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Capítulo 10

Autor: Joana Guzman
last update Data de publicação: 2022-04-02 12:49:27

—¡Wow! Esto sí que es —Lily dio un giro observando todo a su alrededor—… hermoso.

William había preparado una cena especial en su casa para celebrar su primer año juntos. No estaba seguro de como el tiempo había transcurrido tan rápido. Con frecuencia sentía que había sido apenas el día anterior cuando la conoció.

Esa noche era especial y había querido que todo fuera perfecto. Con la ayuda de su madre y la de una organizadora de eventos se había asegurado de adornar el jardín. Tal vez se había excedido un poco con los detalles, pero a Lily parecía gustarle todo y eso era suficiente para calmar sus nervios.

Las cosas no habían sido del todo fáciles desde que estaban juntos. Las relaciones nunca lo eran, los problemas siempre existirían, la cuestión era poder superarlos juntos.

Uno de los momentos más difíciles había sucedido un par de meses atrás, cuando tuvo que permanecer fuera del país por casi tres semanas. La distancia había sido horrible y casi se había vuelto loco de tan solo hablar con ella a través de una pantalla. Cuando por fin regresó, había estado más seguro de que Lily era la mujer con la que quería pasar el resto de su vida.

La amaba y desde que se lo había dicho por primera vez —apenas un mes después de conocerla y dos días antes de pedirle que se mudara con él— lo había repetido al menos un par de veces al día. Cualquier reserva que hubiera tenido en el pasado respecto al amor, se había esfumado por completo.

Lily nunca había dudado de él cuando le dijo que la amaba y tampoco lo hizo cuando algunas revistas publicaron artículos insinuando infidelidad. Él había estado tan preocupado por lo que ella pudiera pensar, pero Lily solo había atinado a reírse y a decirle cuanto lo amaba.

Ella confiaba en el ciegamente y él nunca se atrevería a hacer algo que pusiera en riesgo esa confianza.

No quedaba nada de él de aquel hombre que solía involucrarse con una y otra mujer. Tenía a la única que quería y si todo salía bien esa noche, la tendría para siempre.

—Esperaba que te gustara —dijo.

—Me encanta —musitó ella con una sonrisa.

Hizo a hacia atrás la silla para que Lily se sentara y cuando lo hizo depositó un beso en su hombro descubierto. Ella estaba igual de hermosa que siempre.

Se fue a sentar a su lado y tomó la botella de vino. Levantó la copa de Lily y le sirvió un poco.

—Aquí tienes, dulzura —dijo.

—Gracias.

Sirvió otro poco en su propia copa antes de poner la botella a un lado.

—Quiero brindar, por nosotros y el año que llevábamos juntos —dijo levantando su copa—. Salud.

—Salud —dijo ella chocando su copa con la de él—. No puedo creer que haya pasado tanto y aun sigamos juntos —comentó después de beber un sorbo.

—Te dije que no te librarías de mí.

De pronto Lily soltó una carcajada.

—¿Qué sucede?

—Pensaba en lo que sucedió cuando fuimos a aquella cabaña. Todavía no puedo creer que me cayera al lago.

—Seguro será una buena anécdota para contarle a nuestros nietos.

—¿Nietos? ¿Quieres tener hijos?

Lo quería todo cuando se trataba de ella.

—Creo que esa es la única forma de tener nietos ¿no crees?

—Cierto.

Los dos se quedaron en silencio cuando el camarero que había contratado para esa noche se acercó con una bandeja. El hombre colocó los platos en la mesa y después se retiró con sigilo.

—¿Cómo organizaste todo esto? —preguntó Lily mientras se llevaba un pedazo de carne marinada a la boca.

—Tuve ayuda de mi mamá —confesó.

—Ya entiendo porque ella andaba toda misteriosa, no puedo creer que no me lo dijera.

Sus padres habían amado a Lily desde el día en que la conocieron y ella le había dicho una vez que era como tener la familia que siempre había deseado.

—Le pedí que guardara el secreto, quería que todo fuera una sorpresa.

—Y sí que lo fue. No creo que lo que conseguí esté a la altura de todo esto.

—Estás usando mi regalo. Si es así, ya llevas toda la ventaja.

—Solo piensas en sexo —comentó ella fulminándolo con la mirada. La conocía bastante bien para saber que solo estaba actuando.

Cuando Lily se molestaba su ceño se fruncía y un brillo amenazante aparecía en sus ojos, lo sabía porque habían tenido algunas discusiones apasionadas. Ella no era del tipo de mujer que aceptara alguna estupidez sin rechistar y él estaba más que bien con eso. Sabía que tendrían más discusiones en el futuro, salirse siempre con la suya no sonaba ni un poco divertido, además le ayudaba a darse cuenta cuando algo estaba marchando mal.

Si había alguien que podía mantenerlo con los pies en la tierra era esa mujer y su carácter indomable.

—No siempre, solo la mayoría del tiempo —dijo guiñándole el ojo—. Y no te oí quejarte de esta mañana mientras nos divertíamos en la ducha.

—¿Qué paso con eso de que los hombres no tienen memoria?

Deslizo su mirada hacia abajo hasta donde su cuerpo era bloqueado por la mesa, luego regresó la vista a sus ojos.

—Créeme cuando se trata de ti, mi memoria trabaja perfectamente. Conozco tu cuerpo mejor que el mío.

Ella sonrió y sacudió la cabeza, pero vio un destello de deseo en sus ojos.

Continuaron cenando en medio de bromas y besos robados. William todavía no había descifrado la manera de mantener sus manos y labios lejos de ella cuando estaban en la misma habitación. Pasado algunos minutos sin tocarla, comenzaba a ponerse inquieto.

Cuando terminaron de comer el mesero volvió a aparecer y dejó sus postres antes de recoger los platos vacíos.

—¿Mousse de chocolate? Esta noche solo se pone mejor y mejor.

Sonrió

Lily se llevó un bocado de su postre a la boca y gimió. Ese sonido siempre le nublaba los pensamientos… todo en ella tenía ese efecto sobre él.

—Déjame probar —dijo acercándose sobre la mesa.

Ella le extendió su cuchara con un poco, pero él la tomó de la muñeca y la atrajo hacia él para besarla.

Cuando se alejó se lamió los labios y asintió.

—Tienes razón, delicioso.

Ella se mordió los labios y lo miró quieta por algunos segundos antes de continuar comiendo.

Los siguientes minutos ninguno de los dos dijo nada.

William apoyó los codos sobre la mesa y entrelazó los dedos antes de apoyar el mentón sobre ellos. Quería disfrutar el espectáculo que Lily le estaba dando.  

—¿No piensas comer el tuyo? —preguntó ella después de un rato.

—Lo guardaré para más tarde. Tengo algunas ideas interesantes que te incluyen a ti y al chocolate.  

—Eso suena interesante, deberíamos ir de una vez.

Le encantaba que ella no tuviera miedo en expresas sus deseos.

—Hay algo que quiero hacer antes —musitó.

Se puso de pie.

Sus manos comenzaron a sudar y su corazón se volvió frenético.

—¿De qué se trata?

Extendió su mano hacia ella y la ayudó a levantarse.

Soltó un suspiro, sacó la cajita del bolsillo de su saco y luego hincó una rodilla en el suelo.

Lily abrió los ojos como platos y susurró su nombre.

—Lily Howard, eres la mujer más atrevida que conozco, te gusta hablar sin detenerte a pensar y te encanta decirme qué hacer, pero maldición si no amo todo eso de ti. Llegaste a mi vida en el momento menos esperado y no me arrepiento de haber hecho lo posible para que no te fueras. Te amo como nunca creí posible y espero que me permitas ser tu esposo.

Ella abrió la boca, pero ningún sonido salió.

Estaba por entrar en pánico ante su prolongado silencio cuando ella al fin comenzó a asentir con la cabeza.

William actuó con rapidez y le colocó el anillo en el dedo. No pensaba darle tiempo para que se lo pensara mejor.

Se levantó, acunó sus mejillas y la besó.

—Nos vamos a casar —comentó ella con una sonrisa cuando se dejaron de besar—. Nos vamos a casar —repitió sonriente.

—Así es, dulzura. No podrás deshacerte de mí.

—Creo que nunca tuve esa opción —comentó ella divertida, pero luego se puso más seria—. Te amo.

—No más que yo. 

Agarró su postre de la mesa y se lo entregó a Lily antes de cargarla.

—Ahora sí, llegó mi hora de disfrutar del postre.  

Ella echó la cabeza hacia atrás y soltó una carcajada.

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Comentários (1)
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Jessica Lopez
Me encantan ... Cuando el amor es verdadero y recíproco, es maravilloso ...
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