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CAPÍTULO 136

Author: Mage
last update publish date: 2026-10-10 17:24:49

**PUNTO DE VISTA DE DAMIEN**

Villanueva confirmó la información de Salazar al tercer día: un hombre que coincidía con la descripción de Esteban Ibarra había llegado al restaurante de la zona portuaria esa misma mañana, con dos guardaespaldas y ninguna intención visible de quedarse más de un par de horas.

—Es él —dijo Villanueva, mostrándome las fotos tomadas desde un auto estacionado a media cuadra—. Salazar no mintió.

Sentí algo parecido al alivio mezclado con una tensión nueva, distinta a la
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  • SU PROPIA DEMANDA   Capítulo 138

    **PUNTO DE VISTA DE MATTEO**Ferro me esperaba en la puerta del local vacío, un espacio pequeño en una calle tranquila, lejos de cualquier zona que alguna vez hubiera pertenecido a Sophia o a mi antigua organización.—Es más chico de lo que imaginaba —dijo, recorriendo el lugar con la mirada—. Pero sirve.—No necesitamos algo grande todavía. Necesitamos algo honesto.La idea había empezado como una conversación casual, semanas atrás, cuando Ferro, ya completamente recuperado de la herida del lanzamiento, mencionó que no sabía qué hacer con el resto de su vida ahora que la guerra había terminado. Yo tampoco lo sabía, para ser honesto. Los dos habíamos pasado años entrenados para un solo tipo de trabajo, y ese trabajo ya no tenía lugar en la vida que estábamos tratando de construir.—Seguridad privada —había dicho Ferro esa noche—. Legal. Para empresas que de verdad necesitan protección, no para gente que quiere imponer miedo.La idea había crecido desde entonces hasta convertirse en es

  • SU PROPIA DEMANDA   CAPÍTULO 37

    **PUNTO DE VISTA DE ISABELLA**Firmamos el acuerdo con La Corona un martes cualquiera, sin ceremonia, en una oficina de abogados neutral donde Ibarra y Damien intercambiaron documentos con la misma formalidad fría con la que cualquier otro negocio legítimo cierra un trato. Yo estuve ahí, a pedido de Damien, no porque mi firma hiciera falta en ningún papel, sino porque él quería que viera con mis propios ojos que esta vez la paz se construía sobre algo distinto al miedo.—Se siente raro —le dije, de vuelta en el auto—. Tan simple. Después de todo lo que costó llegar hasta acá.—La paz siempre se siente rara después de la guerra —dijo Damien—. Una parte de mí sigue esperando que algo salga mal en cualquier momento.—¿Y la otra parte?—La otra parte está empezando, muy despacio, a permitirse creer que tal vez esto puede durar.Esa noche, de vuelta en la casa que ya llevaba meses sintiendo completamente mía, até los cabos sueltos que llevaba semanas evitando pensar del todo. La fábrica es

  • SU PROPIA DEMANDA   CAPÍTULO 136

    **PUNTO DE VISTA DE DAMIEN**Villanueva confirmó la información de Salazar al tercer día: un hombre que coincidía con la descripción de Esteban Ibarra había llegado al restaurante de la zona portuaria esa misma mañana, con dos guardaespaldas y ninguna intención visible de quedarse más de un par de horas.—Es él —dijo Villanueva, mostrándome las fotos tomadas desde un auto estacionado a media cuadra—. Salazar no mintió.Sentí algo parecido al alivio mezclado con una tensión nueva, distinta a la que había cargado las últimas semanas. Teníamos, por primera vez, información real sobre el hombre que había estado manejando todo desde las sombras, y con ella, la posibilidad de cambiar completamente los términos de cualquier negociación futura.—No vamos a atacarlo —dije, antes de que Villanueva pudiera sugerirlo—. Eso solo garantiza una guerra que ninguno de los dos necesita. Vamos a dejarle saber que lo conocemos, de una forma que no deje lugar a dudas de que la próxima vez que quiera negoc

  • SU PROPIA DEMANDA   CAPÍTULO 135

    **PUNTO DE VISTA DE ISABELLA**Marisol me esperaba en la puerta del taller cuando llegamos, los brazos cruzados, con la expresión de alguien que ya sabía que algo andaba mal antes de que le dijéramos una sola palabra.—Hace una hora vino un hombre preguntando por los contratos de la fábrica —dijo, apenas bajamos del auto—. No dio nombre. Dijo que representaba a un grupo interesado en comprar nuestra producción completa, a un precio mucho más alto del que cualquiera pagaría de verdad.Sentí el estómago apretárseme. Exactamente como Salazar había descrito: presión disfrazada de oportunidad, el tipo de oferta que un dueño de fábrica pequeña, con márgenes ajustados y cuentas que pagar, encontraría casi imposible de rechazar.—¿Qué le dijiste? —preguntó Matteo, ya revisando con la mirada las entradas del taller, calculando ángulos por instinto.—Que lo iba a pensar. Que necesitaba hablar con mis socios antes de decidir nada.—Bien hecho —dije, aunque por dentro sentía la urgencia creciendo

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    **PUNTO DE VISTA DE DAMIEN**Encontré a Salazar exactamente como Matteo me había descrito por teléfono: hinchado, con la mano izquierda hecha un desastre que claramente necesitaba un médico antes que cualquier otra cosa, pero lúcido, con los ojos moviéndose entre los dos con la clase de cálculo nervioso de alguien que sabe que su vida depende de las próximas palabras que diga.—Empezá por el líder —dije, sin sentarme, todavía de pie junto a la puerta, sin terminar de confiar del todo en que esto no fuera una trampa elaborada.—Se llama Ibarra. Esteban Ibarra. No usa ese nombre en la ciudad, siempre a través de intermediarios como Tovar, el que se reunió con usted. Pero viene en persona cada tres semanas a revisar los números, siempre al mismo lugar: un restaurante privado en la zona portuaria, el que antes era de un socio de Sophia.Reconocí el lugar de inmediato. Lo habíamos usado nosotros mismos, años atrás, para reuniones que preferíamos mantener lejos de oídos curiosos.—¿Cuándo e

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    **PUNTO DE VISTA DE MATTEO**Lo encontré en la puerta de mi edificio, apoyado contra la pared como si llevara ahí horas, con la cara tan hinchada que tardé un segundo de más en reconocerlo.Salazar.—No vine a pedir nada —dijo, antes de que pudiera preguntar nada, la voz quebrada, apenas audible—. Solo necesitaba decírselo a alguien antes de que me maten de verdad.Lo ayudé a entrar, contra cada instinto entrenado que me decía que esto podía ser una trampa, que La Corona bien podía estar usándolo como cebo para llegar hasta mí, hasta Damien, hasta cualquiera de nosotros. Pero la sangre seca en su camisa, los dos dedos de la mano izquierda doblados en ángulos que no eran naturales, no parecían parte de una actuación.Lo senté en el sillón y le acerqué hielo envuelto en un repasador.—Hablá —dije, sin suavizar la voz más de lo necesario.—Les di todo lo que tenía. El plan de seguridad completo, los horarios, los nombres de los hombres de Damien. Pensé que eso me compraba un lugar en su

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