LOGINTres años después, todo el mundo del diseño arquitectónico conocía a Roxie Foster. Había desarrollado un estilo propio, inspirado en las técnicas tradicionales del bordado a mano. Incorporaba aquellos patrones elaborados a los juegos de luces y sombras y a los detalles estructurales de los edificios modernos. Sus diseños recibían elogios por todas partes y cada nueva propuesta llamaba la atención.También había ganado por fin el dinero suficiente para comprar de nuevo la casa de su madre. El día en que la propiedad volvió a estar a su nombre, Roxie se quedó sentada allí, a solas, desde la mañana hasta la noche.Finn no la apresuró. Esperó afuera y solo se acercó cuando ella abrió la puerta.—Ven. Vamos a casa —le dijo mientras le tomaba la mano con toda naturalidad.Durante aquellos tres años, su relación había ido creciendo con calma y naturalidad. No había grandes declaraciones ni una pasión que los consumiera por completo. Si Roxie pasaba toda la noche trabajando en un diseño, F
El día de la audiencia llegó pronto. Evan se presentó con un traje que ya no le quedaba bien. Llevaba el cabello descuidado, tenía los ojos hundidos y la barba de varios días le oscurecía la mandíbula.Sylvia estaba bajo la vigilancia de los agentes del tribunal, con las manos esposadas por delante. Ya no quedaba nada de aquella mujer delicada e indefensa que había fingido ser.La sala quedó en silencio cuando el juez comenzó a leer la sentencia.—Sobre el caso de negligencia médica, este tribunal determina que el acusado, Evan Shaw, incurrió en negligencia grave al prestar atención médica —leyó—. Sus actos ocasionaron un retraso crítico en el tratamiento y fueron una de las principales causas de la muerte de la paciente.Continuó leyendo antes de anunciar:—Por lo tanto, el tribunal ordena a Evan Shaw ofrecer una disculpa pública a la demandante, Roxie Foster, a través de un importante medio de comunicación local y pagarle alrededor de doscientos cincuenta mil dólares por daños y
Evan no supo cómo había logrado regresar a su departamento. Agarró el teléfono y dejó el dedo suspendido sobre el nombre de Roxie en sus contactos. Pasó un largo rato antes de atreverse a escribirle un mensaje.«Tenemos que hablar».Debajo del mensaje apareció un aviso rojo: «No entregado». Se quedó mirando la pantalla mientras pasaban los segundos. Luego insistió y mandó otro:«Roxie, déjame verte. Por favor».Otra vez apareció el aviso: «No entregado». Las lágrimas le cayeron sobre la pantalla, pero siguió mandando mensajes aunque sabía que ella nunca los recibiría.«Roxie, me equivoqué. Por favor, perdóname».«Por favor…».«Roxie, lo siento».«Roxie, te amo…».***Mientras tanto, Roxie estaba frente a la computadora, concentrada por completo en su trabajo. Las horas se le pasaban sin que se diera cuenta. Ganar el concurso de diseño le había traído una propuesta de colaboración de una empresa importante. Trabajaba hasta tarde todas las noches para prepararse. Acababa cansad
Evan ni siquiera intentó defenderse. Ya no tenía cómo hacerlo. Al final, tomó una pluma y firmó el documento que le notificaba su suspensión mientras se llevaba a cabo la investigación.Esa misma tarde, Roxie dio una entrevista exclusiva a la prensa como hija de la víctima. Frente a las cámaras, contó con claridad todo lo que había pasado desde que su madre enfermó hasta su muerte. Expuso los hechos ante el público y desmontó esa falsa imagen de integridad y principios que Evan llevaba años construyendo.—Un médico que se salta las normas del hospital por una mujer a la que llama su «compañera de un curso inferior», que abandona a una paciente que lo necesita y pone en peligro su vida… —denunció Roxie.Miró de frente a la cámara y añadió con voz firme:—No merece llevar esa bata blanca.En casa, Evan estaba sentado frente al televisor. La luz parpadeante de la pantalla le iluminaba el rostro mientras miraba a Roxie. No sabía si lo consumía la culpa o el arrepentimiento. Solo sabía
La sorpresa dejó a Evan con la mente en blanco. Aquella vez, Sylvia le había entregado un montón de documentos y le había dicho que eran formularios de garantía personal del proyecto. Confiaba tanto en aquella joven, a la que creía dulce e inocente, que no se había molestado en leerlos con cuidado.Nunca imaginó que Sylvia ya le estaba tendiendo una trampa para hundirlo junto con ella.Evan levantó la cabeza despacio. La calma y la firmeza de sus ojos habían desaparecido. Ahora ardían de furia y reflejaban una frialdad que daba miedo. Se sintió el idiota más grande del mundo.Por esa mujer había renunciado a todos los principios con los que decía vivir. Había lastimado a Roxie una y otra vez y había provocado de forma indirecta la muerte de su madre. Por ella había perdido todo lo que más quería en la vida. Y al final descubría que la mujer por quien había sacrificado tanto era cruel y calculadora.—Lárgate —le ordenó, sin dejar de mirarla.La sonrisa de Sylvia se tensó un instant
El llanto de Sylvia solo empeoraba el dolor de cabeza de Evan. Se llevó los dedos a la sien.—¿Qué fue lo que pasó? —le preguntó con la voz ronca.—No sé… —sollozó Sylvia, a punto de derrumbarse—. Se acabó todo el financiamiento y cerraron el proyecto. ¡Ahora también quieren que pague una indemnización! Evan, necesito una fortuna para que desbloqueen mis cuentas. Si no lo consigo, estoy acabada. ¡Podría ir a la cárcel!Lo miró desesperada antes de suplicarle:—¿Puedes ayudarme?Evan la escuchaba llorar, cansado y cada vez más irritado.—Sylvia, ya no tengo dinero —respondió, sin dejar de presionarse la sien—. Te di todo lo que tenía. Ya puse la casa y el auto como garantía. No me queda ni un centavo.Ya tendría que tragarse el orgullo y pedirles dinero prestado a sus amigos para devolverle a Roxie lo que le debía. ¿De dónde iba a sacar más?Sylvia dejó de llorar y lo miró como si no pudiera creer lo que acababa de oír. Entonces pareció ocurrírsele algo.—Espera, Evan. ¡Eres el







