LOGINCAPÍTULO 2
NARRADOR
7 años después…
–Maya –dijo por teléfono Eugenia, su mejor amiga durante los últimos años, prácticamente desde el día que llegó a Miami porque la conoció en el avión donde viajó.
–Qué raro tú llamando a esta hora. ¿No fue tu jefe?
–El ogro está en una reunión, pero, aunque lo tuviera al lado tenía que llamarte.
–¿Qué pasó?
–¿Le abriste un Inst4gr4m a la niña?
–Por supuesto que no.
–Entonces te paso el enlace –dijo Eugenia. Lo recibió, lo abrió y se encontró con una publicación:
¡AVISO!
BUSCO PAPÁ PARA MI HERMANITO
REQUISITOS:
Saber patinar.
Saber manejar bicicleta.
Jugar con un balón.
Tener tiempo libre para salir de paseo los domingos.
Debe llevarlo y buscarlo en el colegio todos los días.
QUÉ OFREZCO:
Comidas (Mi mamá cocina rico)
Ropa limpia (Mi mamá lava todos los días)
Torta de chocolate y galletas de mantequilla (Esto lo hago yo, es mi especialidad)
Interesados responder este aviso.
La publicación tenía 23 corazones y 17 comentarios, así que leyó algunos:
Uno le preguntó cuánto pagaba y ella respondió: “Es un acto humanitario”.
Otro quiso saber la edad de la madre y ella señaló: “Eso no es relevante”.
Uno más quiso saber por su padre real y ella dijo: “No lo conocemos”.
Aurora_Ort_julio (Era su nombre, primeras 3 letras de su apellido y el mes en que nació)
“Pero… ¿Por qué mi hija hizo eso? ¿Necesitan un papá? ¿No he sido suficiente?” –se preguntaba con el corazón estrujado.
No veía la hora que llegara del colegio para hacerle un interrogatorio tipo sospechosa de asesinato.
***
Llevaba cuatro años y medio en su trabajo, antes cuidó niños, ancianos y atendió mesas hasta que un cliente comentó que buscaban asistente administrativo en esa empresa y ella se metió en la conversación ofreciendo sus servicios y anunciando su título de administración de negocios, carrera que inició recién casada porque se lo había prometido a sus padres y a ella misma, aun cuando Luis Daniel le decía que no era necesario.
En fin, allí le permiten tener a los niños luego de su colegio, son muy bien portados y es solo un par de horas cada día.
Su trabajo es demandante, pero no se queja, excepto del tiempo estancada, ya que su supervisora no la asciende porque la superaría fácilmente, ella hace todo, pero quien recibe los elogios es Fabiana Jhonson, su jefa inmediata y Maya se aguanta porque le permite lo de los niños.
Eran las 3.30 pm cuando recibió a sus mellizos en la entrada, luego de abrazarlos y besarlos los llevó al rincón de la oficina donde se dedican a hacer sus deberes hasta la hora de salida.
–Maya, reunión urgente –dijo su jefa de pronto.
–Voy –respondió sin poder iniciar el reclamo que tenía para su hija en la punta de la lengua.
***
Fabricio Sotomayor estaba concentrado en un documento cuando escuchó unos suaves toques en la puerta. Frunció el ceño. A esa hora no esperaba visitas. Cecilia, su secretaria, una mujer mayor a quien le habían recomendado por su amplio conocimiento de la empresa, conocía perfectamente sus horarios y, sobre todo, sabía que no debía interrumpirlo cuando estaba revisando contratos.
–Adelante –dijo sin apartar la mirada del documento.
La puerta se abrió apenas unos centímetros, pero no entró nadie.
Fabricio finalmente despegó los ojos del documento y miró hacia la puerta desde el piso. Primero vio unos pequeños zapatos, después, dos piernas delgadas, un uniforme escolar y por último una cabecita. Era una niña, de unos siete años.
Tenía el cabello cuidadosamente peinado, aunque algunos mechones habían escapado de la coleta, con unos ojos enormes que lo observaban mostrando una seguridad que no correspondía a su diminuto tamaño.
Fabricio parpadeó.
La niña sonrió y dijo:
–Hola. ¿Le puedo hacer tres preguntas?
Fabricio miró hacia el documento y después volvió sus ojos hacia la niña.
–No. Estoy ocupado.
La niña no pareció rendirse.
–Será rápido.
–He dicho que no.
Aurora permaneció allí, con una mano todavía apoyada en el borde de la puerta.
–¿Quién te trajo?
–Mi mamita.
Fabricio cerró los ojos un segundo. Por supuesto. Alguna empleada había llevado a su hija a la empresa. Aquello era exactamente lo que detestaba.
–¿Cómo se llama tu mamá?
La niña ladeó la cabeza y preguntó de vuelta:
–¿La va a regañar?
–Depende de quién sea y su motivo para que estés aquí.
Los ojos de la pequeña se abrieron todavía más.
–Entonces no.
Fabricio dejó el documento sobre el escritorio.
–¿No qué?
–No le digo quién es.
Por primera vez en aquella conversación, Fabricio estuvo a punto de sonreír. Solo… a punto, no obstante, señaló:
–Este no es lugar para niños.
La niña miró alrededor. Observó el enorme escritorio, los ventanales, los muebles oscuros y finalmente volvió a mirarlo.
–Sí, ya me di cuenta.
Aquella respuesta consiguió que Fabricio levantara una ceja.
–¿Y entonces por qué estás aquí?
La niña abrió la boca para responder, pero pareció cambiar de opinión.
–Adiós.
Y antes de que pudiera detenerla, cerró la puerta.
Fabricio, al principio se quedó inmóvil. Aquello había sido... extraño. Muy extraño. Se levantó de inmediato y salió al pasillo. Miró hacia un lado, no vio a nadie. Hacia el otro y nada, tampoco. La niña había desaparecido.
–¿Señor Sotomayor? –Cecilia, su secretaria, venía llegando a su puesto con una carpeta entre las manos y llamó su atención al verlo en el pasillo mirando a todos lados.
–¿Vio a una niña por aquí?
Ella lo miró confundida.
–¿Una niña?
–Sí. Pequeña. Cabello... –Se detuvo. Ni siquiera sabía describirla.
–¿Qué hacía aquí? –quiso saber Cecilia.
–Entró a mi oficina.
Cecilia abrió mucho los ojos.
–¿Sola?
–Al parecer –respondió Fabricio y volvió a mirar el pasillo–. ¿Está segura de que no la vio?
–No, señor.
–Si aparece, avíseme inmediatamente.
Cecilia asintió, todavía desconcertada. Fabricio regresó a su despacho, cerró la puerta. Volvió a sentarse, tomó el documento que estaba revisando, leyó la primera línea, pero no entendió absolutamente nada. Entonces dejó escapar un suspiro de frustración.
“¿Quién era esa niña? –pensó–. Y, sobre todo... ¿Por qué demonios había ido a su oficina a hacerle preguntas?”
Él estaba acostumbrado a que los adultos le muestren respeto o incluso miedo, pero esa niña simplemente entró, le hizo una pregunta, recibió un “no” y se marchó como si él fuera cualquier persona.
Frunció el ceño profundamente. No sabía que afuera su secretaria le escribía a una mujer:
–Maya ¿Tu niña está contigo?
–Sí, aquí está. ¿Por qué?
–¿Ha salido?
–Sí, al baño. ¿Por qué?
–El gran jefe me preguntó si había visto una niña. Tal vez subió hasta aquí. No le dejes subir a este piso, por favor.
–Ay no, qué horror, de acuerdo, gracias.
En su oficina Maya le preguntaba a su hija:
–Aurora, ¿fuiste al último piso?
–Solo un ratito.
–No vuelvas a hacerlo.
–¿Por qué?
–Porque allí está el jefe de todo el edificio y no debemos molestarlo.
–¿Es el jefe de todo el edificio?
–Sí –respondió Maya sin saber que solo había despertado al monstruo.
CAPÍTULO 62Esa misma tarde, Genoveva recibió un mensaje de una conocida que había escuchado sobre los comentarios que había hecho durante el desayuno.Conocida: ¿Sabes algo más sobre Maya Ortega? Me dijeron que Fabricio ya anunció que se casará con ella y que es solo una simple analista en la empresa.Genoveva leyó el mensaje dos veces y sonrió. Ese primer rumor ya estaba circulando, un poquito desviado, pero igual servía, solo agregaría algo, pero respondería sin ponerse en evidencia:Genoveva: No sé mucho más que los demás, aunque te aclaro que ya la boda se efectuó, ahora mismo está de luna de miel en un lugar paradisíaco que ella le exigió. Solo puedo agregar que resulta extraño cuando una persona entra tan rápido en una familia como la de los Sotomayor. Es normal que la gente se pregunte qué hay detrás y cuáles son sus verdaderas intenciones. Yo que los conozco desde niña, estoy realmente preocupada.Envió el mensaje y dejó el teléfono sobre la mesa. Para ella, aquello era apena
CAPÍTULO 61Finalmente, le dijo con mucha frialdad: –Escúchame con atención Genoveva si decides hablar de Maya tan abiertamente, es asunto tuyo, no me menciones, no se te ocurra sugerir que actúas por petición mía y lo más importante no me relaciones con ninguna acusación que hagas contra ella, ¿entendiste bien?Al otro lado de la línea el rostro de Genoveva se transformó… –¿Me estás hablando en serio? –Absolutamente. –Pero tú misma me dijiste que ese matrimonio podía tener consecuencias para Fabricio. –Y las tendrá, pero eso es en caso de que las decisiones de mi hermano afecten realmente a la empresa. Eso es muy diferente de involucrarme en tus disputas personales. –Esto no es una disputa personal Isabella –replicó sintiendo que el orgullo le ardía en las venas–. Maya se está metiendo en un lugar que no le corresponde. –Ese es tu punto de vista. –Entonces, ¿cuál es el tuyo? –M
CAPÍTULO 60En la soledad de su oficina, Isabella restregaba sus manos, a pesar de repetirse que debía ser paciente, esperaba ansiosa por los resultados inmediatos de su acción. En ese momento su teléfono vibró y un mensaje de Genoveva apareció en la pantalla.GENOVEVA: ¿Has conseguido algo? Necesito saber si Fabricio empezó a tener problemas. Maya podría sentirse demasiado cómoda en su nueva posición.Isabella leyó el mensaje tomándose un tiempo para responder, cerró los ojos y respiró profundo porque Genoveva creía que ambas perseguían el mismo objetivo. Pensaba que ella quería apartar a Maya de su hermano para que ella recuperara el lugar que, supuestamente, le correspondía en la vida de Fabricio.Era una interpretación bastante conveniente para sus planes. Por eso, mientras Genoveva siguiera creyéndola, no tendría motivos para preguntarse por qué le estaba dedicando tanta atención a los asuntos corporativos de su hermano. Finalmente, le escribió:ISABELLA: Estoy trabajando en ello
CAPÍTULO 59Rivas se había mantenido atento a las palabras de Isabella, sin embargo, observó: –Fabricio es un buen negociador. No suele tomar decisiones de esta magnitud sin evaluar las consecuencias. –Estoy totalmente de acuerdo –respondió Isabella rápidamente–. Y precisamente porque confío en su capacidad, creo que debemos asegurarnos de que cuente con una revisión completa y con el respaldo institucional correspondiente. –¿Estás proponiendo que detengamos la negociación hasta que hagamos esa revisión? –Lo que propongo es que no confundamos la necesidad de avanzar con la obligación de aprobar de inmediato. Si la propuesta es tan sólida como parece, una revisión rigurosa debería fortalecerla, no perjudicarla -señaló de tal manera que Salcedo asintió.Su argumento era bastante razonable. Incluso necesario, desde la perspectiva de una junta encargada de proteger los intereses de una compañía como esa.Isabella sabía que aquel era su mayor
CAPÍTULO 58Y definitivamente, no explicaba por qué Maya deseaba conservar aquella imagen en la memoria. Quizá porque empezaba a comprender que una familia no siempre nacía de una promesa solemne. A veces comenzaba con una caja vacía, una adivinanza absurda y un avión de papel que no conseguía volar demasiado lejos.Y a veces, sin que nadie lo decidiera en voz alta, las personas dejaban de cumplir un acuerdo para empezar a elegirse. Maya abandonó sus reflexiones y se sentó junto a ellos. Entonces Fabricio le entregó una hoja de papel, al tiempo que le explicaba: –Necesitamos otra ingeniería porque Aurora ha decidido que mi diseño es demasiado complicado y Rodrigo insiste en que debemos construir una torre de control aparte de la pista de aterrizaje.–Los dos tienen razón -señaló Maya, apoyando a sus hijos.–Traidora –murmuró Fabricio haciendo reír a los niños.Y Fabricio, sin mirar una sola vez hacia el teléfono que había dejado en otra habitación, se inclinó sobre el pape
CAPÍTULO 57Quería que el desayuno siguiente fuera igual de ameno. Que Rodrigo volviera a buscarlo para pedirle ayuda y que Aurora pudiera contar con él sin tener que buscar toda una estrategia para conseguir su atención.Pero lo que realmente le preocupaba era que su corazón comenzara a tratar como permanente algo que ambos habían acordado que tenía fecha de vencimiento. –Me preocupa que olvidemos por qué empezamos esto –admitió finalmente. –¿Tú crees que lo he olvidado? –indagó Fabricio luego de guardar silencio unos segundos. –No lo sé, pero a veces pienso que estamos haciendo algo que no estaba establecido en el acuerdo. –Tengo memorizado ese acuerdo y sé que fue muy claro: Doce meses de duración. Al final, libertad absoluta para decidir si sigue o no. No contempla posibilidad de enamorarse, no hay exigencias de exclusividad emocional, tampoco promesa alguna de que esto pudiera convertirse en algo permanente. Ambos aceptamos esas con







