Home / Urbano / SEDUCIENDO AL CEO, La venganza de Valeria / Capítulo 6 Mientras él duerme

Share

Capítulo 6 Mientras él duerme

Author: Noemy Ruiz
last update publish date: 2026-09-02 00:54:59

Bruce cierra la puerta del dormitorio con una mano.

Con la otra continúa sujetándome por la cintura.

El sonido del pestillo debería hacerme pensar en las consecuencias. En la cena de mañana. En los documentos que necesito encontrar. En todas las razones por las que permitir que el hijo de Héctor Fox entre en mi cama es una mala idea.

Pero Bruce me observa como si acabara de descubrir algo que llevaba demasiado tiempo buscando.

Y yo solo puedo mirar su boca.

—Última oportunidad —murmura—. Pídeme que me marche.

—Si quisiera que te fueras, no habrías cruzado la puerta.

—No es lo mismo.

—Para mí sí.

Bruce no se mueve.

Sus dedos permanecen sobre mi cintura, calientes incluso a través de la tela. Espera una respuesta más clara. No intenta desnudarme, besarme ni aprovechar la forma en que mi respiración se acelera cada vez que su pulgar roza mi cadera.

Héctor jamás esperó.

La comparación aparece sin permiso y estoy a punto de apartarme cuando Bruce levanta una mano hasta mi rostro.

No me toca.

—Dímelo, Valeria.

—Te quiero dentro de esta habitación.

—No es suficiente.

Sus ojos descienden hasta mi boca.

—Te quiero a ti.

Algo cambia en su expresión.

Bruce me besa.

Ya no existe la contención del despacho ni la provocación medida de la entrada. Su boca se abre sobre la mía con un hambre que me obliga a retroceder hasta que la parte posterior de mis piernas golpea la cama.

Introduzco los dedos bajo su chaqueta y la empujo por sus hombros. Cae al suelo. Después tiro de su camisa hasta sacar los faldones del pantalón.

—Pareces tener prisa —dice contra mis labios.

—Dijiste que no necesitarías cinco minutos.

—Para conseguir que vinieras conmigo.

Sus manos encuentran la cremallera de mi vestido.

—Para esto pienso tomarme todo el tiempo que quiera.

—Muy seguro de que voy a permitírtelo.

—Has cerrado la puerta.

—Tú la cerraste.

—Pero todavía no me has echado.

Tira lentamente de la cremallera. El vestido se afloja alrededor de mi cuerpo y la tela cae desde mis hombros hasta quedar retenida sobre mis caderas.

Bruce se aparta lo suficiente para mirarme.

No intenta disimular.

Su atención desciende por mi cuello, se demora en mis pechos y continúa hasta la pequeña prenda negra que todavía me cubre. La intensidad de sus ojos hace que mi piel se caliente mucho antes de que vuelva a tocarme.

He utilizado esa mirada cientos de veces.

He permitido que hombres contemplaran mis piernas mientras yo estudiaba contratos, calculaba debilidades o decidía cuánto podía obtener de ellos.

Nunca había sentido que era yo quien estaba siendo descubierta.

—Deja de mirarme así.

—¿Así cómo?

—Como si ya hubieras ganado.

Bruce sonríe.

—Todavía no he empezado.

Deslizo una mano por su pecho y desabrocho uno de los botones de su camisa.

Después otro.

—Entonces quizá deberías hablar menos.

Los músculos de su abdomen se contraen cuando mis uñas rozan su piel. Continúo hasta abrir la camisa por completo y la aparto. El cuerpo que encuentro debajo es firme, marcado por años de entrenamiento y cubierto por algunas cicatrices pequeñas que no aparecían en ninguno de mis informes.

Bruce toma mi mano y la lleva hasta una de ellas, justo debajo de sus costillas.

—Boxeo —explica.

—No te he preguntado.

—Pero querías saberlo.

Lo empujo.

Bruce cae sentado sobre el borde de la cama y me observa mientras dejo que el vestido termine de resbalar por mis caderas. La tela se acumula a mis pies.

Me coloco entre sus piernas.

Esta era la parte que había calculado. El punto exacto en el que Bruce Fox dejaría de preguntarse quién soy y comenzaría a pensar únicamente en lo que puedo hacerle sentir.

Paso los dedos por su cabello y tiro suavemente hacia atrás.

—Esta noche mando yo.

Sus manos recorren la parte posterior de mis muslos.

—Podemos fingirlo si quieres.

Lo beso antes de que termine de sonreír.

Bruce me atrae sobre él. La presión de su cuerpo atraviesa las pocas prendas que nos separan y el calor se concentra entre mis piernas. Me muevo una vez, deliberadamente, y escucho cómo cambia su respiración.

Eso sí lo esperaba.

Lo que no esperaba era el sonido que escapa de mi propia garganta cuando su boca encuentra la piel sensible debajo de mi pecho.

Bruce lo escucha.

Vuelve a hacerlo.

Sus labios recorren mi cuerpo sin prisas, como si estuviera aprendiendo una ruta que piensa utilizar muchas veces. Cada vez que mis músculos se tensan, se detiene. Cada vez que mis dedos lo acercan, continúa.

Cuando me tumba sobre la cama intento recuperar la posición, pero su cuerpo se coloca sobre el mío.

—Habíamos dicho que mandaba yo.

—Lo dijiste tú.

—¿Y no piensas obedecerme?

Bruce desliza una mano por mi muslo y separa lentamente mis piernas.

—Depende de cómo lo pidas.

El roce de sus dedos borra la respuesta que tenía preparada.

Cierro los ojos.

—Mírame.

Su voz no es una orden brusca. Es más peligrosa que eso. Una petición pronunciada por un hombre que sabe que voy a concedérsela.

Abro los ojos.

Bruce no aparta los suyos cuando termina de desnudarme ni cuando su mano encuentra la humedad que ya no puedo ocultar. Me observa mientras el placer se acumula debajo de mi piel y desarma, una por una, las frases con las que pensaba provocarlo.

—Dime que pare —murmura.

Podría decirlo.

Podría terminar aquello, vestirme y recordar que Bruce es solo el camino más directo hacia Héctor.

En lugar de eso, lo rodeo con las piernas.

—No pares.

Bruce entra en mí despacio.

El primer movimiento me obliga a aferrarme a sus hombros. Había imaginado que sería impaciente, arrogante, dispuesto a tomar todo lo que yo ofreciera.

Pero espera.

Permanece inmóvil hasta que soy yo quien mueve las caderas debajo de él.

Entonces deja de contenerse.

El cabecero golpea suavemente la pared. Su boca encuentra la mía y ahoga cada sonido que intento reprimir. Lo araño. Él me sujeta las muñecas sobre la almohada, pero afloja los dedos en cuanto mi cuerpo se tensa.

—No —susurro.

Bruce se queda quieto.

—¿No qué?

Libero una mano y la hundo en su cabello.

—No te detengas.

Algo feroz aparece en sus ojos.

Me besa y el ritmo cambia. Más profundo. Más intenso. Lo bastante fuerte para hacerme olvidar el mensaje de Héctor, la carpeta escondida en mi despacho y hasta el nombre con el que nací.

Durante unos minutos no soy Celeste.

Tampoco soy la mujer que construí para vengarla.

Solo soy Valeria debajo de Bruce, temblando mientras él pronuncia mi nombre contra mi cuello.

El placer llega con una fuerza que me obliga a cerrar los ojos. Bruce me sigue poco después, enterrando el rostro en mi cabello mientras su cuerpo se estremece sobre el mío.

Permanece allí.

Demasiado cerca.

Demasiado cálido.

Demasiado parecido a algo que no debería querer.

Cuando intenta rodearme con un brazo, me levanto.

—¿Ya estás huyendo? —pregunta.

—Estoy buscando agua.

—El baño está al otro lado.

Me vuelvo hacia él.

Bruce está tumbado sobre mi cama, desnudo de cintura para arriba y demasiado satisfecho consigo mismo.

—No sabía que además de mis mentiras también controlaras la distribución de mi apartamento.

—Solo intento conocer el lugar en el que acabo de perder una camisa.

La encuentro junto a la cama y se la lanzo.

—Tu tragedia me conmueve.

Bruce sonríe y cierra los ojos.

Espero.

Cinco minutos.

Diez.

Su respiración se vuelve profunda. Una mano descansa sobre la almohada que todavía conserva la marca de mi cabeza.

El teléfono de Bruce vibra sobre la mesilla.

La pantalla se ilumina.

Daniel Reed: Tu padre ha pedido un informe completo sobre Valeria Smith. Hay algo raro. Casi no existe antes de llegar a Nueva York.

El frío sustituye al calor de mi cuerpo.

Miro a Bruce.

No se mueve.

Recuerdo los seis números que introdujo en el coche cuando creyó que yo observaba por la ventanilla. Tomo el teléfono y marco la combinación.

La pantalla se desbloquea.

Abro la conversación con Daniel.

Hay fotografías, nombres de sociedades y una búsqueda sobre mi pasado. Deslizo el dedo hacia arriba.

Bruce llevaba investigándome desde antes de entrar en mi apartamento.

Una mano se cierra alrededor de mi muñeca.

Levanto la vista.

Sus ojos están completamente abiertos.

—¿Has encontrado lo que buscabas?

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • SEDUCIENDO AL CEO, La venganza de Valeria   Capítulo 13 Que todos nos crean

    Bruce llega a las ocho en punto.Amaia abre la puerta mientras yo termino de colocarme un pendiente.—Está en el dormitorio —le dice—. Y antes de que preguntes, sí, se ha puesto el vestido.—No iba a preguntar.—Claro.Escucho los pasos de Bruce acercándose por el pasillo.Me vuelvo hacia la puerta.Se detiene.El vestido de Héctor se adapta a mis caderas y cae hasta el suelo como metal líquido. La espalda permanece descubierta. Dos tiras muy finas mantienen el escote en su sitio y una abertura lateral deja al descubierto mi pierna cuando camino.Bruce recorre mi cuerpo con la mirada.Despacio.Sin ocultar la irritación ni el deseo.—Di algo —pide Amaia.—Estoy pensando.—No parece.Bruce entra en el dormitorio y cierra la puerta delante de ella.—Qué educado —dice Amaia desde el pasillo.Sus pasos se alejan.—Te advertí sobre el vestido —murmura Bruce.—Y yo te advertí sobre los celos.Se acerca por detrás. Nuestros cuerpos quedan reflejados juntos en el espejo.Bruce lleva un esmoqu

  • SEDUCIENDO AL CEO, La venganza de Valeria   Capítulo 12 La primera regla

    Bruce aparece en mi apartamento a las seis de la tarde con comida, una botella de vino y una lista de preguntas.Scot lo recibe en la entrada.Mi gato se frota contra su pantalón y permite que Bruce lo acaricie detrás de las orejas.—Traidor —murmuro.—Tiene buen gusto.—Se acerca a cualquiera que traiga comida.—Entonces tenemos algo en común.Bruce deja las bolsas sobre la encimera. Lleva pantalones oscuros, camisa blanca y las mangas remangadas. Sin chaqueta parece menos empresario y más hombre.Eso complica las cosas.—Tenemos que preparar nuestra historia —dice.—Pensaba que tus abogados también podían inventarla.—Quiero recordar la misma mentira que tú.La palabra queda suspendida entre nosotros.—Será una experiencia nueva para ti —añado.Bruce abre el vino.—Primera cita.—Un restaurante italiano.—Demasiado obvio.—Tu primera propuesta fue fingir una relación.—Y aceptaste.—Por compasión.—Por acceso.Mi mano se detiene sobre una copa.Bruce lo ha dicho sin mirarme, ocupado

  • SEDUCIENDO AL CEO, La venganza de Valeria   Capítulo 11 Mi novia durante treinta días

    Cierro la carpeta.—No.Bruce toma asiento frente a mí.—Ni siquiera lo has leído.—No necesito leer treinta páginas para saber que no pienso convertirme en tu novia porque un fotógrafo consiguió una imagen comprometida.Daniel permanece junto a la puerta.—La imagen ya ha provocado que dos inversores pidan explicaciones —dice—. Si presentamos la relación como algo estable, la discusión del restaurante deja de parecer una pelea entre Héctor y Bruce por una mujer desconocida.—¿Y en qué se convierte?—En un padre invadiendo una cena privada con la pareja de su hijo.La idea es inteligente.Demasiado inteligente para rechazarla sin estudiarla.Vuelvo a abrir la carpeta.ACUERDO PRIVADO DE REPRESENTACIÓN PERSONAL. DURACIÓN: TREINTA DÍAS.—¿Habéis redactado esto durante la noche?—Mis abogados trabajan rápido —responde Bruce.—Tus abogados escriben como si esperaran que demandara a alguien.—Probablemente porque te conocen.Continúo leyendo.Deberemos aparecer juntos en tres eventos empre

  • SEDUCIENDO AL CEO, La venganza de Valeria   Capítulo 10 La fotografía

    —Valeria.La voz de Bruce me alcanza antes de llegar a la entrada del edificio.No me vuelvo.Introduzco la mano en el bolso buscando las llaves, aunque el portero ya ha abierto la puerta al verme acercarme.—He dicho que esperes.Sus pasos se aproximan por la acera.—Y yo he decidido no hacerlo.Bruce me alcanza y se coloca delante de mí. Continúa sin chaqueta. Lleva la camisa arrugada, una mancha de vino sobre el puño y la furia todavía marcada en el rostro.—No firmé ese documento.—Eso ya lo dijiste en el restaurante.—Y tú no me creíste.—Tu nombre estaba debajo.—También estaba el sello de mi padre.—¿Pretendes que crea que Héctor falsificó tu firma y después guardó el documento durante diez años esperando poder enseñármelo?—Pretendo que no decidas que soy culpable solo porque él te mostró exactamente lo que querías encontrar.La frase me hace detenerme.—No sabes lo que quiero encontrar.—Sé que aceptaste cenar con mi padre para conseguir información sobre mí.—Tú me investiga

  • SEDUCIENDO AL CEO, La venganza de Valeria   Capítulo 9 Entre padre e hijo

    Los dedos de Héctor permanecen sobre mi muslo durante un segundo más.Bruce lo observa.No levanta la voz. No golpea la mesa ni busca la atención de los camareros. Pero hay algo en su quietud que resulta más amenazador que cualquier grito.Héctor retira la mano.—Valeria no parecía estar quejándose.—No te he preguntado lo que parecía.Bruce se quita la chaqueta y la coloca sobre el respaldo de la silla libre.—He dicho que la apartes.—Ya lo he hecho.—Entonces vamos progresando.Héctor sonríe, aunque la furia se le acumula alrededor de los ojos.—No estabas invitado.Bruce se sienta a mi lado.—Ella sí.—Y ha venido voluntariamente.Ambos me miran.He pasado años entrando en salas llenas de hombres convencidos de que una mujer sola debe terminar perteneciendo a alguno de ellos. La mayoría tarda poco en comprender su error.Los Fox parecen necesitar una demostración más clara.Apoyo un codo sobre la mesa.—Si habéis terminado de discutir sobre quién me ha traído, quizá podamos record

  • SEDUCIENDO AL CEO, La venganza de Valeria   Capítulo 8 La cena equivocada

    El vestido llega a las siete en punto.Negro. Largo. Espalda descubierta y una abertura que asciende hasta la parte superior del muslo.Héctor recuerda lo que llevaba en la gala.No recuerda a Celeste, pero sí la cantidad exacta de piel que enseñaba Valeria.Amaia sostiene el vestido delante de ella y lo contempla como si estuviera examinando una prueba en un juicio.—No vas a ponértelo.—Claro que sí.—Te lo ha enviado el hombre que...—Sé quién me lo ha enviado.La brusquedad de mi voz la hace callar.Estoy sentada frente al espejo de mi dormitorio, terminando de maquillarme. He elegido un pintalabios rojo oscuro, el mismo que llevaba la primera noche. No porque piense permitir que Héctor me bese.Porque quiero que imagine cómo sería hacerlo.—Valeria, una cosa es acercarte a Bruce y otra encerrarte a solas con su padre.—No voy a estar encerrada. Cenaremos en un restaurante.—Uno que probablemente le pertenece.—Entonces sabrá exactamente cuánto cuesta la copa que voy a derramarle

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status