Share

Capítulo 845

Author: Solange Cardot
Camila me miró con cara de inocencia y preguntó:

—¿A qué te refieres con eso?

—Todos saben que Carlos te consiente mucho, siempre te defiende en todo. Pero tú, en el fondo, sigues pensando en el señor Bernard —respondí.

Mateo se puso tenso, y alzó su mirada oscura hacia mí.

Yo no lo miré, me concentré en mi pobre hermano y, con una sonrisa irónica, le dije a Camila:

—Le das consejos a los demás con tanta seguridad, pero nunca reconoces tu doble moral. Eso sí que es "bondad".

—¡Mentira! Yo no pie
Continue to read this book for free
Scan code to download App
Locked Chapter

Latest chapter

  • Nunca conoces a quien tienes al lado   Capítulo 1927

    Cuando dije esa última frase, incluso me puse a llorar a propósito con la voz temblorosa. El señor Felipe se rio fuerte de inmediato desde el otro lado de la puerta.—¿Ves? Te dije que no la presionaras —le dijo el viejo—. Ya la hiciste llorar. Y tú también… ya es tu mujer y aun así la tratas con tanta dureza.—¿Y cómo no? —respondió Darío en voz muy fuerte, lleno de desprecio—. Se anda con rodeos y encima lo hace esperar a usted. Eso no se puede permitirEl señor Felipe se rio de nuevo.—Está bien, no le metas prisa. Yo solo vine a sentarme un rato, puedo esperar.Luego me habló a mí, con un tono tan paternal que parecía que le hablaba a su propia hija:—Báñate con calma, no hay prisa.Por dentro me sentía muy sarcástica, pero, en voz alta, respondí con un tono entre asustada y muy dolida:—Sí… g-gracias, señor Felipe…Después de eso, escuché unos pasos afuera y la gente que estaba junto a la puerta por fin parecía irse. Entré rápido, me quité la ropa y la rompí con fuerza antes de ti

  • Nunca conoces a quien tienes al lado   Capítulo 1926

    Luego se escuchó la voz fuerte y característica de Darío a través de la puerta:—Perra, ¿por qué tanta demora bañándote? Todos están esperando para verte. ¡Sal de una vez!Me quedé intrigada. Hacía un momento, cuando los guardaespaldas querían verme, Darío los había detenido; sin embargo, ahora era él el que me presionaba para salir. Seguramente lo hacía por exigencia de ese viejo degenerado. A los guardaespaldas todavía podía controlarlos, pero con el señor Felipe, que era tan astuto y desconfiado, no iba a ser tan fácil engañarlo. Como era de esperarse, la voz hipócritamente amable del señor Felipe volvió a sonar afuera:—Eh, si se está bañando, entonces déjala. No hace falta presionarla. Vine principalmente a ver cómo se llevan ustedes dos, a ver si la muchacha se adapta bien aquí. Y dime, Darío, ahora que la muchacha es tuya, no la trates con rudeza. Tómatelo con calma, no vaya a ser que la asustes y se te escape.Me invadió la amargura, aunque también daba algo de risa. Ese viejo

  • Nunca conoces a quien tienes al lado   Capítulo 1925

    Si eso era cierto, Mateo estaba subestimando demasiado mis dotes para la actuación. Que no se le olvidara que yo me gradué formalmente en esa carrera y, además, con notas excelentes.Mientras, con mucha indignación, pensaba en eso, de repente llegó un escándalo desde afuera del baño, como si los guardaespaldas hubieran entrado todos al mismo tiempo. Justo después, estallaron sus risas vulgares.—¡Increíble, Darío! Hasta le dañaste una pata a la cama —exclamó uno entre risas.—Eso, eso. Mira cómo quedó todo revuelto… se nota lo intenso que estuviste con esa mujer —añadió otro.—¡Ja, ja, ja! Esa sí que es una cualquiera…—¡Fuera de aquí! —gritó entonces Darío con su voz fuerte.Él se escuchaba molesto mientras continuaba: —Esa mujer ahora es mía. No vuelvan a hacer bromas sobre ella, ¿me oyeron?—¿Eh? ¿Darío ya está protegiendo a la muchacha después de quedar satisfecho? —preguntó uno de los hombres con extrañeza.—Claro, si hace un momento el más rudo con ella eras tú —comentó otro.—Ya

  • Nunca conoces a quien tienes al lado   Capítulo 1924

    Mientras yo movía la cama y me quejaba, maldiciendo por dentro, de repente también se empezaron a escuchar en el baño los jadeos fuertes del hombre. Me quedé paralizada del impacto. Me preguntaba si Darío era tan precavido y meticuloso que hasta le preocupaba no hacer suficiente ruido y levantar sospechas entre los que estaban afuera. Me tapé la cara, muerta de la vergüenza, mientras que con la otra mano seguía moviendo la estructura de la cama.Así pasó más de una hora. Tenía los brazos molidos y la garganta totalmente ronca. Por fin, Darío salió del baño y me hizo un gesto para que me detuviera. Paré de inmediato y me dejé caer, agotada, apoyándome en el respaldo de la cama. Su mirada ya no se sentía tan intensa como antes; el deseo en sus ojos también se había calmado bastante.Él me miró un momento, viendo lo mal que me encontraba, y de pronto sonrió un poco. En ese instante volví a ver el reflejo de Mateo; pero no me atreví a preguntarle nada, pues era mejor esperar a una oportuni

  • Nunca conoces a quien tienes al lado   Capítulo 1923

    Parecía que Darío se había quedado sin paciencia. Golpeó el borde de la cama con fuerza; el impacto me zumbó en los oídos.—¿A qué vienen tantas excusas? —me gritó—. No tengo paciencia. Si no me muestras ya esas "habilidades", ¡no me culpes si uso la fuerza!Mientras hablaba, su rodilla me rozó la pantorrilla accidentalmente y sus ojos volvieron a dirigirse hacia la puerta. Con eso me quedó clarísimo lo que buscaba: quería que yo actuara con él una escena íntima y ruidosa, lo bastante alta para que todos los que estaban afuera lo escucharan.—Perra, desnúdate —me ordenó—. Si sigues haciéndote la difícil, voy en serio.Enfatizó mucho eso último; era una advertencia de que si no lo ayudaba, dejaría de fingir. Apreté los dientes, cerré los ojos y me armé de valor. Luego le rodeé el cuello y, deliberadamente, le hablé en un tono meloso, casi lloroso:—No… no seas tan malo… la gente… siempre se necesita un poco de tiempo para entrar en ambiente…Noté claramente que su cuerpo se tensó. Me s

  • Nunca conoces a quien tienes al lado   Capítulo 1922

    Su cara era la misma: tosca, con la piel bronceada, la barbilla cubierta de barba incipiente y una ligera cicatriz en el rabillo del ojo. Si uno la miraba bien, no tenía nada que ver con la cara atractiva que tenía Mateo. Y sin embargo, esos ojos y la forma en la que hablaba me hacían sentir que lo conocía desde siempre; no tenía sentido que me pareciera tan familiar a cada momento.Pensé por un segundo si debía pedirle que se acercara para preguntarle en voz baja si de verdad era Mateo. Aunque no fuera él, por lo menos podría hablar de otra cosa o intentar negociar para que me dejara ir, porque no pensaba resignarme a que me humillara de esa manera. ¡Claro que no! Aunque solo hubiera una posibilidad entre mil, tenía que hacer algo para protegerme.En cuanto terminé de pensar eso, Darío empezó a acercarse; el sonido pesado de sus botas contra el piso hacía que el corazón me latiera con fuerza. Sentí un dolor en el pecho y, por puro instinto, me apoyé contra la cabecera de la cama. El

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status