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Capítulo 2

Penulis: Jan Senda
Los comentarios volvieron a aparecer:

“¡OMG! El Príncipe va a explotar de la ira.”

“Príncipe: ‘¿No podrías, aunque sea con los ojos enrojecidos, ser un poco más sumisa? ¿Tienes que enojarme a propósito?’”

“¡Nenita, sé coqueta, llora! No desperdicies tu belleza ni el amor que el Príncipe siente por ti.”

“En serio, nenita, no seas tan testaruda. Cuando el Príncipe se enloquece, nadie sabe lo que hará… Arruinará a tu familia y luego te tendrá encerrada hasta que cedas”

—Clara, bien hecho —dijo Diego entre dientes, con la voz gélida.

Soltó mi muñeca.

Di un paso al frente, miré el collar en el cuello de la chica y luego clavé una mirada profunda en Diego:

—Tú dijiste antes que me regalarías este collar.

Dicho esto, me di la vuelta para irme.

Diego me siguió, con un tono impredecible:

—¿Lo recuerdas?

—Pero ahora ya no lo necesito.

—Ella es tan mimosa y dependiente... me rodea todo el día… y hasta me llama ‘amor’ —su voz era grave y baja.

¿Así que por eso le regaló a ella el collar que me había prometido a mí?

Sentí un asco que me revolvía el estómago y me cerraba la garganta.

Los comentarios estallaron con sus palabras:

“¡Te está tirando indirectas!”

“Por fin el Príncipe no aguanta más, jeje. Nenita, si lo llamas ‘amor’ una vez, él te daría hasta su vida.”

“El Príncipe hasta sueña con que nuestra nenita lo llama ‘amor’, y cuando despierta tiene que cambiar las sábanas, jsjs.”

Detuve mis pasos, encontrándome frente a frente con Diego, y pronuncié palabra por palabra:

—Exacto. En el futuro, yo seré mimosa con otro hombre, y le llamaré ‘amor’. Entonces, él también cumplirá todos mis deseos.

—Repítelo —la voz de Diego tenía una frialdad nunca antes escuchada.

Su mano grande se cerró sobre mi hombro, con una fuerza que parecía querer triturarme.

En ese momento, la chica, que nos había seguido, habló con timidez:

—Diego, ¿qué te pasa?

Diego no la miró, sus ojos permanecieron fijos en mí.

Ella hizo un mohín, lanzándome una mirada furiosa:

—¿Tú hiciste enojar a Diego? Cuando Diego está conmigo, nunca se pone de mal humor.

La sensación de náusea en mi interior se intensificó.

Giré la cabeza, sin deseos de decir una palabra más.

Tras un largo momento, la mano de Diego cayó a su lado. Cerró los ojos con fastidio, una nube sombría rodeándolo por completo.

—Ella sí sabe no enojarme, Clara —dejó caer esta frase fríamente y se marchó.

La chica lo siguió de inmediato, consolándolo con voz dulce.

Sus espaldas, alejándose, parecían las de una pareja perfecta, hecha el uno para el otro.

Los comentarios se amontonaron:

“Nuestra nenita se niega a ceder y aleja con sus propias manos a quien la ama.”

“¿No podrías hablarle bonito al Príncipe? ¡Así nomás le abres la puerta a esa hipócrita!”

“Ya basta, ¡miren las tendencias! Un transeúnte subió a internet las fotos y videos que tomó.”

Una vez en el auto de mi conductor, abrí mi teléfono.

Varios amigos ya me habían enviado mensajes:

“Dios, ¿cómo saliste en tendencias? ¿Sabías que esa mujer con tu prometido es una influencer?”

“¿Estás bien, cariño? Me acaban de mandar las fotos. ¿Con qué derecho Diego pasea a su amante frente a ti? ¡Qué basura de hombre!”

“Esa influencer que está con tu prometido siempre dice en vivo que tiene un hombre que la ama mucho y le compra de todo… Resulta que es Diego.”

“¡No me digas! Antes Diego era más serio que un santo, ni se le acercaba una mujer. ¿Y ahora de repente anda manteniendo a una influencer?”

Respondí cuidadosamente uno por uno, y entonces abrí la aplicación para ver las tendencias.

Las fotos y videos, nítidos, registraban cada tirón y empujón entre Diego y yo.

Y debajo, en un coro unánime, los comentarios salían en defensa de la influencer.
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