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Capítulo 3

Author: Serein M
POV: Harper

Respiré hondo y continué con la entrega de mis archivos al nuevo sanador como si nada hubiera pasado.

—Estos son los expedientes de los pacientes de alto riesgo. Presta especial atención a la toxicidad por plata... —Mi voz sonó con firmeza.

Pero justo al terminar la reunión de la junta, las puertas del centro de sanación se abrieron de golpe.

Julian entró con Chloe, que estaba débil, agarrada por la cintura. En la otra mano llevaba una pila de decretos oficiales de la manada.

—Ya terminé la lista para el ritual del sábado —anunció con el tono de un comandante implacable, y azotó los papeles sobre cada escritorio—. Se trata de la vida de Chloe y de la estabilidad de mi lobo. Todos deben estar atentos.

Julian miró a todos en la sala y se detuvo en mí. Caminó hacia mi escritorio sonriendo con arrogancia.

—Harper —saludó. Su tono era educado pero denotaba su superioridad. El muy idiota creía haber descubierto mi supuesto juego de «hacerme la difícil»—. Tú eres la futura Luna. Que dirijas este ritual establecerá el ejemplo perfecto para la manada. Además, es la mejor garantía de seguridad tanto para Chloe como para mí.

El ritual era el sábado. Mi vuelo hacia la Sede del Norte salía un día antes.

No dije nada. Agarré el decreto con mis manos y asentí con la cabeza nada más. Sin gritos. Sin drama. Imperturbable.

Mi silencio le borró la sonrisa del rostro. Sin duda esperaba mis gritos histéricos de siempre. Aguardaba la oportunidad para darme otro de sus sermones de superioridad moral.

Pero no le di nada de lo que él esperaba.

Dos minutos después, salí al balcón del centro de sanación a tomar aire. Tenía el decreto arrugado en el puño y los bordes del papel estaban mojados por mi sudor frío.

—¡¿Ya terminaste tu berrinche?! —me gritó a mis espaldas.

Julian me había seguido. Se paró delante de mí. Pensaba que todavía podía seguir controlando mi vida con sus decisiones.

—Hemos terminado, Julian, y he rechazado nuestro vínculo —mi voz sonó tan muerta como el agua estancada—. Deberías concentrarte en tu dichoso ritual, en lugar de esperar mi ayuda para salvar a tu amiguita.

Inclinó la cabeza, confundido. Era obvio que no se esperaba tanta frialdad de mi parte.

—¡Harper Quinn! —rugió y abandonó la farsa del Alfa comprensivo. Su voz se volvió amenazante—. ¡No creas que aplicarme la estúpida ley del hielo me hará ceder! ¡No me la estoy cogiendo! ¡No la amo! ¡Solo le voy a entregar una parte de mi alma! ¡Esto es una cuestión de vida o muerte! ¿Acaso ya olvidaste tu juramento de sanadora?

»¡¿De verdad crees que otro Alfa aguantaría tus estúpidos celos?! ¡Eres capaz de dejar morir a una loba frente a tus ojos por egoísmo!

Cada palabra fue como una flecha bañada en acónito que se clavaba en mi corazón.

—Tú eres mi compañera destinada. Tu estatus en esta manada proviene exclusivamente de mí. Sin mí, no eres nada —presionó Julian con dureza, antes de suavizar la voz de un segundo a otro. Estiró el brazo y me tomó de la mano, como si me estuviera ofreciendo una limosna—. Solo deja de decir que me rechazas. Sé una buena loba y dirige el ritual este sábado. El mes que viene, te organizaré la Ceremonia de Emparejamiento más lujosa de todo el territorio. Te juro por mi lobo que te lo compensaré, ¿okey?

El infeliz aún intentaba manipularme con esos trucos baratos. Destruir mi confianza primero, al hacerme sentir menos, para luego fingir ser un compañero amoroso.

Me reí para mis adentros. Yo no había hecho nada malo. Si él insistía en atar su alma a la de Chloe Mercer, yo estaba más que feliz de quitarme del camino.

Que el Alfa Julian Thorne jugara su enfermito jueguito de salvador. En cuanto a mí, iba a construir una vida que me perteneciera.

Al regresar al penthouse que habíamos compartido durante los últimos siete años, el inmenso espacio se sintió muerto.

Empecé a empacar.

Siete años de convivencia, siete años de desgaste emocional, y toda mi vida cabía a la perfección en una sola maleta de viaje.

Saqué mi teléfono y le envié un último mensaje corto a Julian.

Harper: "Adiós".

Su respuesta llegó rápido. La pantalla se encendió con ese mismo texto automático de siempre:

Julian: "No".

Era obvio que ni siquiera había comprendido el verdadero significado del mensaje. Se había limitado a responder "No" por pura costumbre, sin molestarse en preguntar por qué me despedía. Después me escribió que pasaría la noche en vela en el centro de sanación para preparar las runas del ritual.

¡Qué ironía!

Salí del penthouse y cerré la puerta con llave. Dejé mis maletas en casa de un amigo de confianza. Justo cuando me acomodaba en el sofá para descansar, mi teléfono se iluminó de nuevo.

No era Julian. Era Chloe.

Me había enviado la foto de un documento confidencial: el Acuerdo de Vinculación de Espíritu.

El documento estipulaba con absoluta claridad que el lobo de Julian le otorgaría por toda la eternidad la energía vital propia de un Alfa al espíritu dañado de Chloe. Aquella profunda conexión a nivel del alma estaba reservada exclusivamente para los compañeros destinados.

Debajo de la foto, Chloe añadió un mensaje que, a decir verdad, ya esperaba.

Chloe: "¿Ves? Julian siempre estará dispuesto a entregarme fragmentos de su alma. En su corazón, soy la única loba que de verdad importa. Deja de ponerte en ridículo, Harper. Haznos un favor a todos y lárgate de su vida".

Contemplé fijamente la pantalla y sonreí con frialdad. La estúpida tenía razón. Había llegado el momento de concederle su deseo.

Saqué del bolso un Acuerdo Oficial de Rechazo de la Pareja Destinada y lo firmé con mi nombre. Activé con mi magia la antigua runa del pergamino, capaz de ejecutar una ruptura automática y unilateral.

Antes de marcharme, dejé el documento firmado con cuidado en el centro de la mesa del comedor.

Al día siguiente, me detuve junto a los ventanales del aeropuerto y contemplé la luna creciente en el cielo. Mi teléfono vibró en la mano.

Era un mensaje de Julian. Tenía el mismo tono arrogante y despreocupado de siempre.

Julian: "El ritual está a punto de comenzar. ¿Dónde estás? Deja de esconderte y ven al centro de sanación ahora mismo".

Respiré hondo y escribí mi respuesta definitiva.

Harper: "Te he rechazado oficialmente, Alfa Julian Thorne. Diviértete con tu jueguito de salvador. Que nuestros caminos no vuelvan a cruzarse jamás".

Después de pulsar "Enviar", bloqueé su número para siempre.

El sistema de megafonía del aeropuerto anunció el embarque de mi vuelo con destino al Norte. Agarré el asa de la maleta, contemplé por última vez la pantalla negra del teléfono y lo apagué por completo.

El patético "amor" de aquel Alfa ya no significaba nada para mí.

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