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Capítulo 3

Autor: Salyspears
last update Fecha de publicación: 2026-04-18 12:43:23

Ángel 

Escucho el campanado de la iglesia.

Suena como un lamento viejo, y aburrido.

Solté un bufido, cargado de rabia y de deseos peores.

Si esta noche no hubiera misa, me iria sin pensarlo. Pero no puedo. Hay demasiadas personas allá afuera, y eso sería perjudicar a la mongita. Aunque, por ahora, no me da igual quién salga perjudicado. Lo único que quiero es liberarme, necesito irme al salvador lo más pronto posible.

Sé muy bien que me están buscando para matarme.

Pero no saben con quién demonios se están metiendo, quisieron jugar conmigo y apuñalarme por la espalda. Pero fui más rápido qué ellos.

Que no crean que por tener el nombre de Ángel soy un bueno.

Soy peor que eso.

Miro la hora en el reloj de pared de esta habitación miserable.

Las manecillas avanzan lento, como si se burlaran de mí.

La puerta se abre y me escondo rápidamente detrás del ropero, conteniendo la respiración.

Pero es la monjita. Entra con cuidado y cierra con llave.

Me levanto despacio de mi escondite y la observo.

Deja una bandeja de comida en la mesita de noche y ni siquiera me mira a los ojos. Su inocencia me da risa. Me pregunto qué estará pasando por su cabeza al tener aquí, oculto, a un hombre como yo.

Luego camina directo al baño.

Escucho cómo abre la ducha y el agua empieza a caer.

Miro la comida.

No resulta tan desagradable. Ayer me dio esto mismo y no me gustó, pero en fin, es lo único que dan aquí.

Mi pregunta es clara

¿qué harán con las ofrendas?

Porque siempre es la misma comida.

No creo que la tiren. Seguro se la quedan los imbéciles que solo se aprovechan de su fe, llenándose los bolsillos para vivir cómodamente, mientras aquí hay necesitados.

Así es la maldad del hombre.

Peores que un mundano como yo.

Me quedo quieto, escuchando la regadera.

Pero mi instinto malicioso despierta. El demonio interno quiere jugar.

Me levanto cauteloso y camino hasta la puerta del baño.

Quiero ver a la monjita. Sé que esto no está bien, pero la curiosidad me gana.

Intento abrir.

Está cerrada.

—Maldita sea

Empujo otra vez y entonces escucho su grito.

—¿Qué piensa que hace? —chilla desde adentro.

Vuelvo a empujar, pero no se abre.

Maldición. Quería verla desnuda.

¿Por qué será que prefieren ser monjas si no tienen un rostro feo?

La curiosidad me gana en querer ver su cuerpo.

Empujo más fuerte y la puerta cede.

Ella grita.

Le tapo la boca por reflejo.

—Shhh… —le susurro—. ¿Quieres que nos descubran?

Ya tiene una toalla alrededor del cuerpo.

Lástima.

—¡Qué demonio cree que está haciendo! —me aparta la mano—. ¡Sálgase ahora mismo de aquí!

Me echo a reír.

—Voy a gritar si sigue haciendo esto —dice temblando—. No me importará perder mi vocación por defenderme.

Me acerco más.

Ella retrocede.

—¿Así que perderías tu vocación por mí? —me burlo.

Me empuja con fuerza y sale del baño.

De pronto la veo levantar un tenedor.

—Si me hace daño, juro que le haré daño.

La miro divertido.

—¿No te gustaría pasar una noche de sexo, no planeano hacerme daño? —le digo con sarcasmo.

— No agradece que lo salvé. Usted es un loco, pecador.

—Este pecador te hará muchas cosas.

—¡Cálmese! —me grita—. ¡No se acerque!

—Tranquila no te voy a hacer nada —alzo las manos—. Solo quería ver qué rico te estabas bañando. Nada mas

—Eso es malo —dice, furiosa— Usted es el diablo.

Ríe a carcajadas.

—¿Cree que yo podía hacerle daño a una monjita que me salvó? ¿Me tienes miedo?

—Obviamente no confío en usted ¿quién no lo estaría? —sonrío— Sabe que, lo mejor que puede hacer es irse esta noche.

—Pero es que me dieron ganas de verla desnuda. Aunque ahora ya no puedo qué lástima y si no te preocupes me iré.

Ella aprieta la toalla contra su pecho.

—No confío en usted.

—Tranquila —respiro hondo—. Cámbiate. No te haré nada.

Me da una última mirada llena de miedo y rabia. Veo que entra nuevamente al cuarto de baño, su cabello es hermoso y su cuerpo aún no lo sé, ya qué no logre verlo. 

—Que aburrido. Necesito diversión pero no podré por ahora.

La monjita sale del cuarto de baño ya lista, me mira nerviosa y sin más se va, escucho como cierra con llave.

Bufo irritado mientras, me quedo parado en medio de la habitación, riendo solo.

Minutos después, miro por la rendija de la persiana.

La veo correr hacia la iglesia, apretando el hábito contra su cuerpo.

Cobarde pero valiente y alguien así quiero yo.

Me siento en la cama y empiezo a comer lo que me dejó.

No está tan mal.

Después me lavo la boca, me quito la ropa y me baño también.

Necesitaba sentir el agua caer sobre mí cuerpo, la chica tiene magia en su mano, ya qué el dolor se ha ido. Termino de bañarme, seco mi cuerpo con una toalla, me recuesto en la cama en pelotas y suelto un suspiro largo.

¿Por qué le disparé?

Ahora mismo deben estar buscando mi cabeza por haber cometido eso.

Y no van a descansar hasta encontrarme.

Siento un pinchazo en la sien.

El dolor de cabeza vuelve.

—Maldito dolor de mierda—gruño, incorporándome.

Me llevo la mano a la cabeza con fuerza, el dolor insoportable vuelve como un martillazo, recordándome mi maldito problema.

Busco mi pantalón y saco mi móvil qué tenia guardado, lo enciendo y rápidamente empezó a chillar las notificaciones, lo pongo en modo avión.

Quisiera quitarle el modo de avión y  ver si Miranda me escribió. Necesito moverme cuanto antes, suspiro y decido mejor no.Me quedo con las ganas.

No es buena idea esta noche.

Mi plan era irme de aquí mañana al amanecer.

Pero una idea loca se me cruza por la cabeza.

—Claro que sí… —murmuro entre risas—. La monjita sería una buena compañía de viaje.

Necesito ir a buscar a Joseph.

Necesito armas.

Necesito la píldora que me mantendrá bien por unos meses.

Luego volveré para ejecutar mi plan.

Pero para salir de aquí…

necesito un aliado.

Y una compañía.

Quizás llevarme a aquella monjita no sea tan mala idea después de todo.

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