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Capítulo 3

Autor: Sardina Rebelde
Ignacio se tensó y permaneció inmóvil, sin atreverse siquiera a respirar hondo.

Alternó la mirada entre Camila y Tadeo, tratando de descubrir en sus expresiones alguna pista de lo que estaba ocurriendo.

Camila lo abrazaba con tanta fuerza que apenas podía respirar.

Sentía su calor a través de la ropa, pero por dentro lo invadía un frío cada vez más intenso.

¿Por qué se mostraba tan cercana de repente?

No se parecía en nada a la Camila que recordaba.

—Camila, ¿qué está...?

Al fin consiguió hablar, con la voz ronca y ligeramente temblorosa.

Camila lo soltó poco a poco y retrocedió un paso.

La emoción en sus ojos se fue atenuando, aunque su expresión seguía siendo difícil de interpretar.

Lo observó como si quisiera confirmar algo, pero vaciló y no llegó a preguntarlo.

—Ignacio, ¿podemos hablar a solas?

De pronto habló, y su voz tenía una dulzura que Ignacio nunca había escuchado en su vida anterior.

Ignacio sintió un vuelco en el pecho.

No lograba imaginar qué pretendía.

Miró a Federico, luego a Tadeo y finalmente asintió.

—Sí.

Federico y Tadeo se quedaron en la sala, ambos con mala cara.

Tadeo no podía ocultar su frustración; Federico, en cambio, parecía preocupado.

Los dos siguieron con la mirada a Ignacio y Camila hasta que desaparecieron en el recodo de la escalera.

***

La habitación de Ignacio era sencilla y ordenada.

Los libreros estaban llenos de libros y revistas de diseño de videojuegos.

Camila observó el cuarto al entrar y finalmente se fijó en la computadora.

La señaló y preguntó con curiosidad:

—¿Te sientes mal y aun así sigues trabajando en esto?

Ignacio se acercó al escritorio y encendió la computadora.

En la pantalla apareció el videojuego que estaba desarrollando.

No dijo nada. Se quedó observando a Camila, a la espera de su reacción.

Camila se acercó y examinó con atención los diseños y el código.

Frunció ligeramente el ceño, reflexionó unos instantes y volvió a mirarlo.

—¿Quieres desarrollar este videojuego por tu cuenta?

Ignacio asintió.

—Sí. Siempre ha sido mi sueño.

Camila guardó silencio un momento antes de responder:

—Puedo ayudarte.

La propuesta lo sorprendió.

La observó, buscando en sus ojos alguna explicación, pero no encontró nada.

—¿Por qué? —preguntó en voz baja, con desconfianza.

Camila sonrió ligeramente, caminó hasta la ventana y contempló el exterior.

Su voz sonó suave, pero firme.

—Porque creo en ti.

Ignacio miró su espalda y se puso aún más a la defensiva.

No se atrevía a confiar de nuevo en ella, así que rechazó la oferta de inmediato.

—Gracias por la confianza, pero por ahora no necesito ayuda.

Camila se volvió y le dedicó una sonrisa que no le permitió adivinar sus intenciones.

—No te apresures a decir que no. Piénsalo con calma.

Después salió de la habitación.

Ignacio se quedó en su habitación y pasó toda la tarde inquieto.

No entendía por qué Camila había empezado a tratarlo de esa manera.

Al recordar los malentendidos y el sufrimiento de su vida anterior, sintió un escalofrío.

***

Al anochecer, Federico llamó a Ignacio a su estudio.

Con expresión serena, le informó:

—Hoy Camila propuso formalmente una unión entre nuestras familias. Quiere que acordemos el matrimonio cuanto antes y dejó muy claro que desea comprometerse contigo.

Ignacio se quedó pasmado.

¿Cómo era posible?

En su vida anterior se habían comprometido tres meses después de conocerse.

Incluso entonces, Camila solo había aceptado a regañadientes porque su madre apreciaba el carácter responsable de Ignacio.

¿Por qué todo había cambiado?

Logró serenarse lo suficiente para tantear el terreno con Federico.

—Papá, yo pensaba irme dos años al extranjero para seguir estudiando. ¿No podríamos dejar esto para después?

Lo único que quería era ganar tiempo.

Federico suspiró.

Entendía que Ignacio quisiera continuar con sus estudios, pero aquel matrimonio beneficiaba a la familia García.

—Comprendo lo que quieres. Sin embargo, la familia Delgado está muy decidida, y Camila parece estar muy contenta contigo. Un matrimonio así también sería bueno para nuestra familia.

Ignacio se quedó callado.

Entendía las ventajas de aquella unión, pero el recuerdo de todo lo que Camila le había hecho sufrir seguía provocándole un miedo imposible de contener.

“¡No! No puedo casarme con ella.”

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