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Capítulo 4

Author: Cristal K
A la tarde siguiente, mi mentor me llamó con urgencia.

—Ava, tienes que presentar tu plan para las pruebas de graduación ante el Licántropo del Núcleo de la Luna de Sangre —dijo con tono serio—. Jaxson Wylde pidió verte personalmente.

Se me heló la sangre. Jaxson Wylde. El Alfa de Alfas. El líder indiscutible del Núcleo de la Luna de Sangre y el único licántropo de sangre pura que había pisado estos pasillos en una generación. Su nombre era una leyenda que se susurraba con una mezcla de terror y admiración. Sin embargo, lo importante era que si bien se graduaba con nosotros, todos sabíamos que sería el próximo presidente de la Alianza. Las puntuaciones de mis pruebas y mi ingreso dependían de él.

Decían que una sola de sus miradas podía hacer que el Alfa más fuerte se arrodillara y su lobo era tan poderoso que podía dominar a una manada completa. Nunca habíamos hablado. ¿Por qué querría verme?

Empujé la puerta de la sala de conferencias. Al entrar, el aire se volvió denso, cargado de un poder que exigía sumisión. Jaxson estaba sentado a la cabecera de la mesa, como un depredador supremo en su hábitat natural. Su sola presencia pesaba sobre mi loba interna, forzándola a arrodillarse. Era el dominio absoluto del linaje licántropo; me hacía querer inclinar la cabeza como una reverencia.

Llevaba un uniforme de combate negro abotonado hasta el cuello. Lucía un poco pálido, como si estuviera soportando alguna clase de dolor. Me miró de arriba abajo con sus profundos ojos dorados; mi loba instintivamente quiso someterse.

—Siéntate —ordenó. Su voz era grave y ronca. Fue una orden imposible de desobedecer. Me senté con rigidez, tratando de parecer tranquila—. Presenta el informe de tu propuesta.

Respiré hondo y comencé mi exposición, la cual llevaba días ensayando. No obstante, los nervios me ponían rígida. A mitad de la presentación, el cuello de mi camisa se desacomodó, dejando al descubierto la marca de nacimiento en forma de luna creciente de color plateado justo debajo de mi clavícula. La tenía desde el día en que nací; mi familia siempre la consideró un «defecto de Beta». Pero Alfa_X solía decirme con obsesión que era un regalo de la Diosa de la Luna; una marca que solo le pertenecía a él y que quería «besarla día y noche».

En cuanto quedó a la vista, Jaxson fijó la mirada en ella. La frialdad de sus ojos le abrió paso a un calor salvaje y febril; un anhelo tan desesperado que resultaba casi doloroso de presenciar. Su intensidad me erizó la piel. Me acomodé la camisa tan rápido como pude para cubrir la maldita marca.

¿Por qué me miraba así? ¿Acaso estaba molesto? ¿Iba a rechazar mi ingreso a la Alianza?

En ese preciso momento, la puerta se abrió de golpe y Blake entró. Mi loba soltó un gruñido ahogado, incapaz de contener el odio que sentía. Pero él ni siquiera me miró; caminó directo hacia Jaxson. Llevaba tiempo intentando ganarse su confianza, con la esperanza de obtener alguna ventaja en la futura Alianza.

—¡Jax, hermano! —exclamó Blake, dándole una palmada en el hombro—. Te pasaste en los vestidores antes de la fogata de anoche. ¿En serio tenías que clavarte un cuchillo en el pecho, tan cerca del corazón? —Bajó la voz, usando un tono cómplice entre machos—: ¿De verdad vale la pena torturarte así por una loba?

Se me aceleró el corazón. «¿Una loba?», repetí para mis adentros. ¿Hasta a un licántropo tan poderoso como Jaxson podían destrozarle los sentimientos?

Jaxson le dirigió a Blake una mirada tan letal que podría haberlo matado. La pura presión licántropa hizo que Blake se callara al instante.

—Lárgate —espetó con una voz gélida.

Blake salió corriendo. Sentí lástima por Jaxson. Al parecer estábamos en la misma situación: sin compañero destinado y heridos por alguien a quien queríamos. Pero ese no era mi problema; lo único que me importaba era aprobar las pruebas e ingresar a la Alianza.

—Con esto concluye mi informe —dije. Recogí mis carpetas, manteniendo la cabeza inclinada en señal de respeto—. Si no hay nada más...

—Siéntate —ordenó con voz firme. Obedecí, rígida. Él me miró con una expresión que no supe comprender—. Como Beta, en las pruebas para Alfas, te van a destrozar.

—Yo...

—Ven esta noche, a las nueve, al gimnasio privado. Necesito evaluar tu condición física.

No era una petición, sino una orden y, siendo el futuro presidente de la Alianza, no podía negarme. Solo me quedó asentir.

A las nueve en punto, entré en el área restringida del Núcleo de la Luna de Sangre con un nudo en el estómago. El lugar estaba fuertemente custodiado y, por lo general, el acceso estaba prohibido. El gimnasio estaba vacío, iluminado apenas por las tenues luces de techo sobre la colchoneta de combate.

Jaxson ya estaba en el lugar. Se había quitado el uniforme rígido y llevaba puesta una franela negra sin mangas. Las venas se le marcaban en los antebrazos y la definición perfecta de sus músculos destacaba bajo la sutil luz.

—Líder... —comencé a decir.

—Como Beta, en las pruebas para Alfas, te van a destrozar —repitió con voz grave y ronca—. Necesito evaluar tus instintos defensivos. Atácame.

Apreté la mandíbula y lancé un puñetazo. Era por mi futuro, por mi entrada a la Alianza; no me iba a contener. Fue inútil. Aquello no era una lección, sino la cacería de un licántropo. Jaxson combatía como una bestia, descargando una especie de energía maníaca. Todo terminó en tres movimientos: una embestida a toda velocidad, todo se puso de cabeza y, en un segundo, mi espalda se estrelló contra la lona con tal fuerza que me quedé sin aire. Al segundo siguiente, él estaba encima de mí, cubriéndome como una montaña de músculo y calor.

Con una sola mano me sujetó ambas muñecas por encima de la cabeza. Sus piernas largas y poderosas separaron las mías, inmovilizándome por completo. La postura resultaba demasiado íntima, sobrepasaba cualquier límite. Me quedé jadeando, con el pecho agitado. Estábamos tan cerca que podía escuchar el latido constante de su corazón, como un tambor de guerra. Su cuerpo ardía.

En ese instante, percibí un aroma penetrante a pino y nieve que no lograba ocultar el rastro metálico y denso de la sangre fresca. Estaba herido. Era de lo que había hablado Blake, la lesión que se hizo cerca del corazón.

Antes de que pudiera reaccionar, el aliento cálido y pesado de Jaxson me rozó el rostro. Sus ojos dorados de pura sangre se clavaron en los míos. Desplazó la mirada de mis labios hinchados hasta mi clavícula, donde mi marca de nacimiento se ocultaba bajo mi camiseta. Agachó la cabeza hasta casi rozarme la mejilla con la nariz.

—Ava —murmuró. La voz del líder de los licántropos, siempre fría y despiadada, se volvió de repente ronca y quebrada, con un atisbo de humildad desgarradora—. Si tu compañero... si lo hubieras malinterpretado... si lo hubieras bloqueado... —Su pulgar áspero y calloso me acarició suavemente la muñeca—: ¿Le darías una oportunidad... solo una... para demostrarte que vale la pena?

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