Se connecter~Isabel~Estaba completamente harta.Necesitaba salir de este espacio cerrado antes de perder los estribos y decir algo de lo que me arrepentiría profundamente más tarde.Di media vuelta sobre mis talones y estaba a punto de salir al pasillo cuando los monitores médicos al lado de la cama comenzaron a pitar fuerte otra vez.Arthur se movió en la cama, desviando la cabeza como si realmente hubiera escuchado esta última y amarga confrontación entre nosotros.Abrió los ojos de par en par.—¡Arthur! —¡Papá! —llamaron William y mi madre al mismo tiempo, sus voces superponiéndose por el pánico.Ambos se abalanzaron hacia los rieles laterales de la cama.Arthur parpadeó rápidamente contra las luces brillantes, mirando alrededor de la habitación con absoluta confusión.—¡Llama al doctor, William! —gritó mi madre aterrorizada.Pero no hizo falta.El médico ya entraba a toda prisa por la puerta, seguido muy de cerca por una enfermera de guardia.Juliana se alejó rápidamente de la cama, cediendo
~Isabel~Juliana casi se tropieza con sus propios pies, dejando caer deliberadamente todo su peso contra el cuerpo firme de William.Él reaccionó al instante; sus manos salieron disparadas para sujetarla del brazo y reestablecer su equilibrio.—Cuidado —le susurró William directamente al oído. Su voz sonó suave, pero en el silencio de la habitación del hospital, la escuché con total claridad.Juliana erguió la postura y le dedicó un pequeño gesto de agradecimiento antes de adentrarse en el cuarto, justo detrás de su padre.Me quedé a un lado y rodé los ojos ante toda la escena. Sabía perfectamente que había montado ese torpe espectáculo solo para llamar la atención, un movimiento calculado, y William había caído de lleno.Lawrence Vane dio un paso bajo la cruda luz del hospital. Era un hombre de estatura media, de unos cincuenta y tantos años, que se proyectaba con la inconfundible seguridad de alguien acostumbrado a dar órdenes. Tenía el mismo cabello rubio que su hija, Juliana, pero
~Isabel~—¿Qué pasa? ¿Por qué esta cosa está pitando tan fuerte? —pregunté, presa del pánico.El pecho de Arthur subía y bajaba con demasiada rapidez.Creo que le está dando un ataque o algo… Las líneas en los monitores eran picos afilados en zigzag.Salí corriendo a pedir ayuda, pero al abrir la puerta, el médico de avanzada edad al que habíamos visto cuando lo sacaban del quirófano de urgencias ya venía corriendo hacia la habitación, con una enfermera justo detrás de él.Retrocedí hacia el cuarto; mis zapatos planos hacían un ruido sordo sobre el suelo frío del hospital.Los monitores seguían pitando escandalosamente, pero el médico ya estaba junto a la cama, mientras la enfermera, al otro lado, inyectaba algo en la vía del suero.El doctor presionó el estetoscopio contra su pecho para auscultarle el corazón.Pude ver cómo los dedos de Arthur se contraían al lado de la cama; exhalé un suspiro de alivio. Eso significaba que aún reaccionaba, que tal vez estaba recuperando el conocimie
~Isabel~«No me voy todavía. Tengo que quedarme aquí también; además, vine en mi coche», le dije justo cuando estaba a punto de arrancar.Apartó las manos del volante, las apoyó sobre sus muslos, se reacomodó en el asiento y se giró para mirarme.«¿Es lo mejor que puedes hacer? Tu madre ya se va a quedar a cuidarlo toda la noche», dijo. «¿Por qué no vas a casa, descansas y volvemos juntos mañana muy temprano? Podrías traerle ropa limpia y el desayuno a tu madre», añadió.Lo pensé un momento y me di cuenta de que tenía razón.El médico ya había dicho que seguía durmiendo y que necesitaba descanso ininterrumpido durante veinticuatro horas para poder monitorizar su actividad cerebral. Era mejor hacer lo que sugería William.A decir verdad, sentía el pecho pesado y estaba agotada hasta los huesos. La confrontación, las discusiones sin fin, el peso de todo derrumbándose de golpe... No solo quería dormir; necesitaba escapar hacia seis horas seguidas de absoluto silencio.Pensé en Chloe; tod
~Isabel~«Creo que por fin tengo su atención.Sus ojos color whiskey se hundieron en los míos durante varios segundos.Siento cómo inhala hondo, cierra los ojos y vuelve a abrirlos; las luces fluorescentes de la sala de espera del hospital iluminan las líneas afiladas de su mandíbula.«Por favor, William, te lo ruego, cálmate. Sé que estás desbordado de la preocupación por tu padre, ¡mierda!, sé que estás aterrorizado por él, pero va a ponerse bien».«¿Y si no es así? ¿Y si resulta ser algo grave? O peor aún, ¿y si no despierta? ¡Tiene una lesión en la cabeza! ¡Joder, Isabel, es culpa de ella! ¡Jamás la perdonaré si algo sale mal!», juró, sujetándome la mano con fuerza, demasiado fuerte. Me dolía de verdad; los huesos de mis dedos se doblaban bajo su agarre, pero ignoré el dolor.Necesitaba llegar a él.Está encerrado en lo más profundo de su mente y tengo que sacarlo de ahí.«Juro que no fue mi intención que esto pasara. ¿Cómo podría siquiera pensar en hacerle daño a Arthur?», habló
~Isabel~«Este… es que… verás, William estuvo en casa hace solo unos momentos. Venía a hablar con su padre, pero recibió una llamada. Ahí fue cuando escuché que habían ingresado a Arthur de urgencia en emergencias», le expliqué, con el pánico apretándome la garganta.«¿Ah, sí? Entonces… ¿entonces viene para acá?», dijo ella. Las palabras le temblaban a través del altavoz. Podía oír sus sollozos. «¿Qué hago? Dios mío. Bel…», lloró.«Oye, mamá, cálmate, ¿sí? ¿Dónde estás?», le pregunté.«Yo… estoy en la sala de espera del hospital».«Vale, vale. Respira hondo», dije para tranquilizarla. «¿Qué hospital? Tengo que ir», añadí con voz firme, forzando una entereza que no sentía; por dentro ya me estaba desmoronando.Para que mi madre, que siempre era despreocupada y nada le quitaba el sueño, estuviera llorando así, tenía que tratarse de algo grave. Era una pesadilla absoluta.La línea se quedó en silencio durante un rato. Miré la pantalla para comprobar si la llamada seguía activa, observand







