Masuk
La sala de estar de la residencia de la familia Vignelli se sentía sofocante para Alessia aquella noche.
"Solo tú puedes hacer esto, Alessia. Lorenzo necesita desesperadamente el proyecto de construcción del puerto de Génova, y la única persona que tiene el control absoluto es Matteo Moretti", dijo su padre, Marco Vignelli, con firmeza.
Alessia miró a su padre y luego dirigió la vista hacia su madre, Beatrice, que estaba demasiado ocupada acomodándose el chal para responderle con la mirada.
"¿Matteo Moretti? Papá, mamá, todo el mundo en Milán sabe quién es. No es solo un magnate de las finanzas, también es un hombre extremadamente peligroso. Todas las mujeres que se le acercan terminan de forma trágica", protestó Alessia.
"Pero tú eres diferente, hermana...", intervino Isabella de pronto. Se sentó a su lado y le tomó la mano con los ojos llenos de lágrimas.
Las lágrimas falsas resbalaron por sus mejillas con una perfección impecable.
"Si la empresa de Lorenzo se viene abajo, la inversión de papá también desaparecerá. Podríamos quedar en la ruina, hermana. Tengo miedo... No sé qué haríamos si perdiéramos esta casa y nuestro estatus en Milán."
Alessia contempló la mano de Isabella aferrando sus dedos. Detrás de aquella expresión de miedo, sabía que su hermana no estaba preocupada por el destino de la familia, sino por perder la vida de lujos que disfrutaba.
Como siempre, Isabella sabía exactamente cómo conseguir que sus padres se pusieran de su lado.
"Isabella tiene razón, Alessia", la interrumpió Beatrice. "Eres la hija mayor. Es tu deber ayudar a sostener a esta familia. No seas egoísta. Además, todo esto es por el futuro de tu propio prometido."
En ese momento, Lorenzo, el hombre que había ocupado el corazón de Alessia durante los últimos tres años, se acercó. Se arrodilló frente a ella y tomó ambas manos de la joven con una expresión de súplica tan convincente que resultaba difícil rechazarla.
"Alessia, amor mío", susurró Lorenzo. "Nunca te pediría esto si existiera otra salida. Moretti ofrecerá mañana por la noche una recepción privada en Ville di Corsico. Es un hombre al que ninguna mujer ha logrado acercarse, pero por alguna razón su asistente aceptó invitarte después de ver el perfil que le envié. Esta es nuestra oportunidad, amor. Te lo juro, en cuanto consiga este proyecto, me casaré contigo de inmediato."
Casarse.
Aquella palabra siempre había sido el mayor sueño de Alessia. Sin embargo, esa noche sonaba más como una sucia transacción comercial.
Alessia observó a cada una de las personas presentes en la habitación. Su padre y su madre la miraban con exigencia. Isabella se escondía detrás de un pañuelo mientras la observaba de reojo. Lorenzo le ofrecía dulces promesas.
Todos la estaban empujando directamente hacia un lobo feroz llamado Matteo Moretti.
A ninguno le importaba si Alessia salía ilesa o terminaba destruida. Lo único que les interesaba era aquello que ella pudiera conseguir para ellos.
Con un profundo suspiro que le desgarró el pecho, Alessia retiró lentamente sus manos del agarre de Lorenzo.
"Está bien", dijo, conteniendo el inmenso dolor que llevaba dentro. "Iré a ver a Matteo Moretti mañana por la noche."
Al instante, el alivio iluminó el rostro de los tres, especialmente el de Isabella, que enseguida se secó las lágrimas falsas.
"Gracias, amor. Estoy muy agradecido", respondió Lorenzo con los ojos llenos de ilusión.
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La noche que Alessia tanto había temido finalmente llegó.
Llevaba un vestido de noche de satén negro intenso que realzaba con elegancia la línea de su escote.
El imponente portón de Ville di Corsico se abrió para recibir el automóvil de Lorenzo.
La villa se alzaba majestuosa en Milán, rodeada de altos pinos que reforzaban su aire misterioso e intimidante.
Lorenzo detuvo el vehículo frente a la villa y se volvió para mirar a Alessia. Sus cálidos dedos envolvieron la mano de ella, que estaba tan fría como el hielo.
"Esta noche estás increíblemente hermosa, amor", susurró Lorenzo.
Alessia esbozó una leve sonrisa mientras intentaba reprimir el nudo de náuseas que le revolvía el estómago.
"Tengo miedo, Lorenzo. ¿Y si él... no es más que un desgraciado que quiere aprovecharse de mí?"
"Escúchame", dijo Lorenzo mientras sostenía con ambas manos las mejillas de Alessia. "Matteo Moretti jamás ha sido tocado por ninguna mujer. Pero te eligió a ti entre tantos perfiles. Eso significa que tienes algo que ninguna otra posee. Sé que esto es muy difícil para ti, pero recuerda que lo hacemos por nuestro futuro y por nuestra boda."
"¿Me prometes que me esperarás aquí?", preguntó Alessia para asegurarse.
"Por supuesto. Estaré aquí. En cuanto consigas la firma para ese proyecto, nos iremos de este lugar y te protegeré durante el resto de mi vida. Confías en mí, ¿verdad?"
Lorenzo depositó un largo beso sobre la frente de Alessia, ofreciéndole un calor falso que resultaba increíblemente convincente.
"Confío en ti", murmuró Alessia.
Respiró hondo, abrió la puerta del automóvil y bajó.
En cuanto sus pies tocaron el suelo de la terraza de la villa, las enormes puertas dobles se abrieron desde el interior.
Mientras tanto, Lorenzo levantó la mano para despedirse desde el automóvil antes de alejarse para estacionar un poco más lejos.
Al otro lado de la entrada ya la esperaba un hombre de complexión robusta vestido con un traje gris.
"¿Señorita Alessia Vignelli?", preguntó.
"Sí, soy Alessia."
El hombre hizo una breve reverencia.
"Permítame presentarme. Soy Andrea, el asistente personal del señor Moretti. Él ya la está esperando. Por favor, sígame."
Alessia siguió a Andrea por el largo y silencioso corredor de la villa. El suelo estaba cubierto por una gruesa alfombra de terciopelo rojo que amortiguaba cada paso.
A lo largo de las paredes colgaban pinturas clásicas de estilo renacentista, aunque la atmósfera del lugar recordaba más a una fortaleza impenetrable.
"Señor Andrea", se atrevió a decir Alessia. "¿El señor Moretti... siempre recibe a sus invitados de esta manera?"
Andrea no volvió la cabeza y continuó caminando.
"No, señorita. El señor Moretti protege mucho su privacidad. Usted es la primera mujer a la que se le permite poner un pie en esta villa en los últimos años."
Aquella respuesta hizo que el corazón de Alessia latiera con el doble de fuerza.
"¿Por qué? Quiero decir... mi perfil debe de ser bastante común comparado con el de sus otros contactos de negocios."
Andrea se detuvo frente a una enorme puerta doble adornada con grabados dorados en los bordes.
Se volvió hacia Alessia y le dedicó una sonrisa misteriosa, imposible de interpretar.
"El señor Moretti solo ve aquello que desea ver", respondió con un tono enigmático.
Luego llamó dos veces a la puerta y la abrió lentamente. Un intenso aroma masculino invadió de inmediato el olfato de Alessia.
La estancia era una inmensa biblioteca privada, apenas iluminada.
"Adelante, señorita Vignelli. Él la está esperando", dijo Andrea, invitándola a entrar con un gesto de la mano.
Alessia tragó saliva. Apretó con fuerza la tela de su vestido negro para reunir el poco valor que le quedaba. Con pasos temblorosos, cruzó el umbral.
En cuanto entró, la puerta a su espalda se cerró con firmeza y se bloqueó automáticamente.
Alessia dio un respingo.
"Llega dos minutos tarde, señorita Vignelli."
Una profunda voz de barítono, fría, autoritaria y cargada de poder resonó desde el centro de la oscura habitación.
Después de atravesar días oscuros llenos de lágrimas y dolor, finalmente amaneció la felicidad para iluminar sus vidas. Aquella tarde, se celebró una magnífica y elegante boda al aire libre a orillas del fascinante lago de Como.El amplio jardín, envuelto en diferentes tonalidades de verde, había sido transformado en un verdadero cuento de hadas. Miles de rosas blancas, gypsophilas y orquídeas frescas se combinaban con telas de seda color crema que ondeaban bajo la suave brisa. Un majestuoso altar tallado se alzaba elegantemente frente al paisaje del lago, cuyas aguas resplandecían bajo la cálida luz del atardecer.Matteo permanecía erguido frente al altar, esperando la llegada de su alma gemela. Vestido con un esmoquin negro confeccionado por un reconocido diseñador, su atractivo y carisma resultaban absolutamente cautivadores. Sus ojos, que normalmente eran fríos como el hielo, ahora reflejaban calidez y una impaciencia apenas contenida.Los acordes del arpa y el sonido de los violi
En la sala de estar de la residencia Vignelli, la calidez del abrazo familiar que acababa de recuperar su integridad se vio interrumpida de repente por el fuerte sonido del teléfono en el bolsillo de Marco.Marco se secó las últimas lágrimas de las mejillas y luego sacó el teléfono. Al ver en la pantalla una serie de números pertenecientes al hospital psiquiátrico, un gesto de preocupación se formó lentamente en su frente. Hizo una pequeña señal a su esposa y a su hija antes de llevarse el teléfono al oído tras deslizar el botón verde."¿Hola? Sí, soy Marco."La habitación quedó en silencio de repente. Beatrice aún rodeaba los hombros de Alessia con un brazo, mientras Matteo permanecía erguido junto al sofá, observando el cambio en la expresión de su suegro."¡¿Qué?!", exclamó Marco de repente. Su voz se quebró y sus ojos se abrieron de par en par. "¿Cuándo... cómo pudo suceder algo así?"La mano de Marco temblaba con tanta fuerza que el teléfono estuvo a punto de resbalarse de sus de
En una ciudad apartada de Milán, se alzaba un hospital psiquiátrico, con un largo pasillo abarrotado de pacientes que caminaban de un lado a otro sin rumbo.Entre aquella multitud, Isabella avanzaba tambaleándose, sin una dirección definida. Su mirada estaba vacía, aunque de vez en cuando destellaba con una ferocidad salvaje, cargada de sospecha.La desgastada bata blanca de paciente que llevaba estaba sumamente sucia, cubierta de manchas de comida seca y tierra. Su largo cabello, que alguna vez había estado hermoso y bien cuidado, ahora estaba apelmazado, enredado, grasiento y desprendía un olor fétido e insoportable.Varios pacientes que se cruzaban con ella se tapaban la nariz instintivamente. Aceleraban el paso y se alejaban de Isabella como si aquella mujer fuera un cadáver andante."¡Puaj, qué mal olor!", murmuró una paciente de cabeza rapada mientras escupía al suelo."¡Aléjate! ¡No te acerques!", exclamó un hombre de mediana edad con expresión horrorizada mientras retrocedía v
El lujoso automóvil negro que los llevaba se detuvo frente a la residencia Vignelli. Alessia bajó con pasos vacilantes, acompañada por Matteo, quien sostenía fielmente sus dedos.Alessia permaneció inmóvil frente a la imponente puerta mientras recorría con la mirada cada rincón de la fachada de la casa. Los viejos recuerdos de todo lo que había ocurrido en aquel lugar regresaron a su mente. La casa seguía exactamente igual a como la recordaba.Al sentir que los dedos de su esposa se enfriaban, Matteo estrechó su mano con más fuerza. El hombre se volvió hacia ella y contempló su rostro con una mirada suave y tranquilizadora.“¿Estás lista, cariño?”, preguntó Matteo con voz baja.Alessia tragó saliva y luego asintió lentamente.“Estoy lista.”Con la mano ligeramente temblorosa, Alessia la levantó y golpeó tres veces la puerta de madera. Cada golpe resonó en su pecho, acelerando los latidos de su corazón, que cada vez retumbaba con más fuerza.Durante unos instantes, reinó el silencio si
Alessia se quedó sin aliento cuando Matteo comenzó a recorrer con la mano el escote de su pecho, que había quedado expuesto.Justo cuando la mano grande de su esposo estaba a punto de apartar la ropa interior de su esposa, una voz fría detuvo de repente a ambos.“¿Podrían hacerlo después?”Aquella voz fue como un balde de agua helada derramado directamente sobre la cabeza de Alessia.“¡Dios mío!”, exclamó Alessia entrecortadamente.Matteo inmediatamente tomó su chaqueta y cubrió por completo el cuerpo de Alessia. Luego giró la cabeza con una mirada afilada hacia el origen de la voz.Desde la puerta del baño privado ubicado en una esquina de la oficina del ejecutivo, un hombre salió mientras se secaba las manos con un pequeño pañuelo.Lorenzo.“¿Cuándo demonios entraste aquí?”, gruñó Matteo con frialdad, con la voz cargada de una amenaza tan intensa que parecía silbar entre sus palabras.La comisura de los labios de Lorenzo se elevó en una sonrisa leve y molesta.“He estado esperándote
Matteo miró fijamente a Alessia, con ambas manos apoyadas contra la pared del ascensor a ambos lados de la cabeza de su esposa, acorralando por completo a la mujer. Su mirada oscura era tan intensa.—Es tan difícil encontrar un momento para estar a solas contigo —susurró Matteo con voz baja y ronca, cargada del deseo contenido que había estado reprimiendo hasta entonces—. Desde que nos encontramos, has estado más ocupada con los niños.Alessia tragó saliva, con el pecho subiendo y bajando rápidamente.—Matteo, pero estamos en el ascensor de la oficina...La frase se interrumpió de inmediato. Matteo no le dio a Alessia oportunidad de protestar más. El hombre acercó el rostro y devoró sus labios de inmediato con pasión. Su beso era exigente, profundo, y eliminó el poco aire que quedaba entre ellos.Alessia se quedó paralizada por un instante debido a la sorpresa, pero el característico aroma masculino de Matteo y el calor de sus labios no tardaron en derrumbar sus defensas. Sus manos, q







