LOGINPOV de Aurelia
Habían pasado tres días desde que acepté su ayuda.
El santuario no tenía ventanas ni una verdadera noción del tiempo. Solo existían el olor constante de las hierbas secas, el parpadeo incesante de las velas y el peso de un poder que nunca llegaba a dormirse del todo bajo mi piel.
Cassia, Odessa y Wynne se turnaban para llevarme al límite desde el amanecer hasta que ya no podía mantenerme en pie, y todas las lecciones comenzaban exactamente de la misma manera.
—Piensa en el altar —ordenó Cassia.
Yo permanecía en el centro de un amplio círculo de piedra, grabado con runas antiguas que emitían un tenue resplandor incluso cuando nada ocurría.
El sudor ya me recorría la espalda y empapaba la sencilla ropa negra de entrenamiento que me habían dado.
—Piensa en el cuerpo de tu padre sobre la piedra —añadió Odessa desde un lado, con voz fría y precisa—. Piensa en las manos de Kieran cubiertas con su sangre. Piensa en la forma en que te miró cuando te rechazó.
Solo escuchar su nombre hizo que el poder se agitara dentro de mi pecho como una criatura viva.
La voz de Wynne era más suave, pero no menos incisiva.
—Usa el odio, Aurelia. Deja que abra la puerta. El odio es la llave que despierta la sangre híbrida.
Cerré los ojos e hice exactamente lo que me pedían.
Me obligué a revivir el claro.
Vi de nuevo el rostro de Kieran cambiar en mitad de nuestros votos.
Vi caer a mi padre.
Vi la sangre.
La rabia ascendió rápidamente por mi pecho, ardiente, hasta que sentí que iba a quemarme las costillas desde dentro.
El poder respondió.
El calor explotó bajo mi piel mientras una luz plateada y dorada recorría mis brazos hasta llegar a las puntas de mis dedos.
Las runas del suelo brillaron con mayor intensidad, vibrando con energía, y una pequeña columna de piedra al otro lado del círculo se resquebrajó de arriba abajo con un chasquido seco que retumbó por las paredes.
Cassia sonrió, satisfecha.
—Mejor. Otra vez. No te detengas hasta que yo te lo diga.
Bajé las manos y respiré con dificultad mientras los brazos me temblaban.
—¿Cuánto tiempo tengo que seguir reviviendo aquella noche? Siento que cada vez la estás grabando más profundamente dentro de mí.
—Hasta que el poder te responda sin necesidad de recurrir a la ira —respondió Odessa, caminando lentamente a mi alrededor—. Ahora solo despierta cuando lo odias. Eso sirve para destruir, pero no es control. El control es lo que hará que sigas viva el tiempo suficiente para enfrentarte a él.
Me limpié el sudor de la frente con el dorso de la mano.
—No quiero control. Quiero que pague por lo que hizo. Quiero que sienta todo lo que me arrebató.
Cassia entró en el círculo conmigo. Bajo la luz de las velas, su cabello blanco parecía casi plateado.
—Y lo hará. Pero solo si sobrevives lo suficiente para plantarte frente a él. Una híbrida incapaz de dominar su propia magia es un arma que termina destruyéndose a sí misma. No permitiremos que eso ocurra.
La miré directamente.
—Todavía no me han contado toda la verdad. Sobre mi madre y sobre por qué siento que el poder quiere desgarrarme desde dentro.
Wynne y Odessa intercambiaron una mirada fugaz detrás de ella, pero el rostro de Cassia permaneció perfectamente sereno.
—A su debido tiempo —dijo—. Primero aprenderás a sobrevivir a tu propia fuerza. Después te daremos el resto de la verdad.
Levantó una mano sin previo aviso.
Una oleada de fuerza invisible me golpeó el pecho y me lanzó hacia atrás.
Caí con fuerza sobre el suelo de piedra. El impacto me arrancó el aire de los pulmones y un dolor agudo me atravesó las costillas y la columna.
—Levántate —ordenó Cassia—. Usa el dolor. Aliméntalo con el poder.
Me obligué a ponerme de pie, con la ira inundándome de nuevo, más ardiente que antes.
El poder respondió con mayor fuerza esta vez, casi ansioso.
Una luz estalló desde mis palmas antes de que pudiera contenerla. Atravesó la sala y golpeó la pared del fondo, dejando una marca negra y humeante que olía a piedra quemada.
Odessa asintió una sola vez.
—Bien. Ahora sostenlo. No permitas que se descontrole.
Lo intenté.
Apreté los puños y tiré de la luz hacia mí.
Titiló.
Se resistió.
Y después se apagó, dejándome las rodillas a punto de ceder ante el vacío repentino que siguió.
Cassia se acercó hasta quedar a unos pasos de mí.
—Sigues conteniéndote. Deja de protegerte de toda la verdad de aquella noche. Kieran Ashford te lo arrebató todo. Sonrió mientras lo hacía. Te miró directamente a los ojos y te rechazó como si no fueras nada antes de acabar con tu linaje sin siquiera vacilar.
Las palabras golpearon exactamente el lugar que seguía sangrando dentro de mí a cada hora de cada día.
Y algo en mi pecho se abrió de golpe.
El poder volvió a elevarse.
Esta vez era más fuerte.
Más limpio.
Más controlado.
Una luz plateada y dorada envolvió mis brazos y mis manos sin estallar hacia fuera.
Y, por primera vez, conseguí sostenerla.
Las runas del suelo brillaron de manera constante, intensas, mientras el propio aire comenzaba a vibrar.
Los ojos de Cassia se afilaron con un interés genuino.
—Ahí está. Eso es progreso.
Permanecí en el centro del círculo, respirando con dificultad, con el poder todavía vivo bajo mi piel.
Se sentía bien.
Por primera vez, aquella fuerza se parecía a poder y no solo a dolor.
Entonces, sin previo aviso, el poder volvió a elevarse.
La luz se intensificó.
La habitación se inclinó.
Y durante un segundo exacto, las paredes de piedra desaparecieron por completo.
Sentí un dolor lejano y familiar que no era mío.
Crudo.
Vacío.
Profundo, justo en el pecho.
Había un vacío donde debería haber existido algo vital.
Y desde aquel vacío llegó una voz, distorsionada y grave, pero inconfundible.
—Aurelia...
Era la voz de Kieran.
Entonces la conexión se rompió como un hilo cortado.
Me tambaleé y caí sobre una rodilla, jadeando mientras la luz se apagaba y la habitación volvía a su lugar.
Las tres brujas me observaban fijamente.
La máscara de serenidad de Cassia se había resquebrajado.
Por primera vez desde que la conocí, vi verdadero temor en sus ojos.
Odessa dio un paso brusco hacia mí, mientras Wynne ya tenía las manos levantadas, preparada.
—¿Qué sentiste? —preguntó Cassia.
Su voz era tensa.
Alcé la mirada hacia ellas, con el corazón todavía desbocado y el eco de aquella voz resonando en mi cabeza.
—No lo sé —susurré—. Pero se sintió como él.
Cassia y Odessa intercambiaron una mirada que apenas duró un segundo.
Pero fue suficiente.
Algo frío y cauteloso pasó entre ellas.
Cassia actuó primero. Levantó las manos y pronunció una palabra breve en un idioma que no reconocí.
Una suave oleada de fuerza presionó contra mi mente.
Era delicada, pero firme.
La conexión que aún quedaba fue empujada hacia un rincón de mi conciencia hasta desaparecer.
—Descansa —dijo.
La calma había regresado a su voz, pero ya no sonaba completamente natural.
—El poder sigue siendo inestable. Has llegado demasiado lejos. Continuaremos mañana.
Me ayudaron a ponerme de pie y me condujeron de vuelta a mi habitación en silencio.
Cuando la puerta se cerró detrás de ellas, me senté en el borde de la cama y llevé una mano al pecho.
El vínculo roto seguía allí.
Pero durante un breve instante había sentido algo al otro lado.
Y las brujas habían parecido verdaderamente asustadas.
POV de AureliaHabían pasado tres días desde que acepté su ayuda.El santuario no tenía ventanas ni una verdadera noción del tiempo. Solo existían el olor constante de las hierbas secas, el parpadeo incesante de las velas y el peso de un poder que nunca llegaba a dormirse del todo bajo mi piel.Cassia, Odessa y Wynne se turnaban para llevarme al límite desde el amanecer hasta que ya no podía mantenerme en pie, y todas las lecciones comenzaban exactamente de la misma manera.—Piensa en el altar —ordenó Cassia.Yo permanecía en el centro de un amplio círculo de piedra, grabado con runas antiguas que emitían un tenue resplandor incluso cuando nada ocurría.El sudor ya me recorría la espalda y empapaba la sencilla ropa negra de entrenamiento que me habían dado.—Piensa en el cuerpo de tu padre sobre la piedra —añadió Odessa desde un lado, con voz fría y precisa—. Piensa en las manos de Kieran cubiertas con su sangre. Piensa en la forma en que te miró cuando te rechazó.Solo escuchar su no
POV de KieranYa no recordaba la matanza.Un momento estaba frente al altar, sosteniendo las manos de Aurelia y sintiendo el vínculo de pareja arder con intensidad entre nosotros.Al siguiente, tenía las garras fuera y había sangre por todas partes: en mis manos, en mis brazos, sobre la piedra y empapando la tierra.Mi propia manada me arrastró hacia los árboles mientras los gritos de los lobos moribundos seguían resonando a nuestras espaldas.Ronan, mi Beta y la única persona en quien confiaba por completo, mantenía un agarre firme sobre mi brazo mientras atravesábamos el oscuro bosque. Respiraba con dificultad, casi jadeando.—Alfa, háblame. ¿Qué demonios pasó ahí atrás?Negué con la cabeza y el mundo pareció inclinarse bajo mis pies.—No lo sé.—La rechazaste delante de ambas manadas y después arrasaste con los Ironheart como si no fueran nada —dijo Ronan con voz baja y urgente—. Ese no eras tú. Te conozco desde que éramos cachorros y ese no era el hombre al que sigo.—Algo iba mal
POV de AureliaDesperté sobre una cama mullida que no olía a hogar.Abrí los ojos lentamente y me encontré con unas paredes de piedra lisa y fría que se alzaban a mi alrededor. Las velas ardían en pesados soportes de hierro sujetos a los muros, con llamas firmes y extrañamente inmóviles.El aire olía a hierbas secas, magia antigua y algo penetrante, parecido a la salvia quemada. Me dolía todo el cuerpo, de la cabeza a los pies, pero el poder salvaje y ardiente del acantilado permanecía en silencio. Seguía bajo mi piel, agazapado como una tormenta que apenas había decidido detenerse.Tres mujeres estaban de pie al pie de la cama.La más alta fue la primera en acercarse. Tenía el cabello completamente blanco, aunque su rostro era joven, y los ojos de un azul pálido y helado.—Ha despertado —dijo con voz serena y controlada.La segunda mujer tenía el cabello largo y negro, liso hasta la cintura. Me observaba sin parpadear, con los brazos fuertemente cruzados sobre el pecho.—Con cuidado,
POV de AureliaLa sangre empapaba la tierra. Había cuerpos por todas partes. Mi padre había muerto, el círculo interno había sido aniquilado y el único sonido que quedaba era la respiración agitada de los supervivientes, mezclada con los aullidos lejanos de los lobos que ya habían huido hacia los árboles.Me quedé en medio del claro, con las piernas temblándome tanto que apenas podía mantenerme en pie. El vestido estaba desgarrado y manchado de rojo desde las rodillas hacia abajo. Todavía podía sentir el vínculo de pareja roto ardiendo como una herida abierta en el centro del pecho, haciendo que cada respiración fuera un tormento.Kieran estaba a unos pasos de distancia. La sangre le goteaba de las manos mientras las contemplaba como si pertenecieran a otra persona.—¿Qué... qué he hecho? —susurró.Su voz sonaba completamente distinta. Era suave, confundida, un contraste brutal con la voz fría con la que me había rechazado apenas unos minutos antes frente a ambas manadas.Di un paso h
POV de AureliaMe quedé al borde del claro, con las manos tan apretadas que las uñas se me hundían en las palmas.Las dos manadas ocupaban el espacio bajo los altos pinos: Ironheart a un lado y Kaldenmoor al otro. El aire estaba impregnado del olor a humo de leña, agujas de pino y tierra húmeda.Las antorchas ardían formando un amplio círculo alrededor del altar de piedra, proyectando sombras temblorosas sobre la multitud. Todos los ojos estaban puestos en mí. Hoy me convertiría en la Luna de dos manadas, y la rivalidad que había hecho sangrar a los nuestros durante generaciones llegaría por fin a su fin.Mi padre, el Alfa Alaric, se colocó a mi lado. Mantenía el rostro severo, con la misma expresión fría que llevaba desde el día en que murió mi madre.—¿Estás lista, Aurelia? —preguntó con voz baja y áspera.—Llevo toda la vida preparándome para esto —respondí.Asintió brevemente.—Bien. No deshonres el nombre de la familia. La barrera permanecerá hasta que el apareamiento se haya com







