INICIAR SESIÓNLily miró la puerta de su habitación como si pudiera ver a través de ella. Estaba segura que William no se había marchado de regreso al lago y tampoco se había encerrado en su habitación. Él no le haría las cosas tan fáciles.
Estaba igual o más confundida que la noche anterior. Quizás era eso lo que la había llevado a ser grosera con William. Era probable… No, era un hecho que debido a su actitud infantil que había terminado en el agua, nadando con pirañas, que ahora comenzaba a creer que había sido un invento de William.
Si comprobaba que le había mentido, lo ahogaría en ese mismo lago.
Sacudió la cabeza. Sus emociones estaban fuera de control.
Tomó el pomo de la puerta para abrirla, pero luego lo soltó. No, no estaba lista para salir y confrontarlo.
Nunca se hubiera considerado de las personas que optaban por esconderse, pero allí estaba ella, prolongando lo más posible su encuentro con William.
Se dirigió hacia su maleta y buscó el libro que había traído con ella. Se recostó sobre la cama y lo abrió libro donde lo había dejado.
Era un romance de época. Era una fanática de las historias románticas y más de una vez había esperado vivir algo parecido a aquellas intentas historias de amor.
De inmediato pensó en William y lo que él le provocaba. Quizás si le daba una oportunidad podía por fin vivir algo parecido, en lugar de solo soñar con ello.
Soltó un suspiro de frustración. Él parecía dispuesto a apoderarse de sus pensamientos.
Se esforzó por concentrarse más en su libro y estaba punto de lograrlo cuando una voz la devolvió a la realidad.
—“Nueve reglas que romper para conquistar un granuja” —leyó William mirando la portada del libro—. Suena a una lectura bastante informativa. ¿Saltar de un bote está incluido en esas reglas que menciona?
Cerró su libro con prisa y lo colocó debajo de su almohada.
—¿Cómo entraste? Estoy segura de que puse el seguro.
—Llaves —dijo él mostrándole un llavero—. Seguro que sabes que pueden abrir las puertas.
Él parecía estar buscando irritarla a propósito, pero esta vez no le iba a dar el gusto.
—¿Qué deseas? —dijo con cortesía. Años relacionándose con idiotas le habían enseñado a poner una sonrisa en el rostro en el peor momento.
Estaba tratando mantenerse imperturbable, pero al verlo acercarse a ella se levantó con prisa de la cama esquivándolo en el proceso. No sería consciente de sus acciones si eso llegaba a acorarla en la cama.
William, por supuesto, no pasó por alto su acción y sonrió con presunción.
Debería querer golpearlo para borrarle la sonrisa, pero en su lugar se encontró mirando sus labios pensando si sentiría igual volver a besarlo.
En su prisa se había olvidado del bendito libro y William lo sacó de debajo de su almohada. Abrió una página al azar y él comenzó a leerla en voz alta. Tuvo la mala suerte de que era una escena subida de tono.
Su cuerpo respondió a la seducción en su voz. Se lo imaginó narrando esa historia en la radio para cientos de mujeres, no podía imaginar a una mujer que no escuchara su programa. Pero estaba bien con que nadie más que ella tuviera la oportunidad de hacerlo.
Su repentina posesividad la tomó por sorpresa.
Al terminar de leer un fragmento él levantó la mirada hacia ella. Su mirada brillaba de deseo y no fue difícil imaginar lo que pasaba por su mente.
Miró en otra dirección tratando de escapar de sus fantasías.
—Definitivamente informativo, aunque no hay nada mejor que la práctica —dijo William con la voz ronca.
Nunca sabía que iba a decir.
Él colocó el libro sobre la cama.
—¿Quieres que hablemos aquí o en la sala? —preguntó.
—Preferiría que no habláramos para nada.
—Como quieras, será aquí entonces —dijo él con seriedad.
Soltó un suspiro de resignación, no iba a poder escapar de él. Era más obstinado que ella.
—Anoche fui sincero respecto a cómo me siento contigo —dijo él en cuanto se sentaron frente a frente en la sala.
—¿Cómo sé que no pasarás de mí en cuanto obtengas lo que quieras? —No había pensado decir eso, la verdad ni siquiera estaba segura de que es lo que pensaba decir.
La pregunta había salido de la nada, pero se dio cuenta que era eso lo que la detenía, la idea de que William estuviera detrás de ella porque no había cedido a él como tantas otras, pero que después de aburriera.
—Lily, no soy de los hombres que le insisten a una mujer, pero he demostrado de que en lo que respecta a ti no me importa mucho hacer el ridículo.
Eso no respondió precisamente a su pregunta, pero entendió su punto.
—Soy yo la que hizo el ridículo hoy —comentó con una sonrisa carente de humor.
—No lo diría de esa manera.
—Me caí del bote y cuando salí parecía un perro mojado.
Él soltó una carcajada. Ese día lo había escuchado reír bastante y se estaba haciendo adicta a ese sonido.
—A mí me parecías la mujer más sexy y tierna con la que he tenido oportunidad de estar. Y si habrías mirado un poco más abajo, te habrías dado cuenta que mi cuerpo pensaba lo mismo.
Sintió su rostro calentarse al entender a lo que se refería.
—Solo quiero que nos des una oportunidad —dijo él volviendo al tema principal.
—Yo…
¿Por qué se seguía resistiendo cuando era obvio que le gustaba?
Miedo. Pero nunca había dejado que eso la detuviera.
¿Acaso no quería averiguar en qué podía transformarse esa atracción irresistible?
No quería un día mirar al pasado y arrepentirse por no haberse arriesgado. Sí, podía terminar con el corazón roto, pero quizás no sería así y podría descubrir algo mágico.
—Está bien —dijo por fin.
Esperó que el arrepentimiento hiciera acto de presencia en cuanto las palabras abandonaron su boca, pero solo atinó a sonreír emocionada.
William también sonrió, luego la tomó de la mano y la jaló hacia su regazo.
Se sentó sobre una de sus piernas y él la tomó de la mejilla con una mano antes de acercarla para besarla. Parecía que había pasado una eternidad desde que se habían besado por primera vez. Se sintió aún mejor que el de la noche anterior.
Soltó un suspiro de satisfacción y dejó que él se hiciera cargo.
Afuera se escuchó el ruido de los demás hablando y riendo.
William dejó de besarla, no parecía nada contento con eso. Cuando ella intentó levantarse, él la mantuvo sujeta por la cintura.
—Tu sitio es aquí —dijo él.
—Eres muy mandón.
—Supongo que tengo que serlo si quiero tener una oportunidad contigo, podrías comerme en el desayuno si soy demasiado blando.
Ella soltó una carcajada.
Sus anteriores novios le habían dicho algo parecido cuando terminaron con ella, pero ni de cerca había sonado a un halago como lo hacía en ese momento.
Los primeros en llegar fueron James y Benjamín. Al verlos juntos solo sonrieron y se sentaron en los sofás disponibles. Poco después apareció Hailey, Dan y Skylar. Su amiga y su novio también sonrieron felices y la hermana de Skylar actuó como toda adolescente, poco interesada.
Su amiga se acercó directo a ella y la tomó de la mano.
—Tranquilo muchacho, prometo devolvértela —dijo cuándo William no parecía querer dejarla marchar.
Skylar la llevó hasta su habitación y las encerró dentro.
—¿Qué sucedió? —preguntó ella tan pronto se sentaron en la cama.
—Él y yo estamos juntos.
—Jamás lo habría adivinado —dijo su amiga con ironía—. Quiero la historia completa, ahora mismo.
Empezó por el paseo del día anterior y luego contó lo que pasó en la noche.
—Estoy tan feliz por ti, ya era hora de que encontraras a alguien que valiera la pena.
—Creí que habías dicho que era un mujeriego.
—Y lo era, pero después de interrogar a Dan hasta el cansancio descubrí que él nunca ha mostrado interés especial por una mujer en particular. Cuando se conocieron, me di cuenta que algo raro pasaba. El suele ser alguien bromista y coqueto, pero al verte se comportó como si fuera otra persona.
—¿No crees que está sucediendo muy rápido?
—No es como si se fueran a casar.
Skylar colocó una mano sobre la suya y le dio un apretón.
—No sabemos cómo resultarán las cosas, pero recuerda que pase lo que pase estoy aquí para ti.
Le dio un abrazo. Skylar era como una hermana, siempre había estado para ella, motivándola cuando estaba a punto de rendirse y recordándole que debía pensar antes de hacer las cosas.
—Gracias.
—Será mejor que salgamos de aquí, antes de que Dan o William crean que nos hemos tardado mucho.
Asintió y se puso de pie antes de ayudar a Skylar.
—Por cierto —musitó ella como si fuera a contarle un secreto—, William es mucho más atractivo que cualquiera de los tipos con los que saliste antes.
Soltó una risa, pero estaba de acuerdo. Además, nadie le había dejado las piernas débiles con tan solo un beso.
Lily no podía dejar de sonreír. Unos minutos atrás William y ella habían sido declarados marido y mujer, ahora era oficialmente una mujer casada. Aunque William formaba parte de su vida desde un tiempo considerable, sentía que algo había cambiado. El matrimonio era un nuevo nivel de compromiso y quizás la asustaba, pero estaba segura de que harían lo mejor para que todo resultara bien. William la llevó hacia el otro lado del jardín donde alguien había dispuesto las mesas para que disfrutaran del banquete. Había sido decisión de ambos que la boda se llevara en la casa que ambos compartían. Era el lugar perfecto, en especial porque no habían invitado a demasiadas personas, solo las más cercanas. Sus invitados los detuvieron para felicitarlos, pero William no la soltó en ningún momento.—Felicidades, niña &md
—¡Wow! Esto sí que es —Lily dio un giro observando todo a su alrededor—… hermoso. William había preparado una cena especial en su casa para celebrar su primer año juntos. No estaba seguro de como el tiempo había transcurrido tan rápido. Con frecuencia sentía que había sido apenas el día anterior cuando la conoció. Esa noche era especial y había querido que todo fuera perfecto. Con la ayuda de su madre y la de una organizadora de eventos se había asegurado de adornar el jardín. Tal vez se había excedido un poco con los detalles, pero a Lily parecía gustarle todo y eso era suficiente para calmar sus nervios. Las cosas no habían sido del todo fáciles desde que estaban juntos. Las relaciones nunca lo eran, los problemas siempre existirían, la cuestión era poder superarlos juntos. Uno de los momentos más difíciles había sucedido un par de meses atrás, cuando tuvo que permanecer fuera del país por casi tres semanas. La distancia había sido horrible y casi s
Lily soltó un gemido cuando los labios de William abandonaron los suyos y se deslizaron a lo largo de su cuello al mismo tiempo que sus manos se arrastraban desde su abdomen hasta sus senos. Le retiró el sujetador y comenzó a jugar con ellos. Él le dio un pellizcó a sus pezones antes de acariciarlos con suavidad.Sus manos se aferraron a las sábanas debajo de ella en un intento por aplacar el intenso placer que estaba sintiendo. Las manos de William se sentían como llamas de fuego acariciándola. William se entretuvo un tiempo en sus senos y luego llevo las manos hasta sus bragas para retirárselos. Ella levantó las caderas para facilitarle las cosas.Ella estaba tendida encima de la cama, completamente desnuda, y él aún permanecía vestido. Se sintió cohibida, pero le gustó la mirada de deseo y admiración que él tenía. Nunca antes se
—Eso no salió tan mal —comentó William.Lily y él llevaban una semana saliendo y esa noche se habían reunido con Noah. El hombre era bastante agradable y lo que era más importante se preocupaba sinceramente por ella. Si no fuera porque lo sabía mejor, habría pensado que eran padre e hija.Lily adoraba darle órdenes al hombre respecto a casi todo. Ella tenía las indicaciones sobre la dieta que él debía llevar después de que había sufrido un ataque de infarto y se aseguraba de que la cumpliera.Noah había rodado los ojos cada vez que Lily le había hecho una pregunta al respecto, pero había visto el brillo de aprecio en sus ojos.—No, si no cuentas la discusión sobre si los Jets son mejor que los Giants. —Lily sonrió divertida.—Todo el mundo sabe que los…—No, por favor otra ve
Lily debería haberse quedado en la cocina, pero había escuchado el cambio de voz de William y no había podido evitar acercarse a averiguar que había cambiado su humor con tanta rapidez. Cuando había estado cerca escuchó la voz de una mujer y trató de contener los celos al pensar que se trataba de alguna de sus amantes.No lo había logrado con demasiado éxito y debido a eso había terminado diciéndole “cariño” y como si fuera poco se había tomado la libertad al acercarse al intercomunicador para deshacerse de la mujer.—¿Estás molesto? —preguntó al ver pasar los segundos sin que William dijera nada.Él solo la observaba en silencio y la comenzaba a hacer sentir nerviosa.—¿Cómo me llamaste?Intentó controlar el sonrojo en su rostro. No esperaba que él se hubiera dado cuenta de
—¿Quieres ir a mi departamento a cenar? —preguntó William en cuanto arrancó su auto. Acababan de dejar a James en su departamento, ya no le desagradaba tanto, pero estaba feliz de no tener que soportarlo más—. Considéralo una pre-cita.Todavía no estaba listo para perder a Lily de vista, el fin de semana había acabado demasiado rápido. Sabía que tenía tiempo, ahora que estaban juntos; pero eso no hacía nada por tranquilizarlo.—No sabía que eso existía —respondió Lily divertida.—Claro que sí, es como un ensayo para la cita a la que pienso llevarte pronto.—Suenas muy seguro de ti mismo. —Ella hizo una pausa antes de hablar otra vez—. No estoy segura, mañana debo de trabajar y mi jefe estará más exigente de lo normal.Había logrado averiguar más sobre el tal







