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Author: Maia Levone
last update publish date: 2026-08-18 02:32:16

Alice

¡Tonta! ¿Por qué lo dejaste ir? ¡Debiste enfrentar a esas mujeres despreciables y buscarlo!, gritó mi loba al fondo de mi mente con desespero.

Eso hizo que me detuviera a medio camino y por primera vez me di cuenta de que no solo no sentía frío, sino que había caminado mucho más rápido que de costumbre.

Su despertar había afectado mi cuerpo en cuestión de segundos.

—¡Esto es una locura!

Me sorprendía lo que los poderes sobrenaturales podían hacerle a un cuerpo, especialmente a uno de una mestiza débil.

Deja de pensar tonterías, ¡tienes que buscar a nuestro mate, niña tonta!, dijo la loba con molestia y sonreí por su mera existencia.

De entre todas las criaturas que pudieron tocarme, jamás pensé que me tocaría una loba atrevida y sin el sentido del tacto. Era muy contradictorio porque siempre creí que mientras más poderoso era un hombre lobo, su bestia sería más difícil de manejar y esta parecía ser indomable.

Eso no necesariamente era un buen augurio.

No podemos buscarlo ahora; aunque quisiera, ya no trabajo en la casa, no tengo el poder de enfrentar a nadie y ahora mismo no me dejarán entrar. Debemos buscarlo en el momento oportuno en el que nos podamos acercar, le dije para calmarla; escuché su gruñido de absoluta negativa y entonces el silencio fue absoluto.

Fue como si se hubiese ido a dormir luego de una rabieta.

La sensación era extrema y estaba feliz porque mi loba despertó, así que por fin haría mi cambio y la manada me aceptaría de alguna forma.

Lo mejor de todo era que había encontrado a mi mate y eso era fenomenal, tenía esperanza.

Por eso sonreí.

Llegué a casa y decidí asearme y ordenar las cosas.

Para mediodía me dolía todo el cuerpo y sentía que iba a explotar. Intenté hablar con mi loba, pero esta no respondía, así que respiré hondo y traté de que el malestar pasara sin conseguirlo. Era como si los síntomas que me habían molestado los días anteriores se hubiesen intensificado.

Cuando llegó la noche y la luna comenzó a entreverse, supe que tendría que salir de la casa o cambiaría ahí. Por eso, con algo de dolor, me coloqué capas de ropa y salí para ir al bosque.

Como pude, pasé desapercibida; sin embargo, me tuve que arrastrar hasta el claro del bosque y en ese momento sentí un cambio en el ambiente. Como nunca, las nubes se despejaron, la nevada se disolvió y la luna brilló en su máximo esplendor hasta que el dolor me atravesó todo el cuerpo.

En ese momento sentí que iba a morir.

—Al fin tu regalo ha despertado —dijo una voz que no lograba ubicar en medio del desastre—. Úsalo sabiamente y no olvides que no importan tus orígenes; lo que importa es quién eres.

Y como si de una especie de magnetismo se tratase, me puse a cuatro patas y miré a la luna por varios minutos en una especie de trance.

Sentí que un halo de luz impactó directamente hacia mí y ahí, en ese preciso momento, sentí que mi cuerpo se partía pedazo a pedazo para volver a reconstruirse. Perdí el control de mis extremidades; ya no era yo la que estaba al mando.

Mi loba despertó con energía. Para cuando me di cuenta, ella comenzó a aullar emocionada y se puso a correr como si no hubiera mañana.

Algo hizo clic entre las dos, como si la conexión hubiese terminado de calzar.

En ese momento me sentí libre y fui hasta la parte más honda del bosque, cacé, salté por doquier y fui al arroyo que estaba a nada de congelarse. Cuando miré el reflejo, me di cuenta de que fácilmente era una pequeña loba Omega, una de un color grisáceo precioso que podría mezclarse con los demás lobos de la manada.

Ese instante estaba tan feliz que no fui consciente de que otro lobo estaba cerca hasta que este brincó sobre mí, haciéndome caer panza arriba y gruñó mostrando sus fauces encima de mi cuello como forma de supremacía.

Mi corazón comenzó a latir desaforado, pero luego el olor me extasió por completo y mi loba se alegró demasiado. Sin dudarlo, ella controló nuestro cuerpo y comenzó a darle lametones cariñosos al colosal lobo rojizo y fue en este momento en el que el lobo respondió con igual intensidad.

Sentí el tirón de la atracción magnética y comprendí que era un momento sublime que estaba teniendo con Stefan, ya que nuestras bestias se estaban reconociendo. De repente me levanté y comenzamos a jugar, luego a correr y finalmente sentí un lazo vivo entre los dos.

En un punto de esos juegos, cambié a mi forma humana y él no dudó en hacerlo enseguida. Entonces miré a Stefan completamente desnudo, consciente de que el hombre era mi pareja predestinada, aquella persona con la que alcanzaría la máxima felicidad.

Sentí cómo su mirada no se perdía detalle alguno de mí.

—¿Quién eres? —preguntó con voz muy suave y me avergoncé por el efecto que tenía sobre mí—. Eres nueva cambiando, así vas a necesitar mucha práctica.

—Yo…

Mis palabras no salían, me sonrojé por completo y escuché las risas internas de mi loba; entonces fui consciente de mi desnudez, a tal punto de que me tapé y Stefan negó.

—No necesitas ser tímida —dijo y se agachó para mirarme de cerca; entonces me tomó con delicadeza de la barbilla—. Eres mía, conmigo te vas a mostrar tal cual eres.

Asentí y Stefan Gray, mi mate, me besó.

Al principio fue suave, como si estuviese tanteándome; luego fue dulce cuando las chispas recorrieron nuestros cuerpos en señal de reconocimiento y la timidez me ganó.

—¿Eres virgen? —preguntó y yo asentí con nervios—. Bien, porque si otro macho te hubiese tocado, yo lo hubiese matado enseguida.

Su voz fue ruda y una parte de mí se sintió encantada de esa posesividad porque era sinónimo de que el hombre me deseaba. Y no me quedó duda alguna cuando volvió a besarme.

Esta vez me besó con tanta intensidad que me sentí en una nube, tanto que no me di cuenta en qué momento quedé tirada en el piso y él se coló entre mis piernas. Hicimos el amor de una forma espectacular. Fue una experiencia divina que me dejó jadeando y contenta.

Cuando terminamos, yo solo era sonrisas y él me tenía sentada encima de él, besándome sin miedo.

—Eres mía y eres una peligrosa adicción —murmuró mientras me daba besos en el cuello que me daban escalofríos de los buenos—. Dime tu nombre.

—Alice —dije y no hubo reconocimiento alguno de su parte.

—Muy bien, Alice, a partir de este momento seré tu todo —dijo y yo sentí que iba a desfallecer por la intensidad con la que remarcaba esas palabras—. Eres lo más delicioso que la Diosa me dio y te voy a tener siempre para mí.”

Mi loba instintivamente quiso marcarlo, pero él evadió la acción; entonces le puse mi cuello de la forma más natural posible para que fuese él quien me marcase. Sin embargo, no hubo avance alguno; entonces lo vi y me di cuenta de que debía tener una lucha interna con su bestia.

Su reacción fue darme un casto beso en la frente y se levantó, como para tratar de calmarse.

¿Sabes qué sucede?, le pregunté a la loba con algo de miedo.

Dilon dice que el humano todavía no quiere marcarnos, que quiere esperar al momento adecuado, respondió ella con molestia.

¿Dilon? Aquí no hay más personas, le dije confundida.

Así se llama su bestia, niña tonta, musitó ella con cierta odiosidad que casi me saca una sonrisa.

¿Y cómo te llamas tú?, le pregunté con mucha curiosidad.

Selene.

Se llamaba como la mismísima Diosa, así que sonreí para mí misma.

—¿Dónde está tu ropa, Alice? —preguntó Stefan y me sacó de mis pensamientos.

—En el claro del bosque.

—Entonces vamos a buscarla —dijo y asentí. Voy a cambiar y, si te sientes agotada, solo sube a mi lomo y sujétate bien.

Asentí y sonreí por su orden.

Él era demasiado lindo y caballero.

Se acercó a mí y me volvió a besar con gentileza.

En pocos segundos era una gran bestia pelirroja y me dio un ligero lametón en las manos; entonces intenté cambiar de nuevo, pero no pude por el cansancio. Tenía que regular mejor mis energías; me sentía un poco extenuada. Sin embargo, seguí su instrucción y me subí al lomo de Dilon, que parecía ser la cosa más adorable del mundo.

Era el mejor día de mi vida.

Grité de júbilo a medida que corríamos, lo que Dilon acompañó con un aullido feliz.

Fue magnífico; entonces me bajé de su lomo y me puse mi ropa. Stefan volvió a su cuerpo humano y me miró con algo de intriga, estudiándome como si fuese una pieza rara de un rompecabezas.

—Te veré todas estas noches aquí en el claro del bosque —dijo y yo estiré la mano; enseguida la besó—. Tenemos una cita aquí, no faltes.”

—Pero… La muerte del Alfa…

—Eso no importa ahora, por ahora quiero disfrutar contigo en privado, tenerte para mí —dijo antes de acercarse a oler mi cuello—. Luego serás mía ante el mundo entero y lo vamos a disfrutar mucho.

Asentí y pensé que su comportamiento se debía a que quería respetar el luto por la muerte de su padre antes de presentar a su mate.

Un montón de mariposas surcaron mi barriga de los nervios porque me convertiría en la Luna de la manada, así que tendría una posición importante y así me respetarían.

Tonta de mí que no vi las señales.

Él se fue y yo quedé suspirando con una grande sonrisa; entonces caminé hasta mi vivienda. No preví que un par de lobos jóvenes que no habían cambiado aún, con los que compartía en la academia, estuvieran en los límites del bosque.

Uno de ellos me olió y se echó a reír.

—Seguro trabaja de lo mismo que su madre y fue a revolcarse con un cliente en el bosque —dijo mientras el otro estaba divertido, así que los ignoré.

Eso hizo que se acercaran a mí y uno, sin mediar palabras, me tomó de las manos de manera abusiva; mi loba tomó parte del control y les gruñí con fuerza. Eso hizo que me soltaran.

—Vaya, tiene una loba dentro de ella —dijo uno de ellos con sorpresa.

Volví a gruñir guiada por mi loba y se alejaron; me quedé sorprendida por el impacto que eso había tenido.

¿Qué demonios fue eso?, le pregunté a Selene.

Eso se llama espantar idiotas, así que ten algo de carácter, niña, porque a partir de ahora no vas a dejarte pisotear por nadie, contestó de manera contundente.

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