LOGINTalia Cooper murió como había vivido: sacrificándose por personas que nunca la merecieron. Cuando el apocalipsis zombi convirtió el mundo en un infierno, creyó que su esposo y su hermanastra serían las personas en las que podría confiar. En cambio, le cerraron la puerta del refugio en la cara y la dejaron morir. Pero la muerte le concedió a Talia algo que nunca había tenido en vida. Una segunda oportunidad. Despierta treinta días antes del brote, conservando los recuerdos de todo lo que sucedió y sabiendo exactamente lo rápido que el mundo se vendrá abajo. Esta vez, no será la esposa devota que lo da todo y no recibe nada a cambio. No suplicará. No perdonará. Y desde luego, no morirá por nadie. Mientras las personas que la traicionaron siguen completamente ajenas a lo que se avecina, Talia comienza a prepararse para el día en que los muertos se levanten y la civilización se derrumbe. Pero sobrevivir al apocalipsis no es tan sencillo como sobrevivir a los zombis. Cuando el mundo se sume en el caos, confiar en los demás se vuelve más peligroso que pasar hambre, y cada superviviente tiene algo que ocultar. Talia creía que había regresado al pasado para cambiar su destino. Nunca imaginó que encontraría algo por lo que valiera la pena vivir entre las ruinas del mundo que una vez perdió.
View MorePunto de vista de TaliaEl rugido de los pesados motores diésel resonó por la sinuosa carretera de montaña, haciendo vibrar las bisagras metálicas de las puertas de acceso a la propiedad.Saqué el teléfono y pulsé el botón de apertura remota. La gruesa barrera de acero chirrió mientras se deslizaba hacia el interior del macizo granítico, permitiendo que cuatro camiones comerciales de plataforma y dos tráileres de carga cerrados entraran lentamente en el patio.Los conductores bajaron de los vehículos y contemplaron la propiedad aislada con los ojos muy abiertos. Enormes muros de hormigón, alambre afilado y un aislamiento absoluto del mundo exterior.—¿Entrega para Talia Sterling? —preguntó el conductor principal, levantando un portapapeles electrónico.—Den marcha atrás y acérquense a las puertas de la bodega —ordené mientras entraba en el patio.Saqué un grueso sobre de dinero en efectivo de mi chaqueta y le puse un fajo de billetes en la palma de la mano.—Descarguen todo sobre el s
Punto de vista de TaliaParé un taxi en la acera y le di al conductor la dirección de Maxyn Real Estate. Mientras nos alejábamos, Maple Crest fue desapareciendo poco a poco de mi vista.Me recosté en el asiento de cuero y saqué el teléfono. Abrí una carpeta oculta que se hacía pasar por una calculadora del sistema y accedí a un servidor en la nube cifrado.Meses atrás, cuando las excusas de Andrew por llegar tarde a casa comenzaron a parecerme sospechosas, había instalado pequeñas cámaras ocultas dentro del detector de humo de la sala y a lo largo de las molduras de la cocina. Estaban conectadas a una red celular independiente, y los gastos de conexión se pagaban a través de mi cuenta empresarial privada. Andrew no tenía ni idea de que estaban allí.Me coloqué un auricular y abrí la transmisión en directo. La conexión se estableció casi de inmediato, mostrándome una imagen nítida de la sala. La celebración ya estaba en pleno apogeo. Andrew había abierto una botella de vino añejo y ser
Punto de vista de TaliaAbrí la puerta del dormitorio.Andrew entró a empujones, con el rostro enrojecido por la ira. Eleanor lo siguió, fingiendo secarse las lágrimas, mientras Clara se aferraba a la chaqueta de Andrew como si tuviera miedo de mí.—¿Ya terminaste con esta rabieta vergonzosa? —se burló Andrew—. Clara lleva a mi hijo en el vientre, y ese bebé crecerá en esta casa. Si quieres divorciarte, adelante. Haz las maletas y vete. Pero esta es una propiedad conyugal y no pondrás un pie en ninguna de sus habitaciones.—¿Propiedad conyugal? —Me apoyé en el marco de la puerta—. La casa pertenece al fideicomiso familiar Sterling. La compré antes de casarnos y pagué la hipoteca con mis propios ingresos. Llévame a los tribunales si quieres, Andrew. No conseguirás ni un solo metro cuadrado.Apretó la mandíbula. Sabía que yo tenía razón.—¡Talia, por favor! —suplicó Clara, con los ojos llenos de lágrimas—. Piensa en la tía Eleanor y en el bebé. ¿Dónde vamos a vivir? Tienes muchísimo din
Punto de vista de TaliaLa puerta del dormitorio principal se cerró con un clic, amortiguando los gritos de Andrew y Eleanor.Me apoyé contra ella y respiré con calma. El colgante de esmeralda descansaba sobre mi clavícula, oculto bajo la bata, y su calor se extendía sobre mi piel.Abajo, unos pasos retumbaron por el suelo.—¡Ha perdido completamente la cabeza! —chilló Eleanor—. ¿Cómo se atreve a ponerle una mano encima a Clara? ¡Y ahora quiere divorciarse! Andrew, sube y tráela a rastras de vuelta a la cocina.—Cálmate, madre —respondió Andrew—. Déjala encerrarse y hacer una rabieta. ¿Adónde va a ir? Solo está molesta por lo del bebé. Para la hora de la cena, estará de rodillas, suplicándome que no la abandone.Se me escapó una risa silenciosa.De verdad creían que estaba montando un escándalo por la infidelidad de mi marido. Esperaban que llorara, me tranquilizara y volviera a mi papel habitual de pagarles las facturas.Su arrogancia haría que todo fuera mucho más fácil.Me acerqué
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