LOGIN️ ADVERTENCIA No leas esto en público… a menos que seas de las traviesas a las que les gusta que las pillen. Pasiones Ardientes: Salvages y Prohibidas: no es una colección de romance común y corriente. Aquí no hay romances lentos, ni dulces primeros besos, ni ir con calma, y definitivamente no hay finales felices esperándote ordenaditos al final. Lo que sí encontrarás son deseos oscuros, hambres prohibidas y un anhelo ardiente que te hará olvidar hasta tu propio nombre. Estas historias fueron escritas para las mujeres que desean a alguien prohibido, para las que leen con la puerta cerrada y la mano entre los muslos. Ya estás advertida. Ahora pasa la página… solo si te atreves, princesa.
View MoreMe colé silenciosamente por la puerta trasera, el pulso acelerado por la excitación.
Dios, cómo había echado de menos a Tyler. Mi coño se contrajo solo con pensar en su nombre y tuve que taparme la boca con la mano para contener un gemido.
¿Cuánto había pasado? ¿Dos semanas? Los vibradores no eran suficiente para una chica cachonda como yo.
La casa estaba completamente a oscuras. Avancé de puntillas por el pasillo y empujé con suavidad la puerta de su habitación. Tyler estaba dormido boca arriba, la sábana apenas cubriéndole las caderas. Me humedecí los labios con la lengua.
Joder, se veía más musculoso. El campamento le había sentado de maravilla.
Me subí a la cama con una sonrisa hambrienta y tiré lentamente de la sábana hacia abajo. Mis dedos envolvieron su polla suave y la acaricié despacio.
Había echado aún más de menos esto que a él. Me incliné y lo metí en mi boca sin pensarlo dos veces. Su longitud se endureció al instante contra mi lengua. Me encantaba lo receptivo que era conmigo, incluso dormido.
Escuchando sus gemidos, aumenté la velocidad, deslizando mi boca arriba y abajo por su polla cada vez más dura.
«Mhggfghjkmg…», gemí ahogadamente alrededor de su grosor, intentando metérmela hasta el fondo de la garganta. Mi lengua giraba alrededor de la cabeza, saboreando el leve sabor salado de su piel.
Dios, esto era demasiado para mí. Ya estaba chorreando sobre la cama mientras subía y bajaba por su polla.
Un gemido bajo retumbó sobre mí. Sonreí alrededor de su polla y seguí, tragándolo más profundo. Mi mano masturbaba la parte que no me cabía. Esta noche la sentía más grande de lo normal, estirándome la mandíbula de la forma más deliciosa.
Gemí suavemente mientras lo chupaba; la vibración hizo que su polla palpitara contra mi lengua. Era tan arriesgado y excitante… Colarme para despertarlo con mi boca siempre me ponía muchísimo más cachonda.
Saqué la boca un momento y fui besando su cuerpo hacia arriba, lamiendo su estómago y pecho. Cuando llegué a su cara para besarlo como Dios manda, mis labios rozaron una barba áspera y cerrada. Mi novio nunca tenía barba así; siempre llevaba la cara perfectamente afeitada.
La confusión me golpeó con fuerza. Me aparté rápidamente, intentando bajarme de la cama.
Una mano fuerte me sujetó la nuca, manteniéndome en el sitio.
«Joder, nena», dijo una voz profunda y ronca.
El corazón me golpeó contra las costillas. Esa voz era mucho más grave y áspera que la de mi novio. Intenté levantar la cabeza otra vez, pero la mano se mantuvo firme.
«Espera… ¿qué está pasando?», susurré, con el pánico subiendo por mi pecho. «¿Quién eres?»
El hombre soltó una risa baja.
«¿No crees que es un poco tarde para presentaciones?»
Me quedé helada, la mente dando vueltas. Este no era mi novio. El cuerpo era más grande, la voz más profunda… ¡y tenía barba! Sin embargo, su polla seguía dura y resbaladiza de mi saliva, descansando pesadamente contra mi mejilla.
¡Dios! ¿Cómo no me di cuenta?
«Pensé que eras Tyler», dije con voz temblorosa. «No debería estar aquí. Esto es un error».
«No te apartes ahora», respondió él, con tono calmado pero autoritario. «Lo estabas haciendo tan bien… Vuelve a metértela en la boca, nena».
Me ardían las mejillas de vergüenza y confusión. Una parte de mí sabía que debería levantarme e irme inmediatamente, pero la forma en que su voz profunda me ordenaba me provocó un escalofrío inesperado. Seguía empapada de haberlo chupado.
«Esto está mal», susurré. «Vine por mi novio, no… por quienquiera que seas».
Él soltó una risa suave.
«Eso lo resolvemos cuando me corra. No puedes dejar a un hombre así, colgado».
Mi coño se contrajo con fuerza ante sus palabras. Sí quería más de él, pero ¿engañar a Tyler?
«Nena, te mueres por esto. Puedo oler lo mojada que estás y es imposible que no notaras la diferencia entre él y yo».
Dudé, mirando la gruesa polla frente a mí.
«Es más grande», admití en voz baja. «Y más larga».
«Buena chica por ser sincera», murmuró. «Ahora abre otra vez. Chúpamela bien mojada».
Me mordí el labio, dividida entre la conmoción y el calor creciente entre mis muslos. Mi cabeza gritaba que esto estaba mal, pero mi cuerpo quería seguir.
Mi coño definitivamente tenía cerebro propio. Me incliné despacio y lo volví a meter en mi boca, chupando con suavidad al principio.
«Así está mejor», gruñó él. «Usa más la lengua. Sí, justo así. Eres muy buena en esto».
Gemí alrededor de su polla mientras aceleraba, deslizando los labios arriba y abajo por su grueso tronco. Los sonidos húmedos de mi boca llenaban la habitación, pero solo había un pensamiento en mi cabeza.
¿Qué haría Tyler si entrara y nos viera? ¿Y por qué eso me ponía aún más cachonda?
«Te gusta chupar pollas mientras él duerme, ¿verdad?», preguntó, la voz ronca de placer. «Colándote como una chica mala».
Saqué la polla lo justo para responder, respirando agitada.
«Sí, me encanta. Me encanta chupársela».
«Eres una chica muy sucia», dijo. «Y no me quejo. Sigue, nena. Trágatela más profundo».
Obedecí, metiéndomela hasta que tocó el fondo de mi garganta. Tuve una arcada suave pero continué chupando, masturbando la base al ritmo de mi boca.
«Joder, qué bien se siente», gruñó. «Tu novio es un cabrón con suerte, pero esta noche esta polla es toda tuya. Chúpamela más fuerte, nena. Muéstrame cuánto te gusta».
Mi mente era un torbellino de culpa y excitación. La polla de este desconocido se sentía tan diferente, mucho más gruesa. Cada vez que la tragaba hasta el fondo, mi coño se contraía de necesidad. Sabía que debería parar, pero esa voz ronca y sus elogios me mantenían allí.
Lo chupé con más entusiasmo, dejando que salieran sonidos húmedos y obscenos mientras lo trabajaba con ganas. Sus caderas se levantaban ligeramente para encontrarse con mi boca.
«Ahora sí te estás metiendo en faena», murmuró. «Dime lo mojada que tienes el coño ahora mismo».
Saqué la polla un segundo, los labios brillantes.
«Muy mojada», confesé con voz entrecortada. «No debería estar tan cachonda».
Él gruñó más profundo.
«Apuesto a que sabes jodidamente bien».
Volví a metérmela, chupando más fuerte, mi lengua girando alrededor de la cabeza cada vez que subía. Placer y confusión se mezclaban mientras me perdía en el acto.
El hombre gimió profundamente, su mano guiando suavemente mi ritmo.
«Mientras me la chupas, métete los dedos, nena».
Bajé una mano y empecé a frotar círculos sobre mi clítoris. El placer era tan intenso que casi le muerdo la polla al desconocido.
Joder.
«Quiero probarte, nena».
**Ava**Estoy sentada en el sofá bebiendo una cerveza y pasando publicaciones en el móvil. Mamá está en el trabajo y estoy disfrutando a fondo de mi primer día libre en mucho tiempo. Había ido acumulando mis días libres precisamente para poder disfrutarlos cuando por fin los tomara.La mayoría de la gente saldría a disfrutar de su tiempo libre, pero yo no. Tengo veinticinco años y nunca he tenido sexo ni novio.Uno pensaría que la universidad te da esa libertad, pero en cuanto entré me sumergí de lleno en los libros.Mia, mi mejor amiga, no me ha dejado de molestar con el tema, insistiendo en que voy a morirme virgen. ¿Quizá es eso lo que quiero?Suspiro. No debería estar pensando en esto. Mia es una puta y yo no. Punto.Hay un golpe en la puerta del apartamento. La abro y me encuentro a Ryan de pie, con esa mirada arrogante de siempre. Lleva unos vaqueros que le sientan de puta madre y una camiseta que abraza su torso musculoso a la perfección.—Hola, Ava —dice—. ¿Cómo estás?—Mejor
**Ava**Es casi medianoche cuando llego a casa después de mi turno infernal en el hospital, y lo último que necesitaba era un puto drama, pero me encuentro con mamá llorando y la tía Clara gritando en el momento en que abro la puerta.Perfecto.Voy al salón y veo a mamá sentada en el sofá, secándose los ojos, con un montón de pañuelos usados sobre la mesita.Vale, esto puede ser más serio de lo que pensaba.Estoy a punto de acercarme cuando ella levanta un dedo hacia la tía Clara.—¡Cállate de una puta vez! —grita mamá.—Es un cerdo asqueroso —la voz de Clara resuena desde la cocina—. Yo sabía que no traía nada bueno y te lo advertí.—Por favor, Clara, las dos sabemos que solo estabas celosa.—¿Celosa? Eso ya es pasarse. No es tan guapo como tú crees —grita Clara al entrar por la puerta de la cocina—. Hola, Ava —me dice.—Hola. ¿Qué me he perdido?—Nada del otro mundo. Tu madre por fin vio a Ryan tal y como es, un asco de tipo, y rompió con él —dice la tía Clara—. Es un asqueroso. Est
ElenaMe levantó y me sentó a horcajadas sobre su regazo. Mi vientre desnudo se apretaba contra la lana áspera de sus pantalones, mi trasero redondo y pálido expuesto ante él.No entendí lo que estaba a punto de hacerme hasta que sentí su mano caer sobre una de mis nalgas en una palmada seca y punzante.Solté un grito más de sorpresa que de dolor; el ardor envió una vibración hasta mi coño desnudo, haciéndome chorrear sobre su muslo. Antes de que pudiera prepararme, otra palmada golpeó la otra nalga. Esta dolió más, un dolor brillante y agudo que se derritió casi al instante en un calor latente y agradable.¡Plaf! ¡Plaf!Me azotó con un ritmo constante y cadencioso; cada golpe me sacudía, haciéndome jadear y retorcer. El shock inicial dio paso a algo completamente distinto: una profunda emoción sumisa. Con cada impacto, la espiral de necesidad dentro de mí se tensaba más. Ya jadeaba, y mis caderas trazaban pequeños círculos involuntarios contra su pierna.—Esto es lo que querías, ¿ver
**Elena**Entré a toda prisa en el aula justo después de que el último estudiante de la clase anterior saliera. El profesor Dylan seguía de medio lado, organizando sus apuntes, su amplia espalda llenando la camisa blanca de botones bien planchada.Estaba buenísimo y lo deseaba más que a nada en la vida. Por eso esto era un puto error. Uno que no debía cometer.Los dedos me temblaban mientras metía las delicadas bragas de encaje, todavía calientes y húmedas de mi piel, impregnadas de mis jugos, en el bolsillo lateral de su maletín de cuero. Apenas logré contenerme ante la idea de que las encontrara.Justo cuando terminé, él se giró hacia mí con esa sonrisa que te hacía caer las bragas.—Si no es mi alumna favorita… ¿cómo estás, señorita Blanche?La voz se me quedó atascada en la garganta y me apresuré, avergonzada, hacia mi asiento habitual en la fila del medio. El profesor Dylan ya estaba acostumbrado a mi timidez y a que no pudiera hablarle, y nunca me había hecho sentir rara por ell






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