LOGINEvelyn once stood at the pinnacle of power as the daughter of the Alpha King, a revered princess destined for greatness within the Blood Moon Pack. But her world crumbled when she gave everything—her throne, her family, her honor—for the man she thought was her mate. Gabriel, once her beacon of hope, betrayed her at every turn, casting her into the shadows as he lavished his love on another. Now, two years after fleeing an arranged marriage, Evelyn finds herself nothing more than a servant in the pack she once ruled, humiliated by the man who should have been her greatest ally. But when the pack is torn apart by a brutal attack and the truth of her family’s past resurfaces, Evelyn is thrust into a dangerous new reality. Dalton, the enigmatic Alpha she once defied, claims her with a cold, unyielding grip, and her life is forever changed. She is forced to confront her deepest fears and unearth the strength buried beneath years of betrayal. As enemies close in and the pack struggles to survive, Evelyn must navigate treacherous alliances, fight for her place, and ultimately embrace the power she never wanted—but now cannot escape. The war for the throne has begun, and the question is no longer whether Evelyn will survive, but whether she will rise to claim what is rightfully hers.
View MoreGuadalupe estaba parada en el balcón de la habitación en la que dormía desde hace 3 años. No quiso encender las luces, para que con la oscuridad de la noche se cubrieran las lágrimas que rodaban por sus mejillas.
“¡Esto se acabó! No puedo seguir así, no puedo más” – Pensaba mientras observaba hacia el frente.
De pronto la luz de un auto la sacó de sus pensamientos, su amado esposo regresaba a casa y sabía muy bien lo que sucedería.
Su esposo Massimo Pellegrini era el presidente del Conglomerado Pellegrini, el cual es de los más importantes de la provincia de Lazio. Hoy por la mañana había olvidado un folder lleno de documentos que, al pensar por Emma y Guadalupe, posiblemente utilizaría y tendría problemas si no los tenía.
Trato en varias ocasiones de marcarle para comunicarle sobre sus documentos, pero al no recibir respuesta, salió de la mansión con la misión de llevar los documentos ella misma, solo le avisó a Emma Fiore, su ama de llaves.
Emma no contesta, Massimo. ¿Estás segura de que tenía estos documentos en mano hoy por la mañana? – Preguntó con voz preocupada.
¡Sí, señora! El señor estaba en la sala acomodando todo en su portafolio y recibió una llamada, por lo que pienso, olvidó guardarlos y supongo los va a utilizar.
¡Ok, ok! Voy ahora mismo sin perder tiempo, tal vez llegue a tiempo.
¡Conduzca con cuidado, señora! – Grita Emma al ver salir a Guadalupe a toda prisa.
Después de una carrera en su auto, llegó a las oficinas del “Conglomerado Pellegrini”. Ella nunca se había presentado ahí en sus 3 años, pero esta vez era un caso urgente.
Entró a la recepción y no vio a nadie, sabe que hay un ascensor que lleva directo a la oficina del presidente, sin saberlo y, como si la suerte estuviera de su lado, escoge ese y sube.
Luego de varios pisos se escucha la campanita anunciando que ha llegado al piso. Guadalupe sale del ascensor y para su suerte en el pasillo no hay nadie y en el escritorio de su secretaria tampoco.
¿Dónde estará Matteo? ¿Dónde estarán todos? – Se pregunta en voz alta, nadie le contesta obviamente.
Camina rumbo a la enorme y elegante puerta de madera, finamente tallada, entra sin tocar y lo que observan sus ojos la deja sin palabras.
Massimo tenía los pantalones abajo, embestía y gemía como nunca lo había hecho con ella. Guadalupe pudo ver a la rubia que estaba con él, no era otra mujer más que Alessia Amato, su única asistente mujer.
Guadalupe tira el folder y Massimo, al escuchar el ruido, voltea, se lleva la sorpresa de su vida, se acomoda la camisa para que su esposa no vea su miembro erecto.
El hombre levanta rápidamente sus pantalones, al mismo tiempo que Alessia toma su camisa para cubrir su cuerpo completamente desnudo y sudado.
La respuesta de Guadalupe no es de sorprender.
¡MALDITO! ¿Así que es con ella con quien todo el tiempo me has estado engañando? – Comienza a hablar en español y lanzar maldiciones - ¡Eres un hijo de puta! ¡Mal nacido! ¡Te odio! ¡Y TU PERRA, TE VOY A MATAR! – Decía ella mientras se acercaba hacia Alessia.
Estaba a punto de llegar a la chica desnuda, cuando sintió un fuerte dolor en el estómago. Massimo le acababa de asentar un puñetazo en el estómago, lo que la hizo caer de rodillas al suelo.
Últimamente, estos arranques de histeria se habían vuelto más comunes y al ver que se acercaba a su amada con mirada asesina, no tuvo otra opción que asentarle un golpe.
Aprovechando que Guadalupe estaba en el suelo, Massimo marcó al móvil de Matteo.
¡Matteo, necesito que te lleves a Guadalupe a la mansión y no la dejes salir!
Este no tardó en llegar, la chica seguía en el suelo, agarrándose el estómago. Matteo la ayudó a incorporarse, trato de no ver a su compañera con solo cubierta con una blusa mal abotonada, sintió pena por la esposa, encontrar así a su marido no debía ser una de las experiencias más agradables.
- Señora Pellegrini, vamos a casa, debe usted tranquilizarse. – Matteo hizo énfasis en el “Pellegrini”, sabiendo que eso le podría costar una reprimenda después, pero en ese momento se puso en el lugar de la esposa.
- ¿Matteo?
- ¡Sí, señor! Quédate en la mansión y no dejes que salga. – Massimo le dijo con voz autoritaria y mirada fría.
“¿A dónde podría ir la pobre chica?” Pensaba Matteo, si estaba sola en un país extraño y con un esposo que no la dejaba hacer migas con cualquiera.
- Señora, vamos, la llevaré a casa.
- ¡NO! ¡No quiero ir a casa!
- Señora, no me ponga las cosas difíciles, ya ve cómo se pone el señor cuando pierde la paciencia.
- ¡Matteo, no quiero ir a casa! ¡Por favor! ¡No quiero ir a casa! ¡Quiero irme a mi país! ¡Quiero mi vida de vuelta! - Dijo Guadalupe con lágrimas en los ojos.
Cuando dijo esa última frase, Matteo se sintió incómodo, recordó la situación en la que Guadalupe llegó a Italia, los motivos para dejar el país eran bastante fuertes y no podría regresar tan fácilmente, se ponía en riesgo ella y a su familia.
Señora, no tengo opción, debo llevarle a la mansión.
- ¡Sí, Matteo, lo sé! Solo quise decirlo imaginando que sería libre y podría regresar a mi vida de antes.
- Señora, usted sabe que no puede. ¡Es peligroso para su abuelo!
- Solo por eso sigo aguantando y lo sabes, si no fuera por mi abuelo, ya me hubiera ido, no importaría si estoy casada o no.
Matteo llegó a la mansión Pellegrini, abrió la puerta del copiloto y vio descender los fragmentos de una mujer abusada, humillada y olvidada.
El hombre sentía que se le estrujaba el corazón, pero no podía hacer nada, en esos temas era mejor no meterse. El señor Massimo era enérgico y no permitía que nadie opinara sobre su matrimonio.
La única capaz de emitir algún comentario era la señora Caterina Pellegrini, abuela del señor, pero en este momento ella no se encontraba aquí.
Guadalupe, después de observar por largo rato la luna y sus alrededores, tratando de encontrar fuerzas para lo que venía, finalmente entró sin encender la luz.
Entró a su baño, enjugo su rostro para quitar el rastro de las lágrimas que derramó, sus manos temblaban, sabía la tormenta que se avecinaba.
- ¿Emma?
- ¡Sí, Señor!
- ¿Dónde está la señora?
- En su habitación, Matteo me pidió que la vigilara de que no hiciera alguna tontería. ¿Está todo bien? - Preguntó la mujer preocupada.
- Sí, Emma, hoy no necesito de tus servicios, así que te pido que te retires. - Dijo Massimo en un tono frío.
- Ok, de hecho, ya estaba en mi habitación.
- No, quiero que me dejes completamente solo con Guadalupe.
- Pero señor…
- ¡VETE! - Gritó Massimo, perdiendo su poca o inexistente paciencia.
Emma no pudo poner más resistencia, tuvo que retirarse sintiendo gran opresión, ya que desconocía la razón de su mal humor, pero hoy, particularmente, la mirada del señor era más sobria y daba miedo.
- ¡Guadalupe! ¡Guadalupe! – Dijo al entrar en la habitación de la chica.
- ¡Mande! – Respondió al momento en que iba saliendo sin muchos ánimos del baño.
- Quiero una explicación a tu comportamiento de hoy en la oficina.
- No hay nada que explicar.
- ¡Guadalupe!
- No te preocupes, nunca volveré a pisar tu oficina, si llego a encontrar algo que crea que vas a necesitar, llamaré a Matteo para que venga a recogerlo.
- Eso espero, tienes totalmente prohibido ir al Grupo. De hecho, he solicitado que no te den acceso.
- ¡Ya te dije que no te preocupes, no volverá a suceder! – Diciendo esto, comenzó a caminar hacia su cambiador para disponerse a poner el pijama. – Ahora, si no tienes nada más que decirme, ¿Te puedes retirar de mi habitación?
Massimo, al ver la pasividad de Guadalupe, no pudo discutir, apretó los puños de frustración, ya que durante todo el camino había ensayado un largo discurso para su esposa, quien creía que le llenaría de insultos y reclamos.
- Guadalupe, sabes bien que no te amo, si me casé contigo fue por mi abuela. A quien realmente amo es a Alessia, tú y yo solo estamos juntos por los largos lazos de amistad que existen entre tu abuelo y la mía.
- ¡Lo sé! No necesito que me lo recuerdes cada vez que haces algo que no va con nuestro matrimonio. – Respondió mientras entraba a su cambiador y cerraba la puerta.
Massimo, al ver la mirada triste de su esposa, no pudo evitar un hueco en la garganta, algo le comenzó a doler. No sabía por qué, pero era mejor salir de esa habitación.
Al salir de la habitación de su esposa, se dirigió a la habitación principal, tomó un baño y decidió ir a descansar temprano.
Mientras dormía, como si la mente le hiciera una mala jugada, recordó cómo fue que conoció a su esposa.
Esa madrugada él estaba exhausto, solo quería beber un poco de agua y, a cambio, encontró a una chica en pijama bebiendo leche y sin poder cruzar palabra con él. Esos ojos grandes y expresivos color almendra le llamaron la atención inmediatamente, aunque supo muy bien fingir indiferencia, su corazón había quedado atraído por esa mirada.
Evelyn's povI woke up to the sunlight blaring outside my window, the blinds already drawn, allowing the Sun to shine through my room. I closed my eyes back and groaned before my hands roamed around the bed, searching for someone__ the alpha. But he wasn't there.I groaned, stretching my hand above my head to release the strain in my muscle. If Dalton wasn't here, it must mean that he was in the battleground. He was so stubborn.He was asked to take a few days off and rest but the first thing he did after his slight recovery was to head to the war room.But then I smiled. He was the perfect alpha the pack needed. Though he didn't see the power in himself, I could see how much he would sacrifice for the welfare of his people.And the things he said to me…the slight vulnerability he had let out yesterday, it still made my heart race. I had promised myself I wouldn't let myself fall for another after what I had encountered with Gabriel. But everyday with Dalton, I find myself gaping at
Dalton’s POVPain sat heavy in my body, but the rage burned deeper. I sat in my office, my back stiff against the chair, my hands gripping the armrests so tight my knuckles turned white. Every breath sent a sharp ache through my stomach, but I ignored it.I had bigger problems.I had sneaked, I couldn't stay bedridden while Gabriel lurked around getting ready to strike once more.He was gone. Someone had helped him escape. And last night, another attempt had been made to poison the pack’s food supply.Josh stood in front of my desk, arms crossed, his expression tight. Across from him, Evelyn stood near the fireplace, her arms wrapped around herself, her brows furrowed.She hadn’t left my side since I woke up.And I didn’t know if that made things better or worse."Tell me again," I said, my voice low, controlled.Josh exhaled. "We checked the cell again. No signs of forced entry. Someone with access had to have unlocked the door.""Do we have names?"Josh shook his head. "Not yet. But
Dalton’s POVThe walls felt like they were closing in. I had just let Gabriel go and that was going to cost me everything.The pack. Our safety. And Evelyn.No, I couldn't let him get away with everything, he had done so much whilst in the cell and now that he was out? Who knows what he could do next.His ally was still out here in our midst and that was the scariest thing ever. The room was warm, the candlelight flickering gently, the bed beneath me soft—but it all felt wrong.I wasn’t supposed to be here. Lying in a bed. Weak. Helpless.I should be out there. Hunting Gabriel. Tearing him apart for what he did.Instead, I was trapped. My body betrayed me, too weak to move without feeling like I’d been ripped open all over again.Evelyn was still sitting beside me, her fingers wrapped around mine, her grip firm.She hadn’t left my side.A part of me wanted to pull away again. To tell her to go, to stop looking at me with that mixture of worry and quiet strength.But another part of me
****Unknown POV****The shackles had been on me for too long. The cold bite of metal against my wrists, the damp scent of the dungeon, the flickering torches that barely lit the stone walls—I had memorized it all.This place was meant to break me.They thought I was defeated.They thought a few chains and a locked door could hold me.Fools.I was done giving them chances to let me free.My patience was already worn out.Tonight I was breaking out no matter what.I sat motionless, waiting in the shadows of my cell.Silent.Patient.The guard outside was careless. His steps followed a steady rhythm—one, two, three—turn.One, two, three—turn.I had watched him for days now and had memorized his actions.They were in fact too predictable.His steps were consistent.I counted them.I waited.Then, the second he turned his back to me, I moved.The chain around my right wrist was already loose. I had spent days weakening it, shifting the bolt, little by little, until all it needed was one ha
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