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Capitulo 12

Author: Agus
last update publish date: 2026-10-19 02:54:55

Estaba por irme a dormir cuando el teléfono vibró sobre la mesa de luz.

Lo ignoré al principio. Llevaba toda la tarde intentando terminar unos escritos atrasados y lo único que quería era acostarme sin pensar en Neakail, en sus negocios ni en la maldita costumbre que tenía de aparecer en mi cabeza cuando menos lo necesitaba.

El teléfono volvió a vibrar.

Lo agarré con desgano.

Número desconocido.

Abrí el mensaje.

Si querés saber algo sobre Ethan Cole, mañana a las diez. Depósito 17, calle Rivada
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  • Neakail : La cumbre    Capitulo 13

    —¿Qué encontraste?La pregunta de Neakail quedó suspendida en el despacho, pesada y afilada, como una hoja apoyada sobre la mesa.Afuera, el club continuaba funcionando. Se escuchaban golpes secos contra los sacos de entrenamiento, voces apagadas y el sonido lejano de una puerta cerrándose. Sin embargo, dentro de aquella habitación todo parecía haberse detenido.Vico permanecía junto a la puerta, con los brazos cruzados y el rostro serio. Yo tenía el teléfono entre las manos y una fotografía abierta en la pantalla. La luz azul iluminaba mis dedos, que todavía temblaban ligeramente.Podía mentir.Decir que no había encontrado nada importante. Que el mensaje no era más que una amenaza sin sentido. Que había ido al depósito, había visto un sobre vacío y había regresado.El problema era que Neakail tenía esa manera irritante de mirarte como si ya supiera que estabas ocultando algo. No necesitaba levantar la voz ni hacer preguntas insistentes. Le bastaba con quedarse quieto, observando, es

  • Neakail : La cumbre    Capitulo 12

    Estaba por irme a dormir cuando el teléfono vibró sobre la mesa de luz.Lo ignoré al principio. Llevaba toda la tarde intentando terminar unos escritos atrasados y lo único que quería era acostarme sin pensar en Neakail, en sus negocios ni en la maldita costumbre que tenía de aparecer en mi cabeza cuando menos lo necesitaba.El teléfono volvió a vibrar.Lo agarré con desgano.Número desconocido.Abrí el mensaje.Si querés saber algo sobre Ethan Cole, mañana a las diez. Depósito 17, calle Rivadavia 1840.Leí la dirección dos veces.Llegó otro mensaje.Vas a encontrar un documento que te interesa. Vení sola. Es una condición.Antes de que pudiera responder, apareció el último.Si venís acompañada, las cosas se van a poner feas.Sentí un frío incómodo en el estómago.No era la primera amenaza que recibía. Durante las últimas semanas había aprendido a reconocer esa mezcla de intimidación y misterio con la que alguien intentaba hacerme retroceder. Pero aquello era diferente.No me estaban

  • Neakail : La cumbre    Capitulo 11

    La mañana me recibió con una luz gris y desganada, pero fue el frío en mi nuca lo que realmente me despertó. Al girar la esquina hacia el estudio, la confirmación de que Neakail no soltaba sus presas me golpeó de frente.Allí estaba. Un auto oscuro, una mancha de tinta que contrastaba con la claridad de la acera. Apoyado contra la carrocería, con los brazos cruzados y una postura que irradiaba una paciencia forzada, había un hombre. Me detuve en seco, sintiendo que el aire se me escapaba de los pulmones. No estaba feliz de estar ahí, su expresión hosca lo gritaba a voces, pero su presencia era tan sólida que parecía parte del mobiliario urbano. Lo reconocí al instante, aunque él solo levantó la vista, escaneándome con ojos profesionales y distantes. Era uno de los hombres que había visto entre las sombras del club de boxeo. La extensión física de la voluntad de Neakail. —¿Sos el que mandó Neakail? —pregunté, tratando de ocultar el temblor de mi voz bajo una capa de irritación. —Sí

  • Neakail : La cumbre    Capitulo 10

    El zumbido del teléfono sobre la mesa de madera fue un golpe seco, un sonido que cortó el silencio de mi habitación como una navaja. Lo miré con desgana, intentando fingir que no me afectaba, pero el pulso ya me martilleaba en las sienes.Otro mensaje.Otro número desconocido que se ocultaba tras una pantalla de cristal.Lo abrí, y las palabras se clavaron en mis ojos como cristales rotos:"Todavía no entendiste que tenés que dejarlo"Solté el aire lentamente, un intento inútil por calmar la descarga de adrenalina. No era la primera vez. Hacía tiempo qué convivía con este acoso, una sombra digital que me seguía a todas partes. Algunos mensajes eran directos, casi vulgares; otros, sin embargo, eran mucho más aterradores: frases sutiles que me confirmaban que alguien me estaba observando, conociendo mis pasos, midiendo mis silencios.Los había bloqueado una y otra vez.Los había archivado como pruebas, por si llegaba el día de necesitarlas.Había intentado ignorarlos, como si al no darl

  • Neakail : La cumbre    Capitulo 9

    El agua caliente golpeaba mi espalda con una insistencia casi violenta, como si intentara lavar el rastro de semanas de insomnio y expedientes manchados de café. El vapor llenaba el baño, convirtiéndolo en un refugio hermético contra el resto del mundo.De repente, el silencio fue interrumpido por la vibración del teléfono sobre el borde del lavamanos. Un sonido metálico, estridente, que hizo que mi corazón diera un vuelco.No salí inmediatamente de la ducha. Me quedé inmóvil, con el agua corriendo, paralizada por el miedo a que esa llamada fuera el portador de una mala noticia. Lo dejé sonar una vez. Después otra. El mundo parecía detenerse mientras esperaba el veredicto invisible que decidiría mi futuro y, sobre todo, el de Vicente.Cuando finalmente estiré la mano y atendí, mi voz sonó ronca. Reconocí la voz de Eliseo al instante; estaba tensa, pero había un matiz de victoria que no había escuchado nunca.—Salió —dijo, sin más preámbulos.Cerré los ojos. Durante un segundo, el aire

  • Neakail : La cumbre    Capitulo 8

    El escrito estaba presentado. La documentación, incorporada. Eliseo tenía todo lo necesario. Vicente tenía una oportunidad. Y yo debería haber podido respirar, debería haber sentido que el peso se aliviaba, pero no pude. Desde que había conocido a Neakail, tenía la sensación de que siempre había algo ocurriendo detrás de lo que podía ver, una maquinaria invisible moviéndose en la oscuridad. Y odiaba no saber qué era.Cerca del mediodía salí del estudio. Necesitaba ver a Vicente, una última vez antes de la audiencia. No llevé carpeta, ni computadora, solo mi bolso. Sentía que, si iba sin papeles, quizá por fin podríamos hablar como dos personas reales.Cuando llegué, Vicente estaba esperando. Pero esta vez, su sonrisa habitual no estaba. Se lo veía distinto, con una carga en la mirada que me preocupó.—¿Qué pasa? —pregunté.—Nada —respondió, negando con la cabeza, pero no le creí.Me senté frente a él.—Cuando salgas, quiero que pienses seriamente en lo que vas a hacer —le dije, buscan

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