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Capítulo 7

作者: Eternity
Los matones me dejaron tirada como un cadáver sobre el frío cemento, a los pies de Rosa. Mi cuerpo permanecía completamente flácido debido a los sedantes que ella me ordenaba inyectar a diario. Rosa bajó la mirada, saboreando una victoria sádica.

—Mírate —se burló—. Esto es lo que les pasa a los personajes secundarios que se atreven a perseguir a los protagonistas masculinos... quienes me pertenecen, por cierto. No te sorprendas; yo también soy una jugadora, pero soy la protagonista femenina el
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  • Para ser libre tenía que morir   Capítulo 8

    Rosa forzó una sonrisa que resultó tan inocente como falsa, mientras su voz sonaba melosa, con el mismo tono suave que había utilizado durante los últimos cuatro años para manipularlos.—Draven, debes haber visto mal —le aseguró con ligereza—. Todo el personal de enfermería aquí está compuesto por mujeres altas y corpulentas, seleccionadas especialmente para el puesto. Es fácil confundirlas con hombres si las miras desde lejos.Draven apretó la mandíbula, dudoso. Sin embargo, cuando se trataba de Rosa, ellos siempre habían hecho hasta lo imposible por creerle; justificando cada una de sus mentiras, sus lágrimas y sus montajes.Ella volvió a sonreír, queriendo retomar el control de la situación.—Yo misma voy a acompañar a Viola de vuelta a su habitación para asegurarme de que esté cómoda. ¿Podrían esperar aquí un momento?En el instante en que la pesada puerta de roble se cerró de golpe tras nosotras, la dulce fachada de Rosa se hizo añicos. Despidió a los celadores con un rápido

  • Para ser libre tenía que morir   Capítulo 7

    Los matones me dejaron tirada como un cadáver sobre el frío cemento, a los pies de Rosa. Mi cuerpo permanecía completamente flácido debido a los sedantes que ella me ordenaba inyectar a diario. Rosa bajó la mirada, saboreando una victoria sádica.—Mírate —se burló—. Esto es lo que les pasa a los personajes secundarios que se atreven a perseguir a los protagonistas masculinos... quienes me pertenecen, por cierto. No te sorprendas; yo también soy una jugadora, pero soy la protagonista femenina elegida por el sistema. Una don nadie como tú jamás tuvo una oportunidad.En ese instante, todo cobró un sentido retorcido. Recé con todas mis fuerzas para que me pegaran un tiro en la cabeza ahí mismo. Estaba tan cansada de esta maldita misión; solo quería volver a casa.Rosa soltó una carcajada, como si fuera capaz de leerme la mente.—¿Quieres morir? Pues mala suerte. Las reglas del sistema son muy claras: por cada año que permanezcas con vida en este lugar, tu cuerpo real continuará en coma

  • Para ser libre tenía que morir   Capítulo 6

    Sentía que había permanecido en la oscuridad durante una eternidad. Soñaba con despertar y ver a mamá y papá de pie junto a mi cama de hospital, con los ojos rojos e hinchados de tanto llorar. "¡Viola! No tengas miedo. Haremos lo que sea necesario para que te mejores", me decían. Por esa razón habían aceptado las condiciones del sistema. Y en el instante en que este me encontró, congeló el tiempo en mi mundo real la misma noche en que me fui.Pero no lograba comprenderlo. Había terminado la misión, ¿no? Entonces, ¿por qué la casa se veía tan vacía? ¿Dónde estaban? ¿Por qué no podía encontrarlos?—¡Mamá! ¡Papá! —grité, abriendo los ojos de golpe.Lo primero que vi al despertar fue a Vincent. De inmediato, sentí un nudo opresivo en el pecho, un dolor agudo y punzante que me robó el aliento. Él dudó por un momento antes de hablar con una voz baja y ronca:—Soñabas con mamá y papá otra vez... ¿Recuerdas lo que nos pidieron antes de irse? Que nos mantuviéramos unidos, que viviéramos. ¿P

  • Para ser libre tenía que morir   Capítulo 5

    Un silencio sepulcral cayó en la habitación, interrumpido únicamente cuando Rosa comenzó a sollozar.—¡Yo... yo jamás haría algo así, Viola! ¿Cómo puedes acusarme de esa manera? —dijo con el labio inferior temblando, fingiendo una profunda ofensa.Marco la atrajo hacia sí, envolviéndola en un abrazo protector.—Tranquila. Todos aquí te conocemos —le aseguró con una voz suave como la seda—. Nada de esto es culpa tuya.Vincent y Draven se apresuraron a rodearlos, compitiendo entre ellos por calmarla con palabras condescendientes y afectuosas. En cuanto lograron tranquilizarla, Rosa volvió a mirarme. Esta vez no se molestó en disimular; sus ojos destilaban una absoluta mirada de triunfo.Dejé escapar una risa amarga, aunque el movimiento me provocó una punzada de dolor insufrible en las costillas.—¿Lo ven? Ahí lo tienen —siseé—. Mis palabras no valen nada frente a las lágrimas de cocodrilo de su protegida. ¿Qué sentido tiene hablar si, de todas formas, jamás me van a creer?Entonc

  • Para ser libre tenía que morir   Capítulo 4

    Un dolor profundo me atravesó la clavícula; el abrecartas de plata se había hundido profundamente, pero ya casi no importaba. Mi visión se volvió borrosa, casi negra, y mi respiración se tornó entrecortada.La mano de Marco se quedó paralizada en el mango del arma y su furia se transformó de golpe en pura incredulidad. No se atrevió a sacar la hoja. Solo se quedó mirando, sin pestañear, cómo la mancha de sangre se extendía rápidamente por mi pecho.Perdí las fuerzas y me desplomé. Caí sobre el charco de mi propia sangre, pero daba igual. Por fin estaba a punto de llegar a casa.Marco cayó de rodillas a mi lado y presionó la herida con la palma de la mano para intentar detener la hemorragia.—¡Llamen al médico de cabecera! —les rugió a los hombres que estaban en la puerta—. ¡Ahora mismo! ¡Muévanse de una maldita vez!Vincent y Draven reaccionaron de inmediato. Vincent se arrancó su costosa chaqueta y la aplastó contra la herida. Estaba completamente aterrado.—¿Estás loca? —me dec

  • Para ser libre tenía que morir   Capítulo 3

    Era bien sabido que la datura era un veneno mortal. Sin embargo, como a Rosa le fascinaba, Vincent había permitido que los arbustos florecieran hasta convertirse en un auténtico mar blanco en la finca Rossi. En una ocasión, le rogué que eliminara ese jardín; temía que alguna criada o un niño masticara una hoja por accidente y terminara en desgracia. Pero en cuanto Rosa se enteró, lloró tanto que estuvo a punto de desmayarse.—¿Tanto me odia Viola? —sollozó ella, fingiendo una profunda tristeza—. ¿Ni siquiera me deja cultivar mis flores favoritas?En aquel entonces, Vincent me miró con absoluto desprecio y me espetó:—Todo el mundo sabe que es una planta tóxica. ¿A quién se le ocurriría comérsela? No seas dramática.Quién diría que, cuatro años después, esa misma planta se convertiría en mi boleto de salida.Apenas el pétalo tocó mi lengua, quise escupirlo, pero me obligué a tragármelo. Por fin me iría a casa.Al ver lo que había hecho, Vincent dejó caer la caja de regalo y se aba

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