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Capítulo 108. Laberinto.

Author: Nelsy Díaz
last update publish date: 2026-08-29 23:59:38

Avery Crown.

A veces, cuando el silencio de la taiga se vuelve demasiado denso, mis pensamientos pretenden regresar a Jayden. Al despojo humano que vi, a su traición moral y a la mano que me estampó en el rostro. Pero bloqueo el recuerdo. Aparto los fantasmas obligándome a dormir las pocas horas que nos conceden, cerrando los ojos para resetear la maquinaria de mi cerebro.

Al amanecer, despierto para sumarme de inmediato a las filas del equipo cuatro. Es ahí donde el sadismo del sistema de Vae
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    Vael Zarkov. Seversk siempre ha tenido un efecto liberador en quien se adentra en el territorio. Nunca lo he comprobado, pero muchos atribuyen sus derroches, sus sobredosis de adrenalina y la exclusión de cualquier control a la naturaleza muerta del lugar que mis botas tocan apenas desciendo de la camioneta. Seversk es un sistema de contención diseñado por mentes paranoicas, aunque admito que el diseño no me desagrada. Ni siquiera por el relieve que está configurado por colinas bajas y depresiones del terreno que parecen ocultar las chimeneas y los reactores industriales, porque así es como de verdad funciona un sistema. Sin desaparecer nada, solo cubrir, modificar y preparar para usar cuando es necesario. —Hemos atendido todas sus demandas, Creador —me saluda Anatoly, dejando a su gente a pocos metros para atenderme sin todos rodeándolo. —Puede verificarlo por usted mismo si le parece adecuado. Sin embargo, empeño mi palabra en nombre del cumplimiento de cada solicitud. —Sé que

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    Avery Crown.—El tiempo de descanso termina en dos minutos y treinta y tres segundos. Lárgate —dispone, pero yo solo veo hacia el grupo que sigue debatiendo si terminar su alimentación, mientras el perro sigue viéndome con ojos infernales. —Pobre de tí si llegas a mencionar una palabra de quien soy a alguno de aquí o si mencionas de que me viste en este lugar a alguien que informe al Creador. —¿Estás pidiéndome que guarde tu travesura? —arrugo la cara. —Eso es ser demasiado descarado hasta para tí, Arkady. Es mi ex pareja a quien casi asesinas. Ten un poquito de consideración.—No te estoy pidiendo, te estoy diciendo que no vas a decir nada o vendré yo mismo a abrirte los huesos —sentencia con voz autoritaria, y sin mover siquiera las pestañas. He visto en otros de su edad, convertido en algo tierno y hasta divertido, pero en él, se siente como si tuvieras el filo en la yugular, escarbando poco a poco. —No tendrás lengua —me hiela la sangre cuando habla de esa manera. —No tendrás m

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    Avery Crown. Mis ojos vuelven a Arkady Zarkov, se mueven hacia Jayden y regresan al niño ruso que se sienta con total naturalidad frente a mí. Me pongo de pie sin saber cuándo, sólo sé que tengo el corazón acelerado, una aguja que pulsa y se entierra en mi abdomen al ver el colapso del médico, a quien por fin le creen que no está fingiendo, acercándose a él para ver de lo que trata. Mis pies comienzan a moverse en su dirección cuando los volki piden espacio para revisarlo, abro la boca para pedir que me dejen pasar queriendo llegar con él, pero al volver hacia el rostro sin expresión del sobrino del vikingo, me detengo. —¿Es una prueba para mí?— siento que las venas se me vuelven más angosta y que no le pueden seguir el ritmo a toda la sangre que mi corazón bombea. —¿Prueba de qué? ¿Quién crees que eres aquí para que todo se trate de tí? —ni siquiera se voltea para hablarme. —Socórrelo. Eres la menos importante en éste lugar, para lo que hago o decido no hacer.—¿Lo envenenaste?—

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    Avery Crown. El agua del arroyo todavía me gotea por las hebras oscuras del cabello, empapando el cuello de mi remera limpia. Única prenda que tiene la imagen adecuada para poder usarse. No hay más y todo es culpa del hijo de perra que… Mantengo mi cuerpo derecho, porque la curva de mi espalda comienza a doler al olvidar los modales en este cementerio blanco. En mi espacio dentro de las Zemlyankas, decido que no pienso romperme la cabeza con soluciones a quiénes observan e imitan. Sencillamente dejo la espalda apoyada contra los troncos toscos de la barraca. Aunque no hay clínicas, ni sábanas blancas, ni camillas cómodas, tampoco pienso comportarme como un auténtico animal, como lo hace el resto que está a mi alrededor. Los mercenarios se distribuyen por el suelo de fango y los catres, devorando las raciones de comida en rincones separados. Aquí no hay mesas ni comedor; este es el matadero periférico y cada quien defiende su plato como un animal herido. Pero yo me lo quier

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    Vael Zarkov. En el milisegundo exacto en que la gravedad inicia su retroceso, mi mano derecha se dispara hacia el frente con la velocidad de un percutor calibrado.La sujeto firmemente por la muñeca, frenando el impacto de su caída en seco. Ejerciendo la fuerza de torsión exacta en mis bíceps, la elevo hacia la pasarela intermedia sin el menor asomo de esfuerzo físico, arrojando su anatomía exhausta directamente contra las baldosas rígidas del segundo nivel.Avery Crown cae de rodillas, tosiendo por el hollín industrial, pero antes de que pueda deponer su respiración o buscar lo que sea que pretenda usar en mi contra bajo sus prendas, me desplomo sobre ella con toda mi descomunal peso, que comparado al suyo, la reduce sin problemas.La acorralo contra el suelo de rejilla. Le sujeto las manos por encima de la cabeza en un agarre de hierro que le corta la circulación y le como la boca con un apetito infernal, salvaje y devorador, adueñándome del rastro de terror por morir que habita en

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    Vael Zarkov.Por eso saboreo la imagen que me da en los días posteriores, porque su rostro lleno de emociones distintas revela que su enfado solo es el abrebocas. Apuntarle a la cabeza al dueño de Mozg no es un error ordinario; es una alteración en la física del lugar. Y una anomalía de ese calibre exige una purga de sus victorias, que no requiere que yo levante un solo dedo. Mozg en sí se encarga de triturar a los elementos insubordinados a través de su propio engranaje.Durante los días posteriores, observo su frustración acumularse a través de las ópticas de los monitores tácticos. La ceguera informativa a la que la tengo sometida la está carcomiendo por dentro. Puedo ver la impotencia en la rigidez de su mandíbula cada vez que enciende una esperanza de avanzar y se la apagan. Le enoja que la dejen atrás. Le enfurece comprobar que nadie viene a interceder y que su arrebato en el hangar se convirtió en el ejemplo perfecto de por qué no es buena idea usar un arma en mi contra. El

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