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Capítulo 5: El anuncio

Author: Oby Jennifer
last update publish date: 2026-10-21 19:23:55

«Está finalizado», dijo Kael, dejando el tenedor junto al plato. «El divorcio. Se hizo oficial esta semana».

El comedor quedó en silencio. Aquel silencio le indicó que todos los presentes ya lo sabían, o al menos lo sospechaban, y que solo habían estado esperando a que él fuera quien lo dijera en voz alta.

Su madre fue la primera en dejar la copa de vino sobre la mesa. Su rostro adoptó una expresión cautelosa, una que pretendía parecer comprensiva. Pero Kael conocía a su madre desde hacía demasiado tiempo como para no reconocer el alivio cuando se escondía detrás de una expresión amable.

«Bueno», dijo ella. «Por supuesto, lamento que las cosas hayan terminado así. Pero quizá sea lo mejor. Elara siempre fue una persona encantadora, pero nunca llegó a ser realmente una de nosotros, ¿verdad?».

Hizo una breve pausa.

«Se necesita una mujer de cierto tipo para llevar una casa como esta. Siempre pensé que le estábamos exigiendo demasiado».

Kael no dijo nada. No había ninguna respuesta que quisiera darle.

Su padre estaba sentado a la cabecera de la mesa. Al principio, no levantó la vista del plato. Cuando finalmente lo hizo, su primera pregunta no fue cómo se sentía Kael.

«¿Cuánto nos costó el acuerdo?», preguntó. «En términos de la empresa y nuestros activos».

«Nada que afecte a la empresa», respondió Kael. «Ella no pidió ninguna participación en la compañía ni pidió nada más de lo que el acuerdo prenupcial ya le garantizaba. Yo mismo le ofrecí más que eso».

Su padre alzó ligeramente las cejas. Una pequeña expresión de sorpresa, mezclada con una leve desaprobación, cruzó su rostro, como la de un hombre que revisa un presupuesto que ha superado un poco la cantidad prevista por razones que todavía no comprende del todo.

«Fue generoso de tu parte», dijo.

«Me pareció lo correcto».

«Me pareció caro», murmuró su padre.

Luego volvió a su comida, pasando mentalmente al siguiente asunto de la lista que siempre llevaba consigo durante cada cena familiar.

Al otro lado de la mesa, Serena todavía no había dicho ni una palabra. Pero Kael podía sentir que lo observaba. Percibía su entusiasmo incluso sin mirarla.

Cuando finalmente dirigió la mirada hacia ella, Serena lucía radiante a la luz de las velas. Estaba sentada un poco más erguida de lo habitual. Una pequeña sonrisa se dibujaba en la comisura de sus labios, como si estuviera haciendo un gran esfuerzo por no dejar que se extendiera por todo su rostro durante la cena.

Más que nada, parecía una mujer que creía que su propia historia estaba a punto de comenzar por fin.

El resto de la cena pasó entre conversaciones triviales que Kael apenas seguía. Su madre continuó dirigiendo la conversación hacia la próxima gala, y su padre preguntó dos veces más por el dinero y las cifras de la empresa, como si el final de un matrimonio de cinco años fuera simplemente otro asunto de una lista que podía dejarse para más tarde.

Kael respondía cuando alguno de ellos le hablaba y decía muy poco el resto del tiempo. Aunque alguno hubiera notado lo callado que se había vuelto, a nadie en la mesa se le ocurrió preguntarle por qué.

Serena lo encontró después en el pasillo, fuera del comedor. Esperó hasta que los demás se dirigieron a la sala de estar. Entonces se acercó a él y apoyó suavemente una mano en su brazo.

«Entonces», dijo. Su voz era alegre, más de lo que el momento parecía requerir. «¿Cuándo le contamos a la gente lo nuestro? Me refiero, de manera oficial… no solo a nuestra familia. A todo el mundo».

Kael la miró durante un segundo más de lo que había pretendido.

«No nos apresuremos», respondió. «Todavía hay documentos que terminar y asuntos de la junta que atender. No quiero que el momento parezca inapropiado por culpa del divorcio».

«Por supuesto». Serena asintió rápidamente, como si su explicación tuviera todo el sentido del mundo. Pero algo en sus ojos revelaba que había esperado una respuesta diferente. «Es solo que pensé que, ahora que es oficial…».

«Pronto», dijo Kael.

Le dedicó una pequeña sonrisa que, incluso para él, no parecía del todo sincera.

«Te lo prometo».

Ella pareció aceptar su respuesta. Le dio un beso en la mejilla y fue a reunirse con su madre en la sala de estar. Sus tacones repiquetearon suavemente sobre el suelo de mármol.

Kael permaneció solo en el pasillo durante un momento. Se dijo a sí mismo que la vacilación que sentía en el pecho solo tenía que ver con el momento adecuado y con la impresión que aquello causaría en la junta directiva. Nada más complicado que eso.

Casi se lo creyó.

Más tarde, aquella noche, Kael estaba sentado solo en su despacho. Las luces estaban tenues y la casa permanecía en silencio a su alrededor, como siempre ocurría ahora.

Se encontró desplazándose por la pantalla de su teléfono sin ninguna razón en particular. Su pulgar se movía por costumbre, no porque tuviera algo específico que hacer.

No se dio cuenta del todo de lo que estaba haciendo hasta que ya había abierto un mensaje nuevo y escrito las primeras palabras. Algo sencillo, relacionado con los documentos del acuerdo de divorcio, una aclaración que se dijo a sí mismo que era necesaria y que solo tenía que ver con el trabajo. Nada personal en absoluto.

Su pulgar quedó suspendido sobre el nombre de ella en sus contactos.

Pulsó enviar antes de haber pensado por completo en lo que estaba haciendo. El mensaje falló al instante. Un pequeño signo de exclamación rojo apareció en la pantalla. Tardó un segundo más de lo debido en comprender por qué.

Él mismo había cambiado el número de ella. Formaba parte de los documentos del acuerdo, una cláusula para cortar todo contacto que había redactado su propio abogado. Una línea más en una pila de documentos que había firmado sin leer con suficiente atención.

Un número nuevo. Una cuenta nueva. Una puerta cerrada a propósito. Y él era quien la había cerrado.

Kael permaneció sentado bajo la tenue luz de su despacho, todavía con el teléfono en la mano, mirando el pequeño símbolo rojo en la pantalla como si pudiera desaparecer si lo observaba durante el tiempo suficiente.

No desapareció.

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