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Author: Maia Levone
last update Petsa ng paglalathala: 2026-08-18 02:54:33

Alice

Era la quinta noche que me reunía con Stefan en el claro del bosque.

Sentí que, por primera vez, la vida me estaba dando algo de la felicidad que me había arrebatado tras la muerte de mi padre en esa horrible guerra contra los vampiros.

Me sentía dichosa, así que por eso le hice un picnic a mi mate para alimentarlo como mandaban las tradiciones. Cuando él llegó esa noche, se notaba tenso, pero una vez vio la sorpresa que le tenía preparada, simplemente sonrió y se entregó al momento.

—Eres un encanto y eres mía —dijo antes de cargarme y girarme con dulzura.

En eso se resumían nuestras reuniones: en encontrarnos, hacer el amor y luego dejar a nuestras bestias libres para que jugaran con toda la energía de la vida. Era divertido, pero yo quería poder hablar con él de lo que iba a pasar con nosotros.

Necesitaba decirle quién era.

—Necesito que hablemos de algo…

Stefan no me dejó terminar y me puso un dedo en los labios.

—No quiero que hablemos de nada; en este momento lo que quiero es pasar unos días de absoluta paz antes del entierro de mi padre —dijo con tacto y me dio una suave caricia en la mejilla para apaciguarme. Asentí porque respetaba su luto—. Solo quiero que seas mía sin importar el resto; mantengamos esto en privado hasta ese día. Júralo, Alice.

—Lo juro, no diré nada hasta que tú lo hagas.

Con eso me besó y pasamos una velada hermosa en la que simplemente fuimos uno solo.

Pero una parte de mí se sentía ansiosa porque aún no me había reclamado y Selene, mi loba, también se sentía así.

Siento que algo no va bien, Dilon está molesto por algo y no me quiere decir todavía, dijo Selene mientras llegábamos a casa.

A la mañana siguiente me levanté contenta; había pasado unos días sobre las nubes, pero tenía que comer, así que debía ir al mercado.

Me preparé y me di cuenta de que me sentía muy bien, lo suficiente para no sentir tanto frío, por lo que decidí ir más cómoda y ligera de ropa. Cuando estaba saliendo de casa, Bianca llegó con una canasta de frutas.

—Esta es una ofrenda de paz —dijo ella con vergüenza por haberme dejado sola esos días—. No había podido venir antes porque me han necesitado para organizar el funeral del Alfa y su entierro, pero he venido a traerte algo que te gustará.

Cuando Bianca se acercó, me olió con profundidad, luego me vio con sorpresa y soltó todo lo que traía en la mano. Luego me abrazó con mucho cariño, lo que me hizo sonreír.

—¿Lograste cambiar? ¿Tienes a tu loba?

—Tengo a mi loba —respondí feliz y ella comenzó a pegar brinquitos contagiosos.

Era increíble; entonces su hermano Teo apareció y se unió al abrazo colectivo con facilidad.

—No sé qué celebramos, pero me uno —dijo él con una gran sonrisa.

—Huélela —le indicó Bianca con entusiasmo—. Dime qué notas.

Teo aspiró con fuerza y luego, de una forma que jamás esperé, sus pupilas se dilataron por completo y me vio con una expresión de completa sorpresa.

—Eres una Omega, Alice —dijo él y luego frunció el ceño mientras seguías aspirando—. Y hueles a alguien más.”

Bianca comenzó a oler y luego frunció el ceño.

—Ese otro olor lo conozco, pero está muy diluido por el baño de agua caliente que te diste; sin embargo, no te han marcado —musitó con sorpresa—. ¿Te has enredado con alguien, Alice?

Teo alzó las cejas y yo me puse roja como un tomate.

Quería decirles lo que pasaba, pero no podía hasta que Stefan lo hiciera público. Así que me eché a reír y no les respondí. Metí la canasta con fruta adentro de la cabaña con rapidez, y luego caminé como si no hubiesen dicho nada.

Teo me tomó de la mano y me miró con seriedad.

—¿Alguien te hizo daño? —preguntó con suavidad y negué.

Él me soltó, pero su expresión seria se marcó en su cara.

Bianca se acercó a mí y me tomó del brazo.

—Mejor vamos al mercado, creo que es allá hacia donde vas, ¿no?

—Sí, vamos al mercado, tengo cosas que comprar.

La tensión se sintió un poco, pero Bianca lo disuadió con su humor.

Lo novedoso fue ver cómo muchas de las personas que me miraban mal tenían curiosidad en sus ojos. No les tomé importancia e hice mi compra. Para cuando salimos, vimos que varios autos pasaron con dirección a la casa del Alfa, pero el último auto se detuvo y de él bajó una despampanante pelirroja que miró a todos con cierta soberbia antes de entrar a pedir algo en uno de los restaurantes del pueblo.

—¿Es ella la prometida del Alfa? —le preguntó Bianca de manera inocente a Teo y yo los miré con sorpresa.

—¿De qué prometida hablan? —pregunté con cuidado.

—El nuevo Alfa tiene una prometida desde hace un par de años —dijo Teo y yo sentí que mi corazón se hizo trizas—.   Le prometió a uno de los viejos Alfas que lo entrenaron que se casaría con su hija primogénita y la convertiría en su Luna. Ella es Circe, una de las guerreras más importantes de la ciudad principal de la manada del Este y será nuestra futura Luna. El Alfa Stefan la estuvo esperando para comenzar con la ceremonia.

Ellos no se dieron cuenta de mi estado.

La única que sintió el dolor fue Selene, quien aulló de rabia dentro de mí y luego se escondió con prisa cuando se dio cuenta de que yo no iba a ir a retar a la mujer.

—Es tan triste cómo se ha perdido la costumbre de legitimar a tu mate —murmuró Bianca con cierta pena—. En otra época, un hombre jamás accedería al matrimonio si no fuese con su mate.

—Estamos en una época difícil para preservar la continuación de la especie y el legado de la misma —expuso Teo con paciencia—. Se decidió que, si un hombre lobo consigue a su mate luego de casarse, ella pasará a ser una concubina formal y todos deberán respetar eso.

Me pareció la peor de todas las reglas del mundo, pero no dije nada.

Ellos siguieron hablando de los beneficios y despropósitos de esa regla del Consejo mientras mi corazón se partía a pedazos. Finalmente, a Teo lo llamaron y Bianca fue a terminar con lo que sea que estaba haciendo.

Cuando entré en la cabaña, yo solo quise morirme de celos.

Esa noche fui por impulso a enfrentar a Stefan y él, al ver mi cara, supo exactamente lo que me pasaba, así que dijo con firmeza:

—Eres mi mate y no puedes ser una mujer insegura. Confórmate con saber que es solo un trato que voy a romperlo cuando llegue el momento, así que deja de pensar tonterías y mejor sé mía.

No me dio tiempo a nada más, simplemente me besó y me refugié en el hecho de que éramos mates y que él iba a respetar eso. Confiaba en que haría lo correcto.

Dos días después me di cuenta de que no era así.

El difunto Alfa al fin fue velado en la plaza pública y todos fuimos a dar nuestros respetos.

Lastimosamente, no pude acercarme a Stefan por la aglomeración de personas, pero pude dejar las flores que al Alfa le gustaba oler porque le recordaban a su antigua Luna. Así que me uní a los rezos y cánticos que hacíamos a la Diosa para que el alma del antiguo Alfa ascendiera a su seno y encontrara la paz.

Luego fuimos a llevar el cuerpo del Alfa para que fuera enterrado en la cripta familiar.

Todos los grupos se reunieron para rendirle un homenaje final. Cada grupo fue pasando de rango en rango; los primeros que entraron fueron los Betas, luego los Deltas y finalmente el grupo de Omegas.

Fue justo en ese momento que me acerqué para entrar con todos, pero la jefa de las Omegas se acercó a mí con rabia.

—¿Qué es lo que crees que estás haciendo?

—Tengo a mi loba y soy una Omega, me he venido a unir al grupo —dije con total calma y naturalidad.

Eso hizo que el resto de lobos escuchase y comenzaran a olfatearme.

Algunos se asombraron, otros estaban escépticos y otros, como la jefe de las Omegas, simplemente ardían en rabia.

—No eres una Omega pura, así que tú no entras en este grupo —espetó ella con amargura.

—Pero es que…

—¡Es que nada! No seas insolente, mestiza, ¿cómo osas atreverte a considerarte de un grupo si tienes la sangre contaminada de esos asquerosos humanos? —cuestionó ella justo en el momento en el que un grupo de la Élite se acercó junto a Stefan a ver lo que pasaba.

—La jefa tiene razón, los mestizos no se integran a los grupos y menos la hija de una prostituta humana —espetó una de las chicas que me había incordiado hacía poco.

—¡No queremos mestizos! ¡No queremos mestizos! ¡No queremos mestizos! —gritaron el resto de Omegas en una especie de cántico y miré a mi mate en busca de ayuda.

Este se acercó a mí y me vio con una ira que me asustó.

—¿Eres una mestiza? —preguntó él con asco—. ¿Por qué no me dijiste que eras una mestiza?

—Te lo iba a decir, pero todo esto pasó y yo…

Él no me dejó de hablar, me lanzó al suelo con una mezquindad que me partió el alma y en ese momento Teo y Bianca quisieron acercarse, pero la Élite no los dejó.

—Eres una asquerosa mestiza —espetó Stefan y el reconocimiento al fin brilló en sus ojos—. Eres la mocosa de la que mi madre tuvo clemencia y no me lo dijiste.

—Eso no importa —dije con dolor—. Somos mates, estamos destinados el uno al otro.

Un jadeo colectivo se escuchó de fondo y una vena se le brotó a Stefan en la frente.

—No me dejas otra opción. Yo, Stefan Gray, Alfa de la Manada del Sur y líder de la Élite, te rechazo a ti, Alice Brown, como mi mate y Luna de esta manada —dijo y sentí un dolor horroroso subir a mi cabeza, mi loba comenzó a llorar y no podía sostenerme, por lo que me mantuve en el piso—. Quiero que todos los integrantes de la Manada del Sur lo sepan: en mi territorio no acepto mestizos, es contra natura. Las especies no deben, ni pueden mezclarse; hacer eso es sinónimo de destierro. Somos una raza superior y no podemos debilitarnos ligándonos con sucios humanos.

No pude decir nada, el shock no me dejó; entonces Stefan se arrodilló y me tomó del pelo con fuerza.

—Acepta el rechazo y no me hagas enojar —musitó de forma cruel.

—Yo, Alice Brown, acepto tu rechazo como mi mate —dije entre lágrimas y uno de los hilos que unía nuestro lazo se rompió.

Lo que quedaba de mi corazón se terminó de partir; todos comenzaron a alabarlo mientras otros me vieron con asco y él se alejó de mí como si yo fuera la peste.

Mis amigos se acercaron a socorrerme de inmediato.

—Me quiero morir —le dije a Bianca entre sollozos.

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