LOGINAbel subió con cuidado a su esposa a su Rolls Royce Phantom de última generación.—Al hospital —ordenó.—Esposo, no quiero que me lleves al hospital. Vayamos a casa —jadeó Alys con voz temblorosa aferrándose a su brazo.—Haz lo que ella dice —ordenó al chofer—. Liam, manda a traer a Cooper con su equipo de especialistas.Al percibir el miedo en su mujer, Abel apretó el puño con fuerza, después de unos segundos aflojó la mano, la abrazó y la besó con suavidad en la cabeza.«¿Qué rayos viviste en ese sótano que te dejó tan alterada, bebé?» se preguntó internamente. Llegaron a la mansión y poco después el equipo médico revisaba a Alys en su habitación.—Abel, tu esposa está bien físicamente, pero sufrió un fuerte shock emocional. Afortunadamente los bebés no sufrieron daño alguno —le informó Cooper fuera de la habitación.—¿Va a estar bien? —indagó él con la mano en la cabeza.—Con reposo y apoyo emocional, estará en perfecto estado. Cuida de ella, evita que se estrese, está en su último
Alys miró al anciano detenidamente y suspiró con calma, no podía permitirse levantar sospechas. Si alguien descubría que estaba investigando, borrarían todas las huellas si es que aún quedaba alguna.—Está bien si no lo recuerda —dijo con una sonrisa—. Solo busco información para la reseña histórica de nuestro departamento —explicó con amabilidad.—Lamento no ser de mucha ayuda, señorita —el empleado se disculpó, rascándose la cabeza.Alys le extendió una tarjeta con su número telefónico.—Si recuerda algo, por pequeño que parezca, avíseme. Podría ser de mucha ayuda.—Entendido, la dejo para que haga su trabajo. Voy a hacer mi ronda —el hombre se despidió con cortesía y se marchó.Alys comenzó a rebuscar entre las carpetas viejas. Aunque el polvo la hizo estornudar repetidas veces, siguió indagando meticulosamente sin hallar ningún indicio. Estaba a punto de rendirse cuando notó el folio azul en el piso; se había deslizado a un lado del estante, apenas era visible. El nombre impreso e
En el departamento de ginecología, el entorno era completamente diferente. Abel había tomado el control total del lugar; sus escoltas estaban apostados en los pasillos, vigilantes. —Cariño, ¿no crees que estás exagerando? Las otras pacientes se van a asustar al ver tantos guardaespaldas. —Como digas, preciosa. Les ordenaré ahora mismo que sean discretos; tú no te preocupes por nada —le aseguró llevándola de la mano al consultorio. Acostada en la camilla, Alys era examinada exhaustivamente. Abel le había preguntado por quinta vez a la especialista sobre el estado de su esposa. —Doctora, ¿está absolutamente segura de que mi esposa no había entrado en proceso de parto? —Señor Lenox, entiendo que esté ansioso; pero es normal que su esposa tenga contracciones leves en los últimos meses de gestación —le explicaba la profesional con mucha paciencia al angustiado marido. Después de estar completamente convencido, Abel pudo respirar con tranquilidad. —Entiendo, ¿puedo llevármela a casa?
—...¿Y qué puedo hacer para convencer a mi preciosa novia? —indagó Cooper en voz baja.—¡Mmm... No sé! —dijo ella encogiéndose de hombros, mientras jugueteaba con sus dedos, simulando ignorancia—. A mi mejor amiga le hicieron una propuesta espectacular.Cooper le levantó la barbilla y la confrontó con una mirada apasionada.—Puedo hacer eso y más por ti, gatita.—Entonces sorpréndeme, doctor, quizás acepte su propuesta —respondió ella con picardía, haciéndose de rogar. Así era ella; impulsiva, caprichosa, fuerte y valiente. Sumado a eso, también era fiel, comprometida y de buen corazón. Precisamente esas cualidades eran lo que a él le encantaba de ella, ese contraste de fortaleza rebelde y amor incondicional.—Entonces me esforzaré al máximo, mi princesa —le susurró al oído en tono juguetón, después la asió tiernamente por los hombros diciendo—: Nuestros padres llegaron, están esperando afuera, quieren verte.—¿Y mi hermano Lucas?—Está con ellos. También quiere entrar.—Deben estar
Alys se arrodilló junto a su amiga y trató de despertarla dándole palmaditas en la mejilla.—Maya, ¿qué te pasa? Por favor, reacciona —expresó con desesperación.Cooper al ver a su novia inconsciente, corrió hacia ella, la tomó en brazos con sumo cuidado y la llevó al auto. Lucas lo siguió de cerca.—Cuñado, ¿qué tiene mi hermana? Eres médico, haz algo —exigió Lucas frenético.—Tranquilízate ¿No ves que se alteró por tanta presión y por eso colapsó? Vamos al hospital, allá le haremos un chequeo y verificaremos que ella y el bebé estén bien.—Entonces, déjame conducir y vigila que no le pase nada durante el trayecto —manifestó Lucas tensando la mandíbula. Maya era la princesa de los Harris.En el asiento trasero del vehículo, Cooper la sostenía con cuidado tomándole el pulso, mientras Lucas conducía a toda marcha directo al sanatorio.La conmoción le provocó a Alys unas punzadas leves en el abdomen. Abel reaccionó con premura y la guió hacia el Rolls-Royce Phantom, seguido de cerca por
Evelyn, al notar la aflicción de Maya, se apresuró a animarla.—Amiga, sé que esto puede ser difícil para ti. Pero no es momento de derrumbarse. ¿Qué tal si bajamos y nos tomamos algo? ¿Sí? —le habló con suavidad.—Tienes razón, debería comer algo, me siento un poco mareada —respondió Maya, obligándose a mostrar fortaleza.Se dirigieron al restaurante ubicado en la planta baja del hospital y se sentaron en una mesa apartada. Maya dobló la ecografía y la guardó en su bolso antes de ordenar un sándwich y un vaso de jugo natural. Por su parte, Evelyn daba un sorbo a su café mientras ojeaba el folleto que les había entregado la doctora.—Maya, ¿a dónde piensas ir después de que salgamos de aquí? —preguntó Evelyn.—A mi apartamento, necesito estar un tiempo a solas —manifestó, dejando escapar un pesado suspiro.Estaban tan concentradas en la conversación que no notaron al hombre que se aproximaba a ellas.—Preciosa, ¿qué haces aquí? ¿Te sientes mal? ¿Te duele algo? —indagó Cooper con evide







