LOGINHow many points did I lose for accepting my husband’s divorce five years ago after being framed by who I considered my best friend and losing my unborn baby in the process? -1000 points. Elle Marino, once the heiress of the Marino Family gave up her inheritance to get married to the love of her life. But, things went downhill when she got framed by her best friend and no one believed her. Devastated, she fled back to her hometown and took her rightful inheritance as the head of her family’s business. With the help of her brother, they have made her family name stand proud once again. Now, it's time to show the world that Elle Marino isn't the woman they once knew. She's stronger. Wiser. And more powerful than ever. And she vowed to do everything it takes to bring down her ex-husband’s business and make life unbearable for her ex-best friend. Will she succeed or will her heart once again betray her when he comes begging for a second chance?
View MorePOV de Nina
El aroma de las rosas marchitas en el jarrón de cristal del salón se sentía como un mal presagio que no había notado.
Hace apenas seis días, estaba de pie frente al altar, con un vestido blanco que simbolizaba pureza y esperanza, susurrando votos de fidelidad eterna ante Jose Vargas.
Esa tarde, entré en la casa con el corazón ligero. Llevaba una pequeña caja de tarta de chocolate de la pastelería favorita de Jose en el centro de Madrid.
Quería celebrar una pequeña victoria. La boutique que acababa de abrir había recibido su primer gran pedido. Quería compartir esa felicidad con el hombre que creía sería mi último refugio.
Pero el silencio en la casa esa tarde resultaba asfixiante. Un silencio extraño… hasta que se rompió con un sonido que hizo que mi corazón pareciera detenerse.
Risas suaves y gemidos que conocía demasiado bien.
Mis pasos se volvieron pesados, como si cada escalón hacia el piso superior fuera una espina clavándose en las plantas de mis pies. Cuanto más me acercaba al dormitorio principal, más claros se volvían los sonidos.
La voz de Rosalia. Es decir… ¿por qué Rosalia?
Mi mejor amiga desde la universidad. La mujer que sostuvo mi mano cuando me sentía nerviosa el día de mi boda, hace solo seis días.
La puerta del dormitorio no estaba completamente cerrada. Mi mano temblorosa empujó lentamente la pesada puerta de roble.
Jose—mi esposo—estaba abrazando a Rosalia.
La escena era tan explícita y repugnante que mi estómago se revolvió. La caja de la tarta cayó de mi mano, golpeando el suelo con un sonido sordo y definitivo. El chocolate en su interior quedó hecho pedazos, igual que mi corazón.
Ambos se sobresaltaron. Jose se giró rápidamente. Esperaba pánico. Esperaba que saltara de la cama y me suplicara perdón. Pero lo que recibí fue mucho más doloroso que la propia traición.
El rostro de Jose permanecía tranquilo. Frío. Sus ojos, que antes me miraban con una calidez falsa, ahora me observaban con aburrimiento, como si yo no fuera más que una molestia insignificante en su tarde.
—Nina —saludó Jose en voz baja, sin mostrar ni una pizca de culpa—. Has vuelto temprano.
—Nina… yo… puedo explicarlo —balbuceó Rosalia, intentando cubrirse con la sábana, pálida, pero Jose la detuvo.
—No hay nada que explicar, Rosa —interrumpió Jose con frialdad. Su mirada volvió a mí—. Nina ya lo ha visto todo. Esto es mejor que seguir escondiéndonos.
—Fuera —susurré. Mi voz casi no existía, devorada por el dolor aplastante en mi pecho—. ¡Fuera de mi casa, Rosalia! ¡AHORA!
Rosalia no discutió. Recogió su ropa esparcida por el suelo y pasó corriendo a mi lado sin atreverse a mirarme. El aroma de su perfume, flotando en el aire, se sentía como veneno.
Ahora solo quedábamos Jose y yo. Se levantó de la cama y se puso su bata con movimientos tranquilos, como si nada extraordinario hubiera ocurrido. Caminó hacia el tocador—donde mis perfumes y joyas estaban perfectamente ordenados—y tomó una carpeta marrón que claramente ya estaba preparada.
—¿Seis días, Jose? —mi voz finalmente se quebró junto con las lágrimas que caían sin control—. ¡Solo han pasado seis días! ¿Signifiqué tan poco para ti? ¿Tus votos ante Dios eran solo basura?
Jose se giró, apoyándose con despreocupación en el tocador, con los brazos cruzados.
—Nina, hablemos como adultos. Este matrimonio… fue un error desde el principio. Me casé contigo porque mi padre quería una esposa “dulce” y “obediente” para la imagen de la empresa. Pero no amo a una mujer rígida como tú. Eres demasiado aburrida, Nina. Demasiado ingenua para el mundo en el que vivo.
Cada palabra que salía de su boca se sentía como una cuchilla girando en una herida abierta. Lo miré sin poder creerlo. El hombre que me abrazaba cada noche, que decía que yo era su mundo, no era más que un actor perfecto.
—Me engañaste con mi mejor amiga en nuestra propia casa —dije, con la respiración entrecortada—. ¿Y me culpas a mí?
Jose dio un paso hacia mí, pero no me tocó. Se detuvo a aproximadamente un metro, manteniendo una distancia que dejaba claro que ya no éramos uno.
Extendió la carpeta marrón frente a mí.
—No conviertas esto en una larga telenovela. No tengo tiempo para tus lágrimas —dijo con frialdad—. Fírmalo. Lo preparé hace tres días.
Mis manos temblaban al tomar la carpeta. Cuando la abrí, el título en letras grandes en la parte superior hizo que mi visión se nublara.
Acuerdo de divorcio.
—¿Te estás divorciando de mí? —susurré—. Después de lo que hiciste, ¿eres tú quien me descarta?
—Exactamente —respondió sin emoción—. Ya lo he arreglado todo. Recibirás un pequeño apartamento en las afueras y una compensación para que puedas continuar con tu vida sencilla. Considéralo una indemnización por haber desperdiciado una semana de tu tiempo conmigo.
Me tendió una pluma dorada—la misma que usó para firmar nuestro certificado de matrimonio seis días atrás.
—Fírmalo ahora, Nina. Toma la poca dignidad que te queda y empaca tus cosas. Rosalia se mudará aquí la próxima semana. Necesito una mujer que esté a mi nivel, no una mujer de clase media que solo sabe cocinar y sonreír con timidez.
Miré el documento, luego al hombre frente a mí.
En ese instante, el amor que una vez sentí se redujo a cenizas, dejando en su lugar un fuego frío y ardiente de venganza en mis ojos. Dejé de llorar. Mi dolor había alcanzado su límite y se transformó en fuerza.
Tomé la pluma de su mano. Con un movimiento firme que lo sorprendió, firmé mi nombre en el papel.
—Tu dinero —dije, mirándolo fijamente—, guárdalo para tu abogado… o para tu futuro psiquiatra, Jose. Porque algún día, lo vas a necesitar de verdad.
—¿Quién te crees que eres, Nina, para hablar así? ¿Por qué necesitaría un psiquiatra? ¡Qué ridículo! —se burló Jose con una risa.
Le lancé el documento contra el pecho y caminé hacia el armario. No tomé muchas cosas, solo lo esencial y mi bolso de trabajo. Jose se quedó allí, observándome con una sonrisa arrogante y despreciativa, como si estuviera seguro de que volvería arrastrándome en pocos días.
—¡Tú serás la que se derrumbe sin mí, Nina! —gritó mientras salía de la habitación—. ¡Una mujer como tú no sobrevivirá sola en este mundo!
Bajé las escaleras, pasé junto a la tarta de chocolate destrozada en el suelo y salí por la gran puerta sin mirar atrás.
Dentro del taxi que me alejaba, posé una mano sobre mi vientre. Las náuseas que había sentido desde la mañana no eran solo por el dolor. Lo sabía.
Había hecho una prueba antes de que todo esto ocurriera.
Dos líneas rojas.
Estaba embarazada, pero eso nunca sería una razón para suplicar a un hombre que me había rechazado de manera tan consciente.
Ivan’s hands cupped mine, his eyes glistening.“Emily,” he said, his voice thick. “You changed everything. I didn’t know what it meant to live fully until I saw you laugh. I didn’t know what it meant to love until I watched you hold Mila when she was scared, when she was sick, when she just needed s
E M I L YSix months later.The soft swell of violins filled the chapel air, and I blinked through a veil of tears as the double doors creaked open before me. My hand tightened around Mila’s tiny fingers, her giggle a spark of light in the stillness. She looked up at me with a beaming smile, radiant
I opened the box.“Will you marry me?”The room was silent for a heartbeat.Then Emily dropped to her knees and flung her arms around my neck.“Yes,” she whispered. “Yes. A million times, yes.”The room erupted.Mila squealed and clapped. Laura cried openly. Mikhail whooped. Elle burst into full sob
I couldn’t stop staring.“You’re going to burn a hole in me,” she teased, glancing at me through the mirror.“Can’t help it,” I said, my voice hoarse.She stood then, unwrapping the towel from her body. I looked away out of instinct, respect, habit, nerves, but she laughed and tossed a pair of tight
E M I L YThe next morning arrived quietly, with the kind of softness only Saturdays could carry. The air was cooler than usual for mid summer, drifting in through the slightly open windows like a gentle hush. Light filtered through the sheer curtains, painting golden strips across the bedroom walls
Mikhail raised his glass. “To Laura. For always being everyone’s lighthouse, even while tending her own storm.”We echoed the toast, clinking glasses, and I felt something warm bubble in my chest. This was what home felt like, not a place, but people. Moments like these.Next, Elle took her turn, he
I V A NThe next morning came in quietly. I was already lying in bed when the light started coming through the blinds. I wasn’t really asleep, but I wasn’t fully awake either, just stuck in that strange moment between dreaming and waking up. My eyes were open, but my thoughts were far away.She’d ca
E M I L YI didn’t know how long I sat there, the letter trembling in my hands, my heart slamming itself repeatedly against my ribs like a caged animal. Tristan’s handwriting was still the same. Neat. Casual. Like he hadn’t destroyed me. Like he hadn’t walked out when I was eighteen, scared and pre






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