas y les untó mantequilla y sirvió infusión de manzanilla. La doctora que me atendía me prohibió café pese a mis protestas porque, ya saben, me encantaba mucho el café pasado. -¡¡¡No vale!!!-, reclamé furiosa, empero mi doctora me dijo que la edad no perdona. -Ya no eres una jovencita, Jacky, los años pasan y después de los tiempos de despilfarro, nos corresponde ahora la época de ahorro-, reía la doctora viéndome desconcertada y malhumorada a la vez porque ella me había prohibido el café. -No, ya no, hija, diez matrimonios son suficientes je je je-, me reí de buena gana, disfrutando de la manzanilla. Estaba exquisita. -¿Qué es lo que pretendías madre, casándote tantas veces? ¿No podías estar sin un hombre a tu lado? ¿Te sentías vacía sin una compañía masculina?-, quería mi hija adivin

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    Les conté toda mi historia a mis hijos y mis nietos y ellos ahora sabían de cada matrimonio que tuve, pero lo que yo misma ignoraba, hasta ahora, es por qué me casé diez veces. -Mi abogada Daysi me recomendaba que mis maridos firmaran un contrato de matrimonio estableciendo distancias en caso de separación. "Lo mío es mío y lo tuyo es tuyo", decía la cláusula principal del convenio. Me imagino que ese articulado que nos quitaba responsabilidades de encima, era lo que me motivaba a emprender a cada momento una nueva aventura-, les relaté a todos. -Con todo el dinero que ganaba en la publicidad, en las pasarelas, en los clips, los fui invirtiendo en negocios de los que no tenía la menor idea de manejarlos, como hospitales, tiendas, centros comerciales, una línea aérea, condominios y hasta un club de fútbol que estaba último y de repente, ¡pum! ¡pum! ¡pum! empezó a ganarlo a todo y ahora es el mejor equipo del mundo-, me reí de buena gana. -!!!Todos somos hinchas del Unión B

  • Mis diez maridos   Capítulo 189

    Un sábado llegó una persona a Rancho Monroe con un encargo para mí, El tipo había sido del entorno de Truddle, un colaborador muy allegado y que actuaba como asistente personal de mi marido muerto. Yo disfrutaba de la piscina con mis nietos. - El señor dice que tiene una carta de Mario Truddle, señora Monroe-, me anunciaron de vigilancia. Era una carta. Pedí a uno de los agentes de mi seguridad que trajera la carta. Yo estaba con una tanga muy diminuta je je je. No podía exponerme. En efecto, era una misiva que había hecho Mario Truddle de puño y letra. La tenía guardada en un sobre bien sellado con mi nombre y un agregado que decía "Entregar a mi esposa en caso que muera", lo que me dejó, obviamente, turbada. Lo abrí con cuidado. Se trataba de una hoja arrancada de un cuaderno cuadriculado, con apenas cinco líneas. -La vida de un político y más aún de un presidente de la república está siempre en riesgo, por eso, en previsión de que algo me pase, me atrevo a escribirt

  • Mis diez maridos   Capítulo 188

    Me recluí varios días en rancho Monroe. No quería saber nada del mundo. Lloraba y lloraba en mi habitación y me sentía culpable de la muerte de Mario Truddle. -No debí acompañarlo, jamás debí aceptar ser su esposa-, le dije llorando a gritos a Brenda. Ella acariciaba mis pelos. -Lo hiciste muy feliz, madre, gracias a ti, Mario pudo ser presidente, murió después de haber consumado su más gran sueño y anhelo-, intentó ella consolarme y darme ánimo, contagiada de mi llanto. -Él aún estaría vivo sumido en sus sueños tontos si me hubiera negado apoyarlo-, le insistí sin resignarme. -No, madre, al contrario, lo hiciste el hombre más feliz de la Tierra con tu apoyo, consumando sus sueños y metas, recuerda que tú lo veías siempre dichoso, hecho una fiesta-, me aclaró mi hija con resolución. Tardé mucho en recuperarme porque fue un golpe atroz, furibundo, en realidad. Yo pensaba que debía separarme de Truddle, reclamarle que respetara nuestro convenio, sin embargo había algo que me

  • Mis diez maridos   Capítulo 187

    Pero fue entonces que Manix mató a mi marido. Ya les he dicho que ese tipo no pudo digerir jamás el haber perdido en las elecciones. El coronel era un hombre hecho para las armas y había descubierto su lado rencoroso con la derrota en las urnas. Manix pensaba y estaba convencido que Truddle no era merecedor para ser presidente del país, que le ganó en mala lid y consideraba que el hecho de haberlo apoyado yo en los comicios, era causal de fraude en los comicios. El crimen ocurrió en la inauguración de una gran planta nuclear al oeste de la ciudad hecho íntegramente con capitales del consorcio Monroe. Manix llegó camuflado con los otros invitados a la ceremonia, con un revólver metido entre sus ropas. No tuvo problemas para pasar por la seguridad de la planta nuclear porque Manix era muy conocido, respetado y con mucha influencia en la opinión pública. Fue esquivando a la multitud que se había hecho presente para el evento y se ubicó junto a los periodistas, en espera que el presid

  • Mis diez maridos   Capítulo 186

    Me dieron un palco especial en el parlamento, donde se apreciaba toda la ceremonia de juramentación de Mario como presidente de la república. Estuve junto a los asesores y amistades de Truddle. Fue un acto muy formal y Truddle recibió del mandatario saliente la banda presidencial en medio de los aplausos de sus adeptos. El congreso tenía, además, mayoría absoluta del partido de mi marido que lo apoyaba y respaldaba en todo. Mario aseguró, en su primer discurso como presidente, que cumplirá cabalmente con sus promesas y ofrecimientos en su campaña, que haría un gobierno popular, atendiendo las necesidades de las mayorías, enfrentándose decididamente a la corrupción, que reactivaría la economía y priorizaría las exportaciones, la producción del agro y de las industrias, cuando de pronto dijo, en medio su discurso, -que éste será un quinquenio de progresos que impulsaremos mi mujer, Jacqueline Monroe, y yo hasta cuando tenga que entregar la banda el próximo lustro-, fue exactamente

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