LOGIN~ALEXANDER~Ya han pasado tres días desde que regresamos a Nueva York y no lo voy a negar, por momentos me he sentido un poco frustrado porque a pesar de que Anna está conmigo, en mi departamento y de que todo parece relativamente normal entre los dos, todavía no hemos tenido ningún tipo de contacto sexualNo es que necesite el sexo para estar con ella o que sea imprescindible para que nuestra relación funcione.Por supuesto que no.Se trata meramente de una cuestión fisiológica.Somos una pareja otra vez, vivimos juntos, dormimos juntos, nos besamos, nos acariamos y ella es la mujer que me gusta en todos los sentidos y eso incluye de forma sexual.No puedo evitar sentirme excitado algunas veces, especialmente cuando tengo su cuerpo pegado al mío. ¿Y por qué no hemos tenido sexo hasta ahora, si probablemente sería lo más normal después de que ya somos una pareja otra vez?La verdad es que no lo sé con certeza.Quizá se deba al hecho de que al principio dijimos que nada de sexo. Aunqu
~ALEXANDER~ Despierto con Anna todavía entre mis brazos y durante unos segundos no hago absolutamente nada más que observarla. Está de lado, frente a mí, con el cabello castaño desordenado sobre la almohada y los ojos todavía cerrados. Desde anoche somos oficialmente una pareja otra vez, pero lo extraño es que esta mañana no se siente como un cambio brusco. Quizá porque llevamos varios días durmiendo juntos, desayunando, trabajando, hablando y haciendo prácticamente todo lo que hace una pareja, excepto llamarnos así y cruzar ciertos límites que todavía no hemos cruzado. Anna abre los ojos lentamente. —¿Por qué me estás mirando tanto? ¿Tengo un hilo de saliva pegado a la barbilla? No puedo evitar reír y niego. —Únicamente estoy contemplando a mi novia. ¿No puedo hacer eso? Sus labios se curvan. —Qué rápido te has acostumbrado. —Llevo demasiado tiempo esperando para poder llamarte así otra vez. Me acerco y deposito un beso en su frente. Después otro en la punta de su nariz. A
~ANNA~ Han pasado varios días desde que llevé a Alexander al cementerio y, desde aquella noche, no ha vuelto a dormir en la habitación de invitados. No ocurrió porque tomáramos ninguna decisión al respecto. La segunda noche simplemente llegó la hora de acostarnos y ninguno mencionó siquiera la posibilidad de que se fuera a otro cuarto. La tercera pasó exactamente lo mismo. Después dejamos de fingir que aquello necesitaba una explicación. Dormimos juntos todas las noches, a veces abrazados, otras cada uno ocupando su lado de la cama hasta que durante la madrugada alguno termina buscando al otro entre las sábanas. Y, tal como acordamos, no ha pasado nada más. Nada de besos, nada de sexo, nada de esas caricias que ambos sabemos perfectamente hacia dónde nos llevarían si nos permitiéramos continuar. Lo curioso es que ya ni siquiera me resulta extraño. Esta noche Alexander me ha invitado a cenar. Nada extraordinario como cuando me pidió casarme con él, simplemente un restaurant
~ANNA~ Cuando Alexander entra en mi habitación casi media hora después, ya estoy acostada. He apagado las luces principales y solo he dejado encendida la lámpara de mi mesita. Llevo un pijama cómodo y estoy revisando sin prestar demasiada atención algunos correos en el móvil cuando lo veo aparecer con una camiseta gris y pantalón deportivo. Se queda junto a la puerta. —¿Qué haces? —Evaluando los riesgos. Bajo el teléfono. —¿Qué riesgos? —Todavía estoy intentando decidir de qué lado debo dormir para no infringir accidentalmente alguna cláusula de nuestro acuerdo. Lo miro fijamente. —Alexander, ven a acostarte. —Después no quiero denuncias. —Voy a denunciarte si sigues hablando. Eso consigue que se ría y finalmente rodea la cama. Se mete bajo las sábanas y se acuesta tan cerca del borde que tengo que contener otra sonrisa. —Te vas a caer. —Estoy siendo prudente. —Estás siendo ridículo. —Es una línea muy fina. Apago la lámpara. Durante unos minutos per
~ANNA~ Terminamos de cenar bastante más tarde de lo habitual. Ninguno de los dos tenía demasiada hambre cuando regresamos del cementerio, así que dejamos pasar varias horas antes de preparar algo sencillo y sentarnos a la mesa. Alexander ha intentado mantener la conversación ligera durante toda la cena, sin obligarme a hablar de Luka ni preguntarme constantemente cómo me siento, y se lo agradezco. Hemos hablado de las empresas, de una llamada que recibió de David y hasta de Blackie, que aparentemente ha decidido que la cama de sus padres le pertenece y ya consiguió que Rooster duerma a los pies como un invitado en su propia casa. Me he reído más de lo que esperaba después del día que hemos tenido, pero eso no significa que mi cabeza haya conseguido alejarse completamente del cementerio y de la tumba de mi pequeño Luka. Aunque intente no pensar en él, él siempre está presente en mi cabeza, y especialmente está más presente cuando visito su tumba. Recojo mi plato y lo llevo has
~ALEXANDER~ No sé adónde vamos. Anna se ha limitado a decirme que quiere mostrarme algo y, aunque durante el trayecto he sentido curiosidad más de una vez, no le pregunto. Parte de este extraño acuerdo que tenemos consiste precisamente en aprender a no presionar al otro para obtener respuestas antes de que esté dispuesto a darlas. Cuando estaciona frente a un cementerio, comprendo al menos una parte. La observo mientras apaga el motor. —Quiero visitar a mi padre —me informa—. Y pensé que quizá tú también querías hacerlo. Asiento. —Está bien. Quiero hacerlo. Bajamos del automóvil y caminamos juntos por el sendero. Anna lleva un pequeño ramo de flores entre las manos y yo permanezco a su lado sin intentar tocarla. Cuando llegamos frente a la tumba de Dominik, ella se agacha, coloca las flores con cuidado y pasa los dedos sobre su nombre. La culpa vuelve a instalarse en mi pecho. No con la misma violencia de antes, pero sigue ahí. Observo aquella lápida y recuerdo perfectamente







