Home / Romance / Mátame Suavemente / El peso del apellido (1era. Parte)

Share

El peso del apellido (1era. Parte)

last update publish date: 2025-09-23 01:18:14

El mismo día

Málaga

Ramiro

El poder y el dinero generan envidia y enemigos, pero la cuestión es aprender a proteger tu legado, y eso solo lo consigues siendo cruel, frío, pragmático. Cueste lo que cueste, estarás en el lugar que quieras estar. Yo lo supe desde siempre: necesitaba llegar a la cima. Esperaba con ansias sentarme en la silla de mi padre, dirigir el legado familiar, pero vivía escuchando evasivas, excusas, posponiendo lo inevitable. Alegaban que no tenía su visión para los negocios. Y creí, ingenuo, que con su muerte por fin sería el elegido.

Error monumental. La bomba me cayó como un balde de agua helada.

Estaba en la mansión, organizando cada detalle para el funeral de mi padre, cuando apareció Juliana Ferrer, la abogada de la empresa, con esa seriedad incómoda que anuncia problemas.

—Buenos días, Ramiro, doña Beatriz… tengo noticias desagradables —dijo, dejando los papeles sobre la mesa.

—Por favor, Juliana… nada puede ser peor que la muerte inesperada de mi padre —repliqué con malestar.

—No lo llamaría tragedia, pero sí un problema. Un hombre llamado Iván Negrete interpuso una demanda alegando ser hijo de don Eduardo.

Solté una carcajada seca, cargada de rabia.

—¡Por favor! Cualquier imbécil puede decirlo, otra cosa es que lo sea.

—Juliana, si has venido a alterarnos, da la media vuelta y respeta el momento delicado que vivimos —intervino mi madre, con la voz dura.

Pero la abogada no se inmutó.

—Doña Beatriz, el asunto es serio. Iván presentó documentación, análisis de ADN, fotos de su madre con don Eduardo, cartas… todo respalda su historia de que sería un Del Valle.

Me giré hacia mi madre con incredulidad.

—Mamá… dile a Juliana que eso es imposible.

Ella bajó la mirada, conteniendo un suspiro.

—No puedo, Ramiro… Tu padre no era un santo. Menos un hombre fiel. Tuvo algunos deslices.

El golpe me sacudió. Sentí un ardor en la cara.

—¿Cómo carajos pudiste permitirlo? ¿Acaso no le cumpliste como mujer?

—¡No me faltes el respeto, Ramiro! ¡No te lo permito! —me gritó, con ese temple que pocas veces mostraba.

Juliana levantó la mano, intentando recuperar el orden.

—Por favor, concéntrense. Iván Negrete quiere charlar sobre sus derechos como heredero. Les aconsejo escucharlo y después decidir respecto al testamento.

Fue entonces que escuché la voz somnolienta y desganada de Andrés, mi hermano menor, entrando en la sala todavía con la camisa mal abrochada.

—¿Qué sucede aquí? ¿Otra discusión por el dinero de papá? —preguntó con un bostezo, rascándose la nuca, sin el menor interés.

Lo fulminé con la mirada.

—A ti poco te importa lo que suceda con nuestra herencia. Vives metido en tu maldito restaurante, jugando a ser chef, como si eso bastara para llevar el apellido Del Valle con dignidad. Mejor desaparece, Andrés, y ahórranos tu presencia.

Él arqueó una ceja, indiferente, y se dejó caer en un sillón como si nada.

—Si quieres matarte por la herencia, adelante. Yo tengo cosas más importantes que hacer que vivir encadenado al dinero de papá.

Las venas de mi cuello se tensaron. No podía soportar ese maldito desinterés en medio del incendio que se avecinaba.

Al final accedimos a charlar con el bastardo. No había más salidas si queríamos evitar un escándalo mediático. Ingenuamente pensé que con unos cuantos centavos desaparecería de nuestras vidas, pero no estuve ni cerca.

La sala de juntas estaba cargada de un silencio tenso, roto apenas por el golpeteo de los dedos de Juliana sobre la carpeta de cuero que reposaba frente a ella. Su equipo de abogados, cuatro carroñeros de corbata ajustada y mirada calculadora, la rodeaba como si fueran buitres esperando el primer pedazo de carne. A un costado, mi madre observaba con esa dignidad fingida que solía usar como armadura, aunque sus labios apretados delataban el miedo. Andrés, mi hermano menor, se desparramaba en la silla con ese aire desganado que tanto me irritaba, como si la herencia de toda una vida le importara una m****a. Y todavía faltaba Camila, la hija de mi difunta hermana Sofía… pobre ingenua, sin idea de lo que se iba a encontrar.

La puerta finalmente se abrió. Dos hombres se adentraron con pasos firmes. El primero, de sonrisa servicial y traje gris perfectamente planchado, se presentó con voz medida: el abogado Ortega. El segundo… Iván Negrete. Piel clara, nariz respingada —idéntica a la de mi padre—, unos treinta años, quizá de mi estatura. Ojos marrones que destellaban rabia, rebeldía, y un brillo insolente que no pude descifrar de inmediato. No hizo falta: con solo cruzar su mirada con la mía entendí que no había venido a mendigar, sino a desafiarme.

—Buenos días, señores. Soy Lucas Ortega y represento aquí al señor Del Valle… —dijo el abogado, modulando cada sílaba como si eso le diera peso.

—Abogado —lo interrumpí con sorna—, su presentación es errada… su representado no lleva el apellido Del Valle.

El rostro de Ortega titubeó, pero la respuesta llegó de inmediato, cargada de veneno:

—Aún no… ¿Ramiro? Pero pronto llevaré el apellido Del Valle. ¡Hermano! —escupió Iván, con una voz tan desafiante que a mi madre se le heló el gesto.

Solté una carcajada seca, apenas un gruñido disfrazado.

—¿Cuánto quieres para regresar por donde viniste? —espeté con frialdad—. Dame una cifra y ahora mismo la tendrás en tu cuenta bancaria.

Él se inclinó hacia la mesa, sus puños apretados sobre la madera pulida.

—No, Ramiro. No me comprarás con unos cuantos billetes. Quiero ser parte de la empresa, tener a cargo una gerencia y un salario acorde… De lo contrario, voy a ir a los noticieros hablando de la aventura que tuvo Eduardo Del Valle con mi madre. O más bien, destrozando su imagen de hombre de familia. ¿Y qué crees que pasará? Se dará por terminada la licitación que tienes con el gobierno, caerán las cifras del Holding Del Valle y no olvides las exportaciones a Egipto. Además, el diputado Cuesta no seguirá apoyando tu proyecto de ampliar las minas en Cataluña…

Los abogados de Juliana se removieron incómodos, como si ya calcularan pérdidas en millones. Mi madre bajó la vista, vencida. El silencio era tan pesado que hasta el inútil de Andrés decidió romperlo, alzando la voz con desgano:

—¿Y ahora qué sucede?

Lo fulminé con la mirada, pero aun así le solté la daga:

—Los mayores hablan.

Andrés apretó la mandíbula, pero no respondió.

Entonces me incorporé lentamente, y clavé mis ojos en Iván.

—¡Siéntate, cabrón! —tronó mi voz—. Esperemos a mi sobrina para definir cómo queda reestructurada la planta ejecutiva.

Lo cierto es que la rabia me carcome cada maldito poro de la piel mientras camino como bestia enjaulada entre las cuatro paredes de la oficina. Entonces la voz de Andrés resuena como un zumbido molesto, apagado, sin fuerza, como si hablara solo por cumplir.

—Deja de lamentarte por haber perdido la presidencia. Mira las ventajas.

Me giro hacia él con los ojos encendidos, y me basta un segundo para leer en su cara esa calma estúpida que me crispa los nervios.

—¿Qué ventajas ni qué m****a, Andrés? —escupo con rabia—. ¿Cómo voy a estar feliz de que Camila, esa mocosa inexperta, sea la presidenta del Holding Del Valle? ¿Acaso no ves la humillación que estoy sufriendo?

Él se encoge de hombros.

—Lo que veo es una oportunidad —murmura—. Una oportunidad para deshacernos de Iván Negrete. Y nuestra sobrina… —continúa dejando escapar una media sonrisa cansada— …nos puede ayudar. ¿Ahora tengo tu atención? 

¿Será posible que tenga un plan, Andrés? ¿o solo quiere hacerme perder el tiempo?

Continue to read this book for free
Scan code to download App
Comments (1)
goodnovel comment avatar
MARISOL DUARTE
Tenía clara su visión
VIEW ALL COMMENTS

Latest chapter

  • Mátame Suavemente   Mátame suavemente

    Unos años despuésMálagaIvánHubo una época en la que estuve cegado por la venganza. Aún puedo recordar aquel primer día que pisé Holding Del Valle: los rostros que me observaban como si fuera un intruso, el hijo ilegítimo de Eduardo Del Valle que venía a desenterrar fantasmas. Pero entonces apareció Camila. Y, sin saberlo, cambió todos mis planes.De aquella época ya no queda nada. Aprendí a perdonar, a sanar, a dejar el pasado atrás. Y fue por ella —mi esposa, mi brújula, mi punto de calma—. Una mujer que me enseñó que el amor no siempre es un refugio, sino una elección constante.Todavía recuerdo la primera vez que vi esa imagen borrosa en la pantalla: el eco de un latido que anunciaba vida. El corazón de nuestro hijo. La prueba de que, después del caos y las heridas, el amor había sobrevivido.Con su nacimiento llegaron las noches en vela, los biberones, los pañales, el miedo a no hacerlo bien… y la emoción inmensa de tenerlo entre mis brazos. Pero esa etapa pasó más rápido de lo

  • Mátame Suavemente   Nosotros (2da. Parte)

    Una semana despuésBanyoles, CardonaCamilaAdmito que no deseaba lidiar con la oposición de la familia por mi relación con Iván, pero ya era inevitable: estamos a pocos metros de la casa de mi padre. Además, era hora de que se acostumbraran a vernos juntos, sin escondidas, como lo que somos: una pareja.Aunque nada me preparó para lo que vino después. Fue un escenario tan absurdo, tan desconcertante, que por un momento no supe si estaba soñando o viviendo una pesadilla.Mi papá fue el primero en protestar por haber vuelto con Iván, como si mi opinión no contara. Pero lo que jamás imaginé fue la intervención de Andrés… hablando de escándalos, de reputación, de lo que “diría la prensa”. Y justo cuando pensaba que la situación no podía ser más ridícula, empezaron a hablar de boda. Una boda.Entre miradas tensas y palabras cruzadas, no sabía si reír, gritar o llorar de la emoción. Pero algo tenía clarísimo: eso solo nos concernía a Iván y a mí.—Espera, papá, no puedes hablar de boda —di

  • Mátame Suavemente   Nosotros (1era. Parte)

    El mismo díaMálagaIvánEse tal vez, envuelto en una mirada cautivadora, gritaba más que cualquier palabra. Ella también me anhelaba, más allá de los besos o las caricias, pero supongo que necesitaba aprender a dar un paso a la vez para volver a ser los mismos.Sin embargo, qué difícil me lo hacía con cada roce, con cada beso fugaz mientras preparábamos el desayuno. Y para colmo, la razón terminó escapando por la ventana cuando la vi tan sensual, vistiendo solo mi camisa. Me arrastró a perder la voluntad, y en su lugar quedó el deseo… la pasión por volver a sentirla mía.Vaya si fue un reencuentro hermoso. Nuestros cuerpos hablaron por nosotros, fundiéndose en uno solo. Fue sublime escuchar sus gemidos, ser esclavo de su piel, comprender que, sin ella, nada tenía sentido.Y ahí, en el calor del momento, todavía abrazado a su pecho después de horas amándola, por primera vez en mucho tiempo me sentí completo… como si todo lo roto en mí encontrara un lugar donde encajar. Cerré los ojos,

  • Mátame Suavemente   Lo que aún arde (2da. Parte)

    El mismo díaIbiza, EspañaCamilaPor más que intentara guardar mis sentimientos por Iván en el baúl del olvido, el terco de mi corazón siempre encontraba la forma de traicionarme. Y ante eso, no había defensa posible. Solo podía fingir firmeza, aunque ni mi sarcasmo me salvaba de su sinceridad… ni de esa mirada que parecía desarmarme pieza por pieza.Lo más difícil era aparentar que nada de lo que decía me afectaba. Pero cuando lo escuché desearme felicidad —aunque fuera al lado de otro hombre— sentí que algo dentro de mí se quebraba. Supongo que ese era el amor verdadero: pensar en la felicidad del otro por encima de la tuya.Aun así, por más dolor que hubiera entre nosotros, ese amor seguía vivo. Terco, obstinado. Nació entre dilemas, creció entre miedos… y se negaba a morir. Sí, lo amaba. Él era mi felicidad, aunque me negara a admitirlo.Cerré los ojos un instante. Lo perdoné, a mi manera. Era hora de empezar a sanar, de reconstruir lo que el orgullo había destruido, sin mentiras

  • Mátame Suavemente   Lo que aún arde (1era. Parte)

    El mismo día Ibiza, España Iván Entendía la rabia y el dolor de Camila. Sabía que unas cuantas palabras no bastarían para que me perdonara, pero me partía el alma su indiferencia, ese muro que levantaba entre nosotros. Me costaba estar delante de ella, sentirla tan cerca y, al mismo tiempo, fuera de mi alcance. No podía perdonar, más bien, por un instante sus palabras dejaban entrever otra cosa. Como si mi mente jugara conmigo, recordé el comentario de Fátima sobre el idiota de Mateo. Sí, pensé que volvió con él por despecho, soledad, qué sé yo… pero ella ni lo negó, ni lo afirmó. Me dejó con la duda carcomiéndome, castigándome. Lo más irónico era tenerla tan cerca y lejos al mismo tiempo. Solo la observaba, hermosa, radiante, recordando cómo diablos la había perdido, cómo hubiera hecho todo diferente. Quizás estaríamos casados, con un hijo en camino… pero ya no podía regresar en el tiempo. Solo me quedaba la esperanza de ganarme su perdón y, con suerte, que me dejara coser las he

  • Mátame Suavemente   Lo que dicta el corazón (3era. Parte)

    El mismo díaIbiza, EspañaCamilaAunque mi corazón sangraba por cómo terminó la historia con Iván, no podía negar que imaginaba cómo sería volver a verlo. A veces pensaba que sería madura, que fingiría indiferencia, que incluso podríamos sentarnos a tomar un café y hablar de su vida con calma.Otras veces, imaginaba lo contrario: ignorarlo, pasar de largo, saludar con una sonrisa forzada y un “hola” helado. Pero la realidad… fue tan distinta.Me quebré al verlo. No pude controlar el temblor en mis manos, ni el nudo en la garganta. Todo ese dolor que había guardado durante meses se desbordó. Y terminé explotando en reproches, en palabras duras, porque ningún maldito argumento suyo podía aliviar la herida que dejó su ausencia.Y, sin embargo, dentro de mí sigue esa absurda contradicción.Porque el terco de mi corazón quiere otra cosa: correr hacia él, abrazarlo, gritarle que también lo extrañé, que mis noches siguen oliendo a él.Pero la otra parte —la que sobrevivió a su abandono, la

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status