LOGIN—No le hables mucho todavía, déjame examinarla primero —intervino el médico, que acababa de llegar y se acercó acompañado de la enfermera de antes.
Yo seguía inmóvil, mirando a aquellas personas que no reconocía. ¿Por qué me llamaban Bella?
¿Quién era Bella?
—Mírame —me indicó el médico, y luego me pidió que abriera la boca; a continuación, sacó un objeto luminoso, como una pequeña linterna, para examinarme los ojos.
Asintió con la cabeza; al parecer, el resultado del examen era el esperado. A su lado, la enfermera tomaba nota de todo lo que decía el médico, aunque yo no entendía nada de lo que decían.
—¿Cómo te encuentras? —volvió a preguntar el médico.
—Bi... bien —respondí en voz baja.
—Menos mal. Llevas una semana ingresada aquí, Bella. Tienes el corazón débil. A partir de ahora tendrás que tener mucho más cuidado.
¿Tengo el corazón débil? ¿Desde cuándo padezco una enfermedad cardíaca? Siempre he estado sana, solo he sido una tonta por enamorarme de David. ¿Y por qué este médico me llama Bella? ¿Quién es esa Bella? ¿Por qué todos los que están aquí me llaman Bella?
—A partir de ahora, tienes que preocuparte por tu salud, Bella. También tienes que empezar una dieta para que tu cuerpo esté sano. No es por ofenderte, pero a tu edad, ya tienes obesidad. Aún eres demasiado joven. ¿Quieres morir de obesidad y de otro infarto?
¿Eh?
¿Qué quiere decir el médico con eso?
¿Obesidad? ¡Oye, yo soy Amora! Tengo un cuerpo ideal y siempre hago ejercicio con常. Incluso a mis 40 años, sigo siendo guapa. ¿Por qué dice ese médico que tengo obesidad?
—Bella, perdona a mamá, ¿vale?... por haberte convertido en lo que eres.
Me giré al oír esas palabras y observé el rostro de la mujer de mediana edad que estaba a mi lado. Tenía los ojos llenos de lágrimas, pero no sé por qué, me parecieron poco naturales, como si fueran falsas. A su lado había una joven guapa y delgada. Su rostro era corriente, pero me miraba con desagrado.
Luego, mi mirada se dirigió hacia el hombre de mediana edad que también estaba allí de pie. Su rostro parecía muy cansado.
¿Quiénes son en realidad? ¿Y por qué me llaman Bella?
Levanté la mano porque me picaba el pelo. Y en ese mismo instante grité.
—¡Aaaakkk!
—¿Qué pasa? —preguntaron todos. El médico incluso parecía entrar en pánico.
Seguía en silencio, mirando la mano que acababa de levantar. ¿De quién es esta mano? ¿Por qué es tan grande? Entonces empecé a tocarme la mejilla. Había algo raro: mi mejilla parecía muy gruesa.
Me toqué el cuerpo… y todo me parecía grande y compacto.
¿De quién es este cuerpo? ¿Por qué estoy aquí?, pensé para mis adentros.
—Bella, ¿qué te pasa? —preguntó el médico con preocupación.
Intenté levantarme, para ver mi propio cuerpo. Aunque el médico me lo había prohibido, me obligué a sentarme.
Me quedé en silencio al ver este cuerpo tan grande. ¿De quién es este cuerpo? ¿Por qué me he despertado en este cuerpo? ¿Dónde está mi cuerpo sexy?
—Un espejo —dije en voz baja a cualquiera que estuviera en la habitación.
—Bella, ¿qué pasa? ¿Para qué necesitas un espejo? —preguntó aquel hombre de mediana edad.
—¿Dónde está el espejo? ¡Quiero un espejo! —repetí sin responder a su pregunta.
Entonces, la joven de antes me lo entregó con cara de mal humor.
—¿Qué quieres ver? ¿Tu cuerpo? Aunque hayas estado durmiendo una semana, sigues estando gorda, Bella.
No le hables caso. Cogí el espejo que me dio y, con el corazón latiéndome con fuerza, lo dirigí hacia mí.
¡Qué sorpresa me llevé al ver el rostro que se reflejaba! ¡Esta no soy yo! ¿Quién es esta? ¿Cómo es posible que esté en el cuerpo de otra persona? ¿Qué está pasando realmente?
—¿Qué día es hoy? —preguntá en voz baja.
—El 7 de noviembre, Bella. Sufriste un infarto ayer, el día de tu vigésimo cumpleaños.
¿Así que el día 1, Bella estuvo a punto de morir? Y ese mismo día, yo también estuve a punto de morir porque David y Lidia me empujaron.
—¿Qué te pasa, pequeña?
Negué con la cabeza. Me parecía totalmente absurdo, pero la realidad era que ahora estaba en el cuerpo de otra persona. Entonces, ¿dónde estaba la Bella de verdad?
Ya lo averiguaré más tarde. Ahora tengo que planear mi venganza. Sí, tengo que recuperar todo lo que tienen David y Lidia.
Desde que recuperé la conciencia, no he hablado mucho. Tengo miedo de decir algo incorrecto y de que se den cuenta de que, en realidad, no soy Bella.
Llevaba dos días en esta habitación y no había venido nadie más que una mujer de mediana edad que, según sabía, era la madre de Bella. Pero había algo extraño: sentía que su actitud no era sincera en absoluto. Y la joven que ayer me había dado el espejo —que sabía que se llamaba Elena— también mostraba abiertamente su antipatía hacia mí.
¿Qué está pasando realmente?
—Bella, como tu padre ya ha vuelto al trabajo y te ha dejado a mi cargo, tienes que hacer lo que yo te diga, ¿vale? —dijo. Su voz sonaba muy suave, pero sabía que solo era una máscara.
No respondí, solo asentí con la cabeza.
Entonces dirigí la mirada hacia Elena, que estaba ocupada con su móvil.
—¿Por qué me miras? ¿Soy guapa, eh? —dijo Elena con brusquedad.
No respondí. Preferí suspirar y mirar hacia otro lado. Ahora tenía demasiadas cosas en las que pensar: cómo fingir ser Bella y, al mismo tiempo, vengarme de David y Lidia.
—Ah, sí, Bella. Quiero decirte que me han nombrado la estudiante más guapa del año. ¡No como tú, que eres fea, gorda y tonta!
¿Fea, gorda y tonta?
Se me tensó la mandíbula al oír eso. Ya había visto a Bella: seguía siendo guapa a pesar de su complexión. ¿Y tonta? ¿Cómo podía decirle algo así a su propia hermana?
—¿Por qué te enfadas? ¡Porque es la verdad! No quieres estudiar porque eres tonta, y encima le has pedido a Álvaro que se case contigo. ¡Bah, ni de coña te va a querer! ¡Ya estás gorda y encima eres tonta!
¿Álvaro? ¿Quién es este ahora, Dios mío?
¿Acaso Bella es igual que yo lo era antes, loca por un hombre?
No voy a permitir que eso ocurra. No voy a permitir que el cuerpo de Bella sufra lo mismo que yo sufrí solo por amar a un hombre.
PUNTO DE VISTA DE AMORALa suave risa que escapó de los labios de Álvaro hizo que mi irritación estallara al instante.—Solo estaba bromeando, Bella… —dijo Álvaro en voz baja, con una expresión divertida que apenas lograba contener—. Solo quiero que te comportes con naturalidad, como siempre. No estés tan tensa ni tan cohibida —añadió antes de darse la vuelta y desaparecer tras la puerta del baño.Me quedé paralizada en el sitio. Mi mente giraba a toda velocidad mientras intentaba asimilar sus palabras. ¿Que me comportara con naturalidad, como siempre? ¿Que no estuviera tan tensa ni tan cohibida?Espera… ¿qué quería decir Álvaro en realidad? ¿Me estaba pidiendo que me comportara tal como soy, como Amora, o que siguiera interpretando el papel de Bella como antes?Me masajeé las sienes, que de repente me dolían muchísimo. Cuanto más lo pensaba, más se me oprimía el pecho por aquel laberinto de acertijos que él mismo había creado.Para no darle más vueltas al asunto, decidí volver a sent
PUNTO DE VISTA DE AMORAMe apresuré a cambiar mi expresión.—No pasa nada, papá. Estamos bien, ¿verdad, cariño? —dije para disipar cualquier sospecha.Sin dudarlo, me senté justo al lado de Álvaro y le abracé el brazo con fuerza para convencer a los padres de Bella.Álvaro permaneció en silencio un instante. No sabía qué estaba pasando por su cabeza en ese momento, pero le hice una señal con la mirada, suplicándole que colaborara y no despertara sospechas por nuestra incomodidad.—Cariño, no tenemos ningún problema, ¿verdad? —repetí con una sonrisa dulce y forzada.Al captar mi señal, Álvaro cambió de expresión al instante.—Sí, estamos bien, papá —respondió con naturalidad.Incluso rodeó deliberadamente mi cintura con su fuerte brazo, acercándome aún más a él.Su gesto me puso de repente más nerviosa que nunca. Mi corazón latía con fuerza y de forma irregular, y sentí que las mejillas se me calentaban de repente.—Menos mal. Me alegro de oírlo —dijo Miguel, suspirando aliviado—. En c
PUNTO DE VISTA DE AMORATras decir aquella mentira, salí apresuradamente de la habitación del hospital. Cerré la puerta con fuerza. Me quedé paralizada en el pasillo, apoyando la espalda contra la pared mientras me sujetaba el lado izquierdo del pecho, que latía con fuerza y de forma irregular.Un miedo profundo no dejaba de crecer en lo más recóndito de mi corazón.Sabía que tenía que evitar a Álvaro para salvar mi dignidad. Sin embargo… ¿hasta cuándo sería capaz de evitarlo? No podía esconderme de él para siempre, ¿verdad?Mis pensamientos se interrumpieron al ver llegar a Haruka y a Miguel, el padre biológico de Bella. Me apresuré a esbozar una sonrisa cálida para recibirlos.—Oye, Bella… ¿por qué estás aquí fuera sola? —preguntó Miguel con sorpresa al llegar hasta mí.Sonreí con torpeza y me rasqué la nuca, aunque no me picaba.—Ah… eso, papá. Tenía intención de salir a buscar algo —respondí, inventando una excusa.Haruka esbozó una sonrisa tierna y luego me rodeó el brazo con fue
PUNTO DE VISTA DE AMORAAsentí lentamente en respuesta a la pregunta que flotaba en el aire.—Sí... soy Amora. La Amora cuyo cuerpo original sigue en coma en este hospital hasta el día de hoy —repetí con sinceridad, con la voz muy ronca.Álvaro permaneció inmóvil. Su expresión era inexpresiva, como si me estuviera dando espacio para terminar aquella confesión tan difícil de asimilar para la mente humana.Respiré hondo y exhalé lentamente para calmar el torbellino que sentía en el pecho. Luego, empecé a contarle toda la cronología de los hechos. Le expliqué cómo David y Lidia habían provocado que mi cuerpo original entrara en coma, hasta llegar a aquel extraño momento en el que mi alma despertó de repente dentro del cuerpo de Bella, que también yacía en el hospital en ese instante.El silencio de Álvaro se convirtió en un tormento para mí. Su expresión tan serena hacía que me resultara muy difícil adivinar sus pensamientos y lo que sentía en su interior.—Entonces... ¿algún día volverá
Punto de vista de AmoraLa habitación quedó sumida de repente en un silencio absoluto. Yo solo podía permanecer callada, mientras Álvaro me miraba con unos ojos tan afilados como una daga, como si exigiera una respuesta inmediata, en ese mismo instante.Las palabras se me quedaron atascadas en la garganta. Mis dedos, fríos y temblorosos, se apretaban unos contra otros. Justo cuando estaba a punto de abrir la boca para pronunciar alguna palabra, la puerta de la habitación se abrió de golpe desde fuera.El abuelo Felipe y mi suegro entraron con los rostros radiantes, rebosantes de felicidad tras enterarse de que Álvaro había despertado del coma.—¡El abuelo está muy contento de saber que ya has despertado, Varo! —exclamó el abuelo Felipe, rompiendo la tensión que se había instalado entre nosotros. Se acercó a la cama y acarició suavemente el brazo de su nieto—. Al abuelo le da mucha pena ver a tu mujer llorando sin parar todos los días mientras te espera aquí. Ahora que ya has despertad
Punto de vista de AmoraAl escuchar su pregunta, sentí que mi cuerpo se debilitaba de repente, como si hubiera perdido todos los huesos. ¿Acaso Álvaro tenía amnesia? De pronto, un miedo atroz se apoderó de mí y me oprimió el pecho sin piedad.—Al... soy yo, Bella. ¿Cómo es posible que no reconozcas a tu propia esposa? —le espeté de inmediato, con la respiración entrecortada.Lo miré con resignación. Álvaro se limitó a permanecer en silencio, mientras sus ojos recorrían mi aspecto de arriba abajo, observándome de la cabeza a los pies. ¿Acaso estaba demasiado conmocionado al ver los cambios físicos en el cuerpo de Bella, que ahora estaba cada vez más delgado?Sin embargo, la fría frase que salió a continuación de los pálidos labios de Álvaro me hizo fruncir el ceño con desconcierto.—¿De verdad eres Bella? —preguntó con tono monótono, sin la calidez que normalmente irradiaba su mirada.—¡Sí, soy Bella! Soy Bella, Al... ¿quién más podría ser? ¡Soy tu esposa! —afirmé presa del pánico—. ¿D







