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Capitulo 10: Jaula de Oro y Sombras

ผู้เขียน: S.P.Rivers
last update วันที่เผยแพร่: 2026-07-08 03:44:14

El sol de la mañana se filtraba por las pesadas cortinas de seda, pero no traía calidez a la suite principal de la mansión Cavallaro. Alessia no había pegado ojo; se había quedado sentada en el borde de la cama, vigilando el sueño de Daniela como si el simple acto de parpadear pudiera hacer que la niña desapareciera.

Un golpe seco en la puerta la sobresaltó. No esperaron a que ella respondiera. Killian entró, ya vestido con un traje negro a medida que acentuaba su figura imponente. Sus ojos dorados recorrieron la habitación hasta posarse en Alessia. Se veía cansada, despeinada, pero con una mirada de acero que lo fascinaba y lo irritaba a partes iguales.

—Daniela sigue durmiendo —dijo él, su voz era un murmullo bajo que vibró en el aire—. Ven conmigo. Ahora.

—No voy a dejarla sola —replicó ella, poniéndose de pie con actitud defensiva.

Killian se acercó con pasos lentos, como un depredador acorralando a su presa. La tomó del mentón, obligándola a sostenerle la mirada. Sus dedos estaban fríos, pero su contacto quemaba.

—Hay cámaras en cada rincón, escoltas en cada pasillo y una niñera esperando en la puerta. Nadie la tocará, Alessia. Pero tú y yo tenemos asuntos pendientes. No me hagas repetirlo.

Alessia sintió un escalofrío. La forma en que él la dominaba, esa mezcla de autoridad absoluta y una chispa de posesión oscura, la hacía sentir pequeña y, al mismo tiempo, extrañamente viva. Lo siguió fuera de la habitación, descendiendo a un despacho que olía a madera vieja y peligro. Sobre el escritorio de caoba descansaba un documento legal y un pequeño kit médico.

—¿Qué es esto? —preguntó ella, retrocediendo.

—Una prueba de ADN —respondió Killian con frialdad—. No porque dude de ti, sino porque necesito el papel que diga que ella es mía. Y una vez que lo tenga, nadie en este mundo podrá quitármela. Ni siquiera tú.

—Ella no es un objeto, Killian. No puedes simplemente reclamarla como si fuera parte de tu inventario criminal.

Killian rodeó el escritorio y se detuvo frente a ella, tan cerca que Alessia podía sentir el calor de su cuerpo. Se inclinó hacia su oído, y su aliento rozó su piel, causándole una reacción que su mente odiaba pero su cuerpo traicionaba.

—Todo lo que entra en esta casa me pertenece, Alessia. Tú me salvaste la vida hace cinco años y, sin saberlo, sellaste tu destino. Me diste una heredera. Ahora, vas a vivir bajo mis reglas. Si intentas huir de nuevo, el mundo se te hará pequeño para esconderte de mi furia.

En ese momento, la puerta del despacho se abrió lentamente. Daniela, con su pijama de ositos y el cabello revuelto, entró frotándose un ojo.

—¿Mami? ¿Dónde estamos? —la pequeña se detuvo al ver a Killian. Lo miró fijamente, con esa curiosidad sin miedo que solo los niños poseen.

La mirada de Killian cambió. La dureza de sus facciones se quebró por un instante al ver a la niña en su territorio. Daniela caminó hacia él y le tiró de la manga del saco.

—Eres el hombre que vino a mi casa ese día —dijo la niña con voz dulce—. Eres muy alto.

Alessia contuvo el aliento. Killian se quedó paralizado por un segundo, mirando la mano pequeña de la niña sobre su ropa cara. Lentamente, se puso en cuclillas para quedar a su altura, un gesto de sumisión que Alessia nunca esperó de la "Bestia".

—Sí, soy yo —respondió él, y por primera vez, su voz no sonó a amenaza—. Y a partir de hoy, este es tu castillo.

Alessia observó la escena con el corazón dividido. Odiaba a Killian por lo que le hizo, pero ver la conexión instantánea entre padre e hija la aterraba. Sabía que Killian usaría ese vínculo para encadenarla a él para siempre. El romance no sería un camino de rosas; sería una guerra de voluntades donde el deseo era el arma más peligrosa.

S.P Rivers

"Al final, la Bestia no necesitaba ser domada, solo necesitaba a alguien que no temiera quemarse en su infierno."

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