FAZER LOGIN-Un dolor de cabeza insoportable hace que despierte, miro el reloj en la mesita de noche, no podía creer que había dormido bastante siendo casi medio día ya, tomo mi celular el cual estaba apagado desde de anoche, al prenderlo pude ver algunas llamadas de mi colega de turno el Medico Rober, no preste mucha importancia, y me dirigí a darme un buen baño con agua caliente pues lo necesitaba.
después de un rato ya cambiada prepare un poco de comida pues el estomago no me estaba dando tregua, me pedía a gritos alimento opte por algo sencillo una ensalada de verduras, me encontraba sentada degustando mi rico plato, cuando recibí una llamada susam había quedado un poco preocupada por mi estado ayer. - oye enserio te vas a encerrar todo el día, hoy no es un día cualquiera es Navidad Ana, yo guarde silencio la verdad no me acordaba que hoy era ya 25 de diciembre, le conteste educadamente que no tenia trabajo hoy, que era obvio que estuviera en casa donde mas, la escucho llamarme por mi nombre completo. - Mira Ana Paula Beltrán necesito que te pares de donde estés te alistes por que en media hora paso por ti y no quiero objeciones, antes de poder decir algo colgó la llamada le iba reclamar pues odiaba que me llamara por mi nombre completo, unas de mis decisiones al cambiar mi vida fue que solo podían llamarme Ana solo los mas cercanos sabían mi nombre completo y susam era una de ellas, termine de comer y me dirigí a alistarme opte por algo bien abrigado pues el clima estaba muy helado afuera, mientras esperaba que susam me recogiera, me acorde que el doctor me estuvo llamando, a lo cual decidido devolver la llamada, para mi sorpresa era para informarme que mi paciente de 8 años lucia había sido retirada del hospital bajo la responsabilidad de su padre, firmando un alta voluntaria, yo le agradezco al Doctor por haberme querido avisar ayer, al colgar la llamada solo puedo pensar en el padre la lucia una vez mas desordenaba mis pensamientos. susam al fin llega y nos dirigimos hacia el centro comercial donde debía acompañarla a comprar regalos para sus dos sobrinos, le reprocho pues siempre dejando todo pa lo ultimo, me entretengo viendo una pareja de novios eran joven por su aspecto, se demuestran mucho amor, pude imaginarme por un momento así con Luis, susam me llama y entro a un local donde ella estaba, no podía decidirse así que me llamo para que la ayudara a escogerlos al fin salimos de allí, pasando por una tienda de muñecas vi una en particular se parecía mucho a mi paciente lucia, tuve el impulso de comprarla no entendía por que pero lo hice, susam me miraba intrigada pero yo evite responder sus dudas, salimos de allí del centro comercial ya de camino susam me indica que hoy voy a pasar navidad en su casa son sus padres y sus hermanas y sus sobrinas, intente zafarme de aquella invitación pero a susam los No puedo, no le importaban, me dejó en mi apartamento asi que me apresure a alistarme, escogí un vestido color negro con destellos el cual me quedaba pegado al cuerpo resaltando mi silueta, tenia un escote en la espalda,así que opte por un peinado alto con el cabello recogido. siendo las 19+00 PM tomo mi abrigo y salgo de mi apartamento al llegar a recepción pido que me llamen un taxi, ya de camino a casa de mi amiga, solo puedo pensar que ella intentaba que en fechas importantes yo nunca estuviera sola, pues ella decía que ya mi etapa de sufrir sola debía haber terminado, al llegar a la entrada de la casa de susam mi teléfono suena insistentemente, es del hospital lo pienso dos veces para contestar pero al fin lo respondo, era la jefe Nancy informándome que la abuela de Lucia Domínguez estaba llamando para informar que la niña tenia temperatura y que no se la podían bajar, a lo que le respondo a la jefe que le informe que la trasladen al hospital de inmediato, pero la jefe me comunica que la señora se encuentra sola con la niña y el conductor de la familia había tenido permiso para pasar fiesta con su familia, en un impulso de ayudar a esa niña le digo a la jefe Nancy que me proporcione la dirección de la residencia de la familia Domínguez ya que en los registros de ingreso quedan guardados, la jefe me la envía en un mensaje de texto, yo sin aun salir del taxi le indico al taxista que me lleve a esa dirección, el taxista me indica que es a las afueras de la ciudad a lo que yo le indico que no importa, que por favor me lleve lo mas pronto posible. - En la mansión Domínguez la abuela de Lucia, llamaba insistentemente a Alejandro el cual no respondía pues las comunicación precisamente hoy estaban un poco colapsadas y el había salido temprano a recoger a su Padre al aeropuerto pues regresaba hoy para estar con su nieta y al no contar con su conductor en ese momento, Alejandro opto por ir personalmente, en un intento desesperado doña Teresa llama al hospital donde le informan que es necesario que traslade a Lucia al hospital pero ella les explica no tiene como hacerlo, a lo que la jefe que le atendió la llamada le indica que la Doctora que la opero se encontraba por ese mismo sector y que ya se dirigía hacia la residencia, la abuela de Lucia soltó un suspiro y agradeció y colgó la llamada, para poder seguir insistiéndole a su hijo.El taxista me indica que ya estamos cerca, yo solo puedo rezar para que la herida de Lucia no se halla infectado y a causa de eso tuviera calentura, por fin llegamos el recorrido se me hizo bastante rápido, le pago al taxista y le agradezco el servicio, me dirigió a timbrar, al instante aparece un joven y pregunta que necesito, le explico que soy la doctora Ana y que vengo a ver a niña Lucia ya que se encuentra enferma, tal vez ya le había informado sobre mi llegada pues me abrió paso guiándome hasta la entrada de la casa, al ver la imponente residencia podía aceptar que tal vez susam nunca exagero al decir que esta familia era extremadamente rica. toco la puerta y una anciana me abre la puerta y con los ojos un poco asustados me dirigió directamente a la habitación de la niña, donde encuentro a su abuela llorando al pie de ella, yo tiro de mi bolso y abrigo y corro hacia l a cama, al verla me doy cuenta que esta sudorosa por la temperatura, procedo a pedir el termómetro el cual refleja temperatura de 40°, reviso su herida pero la veo bien así que podría ser otra la causa de la calentura. Le indico a la anciana que me abrió la puerta, que prepare la tina con agua fría, ella me mira confundida pero la señora Teresa le indica que lo haga, yo empiezo a desvestir a lucia y dejar en solo una bata delgada, procedo a retirarme los tacones y quedar mas cómoda para poder alzar a Lucia en mis brazos y así me dirijo con ella hacia el baño y recostándola encima de mi pecho ingreso a la tina con ella, al tener contacto con el agua fría ella empieza a llorar y temblar, la abrazo y empiezo a cantarle al oído una canción de cuna, la misma que le cantaba a mi hermana cuando estaba pequeña para que se calmara cuando lloraba, así logre calmar a Lucia y se relajo y mirándome a los ojos me dice -me vas a salvar de nuevo,! sentí un nudo en la garganta, y le di un beso en la cabecita y la abrase duro, le explique que debíamos permanecer unos minutos mas en el agua y eso ayudaría bajar la temperatura que tenia ella asintió y sigo recostada en mi pecho.Isabela seguía de pie frente a la ventana, observando cómo la tarde se teñía de naranja. Había ordenado a Mario que investigara quiénes eran los más cercanos a Ana; necesitaba saber con quién debía empezar si quería apartarla de su camino. —Ya tengo lo que pediste —dijo finalmente Mario, con voz contenida—. Quienes visitaron a Ana en el hospital fueron Susan, que estuvo casi todos los días, Carlos también… y Alberto, tu padrastro, estuvo yendo a verla. Isabela se giró bruscamente. —¿Alberto? Mario asintió, mostrando el reporte de visitas. Isabela llevaba horas caminando por el departamento, tratando de ordenar sus pensamientos. Alberto siempre había sido un hombre reservado, casi distante, pero correcto en su papel de padrastro. Nunca había mostrado interés emocional por nadie, mucho menos por alguien que apenas conocía. “¿Desde cuándo te importa tanto alguien que no sea yo?”, murmuró con un dejo de celos que la irritó aún más. Se dejó caer en el sofá, cruzando las piernas con im
Los días siguientes marcaron una recuperación asombrosa para Ana. Su cuerpo respondía bien al tratamiento, y el bebé que llevaba dentro estaba a salvo, creciendo fuerte. La esperanza comenzaba a florecer en medio de la fragilidad.Ana recibía visitas constantes de sus seres más cercanos. Susan no se alejaba por mucho tiempo, y Alejandro permanecía a su lado siempre que podía. Pero había algo que Ana no dejaba de notar: el socio de Alejandro, Alberto, aparecía con frecuencia. Su rostro mostraba una preocupación profunda, casi personal. Y eso la intrigaba.Deseaba salir del hospital pronto. No solo para recuperar su vida, sino para aclarar ciertas dudas que empezaban a inquietarla. Especialmente sobre Alberto.Una tarde, mientras descansaba en la camilla de su habitación privada, escuchó voces detrás de la puerta. Era el médico hablando con Alejandro.—Ya está lista para el alta —decía el doctor—. Solo debe continuar con las vitaminas y evitar cualquier actividad que requiera esfuerzo f
Carlos, Alberto y Susan seguían de cerca la ambulancia que trasladaba a Ana. El silencio en el auto era denso, solo interrumpido por el sonido del motor y el latido acelerado de sus corazones.Carlos no soltaba la mano de Susan. La miró con ternura y preocupación.—Eres valiente, Susan. Pero por favor… no lo vuelvas a hacer. No podría resistir si algo te pasara.Susan bajó la mirada. Alberto, desde el asiento trasero, le puso una mano en el hombro.—Gracias por lo que hiciste por mi hija. Nunca olvidaré este sacrificio.Susan asintió. Con voz baja, respondió:—Ana es muy importante para mí. Más que una amiga… es mi hermana. Sé cuánto sufrió en su infancia. Yo prometí estar siempre ahí para ella.Miró a Carlos, que conducía con el rostro tenso, y luego a Alberto, que la observaba con respeto.—Lo volvería a hacer mil veces por ella.Se recostó en el asiento. Las lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas. Solo deseaba que no hubiera sido demasiado tarde. Que Ana y su bebé estuvieran b
Desde el otro lado de la ciudad, Mario recibía instrucciones precisas. Debía comunicarse con Alejandro y pedir un rescate. La idea era hacerle creer que se trataba de un intercambio: dinero por Ana. Pero la verdad era mucho más oscura. Quien estaba detrás de la llamada no tenía intención de devolverla. Ana no debía regresar.Mario aceptó. Tomó un teléfono con una SIM nueva, sin registrar, y se dirigió al parque cercano al hospital donde Ana trabajaba. Si intentaban rastrearlo, se llevarían una sorpresa.Después de dos timbrazos, Alejandro contestó.—¿Hola?Mario, con un pañuelo cubriendo su boca para distorsionar la voz, respondió con tono frío:—Cinco millones de dólares. En efectivo. Eso a cambio de que tu mujersita siga con vida. Si quieres volver a verla, ya sabes lo que tienes que hacer.Alejandro sintió que el mundo se detenía. Los oficiales a su alrededor le hacían señas para que mantuviera la llamada activa unos minutos más. Necesitaban rastrear la señal.—Quiero pruebas —exig
El silencio se apoderó de la sala de reuniones. Alejandro, de pie junto a la mesa, dejó caer el celular de sus manos como si el mundo acabara de romperse frente a él. Los ejecutivos presentes lo miraban con desconcierto, sin entender qué ocurría.Richard, su asistente, se levantó de inmediato.—¿Señor Alejandro? ¿Se encuentra bien?Pero Alejandro no respondía. Había entrado en un trance. Las voces a su alrededor eran ecos lejanos. Su mente se había desconectado, atrapada en una imagen: Ana, en peligro.Una voz más fuerte lo sacó de ese estado. Era Alberto, que también estaba presente en la reunión. Al ver el rostro desencajado de Alejandro, se acercó con preocupación.—¿Qué pasa?Alejandro lo miró con los ojos llenos de lágrimas.—Secuestraron a Ana.De inmediato se incorporó, tomó el celular de las manos de Richard y marcó el número de Ana. Pero el teléfono sonaba apagado. Pensó en Susan. Ana había dicho que se vería con ella. ¿Y si también la habían raptado?Sin tener el número de S
La noche de la gala empresarial llegó con elegancia y expectativas. Aunque Alejandro deseaba que Ana lo acompañara, entendía que no podía. El cabestrillo en su brazo la hacía sentir incómoda, y prefería evitar miradas innecesarias. Aun así, antes de que él saliera, Ana lo despidió en la puerta de la mansión con un beso largo, profundo, lleno de amor y complicidad.—Te amo —le susurró, con la voz cargada de emoción.—Y yo a ti —respondió Alejandro, acariciando su mejilla—. Volveré pronto.Al llegar al Club Campestre Los Lagos, Alejandro fue recibido por luces cálidas, música instrumental y un ambiente de lujo discreto. Caminó entre empresarios y socios, saludando con cortesía, pero sin dejar de pensar en Ana.Desde el otro extremo del salón, Alberto Durán lo percibió. Se acercó con paso firme, vestido con un traje impecable, y lo saludó con una sonrisa contenida.—Alejandro, me alegra que hayas venido. ¿Y Ana? —preguntó, intentando sonar casual, aunque sus ojos revelaban inquietud.Alej







