LOGINSi me hubiesen preguntado alguna vez si podía estar peor que antes, nunca hubiese respondido que sí hasta ese justo momento en el que mi vida se había reducido a cenizas.
Si alguna vez había conocido el mito del diablo, Stefan era la encarnación del mismo.
No había forma alguna de que alguien tratase a su mate de esa forma tan ruin.
Después de ser encerrada en una mazmorra en la que el frío abrazador era el acompañante más importante luego de la oscuridad, aprendí lo que podía ser el significado del infierno en vida.
Para Stefan, yo no era más que un pedazo de carne con el que él se podía satisfacer; por eso cada día, cuando se acercaba a tocarme para desfogarse a sus anchas, me drenaba por completo.
Yo no tenía esperanzas ni ganas de luchar.
No después de la primera noche que me abusó y mi loba salió a defenderme. Su respuesta fue traer unas cadenas de piedra lunar para anular la conexión que tenía con ella.
Selene lo había mordido a él y a varios guardias. Estuvimos a punto de soltarnos, pero nos inyectaron un tranquilizante que nos noqueó en el acto.
La rutina en la que Stefan me golpeaba, luego me abusaba sexualmente y se iba dejándome una miseria de comida duró semanas enteras. Algunas veces mandaba a bañarme con algunas Omegas que me veían con asco y terminaban maltratándome más de lo que ya estaba.
Yo no entendía cómo era que él se salía con la suya, pero era obvio que el ser mestiza resultaba ser el peor de los pecados. Así que fui perdiendo mis ganas de vivir a medida que pasaba el tiempo, tanto que esa tarde la gente se dio cuenta de mi desgano total.
—Mírala, no se ve bien —dijo una de las Omegas que recién me había bañado; tenía algo de compasión en sus ojos—. Está muy delgada, se ve demacrada y los golpes que tiene son muy feos, ¿qué hizo para merecer esto?
—Es una asquerosa mestiza. No merece lástima de nadie, así que no te le acerques ni creas en lo que diga; es una paria y como eso va a vivir el resto de sus días.
Con eso se alejaron y yo cerré los ojos en un burdo intento de dormir; sin embargo, el sonido de unos pasos muy conocidos no me dejó hacerlo. Instintivamente, temblé y apreté mis manos para contener el asco cuando mi carcelero entró a la mazmorra.
—Si fueras lista, harías lo que yo te dijera y te tuviera como una reina, pero como no haces caso, te tengo que dar lecciones para entrenarte —dijo Stefan, quien se acercó a mí, me tomó de la barbilla y la apretó con fuerza—. Cuando te hablo, tienes que verme a los ojos.
Lo hice con todo el dolor del mundo.
No me había dado cuenta de su engaño, de sus mentiras, pero en ese momento pude vislumbrar la sed de poder que tenía en su mirada; era un monstruo sediento de sangre.
Fue tanto el impacto que cerré los ojos para contener las lágrimas y luego me soltó la barbilla como si estuviese fatigado de mí.
—No vendré en estos días, así que vas a tener tiempo para reflexionar sobre tus acciones. De ellas depende mi benevolencia y la vida de tus amigos —dijo y el miedo comenzó a construirse dentro de mí de nuevo—. Si vuelves a resistirte, voy a desterrar a Bianca de la manada, emitiré un comunicado de que es una alborotadora y no conseguirá manadas en las que pueda vivir. Si haces algo peor, voy a matar a Teo, lo traeré aquí para que vea lo que hago contigo y luego lo voy a cortar parte por parte y esas partes las enterraré en lugares recónditos para que su alma jamás tenga descanso.
—Señor, la hechicera ha llegado —dijo un hombre de la Élite, uno de los más cercanos a él.
—Cuando yo regrese en cinco días, vas a cambiar esa mentalidad o cumpliré mi promesa.
Cuando se fue, sentí alivio y luego resentimiento.
—Por favor, Diosa, sácame de aquí, dame la fuerza para resistir —murmuré en voz baja antes de caer dormida.
A mitad de la noche sentí un dolor profundo en mi cuerpo que me hizo gritar de agonía total. Sentí como si algo se estuviera rompiendo por dentro, no podía soportarlo y hombres de la Élite llegaron para ver lo que me pasaba.
No pude escuchar lo que sucedía, solo sentía que el fuego me estaba quemando por completo.
—¿Qué es lo que pasa? —preguntó uno de ellos y luego se escucharon pasos.
Justo en ese momento de ardor, sentí un calor profundo en mi cuello y me vinieron las imágenes de Stefan marcando a Circe en una ceremonia de unión bajo la luz de la luna llena.
Él la estaba reclamando delante de todos en el pueblo, en un ritual que precedía al ritual de ascensión en el que oficialmente se convertía en el Alfa de la manada. Eso significaba que estaba terminando de romper el vínculo entre nosotros y nuestras almas se estaban alejando de su destino.
Comencé a llorar de forma desaforada por lo terrible que eso sería para Selene y entonces sentí que una marca se formó justo en el lugar en el que marcó a Circe.
En ese momento, todos ellos se dieron cuenta de lo que pasaba, lo que hacía todo mucho más deprimente y humillante.
—Su mate ha roto el vínculo —dijo la Omega que me había atendido temprano con tristeza—. No me puedo imaginar lo que debe estar sintiendo su loba en este momento con esas cadenas puestas. Debe ser una tortura en vida… ¡Qué horror esto!
—No se la vamos a quitar, así que lo mejor es que te marches de aquí antes de que alguien se dé cuenta de que viniste —musitó uno de los hombres y yo me quedé tendida en el piso sin fuerza alguna.
El dolor era insostenible y la poca vitalidad que me quedaba pendía de un hilo muy delgado.
Me dejaron sola y yo no pude dormir; lo que sentía era un dolor inmenso.
Seguir vinculada a Stefan era una maldición, pero no sentir a mi loba en un momento como este era como sentir la muerte en vida.
No sabía qué hora era, pero debía ser de mañana y alguna Omega vendría a traerme alimentos. En efecto, se escucharon pasos acercándose, pero no fueron pocos, fueron más pasos de los normales.
Eso me hizo mirar hacia la entrada de la mazmorra y vi que unos hombres desconocidos entraron a mi espacio con prisa.
—Vamos, no tenemos mucho tiempo antes de que venga la próxima guardia —dijo uno de ellos—. No le quiten las cadenas; servirán para tenerla mansa. La loba de ella es letal.
—No creo que necesitemos eso, solo mira lo que queda de esta mujer, es como si le hubiesen quitado toda la vida —espetó uno de ellos y mi cabeza explotó por la verdad tan triste.
Los vi con miedo y entre dos de ellos me cargaron de manera brusca; otro me puso una mordaza para que no hiciera ruido y yo cerré los ojos en total resignación.
Me sacaron de las mazmorras y la luz del sol me pegó de lleno en la cara; eso hizo que intentase mirar para todos lados, por lo que me di cuenta de que el invierno al fin había pasado.
Me metieron en una camioneta y con una facilidad impresionante me sacaron de la manada.
Así que cerré los ojos y me dejé ir por el sueño; era lo único que calmaba la sensación de pesadilla que había tenido desde que estuve retenida en las mazmorras.
No supe en qué momento la camioneta se estación, solo me di cuenta cuando me sacaron de ella, luego me hicieron caminar descalza por el bosque y uno de ellos me arrodilló cerca de unas rocas.
—Lamento hacer esto, mestiza, no es personal, pero si tú no desapareces, la señora Circe jamás va a poder lograr lo que quiere junto al Alfa Stefan y solo seguimos órdenes para que nuestra manada pueda prosperar —dijo uno de ellos con cierto pesar.
En ese momento entendí que me querían matar, así que con un nudo en la garganta acepté mi destino.
Solo rogué a la Diosa que me recibiera en sus brazos, que me diera la paz que tanto necesitaba para poder encontrar la serenidad que jamás había tenido y rogué porque Selene pudiera reencarnar y ser feliz.
Las patadas vinieron con fuerza, luego los puños y los pisotones en mi cuerpo; todos ellos comenzaron a golpearme en grupo y el dolor físico se sintió tan tonto comparado con el dolor emocional que me estaba cargando y matando por completo.
No podía cerrar los ojos y, en un momento, no podía respirar; me estaba ahogando. Luego sentí una quietud en mi cuerpo que me dijo lo poco que faltaba para yo morirme.
Era tan devastador que solo le imploré piedad a la Diosa.
—¡Basta! —dijo uno de ellos—. Con eso es suficiente.
—Pero la señora Circe la quiere muerta, tenemos que llevarle pruebas —contestó otro y yo solo escuchaba todo a lo lejos.
—Esta mujer ya está muerta, lo estaba antes de sacarla de ahí. No va a sobrevivir a esto y eso es suficiente para largarnos de inmediato antes de que los guardianes que patrullan esta frontera nos huelan.
Tenían toda la razón, por eso se fueron.
Minutos después escuché la camioneta alejarse; entonces mi cuerpo entró en una especie de shock que me tenía tan fuera de mí que no era consciente de las fracturas en mis piernas o la posición torcida en la que se encontraban mis brazos.
No sabía que la hinchazón en mi cara era porque mis ojos estaban inflamados y amoratados.
Solo quería que mi corazón se detuviera de una vez por todas.
El mundo se sentía horrible y, cuando los rayos de la luna por fin pegaron en mi cara, solo deseé poder morirme. No me di cuenta de que justo en ese momento un hombre se acercaba; solo lo sentí cuando se agachó cerca de mí y con una voz gruesa gruñó:
—Por amor a la Diosa, ¿quién demonios te hizo esto?
Cuando un aroma exquisito inundó mis fosas nasales, fue el momento en el que caí inconsciente.
JacksonTener cinco hijos era una especie de bendición y una fuente inagotable de estrés.La única que estaba tranquila era Alía, la pequeña de 13 años, quien estaba leyendo un libro que le parecía interesante. Mientras tanto, Eris discutía con Alexander, Marco y Daniel. Los tres se estaban burlando de ella tras haberle dañado una maleta de muñequitos que ella pretendía usar para llevarse a la universidad.—¡Son unos imbéciles! —gritó Eris harta y salió con fuerza del salón.—¿Les dirás algo a mis hermanos? —preguntó Alía, quien era una versión femenina de mí y negué.—No, creo que alguien más lo hará —le dije y ella sonrió sabiendo la respuesta.—¡Vayan a pedirle disculpas a su hermana! —espetó Alice con molestia mientras veía a los trillizos—. Esta broma fue muy pesada y su hermana siempre tiene que pagar por los platos rotos de sus ocurrencias. Esta vez colmaron no solo la paciencia de ella, sino que la mía.—Mamá...—No hay palabras que valgan para que yo no los regañe —dijo Alice
AliceLas ordenes de la Diosa eran claras, así que los hechiceros preparamos todo para viajar a la Manada del Sur de inmediato. Lo curioso de todo, fue que la Diosa habló en nuestras mentes para mostrarnos detalladamente el ritual de sacrificio que debíamos hacer.No sabía cómo la Diosa fue capaz de proyectarnos todo mientras hablaba con el resto del salón, pero supe que no importaba lo que sucediera, íbamos a cumplir sus promesas. El problema fue que no sabíamos exactamente dónde estaba la gruta y Ángel fue el que dijo la verdad sobre el tema.—Mi informante está apresado —dijo y todos nos quedamos de piedra cuando él lo comunicó mientras nos alistábamos para el viaje—. El informante de lo que estaba pasando con el sacrificio de las Omegas es Ariel.—Imposible —dijo Teo—. Es el hombre más leal de Stefan.—No lo era, no hasta que Stefan decidió hacer de menos a la gente y él entendió que era horroroso el tipo de sacrificio que hicieron —dijo Ángel.—Yo mismo he visto con mis propios o
JacksonSabía lo que pasaría en la reunión mucho antes de que Alice llegase y sabía que esa sería la reacción que tendría: absoluta sorpresa. Fue la misma expresión que tuve cuando los Alfas de las otras manadas, junto al líder de los hechiceros y Marcel, me lo dijeron horas antes.—Eso no es a lo que vine aquí —respondió Alice con firmeza y sonreí.Era una respuesta clásica de ella que en ese punto podía predecir.Y, para mi consternación, Eris comenzó a llorar como resaltar un punto muy importante de todo este lío, entonces fui rápidamente con ella y cuando me sintió se quedó tranquila. Desde que le cantaba nanas infantiles como propia energía, la niña reaccionaba muy bien a mí. De algún modo logré calmar el llamado y fui reconocido como su padre. Lo maravilloso de eso, era que aparte de Alice, yo era la única persona con la que realmente se quedaba calmada.Ella se siente en paz contigo, le das seguridad, dijo Alfie con alegría.El saber eso me llenó de felicidad.Luego de la guerr
AliceEstaba cegada por el dolor.Había cumplido la voluntad de la Diosa de apresar a Stefan luego de matar a la Dalia, pero estaba completamente vacía por dentro. Tenía una sensación de dolor frustrante al sentir que mi mate no estaba.Luego de que se llevaron a Stefan, no me importó nada más que Jackson, por lo que me quedé con él e intenté despertarlo de todas las formas posibles, pero él no despertaba. No sentía su energía vital y estaba desesperada. Fue mi abuelo, quien acaba de llegar quien me puso una bata e intentó alejarme de Jackson.—Tienes que soltarlo y dejarlo ir —dijo mi abuelo en un tono de voz bajo y condescendiente—. Tienes que aceptar el destino...—Si él no está yo no tengo destino —dije con fuerza—. Hago lo que sea Diosa, lo que quieras, pero por favor, no te lo lleves. Sé que está en algún lugar, lo sé.Abracé con fuerza a Jackson y entonces escuché cómo alguien corría hacia nosotros.Vi a Bella y ella al verme tenía el rostro desencajado.—¿Dónde está la bebé? —
StefanEl maldito de Jackson intentó matarme con su última descarga de poder, pero pude alejarme a tiempo. Si hubiese sostenido en mango de la daga, me hubiese matado en el acto. Así que lo dejé caer tirado y maldije al ver la cantidad de hombres que había matado con su energía. No tenía idea de que él sería tan poderoso, pero yo me iba a encargar de que no tuviera la más mínima oportunidad de vivir otro día.Parecía estar muerto, pero no me fiaba de nada.—Si tu bestia es tan poderosa, lo único que me queda es asegurar mi futuro —dije y le saqué la daga del pecho.De ahí comenzó a brotar más sangre y entonces me acomodé para cortarle la cabeza y separarla de su cuerpo. Ya estaba listo para comenzar cuando sentí que una bola de poder me golpeó y me hizo volar por los aires con fuerza. Aquello me aturdió y me separó de la daga que voló unos metros más lejos de dónde yo estaba.Me sentí aturdido cuando me levanté y giré a ver quién se había atrevido a atacarme.Me di cuenta de que era n
AliceLa matriarca y yo fuimos por mi hija.No había nada más importante en el mundo que cuidarla a como diera lugar, sin embargo, cuando fuimos por la salida de emergencia encontramos un hilo de cadáveres de guardianes de la Manada del Norte y hechiceras.Eso me hizo jadear de dolor.—Tienes que ser fuerte —dijo la matriarca—. No los veas, solo enfócate en lo que debes enfocarte.Asentí con lágrimas en mis ojos y caminamos hasta los pasadizos que Bella y Jackson me habían enseñado antes. Eran uno túneles pequeños que daban al bosque, sin embargo, me di cuenta de que estaban sellados y eso no me di buen presentimiento.—Algo malo pasa, el plan era que Bella saliera por aquí con la niña si algo se complicaba en el parto —dije y la matriarca revisó la pared.—Está sellada desde el otro lado, así que tendremos que romperla con fuerza.Con la energía renovada que me había dado mi hija, golpeé y rompí la pared para ir hacia el camino. Me di cuenta de que había un olor extraño y cuando nos







