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Capítulo 2

作者: Mónica Herrera
—Voy a limpiar la mancha.

Mamá resopló con desprecio y me cerró la puerta en la cara.

Me quedé solo en el pasillo, frotando la sangre hasta que no quedó rastro en la alfombra. Luego regresé al cuarto sin ventanas junto a la cocina donde antes dormía la empleada doméstica.

En cuanto me acosté en la dura cama de madera, el dolor volvió a recorrerme los huesos.

Tres días antes, en el servicio de hematología del hospital de la ciudad, el médico había revisado mis resultados con pesar en la mirada.

—Leucemia mieloide aguda en fase avanzada —me había dicho—. Necesitas un trasplante de médula ósea cuanto antes. Lo mejor sería empezar a buscar un donante compatible entre tus familiares directos. ¿Podemos contactar a tus padres?

Había apretado con fuerza aquella delgada hoja de papel y negado con la cabeza.

—No tengo padres.

Era un huérfano adoptado. ¿Dónde iba a encontrar un familiar biológico?

Por eso había renunciado al tratamiento. Con los diez mil dólares que había ahorrado durante años trabajando como mesero y dando clases particulares había pagado parte de una parcela en el cementerio, en las afueras de la ciudad. Todavía debía mil setecientos dólares. Pensaba que, si lograba vivir dos meses más, podría reunir el dinero suficiente para saldar la deuda.

Después había escuchado aquella conversación frente al dormitorio de mis padres.

Sí tenía padres. En esa misma casa vivían dos personas que quizá podrían salvarme la vida.

Pero ya no quería pedirles ayuda.

A la mañana siguiente, me obligué a salir de la cama a pesar del dolor y bajé a preparar el desayuno, como siempre.

Nolan Voss estaba sentado a la mesa del comedor, como todo un joven heredero, con una chaqueta de diseñador recién estrenada. Dos semanas antes, me había quedado un largo rato frente a la vidriera de una tienda por departamentos, mirando esa misma chaqueta.

Mamá me había dicho que era demasiado cara para alguien que ni siquiera pertenecía de verdad a la familia. Luego se la había comprado a Nolan.

—Miles, hoy te ves fatal —dijo Nolan mientras cortaba su huevo frito con aire inocente—. ¿No dormiste bien? Toma, bebe mi leche. De todos modos, no me la voy a terminar.

Empujó hacia mí el vaso medio vacío.

Mamá se acercó de inmediato, tomó el vaso y vació la leche en el fregadero.

—Tu hermano fue tan amable de ofrecértela, Miles, pero ¿te has puesto a pensar si te la mereces? ¿Y si te estás enfermando y contagias a Nolan? Si por tu culpa no puede participar en el concurso de hoy, ¿vas a hacerte responsable?

Vi cómo la leche desaparecía por el desagüe y sentí que se me revolvía el estómago.

—Ya no tengo hambre.

Me levanté sin mirar a ninguno de los dos.

Papá bajó el periódico.

—Espera. ¿Adónde crees que vas? Tu hermano compite hoy. Si no vienes, ¿quién va a cargar sus cosas?

Me volví hacia él. Tenía la voz ronca por la fiebre.

—Tengo algo que hacer. Necesito ir a la Cruz Roja.

Mamá resopló.

—¿A la Cruz Roja? ¿Para qué? ¿Crees que con poner cara de lástima y donar un poco de dinero por fin vamos a ver lo considerado que eres? Ahórranos el espectáculo.

No di explicaciones. Salí a la calle. El sol de la mañana brillaba con tanta intensidad que me lastimaba los ojos. Me detuve junto a la acera y llamé al centro de donación de órganos.

—Hola. Quisiera hacer una consulta. Si tengo leucemia avanzada, ¿aun así puedo donar mis córneas?

—¿Con quién estás hablando?

Un Maybach negro se había detenido a mi lado. La ventanilla polarizada descendió y dejó al descubierto el rostro severo de papá. En cuanto me vio, frunció aún más el ceño.

—Sube.

Colgué y subí al auto. El aire acondicionado me hizo estremecer.

En lugar de arrancar, papá sacó un sobre manila de la guantera y me lo arrojó sobre el regazo.

—Míralo. Explícame qué significa esto.

El sobre no estaba sellado. De su interior se deslizaron varios informes de análisis y una solicitud de inscripción en una base de datos de ADN para localizar familiares.

Después del diagnóstico, había enviado una muestra de sangre a sus espaldas. Me había aferrado a la tenue esperanza de encontrar a mis padres biológicos. Como mi familia siempre había insistido en que yo no era de su sangre, había decidido que no tenía nada que perder si intentaba buscarlos.
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