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Cap.6

Author: N.A.S.C
last update publish date: 2026-03-12 20:59:09

(Perspectiva de Rodrigo)

Estaba reventado. Era jueves por la noche y ya tenía la maleta casi lista sobre la cama del hotel. Doblé la última camisa, aunque al final acabé tirándola encima de cualquier manera.

Suspiré, cogí el móvil y me senté en el borde de la cama.

Carla se había encargado de buscar a otra niñera. Otra vez. ]

A Laura le encantaba espantarlas como si fuera un deporte nacional. Yo sabía por qué: no quería a nadie allí, me quería a mí.

Solo a mí. Y yo… todavía no era capaz de aguantar mucho tiempo en esa casa.

Miré al techo. Ese nudo en el estómago siempre volvía cuando pensaba en mi hogar. Nara fue quien ideó cada detalle.

Decía que la casa se parecía a mí: fría, fuerte, silenciosa... y a ella le encantaba. Allí pasé la mejor etapa de mi vida. Allí fue donde Estela dio sus primeros pasos.

Donde las dos reían y corrían. Donde yo fui… feliz.

Y ahora, cada recuerdo me machacaba. Sabía que debía mudarme, pero abandonar ese sitio era como abandonarlas a ellas otra vez. Y no podía.

Suspiré, harto de este bucle, y llamé a Carla. Lo cogió al tercer tono.

— ¿Has encontrado niñera nueva? —pregunté directo, sin rodeos.

— Sí —respondió ella.

Solté el aire, un poco más tranquilo.

— Mándame su currículum. ¿Cuántos años de enfermería tiene? ¿Dónde ha trabajado antes?

Silencio. Fruncí el ceño.

— ¿Carla?

Nada. Ya conocía ese silencio: era el que guardaba cuando la había cagado.

— ¿Qué pasa? —pregunté con voz baja y dura.

Ella vaciló.

— Es que… no tiene formación en enfermería.

Cerré los ojos al instante, sintiendo cómo se me tensaba la mandíbula. Por poco no me puse a gritar.

— ¿Entonces por qué narices la has contratado? —gruñí, todavía contenido, pero al límite.

— ¡Porque era necesario! —saltó Carla—. Laura ha echado a todas las niñeras, y lo iba a seguir haciendo. Pero Mariana es distinta.

Mariana. Genial. Ya tenía hasta nombre.

— ¿Distinta en qué? —pregunté con frialdad.

— Tiene un punto… más movidito. Sabrá lidiar con Laura. Y es muy responsable.

Me pasé la mano por la cara, de mala leche.

— ¿Al menos tiene experiencia cuidando niños?

Otra pausa.

— ¿Qué has hecho, Carla?

— Rodrigo… tranquilo…

— Responde. —Mi voz sonó más baja que antes, pero mucho más peligrosa.

— ¡La he contratado solo hasta que encuentre a otra! —soltó por fin—. No tenía otra opción.

— No quiero a esa mujer cuidando de mi hija. No tiene ninguna preparación —sentencié, dejando que cada palabra cortara el aire.

— Rodrigo, hasta que demos con otra, tendrá que ser ella—

— Ya me encargo yo —corté—. Mañana mismo la pongo en la calle.

— Rodrigo, espera, no lo hag—

— Lo haré yo personalmente. —Y colgué.

Una aficionada cuidando de mi hija en mi propia casa. Dejé caer el móvil en el colchón y me masajeé la nuca. Mañana lo arreglaría cara a cara.

Cuando el coche paró delante de casa, ya me dolía la cabeza. Eché un último vistazo al reloj: las cuatro de la tarde. Laura debía de haber llegado del cole hacía una hora. Perfecto. Lo solucionaría ahora mismo, rápido. Sin marear la perdiz.

Bajé del coche, me ajusté los puños de la camisa y respiré hondo. Solo de mirar la fachada, volvió ese dichoso nudo. Pero antes de poder entrar… oí una carcajada alta, espontánea, de niña.

Fruncí el ceño al momento: venía de la parte de atrás. Aquello me puso en alerta; Laura no se reía así desde hacía meses.

Caminé por el lateral de la casa, con el gesto torcido, y al doblar la esquina… me quedé petrificado.

Laura corría por el jardín, empapada, con el pelo recogido en una coleta mal hecha, riendo como si no tuviera ni una sola pena en el mundo. Y detrás de ella… la niñera.

Bajita, con el pelo castaño claro cayéndole por la espalda y los ojos castaños escondidos tras unas gafas llenas de gotas de agua.

Su camiseta negra estaba chorreando, pegada al cuerpo, y en la mano… una manguera abierta a tope. Necesité un segundo, solo uno, para procesar lo que estaba viendo.

Fue tiempo suficiente para que Laura, sin dejar de correr, girara hacia donde yo estaba y la niñera, sin darse cuenta de mi presencia, girara con ella.

La manguera siguió el movimiento y un chorro de agua helada me dio de lleno en el pecho, en la cara y en toda la camisa. El agua caía pesada, resbalando hasta los zapatos, empapándolo todo en cuestión de segundos.

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