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Capítulo 8

Autor: Wheat Grain
No permitieron que Roxie entrara a la gala benéfica porque no tenía invitación. Desde la entrada pudo ver a Evan adentro, con Sylvia agarrada de su brazo. Los dos conversaban felices con el doctor Chandler. Al mirarlos, aquellos seis años de relación le parecieron un chiste de mal gusto.

Cuando por fin terminó la gala, Roxie corrió hacia el doctor Chandler y lo detuvo para suplicarle que salvara a su madre. El médico tardó unos segundos en reconocerla.

—Tú eres… la prometida de Evan, ¿verdad? —preguntó tras mirarla con atención—. Nos conocimos hace un año, más o menos.

Frunció el ceño antes de añadir:

—¿Qué le pasa a ese muchacho? Acaba de estar hablando conmigo ahí dentro. ¿Por qué no me comentó nada? Solo me presentó a una antigua compañera de universidad que iba un curso por debajo de él.

Roxie forzó una sonrisa amarga.

—Me dijo que no usara su nombre, así que el tratamiento de mi madre no tiene nada que ver con él —le explicó—. Doctor Chandler, si puede salvar a mi mamá, haré lo que sea.

—Ese muchacho siempre ha sido demasiado rígido para su edad —comentó el doctor tras suspirar—. Cuando hay una vida en juego, debería saber cuándo hacer una excepción. Tengo un espacio libre mañana por la mañana. Puedo operar a tu madre entonces.

Roxie no dejaba de darle las gracias. Acordaron encontrarse en el hospital a las ocho de la mañana siguiente.

Roxie acababa de regresar al hospital cuando su amigo la llamó para decirle que la vieja casa de su madre se había vendido por unos cien mil dólares. Por fin pudo respirar aliviada. Su madre podía salvarse.

Pero a la mañana siguiente pasaron las ocho y el doctor Chandler no aparecía. Roxie lo llamó una y otra vez, sin que contestara. El médico que atendía a su madre tenía la frente cubierta de sudor por la preocupación.

—¿Dónde está el doctor Chandler? —preguntó—. ¡Su madre volvió a empeorar! ¡Hay que operarla ahora mismo! ¡Si seguimos esperando, será demasiado tarde!

Una enfermera que pasaba por allí intervino:

—Yo vi al doctor Chandler —les dijo.

—¿Dónde? —preguntó Roxie al voltearse hacia ella.

—El doctor Shaw se lo llevó a otro lado —respondió la enfermera.

Roxie llamó a Evan, pero él tampoco contestó. Empezó a buscar por el hospital, piso por piso, hasta que vio al doctor Chandler detrás del vidrio de un consultorio privado.

Iba a entrar, pero alguien la agarró con fuerza y la arrastró hasta el otro extremo del pasillo. Roxie forcejeó hasta librarse de Evan y lo miró con los ojos enrojecidos.

—Evan Shaw, mi madre está esperando a que el doctor Chandler le salve la vida —le reclamó—. ¿Con qué derecho te lo llevas?

—A Sylvia le duele el pecho y necesita una revisión completa —respondió Evan.

—¡El hospital está lleno de médicos! —protestó Roxie, temblando de rabia—. ¡El doctor Chandler vino porque yo le pedí que operara a mi madre!

—El doctor Chandler es el mejor especialista en cardiología del país —replicó Evan—. No voy a estar tranquilo hasta que él mismo revise a Sylvia.

Suavizó el tono antes de continuar:

—Roxie, espera un poco más. Ya esperaste todos estos días. ¿Qué más da esperar unas horas más?

Roxie sintió miedo al mirarlo. Ya no reconocía al hombre que tenía delante.

—¿No eres tú el que tanto habla de principios? —le reclamó—. Te negaste a saltarte las reglas por mi madre. ¿Y esto cómo lo llamas?

—Los casos especiales requieren un trato especial —respondió Evan con calma.

Llamó a los guardias de seguridad del hospital.

—Vigílenla —les ordenó—. No dejen que moleste al doctor Chandler mientras atiende a Sylvia. Si pasa algo, ustedes serán los responsables.

Los guardias se acercaron de inmediato y la sujetaron de los brazos.

—¡Evan Shaw, desgraciado! ¡Déjame ir! ¡Mi madre no puede esperar! —le gritó Roxie mientras forcejeaba y lloraba de desesperación—. Evan, por favor… —terminó por suplicarle.

Al oír las súplicas de Roxie, a Evan se le apretó el pecho. Aun así, se marchó sin voltearse.

En el consultorio privado, el doctor Chandler revisaba el electrocardiograma de Sylvia.

—Esta chica no tiene nada, Evan —le comentó—. Te preocupas demasiado.

Sylvia se incorporó en la camilla de exploración y se apretó el pecho con una mano.

—Pero de verdad me duele el pecho y me falta el aire… —se quejó.

Evan se acercó y la ayudó a bajar de la camilla.

—Doctor Chandler, por favor, hágale pruebas más detalladas —le pidió—. Así me quedaré más tranquilo.

El doctor lo miró, desconcertado.

—Evan, todavía piensas casarte con tu prometida, ¿verdad? —preguntó.

—Por supuesto —respondió Evan con una risa despreocupada—. Ya decidí casarme con Roxie, así que es la única mujer con la que voy a casarme.

Sylvia apretó la tela de su ropa entre los dedos y se mordió el labio inferior, sin decir nada.

—Pero quedé en operar a la madre de tu prometida a las ocho de esta mañana —le recordó el doctor Chandler al asentir—. ¿Por qué cambiaron la hora de repente?

—Primero le están haciendo algunas pruebas preoperatorias —explicó Evan—. Cuando estén todos los resultados, le será más fácil revisar el caso. Mientras tanto, pensé que podría revisar a Sylvia.

Pasaron otras cuatro horas. Le hicieron todas las pruebas a Sylvia y los resultados indicaron que no tenía ningún problema. Solo entonces Evan llevó al doctor Chandler a la UCI donde estaba ingresada la madre de Roxie.

Pero, al llegar, encontraron la cama vacía. Roxie no estaba. Tampoco su madre.

Evan seguía allí, desconcertado, cuando entró el médico que atendía a la señora Foster.

—¿Dónde están? —preguntó Evan de inmediato.

El médico le sostuvo la mirada, como si no supiera por dónde empezar.

—Su estado empeoró muy rápido —le informó—. Murió hace dos horas.

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Último capítulo

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