LOGIN(Autora brasileña) — No está permitida la copia del libro. Mariana solo quería una oportunidad en el departamento de TI de la mayor empresa de cosméticos de América Latina. ¿Qué consiguió? El «puesto temporal» de niñera de la hija del CEO, y un problema enorme que responde al nombre de Rodrigo Ferreira. Frío. Cerrado. Mandón. Y absolutamente decidido a echar a la chica friki que, en dos días, consiguió que su hija sonriera como no lo hacía desde hacía meses. Mariana no tiene ninguna experiencia como niñera, y mucho menos para lidiar con un hombre roto por la pérdida, ahogado por la culpa y perseguido por su propio padre. Pero Laura, de seis años, se aferra a ella como si hubiera encontrado un rayo de luz en medio del caos. Y Rodrigo… Bueno, Rodrigo intenta resistirse. Jura que puede. Pero cada provocación, cada pelea, cada cruce de miradas hace que la línea entre «no la toques» y «no puedo mantenerme alejado» se vuelva cada vez más fina. Lo que pasa es que Mariana guarda un secreto. Un secreto que tiene que ver con el nombre de la familia Ferreira, y con el hombre al que no debería desear. Rodrigo va a descubrir que algunas personas entran en nuestra vida para destruirlo todo… Y otras, para reconstruir lo que creíamos que nunca más tendríamos. Una atracción que nunca debería haber permitido. Pero ya es demasiado tarde. Ella ya es suya. Y él no está dispuesto a perder a nadie más
View MoreVisión de MarianaLa habitación de Henrique estaba a oscuras, iluminada solo por la tenue luz de la lamparita con forma de nube que había elegido Laura. Olía a talco y a leche, ese olor tan rico a bebé que nunca me iba a cansar de notar. Estaba tumbado en la cuna, con los ojos ya caídos…— Casi un año — susurré, pasándole los dedos por su pelo fino y oscuro —. ¿Cómo es posible que vayas a cumplir ya un año, mi amor?Parpadeó despacio, mirándome con esos ojos claros con la confianza de quien se sabe a salvo.— Duerme, pequeño. Mamá está aquí.Bostezó y se quedó frito enseguida. Su respiración se volvió lenta, profunda, y relajó la manita sobre la manta. Me levanté del sillón con cuidado y estiré la espalda. El embarazo me había dejado la manía de desperezarme incluso después de que naciera Henrique. Suspiré, le eché un último vistazo y salí de la habitación dejando la puerta entornada.En el pasillo, la luz de la luna entraba por las ventanas. Rodrigo asomó por la puerta del cuarto de
El primer viaje en familia(Perspectiva de Mariana)La maleta parecía una zona catastrófica. Ropa doblada, desdoblada, arrugada, tirada de mala manera por todas partes. Los pañales formaban auténticas montañas… de la talla P, M, G, nocturnos, de tela, desechables. Pomadas, toallitas, gel desinfectante, termómetro, aspirador nasal, jeringuillas para las medicinas. La habitación de Henrique se había convertido en un centro logístico de distribución.—Creo que me estoy pasando tres pueblos —dije, mirando la montaña de pañales.—Qué va, para nada —respondió Rodrigo desde el otro lado de la cama, doblando su propia ropa—. Es una semana entera fuera. Es mejor que sobre a que falte.—¿Y si se nos gastan?—No se van a gastar. Si te llevas doscientos.—Son ciento cincuenta.—¿Ciento cincuenta pañales para siete días? Pero si gasta seis al día.—Gasta ocho. Y paso de andar contándolos.—Pues no los cuentes. Llévate doscientos.—¿En serio?—Sí.—Pues nos va a hacer falta una maleta solo para los
La mañana siguiente empezó con llantos.Henrique se despertó a las 5:47, con hambre. Mariana ya estaba sentada en la cama, con las almohadas apiladas en la espalda, lista para darle el pecho.—¿No has dormido nada? —pregunté, bostezando.—Sí… unas dos horas.—Eso es poquísimo.—De momento, es suficiente.Se puso al bebé al pecho y él se agarró con una fuerza que me dejó alucinado.Mientras ella le daba el pecho, fui a la cocina y preparé una bandeja con café, zumo de naranja, pan con mantequilla y un bol de fruta. Cuando volví, Henrique ya había terminado y ella lo estaba envolviendo en la mantita.—Eres un ángel —dijo, al ver la bandeja.—Soy tu marido. Tengo que cuidar de mi querida esposa.Comió con muchas ganas, se bebiu el zumo y soltó un suspiro de satisfacción.—Me duele la espalda.—Túmbate de lado, que te voy a dar un masaje.—No hace falta que lo hagas.—Sé que no hace falta, pero quiero hacerlo.Se tumbó de lado y empecé a darle un masaje en la espalda… despacio, presionand
Visão de MarianaLa suite del postparto era un oasis de silencio e luz tenue. Estaba tumbada na cama, con los cojines amontonados en la espalda, co el cuerpo molido e reventada. Parecía que se me habían estirado todos los músculos más allá de lo posible. Me escocía la zona íntima, me dolía la espalda e tenía el pecho pesado, lleno de una leche que todavía não terminaba de subir bien.Pero Henrique estava allí. Dormía en la cuna de al lado, envuelto en una mantita azul e con el gorrito blanco puesto. Tenía la carita relajada, la boquinha entreabierta e las manitas cerradas en puños. Parecía un ángel. Mi ángel.— Ya estás llorando outra vez — disse Rodrigo, sentado en el sillón de al lado.— Es que estoy contenta.— Ya lo sé. Pero te vas a deshidratar.— Déjame llorar. Es la primera vez que le veo dormir.— Le vas a ver dormir un porrón de veces.— Pero esta é a primera.Não me discutió. Se limitó a darme un pañuelo de papel e a cogerme la mano.La primera toma había sido un desastre. H






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