Después de pasar la noche en vela, Ignacio solo logró dormir un rato por la mañana. Cuando despertó de nuevo, ya era mediodía.Se frotó los ojos y, apenas abrió la puerta, escuchó risas y voces animadas en la planta baja.Desde las escaleras vio a Tadeo conversando con entusiasmo con un hombre y una mujer.La mujer era su tía Leticia García, de mediana edad, complexión robusta y vestida con ropa lujosa.El joven que estaba a su lado era Nicolás Vargas, primo de Ignacio y apenas un año mayor que él. En cuanto Ignacio lo vio, le costó contener el odio.Jamás olvidaría a aquella madre y a su hijo.En su vida anterior habían mentido ante el tribunal, asegurando que él había asesinado a la madre y al hermano menor de Camila. Su falso testimonio lo había condenado a prisión.Cuanto más lo recordaba, más rabia sentía. Cerró los puños hasta casi clavarse las uñas en las palmas.Pero sabía que no podía actuar por impulso. Tenía que contenerse y evitar que el odio le nublara la razón.Cerró
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