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35; MARIPOSAS EN EL ABISMO

Autor: Jarrisson
last update Data de publicação: 2026-04-01 06:35:53

Viviana

El trabajo se le volvió un castigo interminable, mientras empujaba la carreta con las manos ásperas, la espalda doblada y el sudor pegado a la piel como una segunda camisa. Las ventas bajaban cada día, los clientes pasaban de largo, y ella sentía que la vida la estaba empujando contra una pared invisible. No pudo continuar pagándole a la niñera; se vio obligada a llevarse a las tres hijas al trabajo. Las dos pequeñas iban en un coche desvencijado, y la mayor, apenas de cinco años, la ll
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Último capítulo

  • POR FAVOR QUEDATE CONMIGO   40; ESPERANDO MIENTRAS ESPERA

    VivianaLa mañana se abrió con un aire pesado, como si el cielo mismo compartiera el cansancio de ella, cuando caminaba con dificultad, el vientre enorme de casi nueve meses marcando cada paso, como si llevara un mundo entero dentro de sí, y con la carga diaria de dejar a sus hijas solas en la casa, con instrucciones rápidas y repetidas: “No se muevan mucho, hagan la tarea, no abran la puerta a nadie.” Pero en el fondo, ella sabía que esas palabras eran más un consuelo para sí misma que una garantía de seguridad, y todo porque no le alcanzaba para pagar a alguien que se las cuidara o que las llevara a estudiar.El barrio estaba vivo con los ruidos de siempre: vendedores de arepas gritando ofertas, niños corriendo detrás de balones, vecinos discutiendo por la basura. Viviana apretaba el paso, aunque cada movimiento le dolía. “Tengo que llegar rápido al paradero, coger el bus, vender mucho, que el tiempo pase rápido, que el bus de regreso no se demore, que no haya embotellamientos, que

  • POR FAVOR QUEDATE CONMIGO   39; AFIXIAR NO ES AMAR

    VIVIANALa mañana amaneció con un sol tímido, apenas filtrado entre las nubes que parecían desgarrarse sobre el parque. Viviana se levantó con un entusiasmo extraño, como si la vida le hubiera dado una segunda oportunidad. Iván, aún somnoliento, la miraba desde la cama improvisada en la sala.—Vamos a donde don Tobón, ¿cierto? —preguntó ella, con los ojos brillantes.—Sí, Viviana. No nos queda de otra. —Iván se estiró, bostezando—. Ojalá nos dé trabajo; ya me cansé de pasar hojas de vida y llenar tests en esas ridículas entrevistas.Ella sonrió, como quien guarda un secreto de esperanza. Se arregló con cuidado, se puso un vestido sencillo, pero adornado con un pañuelo colorido que le daba un aire de fiesta. Iván se peinó rápido, con las manos, y juntos caminaron hasta una bodega de don Tobón, el expatrón y cuñado de Viviana, hombre de carácter firme y voz grave.Don Tobón los recibió en la puerta, con un cigarrillo apagado en la comisura de los labios.—¿Y ustedes qué buscan tan tempr

  • POR FAVOR QUEDATE CONMIGO   37; ENTRE LA HERIDA Y LA MENTIRA

    VivianaEl hospital olía a desinfectante y soledad. Las paredes blancas parecían murmurar secretos que nadie quería escuchar. Viviana abrió los ojos lentamente, como quien regresa de un viaje demasiado largo y demasiado oscuro. El frío de la camilla le atravesaba la espalda, y el sonido constante del monitor cardíaco le recordaba que seguía viva, aunque no sabía por qué ni para qué.—¿Dónde… dónde están mis hijas? —susurró, con la voz quebrada.Intentó incorporarse, pero descubrió que sus brazos estaban sujetos por correas. El suero colgaba como un verdugo transparente, y la aguja en su vena le dolía como si fuera un recordatorio de su fragilidad. El pánico la invadió.—¡Suéltenme! ¡Mis hijas! —gritó con desesperación.La puerta se abrió de golpe y apareció una enfermera de rostro cansado, con los ojos llenos de fastidio.—Si sigue gritando, le tapo la boca —dijo con voz áspera—. Ya estoy harta de sus groserías.Viviana la miró confundida, con lágrimas en los ojos. —¿Groserías? Yo… yo

  • POR FAVOR QUEDATE CONMIGO   36; SIRENAS Y SILENCIO

    VIVIANAEl aire estaba cargado con una extraña electricidad que les destemplaba los dientes y les erizaba los vellos capilares, aumentándoles el miedo. El ratón tenía la mirada fija en Viviana; era como si el mecánico, quien se interponía como un muro humano entre ellos, fuera transparente. Sus manos temblaban, pero no por inseguridad: era la vibración de un odio acumulado, de una rabia que le quemaba las venas. Con el pulgar retrocedió el percutor del arma, y su sonrisa desdentada se abrió como una grieta en la penumbra del taller. —Hoy nadie los va a escuchar —escupió con voz ronca—. ¡Hoy hay partido! La gente está embobada con el televisor, gritando goles, y ustedes… ustedes ya valieron madres.Viviana sollozaba, con las manos crispadas contra su pecho, incapaz de moverse. El mecánico, sudoroso, con la camisa manchada de grasa, no retrocedió ni un centímetro. —Si quieres matarla, tendrás que pasar sobre mí —dijo con firmeza, aunque su voz temblaba como un alambre bajo tormenta, y s

  • POR FAVOR QUEDATE CONMIGO   35; MARIPOSAS EN EL ABISMO

    VivianaEl trabajo se le volvió un castigo interminable, mientras empujaba la carreta con las manos ásperas, la espalda doblada y el sudor pegado a la piel como una segunda camisa. Las ventas bajaban cada día, los clientes pasaban de largo, y ella sentía que la vida la estaba empujando contra una pared invisible. No pudo continuar pagándole a la niñera; se vio obligada a llevarse a las tres hijas al trabajo. Las dos pequeñas iban en un coche desvencijado, y la mayor, apenas de cinco años, la llevaba de la mano como si fuera su bastón de fuerza.—Mami, ¿por qué tenemos que venir siempre? —preguntó la mayor, con voz cansada.—Porque si no, no comemos, hija. Y comer es más importante que jugar.—Pero yo quiero jugar…—Yo también quiero descansar, ¿y ves que puedo? —respondió Viviana con un humor ácido que se le escapaba como defensa.La policía de infancia empezó a rondar, a mirarla con ojos de sospecha, a amenazarla con quitarle a las niñas.—Señora, esto no es correcto. Las niñas deber

  • POR FAVOR QUEDATE CONMIGO   34; EMERGER DE LA CONTRADICCIÓN

    VIVIANA—¡Mamá, ya entendí! Y es cruel, muy cruel.—¿Qué entendiste, hija mía?—Que nos llamaste de acuerdo al nombre de nuestros padres, menos a mí; yo me llamo Laura, por la santa, eso me has dicho; mi hermana Eliana, por Elías; Lorena, por Lorenzo y... ¿Las demás también? ¿Acaso ninguna somos hijas de Juan? Y pensar que todas le decimos papá.—Ay, mija, pues padre no es el que engendra, sino el que cría... y obvio que Juan ni para eso.—Mamita, ¿cómo es que Lorenzo también se llamaba el esposo de la enfermera Pepita?, el monstro que me quería robar.—Es una coincidencia, hay miles de Lorenzo.—Sí, así como hay millones de Jon, lo complicado es que nos fijamos en el mismo hombre; por lo menos no es mi padre, o sino sería muy...—Ja, ja, ja, casi me sucede eso con otra hija; es muy gore.—Uish, mami, eso es tan bizarro.—La vida es un río que nos lleva con su fuerte caudal; y me fue muy difícil aprender a nadar contra la corriente, para cuando lo hice, descubrí que se lo lleva por no

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