Sylvia pareció darse cuenta de lo que había dicho cuando ya era demasiado tarde. Se tapó la boca y miró a Roxie, alarmada.—Ay, Roxie, perdón —se disculpó—. No quise decir que estuvieras sucia… Solo que estás empapada…Se volteó hacia Evan, nerviosa, y le pidió:—Evan, explícaselo, por favor. De verdad no quise decir eso. No quiero que Roxie vuelva a malinterpretarme y se enoje conmigo.Evan sonrió y le revolvió el cabello con cariño.—Sé a qué te referías —la tranquilizó—. Roxie no va a enojarse contigo. No se enoja por esas tonterías.Se volteó hacia Roxie antes de añadir:—Seven acaba de ponerse ropa limpia. Tú estás empapada y se la vas a ensuciar. No tienes idea de lo travieso que es ese niño. Ayer le compré diez conjuntos de ropa nueva y casi enseguida ya había arruinado ocho.Allí estaban los tres: un hombre, una mujer y un niño que parecían una familia. Roxie ni siquiera miró a Evan. Mantuvo los ojos fijos en Sylvia.—Quítate mi bata —le ordenó con frialdad.La madre
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