FAZER LOGINLo primero que vio Skylar al abrir los ojos fue el rostro de Dan. Él estaba recostado frente a ella, todavía dormido, tenía el semblante relajado.
Su mirada se desvió hacia su alrededor y se dio cuenta de que estaba en la habitación de Dan. Debía de haberse quedado dormida en algún momento de la noche mientras conversaban. Una cobija los cubría y podía sentir la mano de Dan en su cintura. Su tacto era cálido y la hacía sentirse reconfortada.
Guardó silencio y evitó moverse para no despertarlo. La constante necesidad de querer mantener la distancia se había esfumado, en su lugar solo había quedado tranquilidad. Sus heridas habían sanado mientras le contaba sobre sus miedos e inseguridades. Todavía no confiaba del todo en Dan, pero tampoco sentía más resentimiento por lo que él lo había hecho.
No mintió cuando le dijo que no le había recriminado, no tenía nada que recriminar. Las personas cometían errores y muchos no se hacían responsables. Sin embargo, Dan estaba allí haciendo todo lo posible por resarcirse.
Estiró una mano antes de darse cuenta de lo que estaba haciendo y la colocó sobre su rostro. Lo acarició con movimientos suaves y lentos.
De repente Dan despertó y la observó con fijeza. Era como si sus ojos pudieran atravesar su alma y ver cada uno de sus secretos, incluso aquellos que ni ella misma podía descifrar.
—Buenos días —dijo después de algunos segundos y le dio una sonrisa sincera que le quitó el aliento.
Se imaginó a un niño de ojos azules como los de Dan y la misma sonrisa. Un niño hermoso y no podía esperar para verlo hacer de las suyas. Con unos padres como los que tendría probablemente sería alguien travieso e inteligente.
—Hola —respondió.
—¿Cuánto tiempo llevas despierta?
—No estoy segura.
Podían haber sido algunos minutos o quizás más. Había estado demasiado abstraída en sus pensamientos como para darse cuenta de algo más.
Los dos se quedaron allí sin decir nada, solo observándose.
El momento se rompió cuando su vejiga comenzó a reclamar su atención. De inmediato intentó sentarse, pero la mano Dan se afirmó sobre ella y sus facciones se tensaron.
—¿A dónde vas? —preguntó él reacio a dejarla ir.
Sonrió.
Era un hombre tan seguro de sí mismo, pero cuando se trataba de ella actuaba como cualquier otro ser mortal.
—Al baño, tu hijo decidió que sería divertido presionar contra mi vejiga.
Dan soltó una carcajada.
—Lo siento por eso —dijo él dejándola ir.
—Aún no ha nacido y ya me anda dando órdenes. No hay duda de a quién se parece.
—Sí, a la obstinada de su madre.
Lo fulminó con la mirada antes de entrar al baño. Si no se daba prisa iba a terminar orinándose en los pantalones. Cuando tenía que ir, tenía que ir. Su cuerpo ya no esperaba.
Al salir encontró a Dan buscando algunas cosas en su armario.
—Iré a mi habitación —dijo.
Dan se giró y se acercó a ella. La tomó del rostro e inclinó la cabeza para besarla, un contacto delicado y corto. No lo detuvo, ni tampoco reclamó.
—¿Qué quieres desayunar? —preguntó él.
—Tostadas con crema de avellanas.
—Eso fue bastante específico. Esperó tener crema de avellanas.
Dan dio un paso atrás y ella aprovechó para marcharse.
Se encerró en su habitación y apoyó su cuerpo contra la puerta mientras recuperaba la cordura. Una noche había bastado para que todo cambiara.
Procuró no demorarse en la ducha y después de cambiarse salió en dirección a la cocina. Apenas puso un pie dentro, Dan extendió una tostada en su dirección y ella le dio un mordisco. Soltó un gemido como si se tratara del manjar más delicioso sobre el planeta.
—Al parecer estás comenzando a tener antojos. Será mejor abastecernos de todo lo que podamos.
—Eso suena a un gran plan.
En cuanto terminaron de desayunar, Dan cogió sus llaves y se dirigieron hacia el garaje. Fueron a un supermercado cercano.
—No habría sido más fácil ordenar en línea —preguntó mientras veía a Dan poner al menos cuatro frascos de kétchup en el carrito.
—Eso no es tan divertido.
—No creí que fueras de esas personas que les gusta ir a comprar comestibles.
—Yo tampoco, supongo que la compañía tiene mucho que ver —Él le guiñó un ojo y colocó una cantidad considerable de otras salsas. —No crees que es demasiado.
—Para nada.
Si Dan habría podido comprar toda la tienda, no tenía duda de que lo habría hecho.
—¿Piensas dejar algo para el resto de clientes? —preguntó al ver los dos carros de compras a rebosar.
Era un milagro que le estuviera dejando empujar uno de ellos, aunque el suyo tenía todas las cosas de menor peso.
—¿Crees que sea suficiente? —preguntó él alzando una ceja.
—Depende de a cuantas personas planees alimentar y por cuanto tiempo. —Apenas logró no reírse.
—Estoy preocupado. No quiero que nada te falte.
«¡Demonios!» Él era demasiado tierno.
Skylar optó por no mirar la cuenta cuando pagó por todo. Estaba segura de que se iría de espaldas si lo hacía.
Durante la tarde Dan se encargó de ordenar todo lo que habían comprado mientras hacía su tarea. Optó por trabajar en la cocina, después de que él vino a preguntarle por segunda vez donde debía de ir una de las tantas cosas que había comprado. Eso resultó provechoso para ella porque Dan la ayudó a terminar con las partes más difíciles de su trabajo.
Ella terminó primero y se ofreció a ayudarlo. Como se estaba haciendo costumbre, él se negó rotundamente; pero Skylar decidió no escucharlo y terminó haciéndolo de todas formas. Entre los dos acabaron más rápido y ordenaron el almuerzo.
El lunes por la mañana Dan la llevó hasta la universidad.
—Skylar —saludó Benjamín apareciendo de la nada unos segundos después de que bajó del auto de Dan.
—Benjamín —saludo recibiendo su beso en la mejilla—. ¿Cómo estás?
—Muy bien. —Él miró a Dan antes de saludarlo también.
Dan respondió con un movimiento de cabeza.
—Estás muy linda —alabó Benjamín.
Skylar le dio un rápido vistazo a su atuendo. Estaba usando uno de los que Dan le había comprado. Pese a lo mucho que se había resistido, tenía que aceptar que la mayoría de su ropa había dejado de quedarle y no había llegado a comprar suficiente ropa de embarazada.
Dan carraspeó llamando su atención y le dio una mirada de advertencia y su compañero alzó ambas manos al aire.
—Cuídate —le dijo Dan mirándola—. Si necesitas algo, no dudes en llamarme. —Con cada día que pasaban él estaba más preocupado.
—Estaré bien, no tienes que preocuparte.
—Claro que tengo que hacerlo. —Dan colocó una mano sobre su vientre, ni siquiera parecía importarle que estaban en público.
—La mantendré vigilada —dijo Benjamín.
Dan lo miró sin parecer demasiado contento, pero asintió.
Ambos se despidieron y se dirigieron a su salón antes de que se hiciera tarde. Tenían un examen y el profesor no soportaba las interrupciones.
—¿Ahora te trae a la universidad? —preguntó Benjamín divertido mientras caminaban.
—Nunca creí que fueras del tipo chismoso.
—¿Es que nunca hubo nada de que interrogarte?
Sonrió divertida.
—Pues no será de mi de quién obtengas información.
—Vamos. No es como si se lo fuera a contar a alguien.
Sabía que no. Benjamín era una persona con frecuencia reservada.
—Es el papá de mi hijo —confesó.
—Eso supuse la primera vez que se apareció por aquí. —Él sonrió con suficiencia—. Cuando nos encontramos en su empresa, me preguntó muchas cosas sobre ti.
Lo miró confundida.
—Tranquila, no le dije nada. Creí que se desharía de mí en cuanto no le di lo que quería, pero me trató con cortesía y respondió a todas mis preguntas. Pensé en presentar mi solicitud para hacer mis prácticas con él, pero es claro que tú tienes mayores posibilidades de ser aceptada. Eres la mejor del salón y además ya trabajaste con él.
Esa era una de las razones por la que Benjamín le agradaba. A diferencia de muchos otros, no la había descartado como competencia tan solo por ser mujer.
—No haré mis prácticas en Industrias Harris, así que no te preocupes por mí.
—¿No trabajarás con él? —Benjamín parecía verdaderamente intrigado.
—Tengo otros planes en mente.
No estaba segura de que fuera lo mejor volver a trabajar cerca de Dan. Quería la oportunidad de demostrar sus habilidades sin que nadie asumiera cosas y eso es lo que harían si trabajaba con el padre de su hijo.
—¿Y él lo sabe?
—Todavía no se lo he dicho.
—Seguro no estará contento.
—Tendrá que aceptarlo. —Después de todo era su decisión.
Dan la mensajeó un par de veces durante la mañana para asegurarse de que todo estaba bien y podía estar casi segura de que vio a Benjamín escribirle un mensaje. La habría molestado estar tan vigilada, sino fuera porque Dan lo hacía solo porque se preocupaba por ella y no porque intentara controlarla.
La mañana fue larga y extenuante, paso de un examen a otro. Casi se había quedado dormida sobre uno de sus exámenes, pero aun así estaba segura de que había aprobado todos sus exámenes. Un par de días más y podría decir que había terminado satisfactoriamente con todo.
Al salir de su último examen buscó su celular para llamarlo y contarle lo bien que le había ido. Estaba tan concentrada que no se dio cuenta de que él estaba esperándola en el mismo lugar que en la mañana hasta que Benjamín le dio un codazo.
—Adiós —le dijo a su amigo apresurando el paso.
En cuanto llegó frente a él no se detuvo a analizar sus acciones, solo lo abrazó. Sonrió como una niña cuando él le correspondió sin dudar y depositó un beso en su cabeza.
Lily no podía dejar de sonreír. Unos minutos atrás William y ella habían sido declarados marido y mujer, ahora era oficialmente una mujer casada. Aunque William formaba parte de su vida desde un tiempo considerable, sentía que algo había cambiado. El matrimonio era un nuevo nivel de compromiso y quizás la asustaba, pero estaba segura de que harían lo mejor para que todo resultara bien. William la llevó hacia el otro lado del jardín donde alguien había dispuesto las mesas para que disfrutaran del banquete. Había sido decisión de ambos que la boda se llevara en la casa que ambos compartían. Era el lugar perfecto, en especial porque no habían invitado a demasiadas personas, solo las más cercanas. Sus invitados los detuvieron para felicitarlos, pero William no la soltó en ningún momento.—Felicidades, niña &md
—¡Wow! Esto sí que es —Lily dio un giro observando todo a su alrededor—… hermoso. William había preparado una cena especial en su casa para celebrar su primer año juntos. No estaba seguro de como el tiempo había transcurrido tan rápido. Con frecuencia sentía que había sido apenas el día anterior cuando la conoció. Esa noche era especial y había querido que todo fuera perfecto. Con la ayuda de su madre y la de una organizadora de eventos se había asegurado de adornar el jardín. Tal vez se había excedido un poco con los detalles, pero a Lily parecía gustarle todo y eso era suficiente para calmar sus nervios. Las cosas no habían sido del todo fáciles desde que estaban juntos. Las relaciones nunca lo eran, los problemas siempre existirían, la cuestión era poder superarlos juntos. Uno de los momentos más difíciles había sucedido un par de meses atrás, cuando tuvo que permanecer fuera del país por casi tres semanas. La distancia había sido horrible y casi s
Lily soltó un gemido cuando los labios de William abandonaron los suyos y se deslizaron a lo largo de su cuello al mismo tiempo que sus manos se arrastraban desde su abdomen hasta sus senos. Le retiró el sujetador y comenzó a jugar con ellos. Él le dio un pellizcó a sus pezones antes de acariciarlos con suavidad.Sus manos se aferraron a las sábanas debajo de ella en un intento por aplacar el intenso placer que estaba sintiendo. Las manos de William se sentían como llamas de fuego acariciándola. William se entretuvo un tiempo en sus senos y luego llevo las manos hasta sus bragas para retirárselos. Ella levantó las caderas para facilitarle las cosas.Ella estaba tendida encima de la cama, completamente desnuda, y él aún permanecía vestido. Se sintió cohibida, pero le gustó la mirada de deseo y admiración que él tenía. Nunca antes se
—Eso no salió tan mal —comentó William.Lily y él llevaban una semana saliendo y esa noche se habían reunido con Noah. El hombre era bastante agradable y lo que era más importante se preocupaba sinceramente por ella. Si no fuera porque lo sabía mejor, habría pensado que eran padre e hija.Lily adoraba darle órdenes al hombre respecto a casi todo. Ella tenía las indicaciones sobre la dieta que él debía llevar después de que había sufrido un ataque de infarto y se aseguraba de que la cumpliera.Noah había rodado los ojos cada vez que Lily le había hecho una pregunta al respecto, pero había visto el brillo de aprecio en sus ojos.—No, si no cuentas la discusión sobre si los Jets son mejor que los Giants. —Lily sonrió divertida.—Todo el mundo sabe que los…—No, por favor otra ve
Lily debería haberse quedado en la cocina, pero había escuchado el cambio de voz de William y no había podido evitar acercarse a averiguar que había cambiado su humor con tanta rapidez. Cuando había estado cerca escuchó la voz de una mujer y trató de contener los celos al pensar que se trataba de alguna de sus amantes.No lo había logrado con demasiado éxito y debido a eso había terminado diciéndole “cariño” y como si fuera poco se había tomado la libertad al acercarse al intercomunicador para deshacerse de la mujer.—¿Estás molesto? —preguntó al ver pasar los segundos sin que William dijera nada.Él solo la observaba en silencio y la comenzaba a hacer sentir nerviosa.—¿Cómo me llamaste?Intentó controlar el sonrojo en su rostro. No esperaba que él se hubiera dado cuenta de
—¿Quieres ir a mi departamento a cenar? —preguntó William en cuanto arrancó su auto. Acababan de dejar a James en su departamento, ya no le desagradaba tanto, pero estaba feliz de no tener que soportarlo más—. Considéralo una pre-cita.Todavía no estaba listo para perder a Lily de vista, el fin de semana había acabado demasiado rápido. Sabía que tenía tiempo, ahora que estaban juntos; pero eso no hacía nada por tranquilizarlo.—No sabía que eso existía —respondió Lily divertida.—Claro que sí, es como un ensayo para la cita a la que pienso llevarte pronto.—Suenas muy seguro de ti mismo. —Ella hizo una pausa antes de hablar otra vez—. No estoy segura, mañana debo de trabajar y mi jefe estará más exigente de lo normal.Había logrado averiguar más sobre el tal







