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Capítulo 6: La espera

Author: Oby Jennifer
last update publish date: 2026-10-21 19:24:55

Serena Laurent había esperado tanto tiempo este momento que había dejado de permitirse pensar en él directamente. Pero ahora podía hacerlo. Ahora estaba permitido.

Estaba sentada en el sofá, acurrucada, la noche después de la cena familiar. Una copa de vino descansaba en el brazo del sofá. Deslizaba el dedo por la pantalla de su teléfono con una felicidad cálida y radiante que no se había permitido sentir en años.

De verdad había terminado.

Kael había pronunciado las palabras él mismo, en voz alta, en la mesa de su familia. Está finalizado. Cinco años de espera, cinco años siendo la otra mujer, cinco años sonriendo durante las fiestas en las que no se le permitía sentarse a su lado. Y ahora, por fin, todo había terminado.

Se permitió pensar primero en el vestido de novia. Algo sencillo y elegante, no el tipo de vestido que una mujer llevaba cuando intentaba demostrar algo. Serena ya no tendría que demostrar nada, no una vez que llevara un anillo en la mano y su nombre apareciera junto al de él en los documentos.

Quizá color marfil, o un azul pálido muy suave. Algo que luciera hermoso en las fotografías frente a los jardines de la propiedad de los Sterling. Por supuesto, celebrarían la boda allí. ¿En qué otro lugar podría celebrarse una boda Sterling?

Después pensó en el lugar de la ceremonia y dejó que las imágenes desfilaran agradablemente por su mente. Quizá a principios de otoño, cuando la luz se volviera suave y dorada sobre el césped. Trescientos invitados, fácilmente, teniendo en cuenta a todas las personas que conocía la familia de Kael. Ya podía imaginarse caminando por el pasillo central mientras las personas que antes la habían tratado como un secreto finalmente se veían obligadas a tratarla como la futura señora Sterling.

Había esperado cinco años para aquello. Podía esperar unos meses más para organizarlo como era debido.

A la tarde siguiente, Kael pasó por su apartamento después de una larga jornada en la oficina. Llevaba la corbata floja y parecía distraído. Serena se dijo que solo era estrés laboral. Decidió que no había razón para seguir esperando.

«He estado pensando», dijo, acomodándose en una esquina del sofá a su lado. Su voz sonaba ligera y tranquila, tal como la había practicado. «Ahora que todo está finalizado… quizá deberíamos empezar a hablar de fechas. No tenemos que decidir nada esta noche. Solo creo que sería bonito tener algo en el calendario. Algo que esperar con ilusión».

Kael guardó silencio durante un segundo demasiado largo.

«No nos apresuremos», dijo.

Utilizó casi las mismas palabras que le había dicho en el pasillo dos noches antes. Escuchar la misma respuesta otra vez le provocó una ligera tensión en el estómago, incluso antes de que él terminara de hablar.

«Necesito un poco de tiempo para respirar. Después de todo lo del divorcio. Ha sido mucho, Serena, la familia, la junta directiva, todo».

«Por supuesto», respondió ella de inmediato.

Eso era lo que siempre decía. Era el papel que había aprendido a interpretar tan bien a lo largo de los años: comprensiva, paciente, sin presionarlo nunca. Pero algo dentro de ella, algo silencioso, pequeño y nuevo, no terminaba de creer en aquella actuación esta vez, ni siquiera cuando provenía de ella misma.

Él se marchó poco después. Le besó la frente y le dijo que la llamaría al día siguiente. Serena se quedó junto a la ventana, observando cómo su coche se alejaba de la acera. La cálida felicidad de la noche anterior comenzó a enfriarse y a transformarse en algo completamente distinto.

Tiempo para respirar.

Repitió aquellas palabras mentalmente mientras permanecía sola en su apartamento. La copa de vino había quedado olvidada sobre la encimera, detrás de ella. ¿Respirar de qué, exactamente? El divorcio había terminado. Elara se había ido, fuera de la casa, fuera de su vida, completamente fuera de escena. O eso había creído Serena con absoluta confianza hasta hacía unos treinta segundos.

No quedaba nada que necesitara espacio. Ningún problema pendiente, ningún asunto sin resolver. A menos que, sugirió una voz pequeña e inoportuna en el fondo de su mente, el verdadero problema no fuera en absoluto el final del matrimonio. A menos que fuera algo completamente distinto de lo que él necesitaba alejarse por un tiempo.

Apartó aquel pensamiento casi tan rápido como había aparecido. Estaba siendo paranoica. Cinco años siendo la otra mujer la habían dejado con una ansiedad leve y constante. Ahora la reconocía como un viejo hábito, una cicatriz que aún quedaba después de años ocupando el segundo lugar. Ya no había razón para sentirse así. Había ganado. Solo necesitaba recordárselo, dejar que la victoria se asentara como debía, en lugar de hurgar en ella como si fuera una herida que ya había sanado.

Se sirvió otra copa de vino y volvió a sentarse a la mesa de la cocina. Acercó su portátil y se dijo que buscaría páginas web de lugares para bodas e intentaría recuperar parte de aquella agradable emoción antes de acostarse.

En cambio, sin proponérselo realmente, sus dedos escribieron otro nombre en la barra de búsqueda. El nombre de Elara apareció por simple curiosidad. Un artículo de negocios apareció cerca de la parte superior de los resultados. Se había publicado esa misma semana. Era una de esas listas del sector sobre las nuevas empresas a las que habría que prestar atención durante el año siguiente.

Serena estuvo a punto de pasar de largo. Casi lo hizo. Entonces vio una frase escondida en el tercer párrafo:

«Entre los fundadores que están empezando a llamar la atención se encuentra E. Vale, anteriormente vinculada a la familia Sterling, cuya nueva empresa ha despertado discretamente el interés de varios inversores consolidados».

Serena se quedó completamente inmóvil. El suave resplandor del portátil era la única luz de la habitación. Una sensación fría y desconocida se instaló en lo más profundo de su estómago. Todavía no sabía cómo llamar a aquella sensación, pero llegaría a conocerla muy bien durante los meses siguientes.

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