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QUIERO UN PAPÁ PARA MI HERMANITO
QUIERO UN PAPÁ PARA MI HERMANITO
Author: Daria

CAPÍTULO 1

Author: Daria
last update publish date: 2026-08-27 01:29:32

CAPÍTULO 1

POV MAYA

Luego de pasar unos días horribles durante los cuales me fue imposible retener algo sólido en el estómago, hoy me siento en las nubes desde que salí del consultorio médico con una hojita que dice que tengo 10 semanas de embarazo y son dos embriones desarrollándose en mi vientre, estoy esperando dos bebés de Luis Daniel y míos, no sé qué hacer para darle la noticia porque tengo cien ideas en la cabeza.

Cuando el doctor estaba haciendo mi historia médica yo casi le digo la hora exacta de la concepción ya que la recuerdo perfectamente, así de emocionada estaba.

Fui a una tienda y compré dos gorritos de bebé en color blanco, pedí que los envolvieran y agregué una tarjeta que decía: “FELICIDADES PAPÁ”.

Vi la hora y pensé que no podía esperar a llegar a la casa, así que me fui a la clínica privada donde trabaja Luis Daniel como cirujano plástico.

Mi sonrisa era para un comercial de pasta dental.

No encontré a la recepcionista y supuse que, por la hora, ya se había retirado, pero en 5 años visitando a mi marido me había aprendido el camino de memoria.

Avancé más lento para ensayar mi entrada, al llegar a la puerta lo escuché decir:

            –De hoy no pasa, te lo prometo.

            –Eso espero, porque no quiero que mi hijo nazca sin su padre presente.

            –Eso no va a pasar Emily, por favor.

            –Hoy te permito que vayas temprano a casa y hables con ella, aunque esté muriendo de celos sola en mi casa.

            –Linda, te lo juro, no la he vuelto a tocar.

            –En cuanto te divorcies nos casamos, debe ser rápido para que no se me note la panza.

No podía irme sin saber con quién hablaba, así que di unos pasos como una gata y me asomé con cuidado, entonces vi a la rubia platinada, la misma que había bailado con él en la fiesta aniversario de la clínica, esta vez estaba colgada de su cuello con sus labios unidos a los de él.

Parpadee varias veces, no podía creer lo que estaba viendo, mi cerebro se negaba a entender esa escena. ¡No! Eso no me estaba pasando a mí, mi vista se estaba nublando y la pasaba de ellos dos al paquete que tenía en mis manos con la tarjeta que decía Felicidades Papá, algo dentro de mí comenzó a romperse, a desgarrarse, sentía como mi corazón se agrietaba.

Volví a mirar a Luis Daniel, a mi esposo, el mismo hombre que me había jurado amor eterno frente al altar, el padre de mis bebés, ahora estaba en brazos de otra besándola y haciéndome sentir una intrusa en mi propio matrimonio.

“En cuanto te divorcies nos casamos”. Había dicho ella, ¿divorcio?, ¿su hijo?, ¿su panza? Yo llevé la mano a mi vientre aun plano, mis bebés, mis frijolitos, mis dos pequeñitos. Hasta hacia unos minutos me había imaginado el rostro de sorpresa y alegría de su padre cuando le entregara los gorritos. Lo imaginé llorando, saltando, abrazándome y besándome, celebrando conmigo que seremos padres.

Imaginé tantas cosas alegres, pero mientras yo le preparaba la sorpresa para anunciarle que nuestra familia por fin estaría completa, él planeaba como destruirme, el paquete comenzó a vibrar ante mis dedos temblorosos.

Quise entrar y gritarle, preguntarle desde cuándo se estaba burlando de mí con esa mujer, necesitaba una explicación, pero mi garganta se cerró, ninguna palabra me salía. Tuve que reprimir un sollozo, porque no les iba a dar el gusto de llorar frente a ellos, en mi mente repetía lo que Luis Daniel le había dicho para consolarla: “Linda, te lo juro, no la he vuelto a tocar”

¿Por qué cuando te enteras de esas cosas es que te das cuenta de las señales que estaban por todas partes? Llegadas tarde, solo un roce de labios obligado para los buenos días o las buenas noches, conversaciones telefónicas ininteligibles, salidas los fines de semana y mayor esmero en su arreglo personal. Cuando se lo mencioné solo me dijo que estaba exagerando, no estaba loca ni imaginando situaciones, había otra mujer y, por lo visto, llevaba con ella mucho más tiempo del que yo pudiera calcular.

Las lágrimas corrieron por mi rostro sin control, ya no quise detenerlas, pero la tristeza empezó a transformarse en rabia por mis cinco años perdidos, porque justo el día que iba a darle la noticia más alegre de mi vida, él estaba eligiendo a otra mujer. ¿Cómo había podido hacerme esto? ¿Cómo había podido verme a los ojos todo este tiempo si estaba planeando dejarme? ¿Cómo había podido acostarse conmigo, abrazarme y besarme, si al levantarse venía a encontrarse con ella?

Apreté el paquetico contra mi pecho con los gorritos para mis hijos. Esa otra mujer también estaba embarazada, esperando un hijo de Luis Daniel, solo pude decir: “Lo siento”, pero se lo dije a mis bebés. Ya no podía quedarme un momento más allí, estaba a punto de derrumbarme ante esos dos traidores.

Comencé a retroceder, salí de allí y caminé sin rumbo, solo sabía que mis hijos no crecerían creyendo que su madre le había rogado a un hombre por un amor que ya le estaba prometiendo a otra.

Si Luis Daniel quería el divorcio, se lo daría. En ese momento sentía que no solo había perdido a mi marido, estaba perdiendo toda la vida que estaba imaginando para mis hijos.

Luis Daniel llegó una hora después que yo. Cuando escuché la llave, corrí a la habitación y me senté en la cama, fingiendo tranquilidad mientras me limaba las uñas.

–Hola… –dijo seco. Sin cariño. Sin sonrisa. Como si ya no sintiera nada por mí.

–Hola –respondí intentando la misma frialdad.

–Tengo que hablar contigo.

–Quiero el divorcio –dije antes de que agregara algo más.

Se quedó inmóvil.

–¿Qué?

–Lo que escuchaste.

–¿Por qué? –tuvo la desfachatez de preguntarme.

Lo miré. Cinco años de matrimonio y ni siquiera tuvo la decencia de hacer una mejor pregunta.

–Porque sí. Ya no hay nada aquí –señalé el espacio entre los dos–. Nada.

Guardó silencio unos segundos.

–Bueno… si ya no me quieres, está bien. El amor no se puede obligar.

Tuve que apretar la lima entre los dedos para no lanzársela a la cara.

¡El colmo del descaro!

Si aquello era lo que necesitaba para dormir tranquilo, se lo concedería. No pensaba darle la satisfacción de saber cuánto me estaba destrozando, tragué el nudo de mi garganta y le dije:

–Bien. Mi abogado llamará al tuyo. ¿Todavía es Linares?

–¿Eh? Sí… sí, es Linares.

–Perfecto.

Respiré profundamente antes de hacer la siguiente pregunta.

–¿Quién se va de la habitación? ¿Tú o yo?

–Quédate aquí. Me voy yo –respondió con una condescendencia que casi me hizo reír.

Casi, porque las lágrimas luchaban por brotar de mis ojos.

–Vale. Buenas noches.

Me acosté dándole la espalda.

Y solo cuando escuché la puerta cerrarse, dejé que una lágrima se deslizara por mi mejilla.

Él acababa de perder a su esposa y yo acababa de perder al hombre que creía amar para siempre.

Y solo yo sabía que, dentro de mí, había dos pequeñas vidas que también acababan de perder a su padre.

Y así se terminaron 5 años de matrimonio…

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Comments (8)
goodnovel comment avatar
white08verdun
​¡Qué cinismo después de cinco años de matrimonio, con ganas de tirarle la lima a la cara por semejante descaro!
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Fernanda Alvarado Luna
​Me encanta la mezcla entre romance de oficina, matrimonio por contrato y drama familiar. ¡A empezar a leer!
goodnovel comment avatar
Fernanda Alvarado Luna
​¡La idea del cartel de la niña buscando papá me pareció súper tierna e ingeniosa! Directo a mi biblioteca
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